Sociedad

Residuo Cero: aprender a consumir sin tanta basura y sin grandes inversiones

Pequeñas acciones como el uso de botellas de cristal y bolsas de tela en lugar de plástico o como la compra a granel en lugar de productos envasados son ejemplos de la tendencia Zero Waste (Residuo Cero), que permiten «mejorar entre todos la sostenibilidad» sin necesidad de «grandes inversiones».

Así lo ha explicado a Efe María Arias, responsable de la primera tienda declarada libre de plásticos en Madrid, ‘Unpacked Shop’, abierta recientemente y que sigue el modelo de establecimientos similares en Estados Unidos o en el Reino Unido, aunque pocos meses antes se inauguró el supermercado ‘Yes Future’ de acuerdo con la misma filosofía en Barcelona.

«Lo que intentamos es reducir, no solo el uso del plástico, sino la cantidad de residuos que se desperdician en el proceso de comercialización», señala Arias, quien cree que el objetivo final es «imitar el ciclo de la naturaleza», donde en realidad la basura no existe ya que todos los residuos son reinsertados de alguna manera -como abono para el suelo o como alimento para otras especies, por ejemplo-, además de producir la menor cantidad posible de desperdicios.

Esta emprendedora estudió Derecho y abandonó su anterior empleo en el Real Madrid para lanzarse a esta aventura ecoempresarial y «vivir acorde con mis preocupaciones medioambientales y de consumo», una forma de pensar «distinta a la que estipula la sociedad» aunque cree que cada vez hay más personas interesadas en esta forma de tratar los residuos.

Arias cree en la influencia sobre el entorno más cercano para «generar pequeños cambios» que acaben promoviendo un cambio mayor y en ese sentido considera «importante» promocionar actividades como el compostaje y el reciclaje para que los ciudadanos tomen conciencia de sus hábitos de consumo.

El movimiento Zero Waste, que busca reducir todo lo posible la producción de residuos y reutilizar o reciclar la mayor cantidad posible de materiales, además de promover e impulsar la fabricación y el uso de productos diseñados para ser usados a largo plazo, empezó a adquirir relevancia a finales de los años noventa del siglo pasado, aunque en España todavía no está muy desarrollado.

Patricia Reina y Fernando Gómez -más conocidos como Patri y Fer tanto en redes sociales como en su blog especializado ‘Vivir sin plástico’- promocionan este estilo de vida desde 2015 y consideran conveniente sumarse a él «de forma progresiva» y «empezando por lo más fácil» para avanzar de una forma «consciente y sin agobios».

Una de sus primeras recomendaciones es guardar los plásticos que genera una persona durante una semana, «un ejercicio interesante para poder analizar qué tipo de plásticos se repiten con mayor frecuencia» en su vida diaria.

«Muchas veces imaginábamos la cantidad de residuos que generamos a lo largo de la vida y nos preguntábamos dónde terminaban», hasta el punto de que «no nos sentíamos bien poniendo simplemente los envases en los distintos contenedores de reciclaje», han explicado a Efe Patri y Fer, por lo que decidieron probar el método Zero Waste siguiendo el ejemplo de referentes como la californiana Bea Johnson y la neoyorquina Lauren Singer.

Las dos mujeres norteamericanas están consideradas como expertas en esta tendencia y tratan de llevar una vida con el menor número de residuos posible, explicando sus experiencias a través de charlas y publicaciones en Internet.

La prohibición de plásticos de un solo uso asumida por el Parlamento Europeo el pasado 19 de diciembre es, para Patri y Fer, un buen paso pero insuficiente: «Debería tomar medidas más contundentes, en un plazo más corto y más encaminadas a la reutilización que a la sustitución de materiales».

Esto serviría para que las personas «comprendieran el uso tan absurdo que en ocasiones hacemos de los recursos del planeta porque lo que se considera normal es un sinsentido».

María Arias tardó tan solo un año en adaptarse al Zero Waste y «no puedo decir que se pueda vivir cien por cien sin plástico porque hay cosas que siguen estando ahí, pero creo que se puede reducir un 90 por ciento», concluye.

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