Escándalo
por Uno de la Redacción

VIERNES 15 DE OCTUBRE DE 2010 A LAS 20:24 HORAS
Opinión > Política
 
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ALONSO GUERRERO

 

La nueva era del conocimiento, en que todo se asimila con un ratón, en que toda ciencia es infusa, ha vuelto cada vez más intercambiables la cultura y la política. Estaban separadas, pero la propaganda las ha revuelto, como si viviéramos en la Roma de los Borgia. Un ejemplo de esto es que abuchear se ha puesto de moda. Asistimos a los abucheos como espectadores con entrada de palco, es decir, sin escandalizarnos, porque el abucheo es lo único que les queda a muchos para expresar lo más intransferible que tienen, que es su indignación. Lo que antes correspondía a la cultura, ahora se salda con un rebuzno. Los argumentos están en declive, así que el escarnio público es la única voz atendida, la única instancia que llega a los mostradores del actual despotismo democrático. 


30 años de democracia nos han legado el despilfarro y el abucheo. Existe, de hecho, una aristocracia de monos aulladores, hecha con el mismo barro que los maquis que cambian de chaqueta en los parlamentos autonómicos, o los vividores subvencionados. El bipartidismo de esta democracia se compone de un partido que abuchea, y otro que no se da por enterado. Hemos descubierto que vociferar es la mejor forma de arrojar una piedra al estanque calmo del Congreso. Al menos, el protocolo, la cortesía que el pasado día 12 fueron desollados en la Castellana deberían suscitar un ejercicio de reflexión en aquellos que los invocan cuando, al subir educadamente a la tribuna del hemiciclo para no decir nada,  nos representan.


Este país conformista ha aprendido a abuchear, que es otro conformismo. Ya da igual votar que abuchear, pero votar obliga, en tanto que abuchear libera. Se abuchea no para cruzarle la cara al gobernante, sino para protestar por la enorme distancia que, por primera vez en nuestra historia reciente, nos separa de él. Últimamente, los piquetes sindicales, los tribunales indolentes y los políticos cambia-mojones han hecho que ya no nos escandalicemos de nada. A este paso, pronto no sabremos ni cómo gritarle hijoputa al árbitro en un campo de fútbol, lo cual indica hasta qué punto la educación nos ha cortado las alas.


Comentarios
uno dela muga
sábado 16 de octubre de 2010 a las 14:15 horas
alonso:
Un gran placer la lectura. Hubo un docente que escribió una obra muy interesante, "Corazones y no cerebros en las aulas", hace años. Con ella, de alguna manera, se pretendía evitar la situación emocional de la población, en la actualidad.
[1-1]

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