Joselyn de Susan Béjar se adentra en los mecanismos de defensa creados por una joven dominicana para alcanzar una subsistencia digna e ilusionante.
Es una mujer –buen registro de Eunice T. Polanco– que se gana la vida como vigilante nocturna y que está acompañada por la soledad: esa alargada sombra dibuja el perfil cotidiano de una trabajadora cuyos hábitos laborales dificultan la relación con su entorno vecinal. Cada jornada es idéntica a la anterior, cumpliendo la rutina diaria casi milimétricamente. Para afrontar esa falta de comunicación, la chica crea historias personales que le permiten alcanzar un atisbo de esperanza.
Cuando regresa del trabajo cruza su camino con los vecinos en las escaleras. Ellos inician un nuevo día que para ella, finaliza: nadie habla ni saluda, todos transitan ensimismados en sus compromisos habituales. Tan solo recibe una sonrisa y un saludo de un joven –Jayo Vergel–.
Para alguien necesitado de algún estímulo emocional, ese gesto de educación, ejecutado casi a contracorriente, contraviniendo las malas formas que hoy día pueblan todos los espacios, puede convertirse en una ilusión. ¡Cuántas aventuras imaginarias pueden iniciarse cuando alguien se siente solo! Y es que, cualquier motivo es bueno para engancharse a la felicidad, aunque sea efímera.
Susan Béjar maneja con buen pulso una historia plagada de claroscuros, como la vida misma. La preciosa canción de Anni B. Sweet, con esa voz desgarradora, pellizca con emoción las luces y sombras de alguien que se resiste a sentirse desamparada.
En esta pieza encontramos algunos momentos cautivadores que ponen un acento simbólico a su construcción dramática. La fotografía de Emili Guirao ayuda lo suyo en la configuración estética del corto. Así, una mañana, de repente todo es más luminoso: una margarita, unos dulces o el control de la luz de un semáforo con un simple soplido abonan instantes que desprenden magia y energía.
Joselyn apunta también, a modo de documental, la difícil senda que han de atravesar cada día numerosas personas que, incluso, se ven obligadas a compartir cama por turnos. Aunque de esa realidad que condensa la amargura existente, la directora barcelonesa extrae una mirada de optimismo, construyendo una curiosa historia de amor que viene a insinuar que, frente a las adversidades, todo pasa por nuestra mente y por el firme convencimiento de transformar en positivo cualquier entorno sombrío que atraviese nuestras vidas. |