Opinión

“A ver quién es el guapo que propone en serio el morfema ‘–e’ para ‘todes'”

El académico de la RAE Pedro Álvarez de Miranda acaba de publicar el ensayo El género y la lengua(Turner) en el que explica por qué el masculino es el género no marcado y el inclusivo. En él, también da pistas acerca de por qué son difíciles los cambios en una cuestión gramatical como el género.

En esta entrevista con eldiario.es aborda todos estos aspectos, de plena actualidad, ya que está a punto de hacerse público el informe que la vicepresidenta Carmen Calvo pidió a la RAE sobre el lenguaje inclusivo de la Constitución.

¿Ha escrito el ensayo El género y la lengua por hartazgo del debate en la calle, en la política?

Hartazgo no… Es consecuencia de algunos artículos que ya había publicado previamente. Desde luego, contra lo que mucha gente cree, la lengua es un organismo vivo, tiene vida casi autónoma con respecto a sus hablantes. Nadie puede imponerle nada, dirigirla en una determinada dirección. En la gramática, léxico… la lengua no es de la Academia, sino de los hablantes, y los hablantes hacen lo que quieren.

Pero muchas veces los hablantes dicen: vamos a introducir cambios, que pueden ser forzados. Obviamente, le hablo de la introducción de la flexión de género en –a para palabras que no lo tenían o en utilizar de forma inclusiva el femenino.

Los forzados no suelen funcionar. Los cambios no son resultado de una intervención consciente de los hablantes ni de la academia ni de las feministas ni los machistas… Históricamente la lengua no ha evolucionado a impulsos conscientes de alguien, sino por sus propias dinámicas. Sí se nota la acción de los hablantes en las palabras nuevas. Pero una cosa es el léxico que es más voluble y otra cosa es la gramática, y sobre todo un pilar como el género gramatical. Eso no va a cambiar.

¿Qué tiene que pasar para que una nueva palabra arraigue?

Pues no lo sabemos. A veces el azar hace mucho. Desde luego arraigan las que designan una realidad nueva, como un invento técnico. Que arraiguen palabras nuevas para designar cosas que ya existían, eso ya es más difícil. ¿Qué tiene que pasar? Que los hablantes la acepten, la repitan…

En el ensayo aborda lo que ocurrió con los famosos portavoza, de la diputada Irene Montero, y miembra, de la ministra Bibiana Aído. Y concluye que decirlo así no va a ningún lado. Genera ruido durante unos días, pero no cambia nada

En efecto. Yo creo que ambos casos son provocaciones en el buen sentido de la palabra. Es decir, voy a lanzar esto con la conciencia de que esto va a dar que hablar y va a remover…  Bueno, si eso remueve las conciencias y pone sobre la mesa debates feministas me parece muy bien, pero desde luego, gramaticalmente, ninguna de las dos [palabras] tiene posibilidades de prosperar. Y la prueba es que, por ahora, no han prosperado.

Pero sí lo han hecho otras palabras. Por ejemplo, fiscala, que aparece cada vez más. O concejala, que podría sonar rara en su día, pero ahora está muy aceptada

Fiscala lo veo muy poco… Pero sí, muchas veces hay palabras que sí aceptan la flexión en –a. De los que terminan en –l tenemos colegial y colegiala, que siempre se ha dicho en español. Y también se ha dicho concejal y concejala, pero a veces ahora oyes la concejal con lo que en vez de tenderse a normalizar el femenino hay como pasos atrás. Y mujeres con cierta conciencia feminista prefieren utilizar el masculino, lo cual a mí no me entra en la cabeza.

El caso más evidente de vacilación es el de juez/jueza, que no hay manera de que nos decidamos. Mi criterio personal es que una vez que surge la forma flexionada con –a sin duda adelante. Yo apuesto por jueza, concejala, apostaría por fiscala … Porque lo que uno no puede es quedarse solo. Yo no puedo quedarme solo diciendo ‘fiscala’. La lengua es una institución social y yo no puedo ir por libre. Si la gente dice ‘la fiscal’, bueno, pues tampoco es tan grave.

Al final, como dice en el libro, el masculino es el no marcado, el inclusivo, el que agrupa a hombres y mujeres. Pero, la pregunta es ¿por qué en la historia es el masculino el inclusivo y no el femenino? Es decir, ¿por qué ‘todos’ y no ‘todas’?

Esa es la pregunta del millón. No lo sabemos. O sí: por una prevalencia de lo masculino frente a lo femenino, por un patriarcalismo ancestral, porque procedemos de sociedades patriarcales, androcéntricas en las que los valores masculinos dominaban frente a los femeninos. Hay razones antropológicas para esa prevalencia del masculino sobre el femenino. Ahora, una vez aceptado esto, lo más inteligente es no darse de cabezadas contra la pared, sino aceptarlo.

Comprendo que hay gente que no lo quiere aceptar, pero como no tienes otra salida, y porque es utilísimo que uno de los dos represente al otro… Es decir, cuando se dice, ‘el día del espectador’ es el día del espectador, espectadores y espectadoras. ¿Se sienten excluidas las espectadoras? Naturalmente que no. Es una convención gramatical y no le saquemos más punta de la que tiene. Otro ejemplo, ‘padres’, que designa al padre y la madre, cosa que no ocurre ni en inglés ni en francés ni en alemán. ¿Somos entonces nosotros más machistas? No, no es más machista el español. Es una convención lingüística diferente.

Las feministas preguntarán entonces, ¿no puede hacer nada el lenguaje por la visibilidad femenina?

Lo está haciendo ya. La palabra ‘alcaldesa’ ya no puede significar ‘esposa del alcalde’. Eso es un cambio lingüístico provocado por una evolución social, pero no porque nadie lo haya decidido sino porque la lengua ha respondido a ese cambio. Evidentemente la enorme transformación social y la presencia de la mujer ha traído cambios en la lengua, pero no hay que intentar forzar la maquinaria.

En la estructura gramatical, como el masculino no marcado, hay cosas intocables. Hay otros recursos posibles para violentarlo como los desdoblamientos, niños, niñas, españoles, españolas. Son pesados y antieconómicos, aunque a veces se puede hacer. Y luego, la arroba, la x y la e son inútiles, porque no se pueden enunciar.

Bueno, hay quien dirá que la e- de ‘todes’, por ejemplo, sí se puede enunciar

Bueno, sí, pero a ver quién es el guapo que realmente propone en serio inventarse el morfema –e. Eso no ha ocurrido jamás. Las lenguas no cambian por decreto, cambian por evolución interna natural. Si tenemos un morfema –o que viene del latín –um, y un morfema –a que viene del latín –a como rosa –rosae, eso no hay quien lo toque. Pero es que nadie se ha inventado un morfema jamás en ninguna lengua.

Quien dice lo de cambiar las lenguas por decreto, la vicepresidenta Carmen Calvo, pidió a la RAE que hiciera un informe para evaluar el lenguaje inclusivo de la Constitución española. ¿Qué opinión tiene usted al respecto?

Indica una sensibilidad por las cuestiones de la lengua que me parece positiva, pero hay que desdramatizar. El informe que nos ha pedido la vicepresidenta está casi a punto. Creo que es un informe muy sensato y muy razonado y que no aboga por cambios drásticos. Desde el punto de vista lingüístico está clarísimo. Hemos estudiado todos los masculinos que aparecen en la Constitución y en general los hemos justificado.

Carmen Calvo fue también la que propuso lo de Consejo de Ministras. ¿Está de acuerdo?

No. Cuando prometió su cargo y dijo: ‘prometo guardar el secreto y deliberaciones del consejo de ministros y ministras’, me parece que hizo algo que no debía. Primero porque un juramento o promesa es una fórmula seria que no se debe tocar. Y porque aparece el género no marcado. El consejo de ministros es el nombre de una institución, un elemento de la articulación política del Estado. Es una etiqueta que no se debe toquetear.

Por ejemplo, el Defensor del Pueblo es masculino singular. Durante muchos años fue defensora del pueblo Soledad Becerril y creo que ella era defensora del pueblo, pero el cargo es ‘defensor del pueblo’. Habría una opción, llamarlo ‘defensoría del pueblo’, como en algunos países de América. Pero es que tampoco es tan importante.

No somos más machistas por llamar a ese órgano de la Constitución defensor del pueblo que defensoría. Del mismo modo que en la carrera de San Jerónimo en la fachada del congreso pone Congreso de los Diputados. Aunque a lo mejor sale alguna vicepresidenta y dice ‘vamos a poner Congreso de los Diputados y Diputadas’. No se pueden dar ideas.

Por estas cosas en ocasiones hay quienes critican a la RAE y la tachan de institución rancia. Ocurrió el otro día tras la presentación del nuevo Libro de Estilo. ¿Qué opina al respecto?

Primero, nadie en serio está tratando de que arraigue lo de la –e. Yo creo que será una moda pasajera, aunque a lo mejor me equivoco, pero como historiador de la lengua no conozco ningún caso similar en que por decisión consciente de unos determinados hablantes cambie la estructura gramatical del idioma. Y las soluciones de la x y la @ son falsas porque no pueden leerse. La arroba seguiremos viéndola en textos escritos y a quien le guste, pues que la utilice.

¿Que la Academia es rancia? Pues probablemente sí, pero yo no tengo que salir en defensa de la Academia. Es una institución cuya ranciedad procede de que tiene tres siglos a sus espaldas, lo cual impresiona bastante. Y adopta criterios cada vez más abiertos y amplios. Pero la Academia tampoco tiene tanto poder como la gente cree. Solo lo tiene en el terreno ortográfico y hay cantidad de cosas que la Academia ha recomendado y que los hablantes no han hecho ni caso, como por ejemplo güisqui. Eso no tuvo ningún éxito.

La guerra es otra. Esto es una manera de decirle a las feministas: no os obsesionéis con la lengua, la lucha es otra y debería ir a cosas más medulares y trascendentales.

Por cierto, ahora se vuelve a elegir nuevo director de la RAE. ¿Qué perfil necesita la Academia?

Es un centro de trabajo importante. Lo más visible es el conjunto de los 46 académicos y el glamur, pero es un organismo lingüístico en el que trabajan ochenta personas y el mantenimiento de una nomina de 80 personas es dinero. Y la asignación del Estado ha bajado de una manera drástica y eso es muy grave. El nuevo director tendrá que persuadir a los poderes públicos y la sociedad civil de que la Academia necesita un apoyo económico para que siga cumpliendo la función que cumple.

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