Política

El atrevimiento de entrar en política sin carné

Los partidos conviven con la frustración de recibir los noes encadenados de profesionales que rechazan amablemente la invitación a encabezar candidaturas para las elecciones municipales y regionales. ¿Por qué este desapego? La respuesta de ellos mismos y de los expertos consultados coincide en que la desconfianza y el desprestigio se han instalado en la política. La crisis económica se llevó por delante la reputación de las élites por lo que los incentivos para involucrarse en primera línea, para puestos de representación, son casi inexistentes. Además, las férreas estructuras de los partidos tampoco favorecen la incorporación de “los de fuera” que no son recibidos, en muchos casos, ni con palmas ni con los brazos abiertos. El exseleccionador de baloncesto, Pepu Hernández, ha aceptado aspirar a la candidatura del PSOE a la alcaldía de Madrid. Hace tres semanas se captó por Ciudadanos para el Gobierno andaluz a Javier Imbroda, de la misma especialidad deportiva que Hernández. Antes que ellos hubo muchos noes y esa es la tendencia desde hace más de cuatro años, como relatan dirigentes regionales de los grandes partidos, sobre todo del PP y del PSOE.

El momento social y político en el que se llama a los independientes para involucrarse con los partidos es crucial porque determina su respuesta y la percepción que la sociedad tiene de esa incorporación. Así lo explica Belén Barreiro, doctora en Ciencias Políticas y directora del centro de investigación 40DB: “Si la incorporación se produce cuando la reputación de la política es alta se acoge bien porque se entiende como una señal de apertura de los partidos a la sociedad, y se aplaude”. Pero si se hace en momento de rechazo y de malestar social, la percepción de la sociedad puede ser muy negativa, añade Barreiro. ¿Por qué se acercará a la política, no tiene trabajo fuera? Ese sería el razonamiento. Pero caben más distinciones, según sea el invitado a participar en política.

No es lo mismo la participación de Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, independiente, pero con una trayectoria de dedicación al servicio público, que alguien completamente ajeno a esta actividad. Con estos crece la desconfianza. Pero que tanto Carmena como Íñigo Errejón, prefieran actuar a través de una plataforma y no de un partido político también es objeto de crítica. Esta es la opinión de Manuel de la Rocha, precandidato del PSOE a la alcaldía de Madrid desde octubre y que se ha encontrado esta semana con Pepu Hernández como adversario independiente: “Veo positivo que en algunos momentos se incorpore a independientes a las listas o equipos del PSOE, como es el caso de Ángel Gabilondo, comprometido con el proyecto socialista desde hace años”. Pero encuentra más reparos a la proliferación: “Que sean dos independientes para las instituciones más importantes de Madrid es un mensaje muy negativo para los militantes madrileños del PSOE y en general para la democracia”.

Desde las mismas filas, y la misma federación, el PSM, Rafael Simancas, diputado nacional por Madrid y secretario general del Grupo Parlamentario Socialista, sostiene que “los independientes aportan conocimiento, relaciones, popularidad, solvencia, credibilidad y agenda”. Simancas cita a la empresa, la Universidad, la Ciencia, el ecologismo, la Cultura, la Justicia y a cada uno de estos sectores pone nombres de independientes vinculados al PSOE. Los ministros Pedro Duque, Teresa Rivera, José Guirao, Margarita Robles, Nadia Calviño, y el propio Gabilondo, portavoz de los socialistas en la Comunidad de Madrid. La presencia de cada uno de ellos, de manera individual, “ensancha” según Simancas el campo electoral.

Sin quitar mérito a los independientes, Manuel de la Rocha objeta: “Pensar que así entra aire fresco en el partido es un desaire a sus militantes, que los hay muy capaces”. Lo mismo ocurrió al PP en Cantabria. Sus militantes y, sobre todo sus dirigentes, no vieron la menor necesidad de que una independiente, la exatleta y medallista Ruth Beitia, fuera la candidata a la presidencia de la comunidad cántabra. Su candidatura, impuesta por la dirección nacional, tuvo en contra a la mayoría del comité ejecutivo cántabro que pidió a la presidenta popular en la región, María José Sáenz de Buruaga, que aguantara y se mantuviera como la opción del partido frente a Beitia. Buruaga ganó la partida porque la atleta, acostumbrada al esfuerzo y al sacrificio, no soportó la presión de un mundo que desconocía. Con la invocación a “razones personales” anunció su retirada.

En ese contexto quienes aceptan representar a un partido sin pertenecer a él “tienen mucho valor”, describe la periodista y escritora Irene Lozano, nombrada por el presidente, Pedro Sánchez, secretaria de Estado de España Global. “Sí, quienes ahora se comprometen con la política tienen mucho valor”. El paso a la política de personas conocidas indica un compromiso digno de agradecer, opina la responsable del buen nombre de España en el exterior, sin carné socialista. “El desprestigio de la política tiene causas diversas pero todo parte del desprestigio de las élites tras la crisis económica”, apunta Lozano. No solo por los casos de corrupción , sino porque, derivada de la misma, la sociedad se pregunta por qué esa persona se acerca a la política. Se desconfía.

No siempre fue así. Hubo un tiempo en el que la política era sinónimo de prestigio, afirma el diputado socialista, Ignacio Urquizu. Su escaño por Teruel lo estrenó hace solo cuatro años porque, a pesar de sus dos décadas de militancia, su carrera profesional estaba en la Universidad y en la investigación sociológica. El sociólogo socialista concluye que la diferencia es que entonces, en los albores de la democracia, “se puso en pie nada menos que un proceso constituyente, y pareció que iba a ocurrir lo mismo con el empuje del movimiento 15-M y la aparición de Podemos, pero no ha sido así”. Urquizu sí considera, pese al mal momento actual, que deben abrirse las puertas a los independientes: “El partido necesita atraer talento, mejorar su capital humano, ante la ausencia de referentes en la sociedad”.

Búsqueda de referentes

Esa búsqueda de referentes fuera de la política es lo que ha hecho Ciudadanos desde su nacimiento. No niega su número dos, José Manuel Villegas, que puede haber choque con las estructuras del partido pero insiste en que debe haber porosidad. “Tenemos que estar abiertos a la captación de talento, no ser excluyentes”. Y para evitar esa carencia los partidos deben ser representativos de toda la sociedad, apunta José Antonio Bermúdez de Castro, secretario general del Grupo Popular, y referente en todas las negociaciones parlamentarias de la última década. Pero una vez que los independientes entran en política “se mide por lo que hagan, no por lo que han hecho en su vida profesional anterior”, precisa.

La realidad es que ya no vale lo que fuiste. Distintos políticos y conocedores de los aparatos de partido señalan que la política tiene sus reglas y los independientes tienen que someterse a ellas. “Tienen que aceptar la liturgia de los partidos para no llevarse sorpresas desagradables”, aconseja un veterano dirigente político. Y pronto deben aprender que un secretario de organización local es una figura esencial para hacerle la vida más fácil. De ese político depende que cuando el independiente vaya a un acto “esté vacío, medio lleno o completo”. Y describe que de su mano vendrá la movilización de los militantes a sabiendas de que muchos están en contra de que el líder quiera a alguien de la calle, “de la sociedad”, en vez de a uno de la propia organización.

Baja reputación

No todas las profesiones y perfiles tienen igual acogida; no todas producen la misma empatía, como señala la politóloga Belén Barreiro. Los médicos, los profesores, los científicos, tienen buena puntuación. Pero los partidos dan muestra de no estar muy seguros del mensaje que quieren transmitir a la opinión pública con sus fichajes. Este es el reconocimiento de algunos dirigentes que piden el anonimato. “¿Queremos fichar a personajes que provoquen emociones o muevan a la reflexión?”, se pregunta retóricamente uno de los consultados. Pero en cualquiera de los casos, quien se acerca a la política desde un buen nivel profesional se supone que lo hace porque quiere aportar, ya que no obtendrá “reputación ni remuneración”, señala un dirigente con ironía. “Bienvenidas aquellas personas que desde el mundo civil, iba a decir, se atreve a venir a la política”. A la ministra portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, se le escapó esa confesión el pasado viernes. “La defensa de la política no pasa por quitar a los políticos”, contrapone De la Rocha, aspirante con carné del PSOE a la alcaldía de Madrid frente al independiente Pepu Hernández.

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