Sociedad

El regreso de las cuentas zombi: ¡Creía que estaba cerrada y ahora me piden 400 euros!

No es una decisión repentina. Hace ya más de seis años que las entidades bancarias han ido reactivando poco a poco miles de cuentas olvidadas. Muchas de ellas abandonadas hacía más de 20 años. “De repente, me empezaron a llegar cartas con extractos de una cuenta que ni me acordaba que existía, una que había abandonado hacía cerca de 20 años, de cuando era estudiante”, relata Carlos Martínez. La periodicidad de esas cartas empezó a ser mayor y la deuda que se iba acumulando también. “Al principio no hice ni caso, pero luego, al ir aumentando la deuda, me empecé a preocupar”. Finalmente, tuvo que negociar con Bankia el pago de una deuda de más de 600 euros. Eso sucedió en 2014.

Aunque ese goteo de ‘resurrecciones’ comenzó hace más de un lustro, desde hace dos semanas miles de cartas de advertencia han salido de las entidades bancarias para alertar de la vuelta a la vida de estas ‘cuentas zombi’. “La idea es que nadie se extrañe ni proteste después”, explica el director de una oficina bancaria de Banco Santander de una pequeña ciudad que prefiere no dar su nombre. “Los bancos tienen derecho a cambiar las condiciones de las cuentas. Por ejemplo, si abriste hace muchos años una cuenta joven y ya no eres joven desde hace mucho tiempo, pues empezamos a cobrarte comisiones, ¡que si no pagas te generan descubiertos!”, revela este mismo empleado.

Algunas de estas cuentas “afectan a estudiantes chinos o de cualquier sitio que las dejaron aquí muertas de risa hace más de 10 años”

Aunque el goteo de estas ‘cuentas fantasma’ se inició en lo más crudo de la crisis, definitivamente ahora se les da carta de naturaleza. “La gente tiene que saber que una cuenta que no se usa o no tiene movimientos no está cerrada, y que si cambian las condiciones puede generar gastos”, insiste el director de la sucursal. De hecho, algunas de estas cuentas reactivadas y vueltas a la vida “afectan a estudiantes chinos o de cualquier sitio que las dejaron aquí muertas de risa hace más de 10 años”. Estos jóvenes extranjeros también van a recibir sus cartas y sus reclamaciones.

Un portavoz del Santander asegura desconocer la existencia de esas cartas “como un ‘mail’ masivo” para advertir de la reactivación de las cuentas olvidadas, aunque no niega que puede suceder en determinados casos. También reivindica que desde su entidad bancaria “se avisa de manera protocolaria de cualquier movimiento a través de los teléfonos para que no haya ninguna sorpresa y el cliente pueda solucionar lo antes posible una situación irregular”.

“Ya ni me acordaba”

Esta última hornada de notificaciones ha afectado por ejemplo a Héctor García, madrileño de 34 años. “Recibí la notificación hace unos días y tardé en darme cuenta de lo que era. Me piden que liquide unas comisiones de esa libreta de la que ya ni me acordaba“, relata este profesional, que ha respondido al banco demandando más información. La cuenta a la que se refiere la notificación llevaba en el limbo más de 15 años y databa de cuando García era casi un adolescente.

Según los abogados consultados, las cuentas que permanecen 15 años sin tener ningún movimiento no pueden ‘resucitar’ súbitamente. Una observación que se basa en las normas que rigen en general las deudas económicas. Sin embargo, para los bancos esa distinción no tiene mucha lógica. “Precisamente, la idea no es tanto sacar dinero como limpiar esos cientos de miles de cuentas que están ahí abandonadas. La gente tiene que entender la diferencia entre cerrar una cuenta y olvidarse de ella”, puntualizan desde el Santander.

Me cobran comisiones, pero ¿de qué, de mantenimiento?, ¡si no ha habido ningún movimiento no hay nada que mantener!

El caso de Susana Pastor, madrileña de 48 años, cumple punto por punto el guion que establecen los bancos para estos casos. Le llegó una carta en la que le reclamaban 400 euros por una deuda generada por una cuenta abierta hace 20 años y que dejó de utilizar hace 16. También su caso fue con Bankia. “No hice ni caso porque había dejado esa cuenta a cero en su momento y ni me acordaba de ella”, relata esta mujer. Pero a las pocas semanas de recibir esa carta, empezó a recibir otras misivas y llamadas: en este caso eran de una entidad de cobro de morosos. Idéntica situación a la que se enfrentó Mikel, que se pregunta retóricamente: “Me cobran comisiones, pero ¿de qué, de mantenimiento?, ¡si no ha habido ningún movimiento no hay nada que mantener!”.

Esa es la otra pata en la que se sostiene la estrategia de la resurrección de las ‘cuentas zombi’: las oficinas de cobro de morosos. Aunque llaman en nombre del banco y nunca dicen realmente de qué empresa se trata, son oficinas de cobros externas. En muchas ocasiones, consultores o abogados que han encontrado en este sistema una fuente de ingresos extraordinaria. Principalmente, surgieron con la idea de cobrar extractos impagados de las tarjetas de las que se tiraba ‘alegremente’ durante el periodo justo anterior a la crisis, pero después han ido ampliando su radio de acción.

Oficinas de cobros

El presidente de una de esas compañías, que prefiere guardar el anonimato, lo explica así: “Durante la crisis, nuestro negocio normal se fue casi al garete y por suerte cogimos un contrato con un banco para cobrar las deudas de las tarjetas”. Sus sistemas son muy agresivos. Tanto, que pueden llamar a los teléfonos particulares de los afectados seis o siete veces al día. Y eso incluye los fines de semana, “¡Llaman a cualquier hora, todo el rato!”, se lamenta Susana Pastor, que incluso revela que han llamado al “teléfono fijo de casa de mis padres, que tienen 90 años, y con los que no vivo desde hace 25”. Muchos de esos depósitos se hicieron antes de que existieran los teléfonos móviles y las compañías encargadas del cobro han seguido la pista a través de cualquier información asociada. “¡Es una presión constante, un acoso en toda regla!”, comenta con indignación esta mujer, que tuvo que tranquilizar a sus padres, ya ancianos y a quienes no solo les habían llamado, sino que también les habían contado el motivo de la llamada.

Desde la asociación de consumidores Facua, a través de su portavoz, Rubén Sánchez, entienden que si han cambiado las condiciones, por ejemplo, en aquellas cuentas ‘jóvenes’ de gente que ya no entra en esa categoría y se firmó un contrato en el que se estipulaba esa modificación al cabo de los años, “no hay nada que protestar”. Distinto, en su opinión, es el caso de aquellos a quienes les han variado lo estipulado “sin que exista ninguna justificación”. De todos modos, para Sánchez lo más grave es la participación de las oficinas de cobros, pues el hecho de que “sepan los datos de una supuesta deuda que aún no está claro si es reclamable o no, vulnera la ley“.

En esas oficinas de cobros, el discurso es siempre el mismo: si no pagas, te van a denunciar y además entrarás en las célebres y polémicas listas de morosos. Y no se rinden nunca. Ahora, con la resurrección de cientos de miles de cuentas fantasma, van a tener trabajo de sobra.

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