Elecciones
por Uno de la Redacción

LUNES 31 DE MAYO DE 2010 A LAS 11:59 HORAS
Opinión > Política
 
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ANTONIO CAMPUZANO

 

Ya está aquí la apocalipsis para quedarse una temporada, o sea dos años, hasta que se convoquen elecciones de nuevo, si el presidente Zapatero no lo remedia y disuelve las Cortes antes. Aún quien se acuerda de 1993, 1994, 1995 y 1996, por ese orden, cuando en España gobernaba Felipe González, aquel disturbio con apariencia de presidente, según expresaban de él las tropas de la leal infantería de Aznar.

 

Sí, ese mismo  personaje, del que ahora, para afear la comparación con Zapatero, a quien se acusa de toda la decadencia de Occidente, es ensalzado como el prohombre de la izquierda en toda la historia de España. Ese sector abigarrado de la derecha española da la impresión que “nunca cambiará, lo que yo siento por ti nunca cambiará, tú serás mi baby”.

 

El participio ése del “finiquitado” de Durán Lleida que aplicó el catalán en la sesión de la convalidación del decretazo, será amplificado por las “terminales del odio” y todas las  otras, hasta el hastío, el hartazgo y cuanto aburra y canse, con proporción de asco y abulia por permanecer en territorio español durante algún tiempo.

 

Por la estabilidad y por el Fondo Monetario Internacional, por España (póngase la mano derecha en la parte izquierda del pecho) y por la Comisión Nacional del Mercado de Valores, se hace preciso  que el presidente Zapatero no adelante las elecciones. Ah, y por el candidato Rajoy, que necesita recrearse en la convicción de sus expectativas electorales en crecimiento de conformidad con el empeoramiento de la economía nacional.

 

Pero también por la necesaria acomodación de los españoles a los índices de tranquilidad emocional, a sus equilibrios,  a su maduración interior, a la ausencia de somatización de males, para evitar los estados de ansiedad, los dolores de cabeza, los trastornos digestivos, las patologías respiratorias, los transitorios momentos que cuestionan las más íntimas creencias, por  todo ello es justo y necesario, incluso es deber y salvación, que Zapatero convoque elecciones.

 

De lo contrario, sólo cabría pensar en la inquebrantable moral de victoria de La Roja, ese combinado lleno de voluntarios que viajan a Sudáfrica para devolvernos el orgullo que el presidente de Gobierno nos ha hurtado con tanta intensidad como injusticia histórica. Podemos.


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