6/02/2012 (12:53)

El pasado 2 de febrero saltó la noticia a todos los titulares de los periódicos, de los medios de comunicación: Chris Huhne, Ministro de Energía del gobierno británico y número dos del partido de los liberales demócratas, que gobiernan en coalición con los conservadores de David Cameron, presentaba su dimisión.

 

¿La causa? Ese mismo día la fiscalía británica había decidido presentar cargos contra él y contra su esposa, Vicky Price, por un presunto delito de obstrucción a la Justicia. Los hechos se remontan al año 2003, cuando Vicky Price fue multada por conducir a más velocidad de la permitida. Con el tiempo, se ha sabido (o al menos, la fiscalía así cree tener indicios) que quien iba realmente al volante era el ex ministro Chris Huhne, quien convenció a su mujer (de la que ahora se está divorciando) para que asumiera la infracción para que no le quitaran a él el carnet de conducir.

 

Las comparaciones son siempre odiosas, pero en este caso son mucho más sangrantes porque deja a nuestra sociedad española en una situación, cuanto menos, incómoda (y en cuanto más, vergonzosa), si comparamos esta reacción a la que hemos vivido en España en las últimas semanas. Chris Huhne ha dimitido nada más conocerse que la fiscalía ha comenzado los trámites para su imputación porque la sociedad británica, la propia clase política y los medios de comunicación consideran que un político, más allá de la presunción de inocencia, no puede desempeñar un cargo público con una imputación a sus espaldas.

 

El político no solo debe ser inocente judicialmente (Huhne ha manifestado su inocencia en todo este caso) sino también inocente socialmente, éticamente. ¿Cómo va a desempeñar su cargo con toda libertad, con toda honestidad bajo la amenaza de la imputación, bajo la necesidad de su defensa? Así se lo ha preguntado ante la prensa y así lo han recogido los medios de comunicación. Sin alteraciones. Sin proclamas. Como la forma habitual de comportamiento de una democracia, como la forma sana de comportamiento de una democracia.

 

Las comparaciones son siempre odiosas, y más cuando se dan en un tiempo como el actual, en que hemos tenido que soportar, con grandes dosis de incredulidad y de vergüenza ajena, escuchar una vez más las conversaciones telefónicas de Camps y de Costa con el Bigotes. Conversaciones en que habla de regalos de mucha cuantía económica (“Te has pasado tres pueblos, tío”), de políticos a los que es mejor regalarles bolsos porque, aunque no ayudan, tampoco entorpecen, y también de petición de ayuda, de influencias.

 

¿Qué hemos de pensar la ciudadanía del secretario general de PP valenciano cuando le pide al Bigotes que aproveche la comida que va a tener con el President de la Generalitat para recomendarle para un puesto en el gobierno? ¿Qué debemos seguir pensando cuando el Bigotes responde que ya lo tenía pensado y que no se preocupara… y no lo tenía que hacer pues el puesto y el cargo lo conseguiría con el tiempo?

 

Al margen del veredicto del tribunal, de la declaración de “no culpable” por falta de pruebas de que estos regalos y esta relación tuviera luego relación con los contratos millonarios que el Bigotes consiguió de diversas administraciones valencianas, no es una imagen muy reconfortante ver la cara impasible de unos políticos ante sus propios testimonios agradeciendo regalos de particulares, de “particulares muy particulaes”.

 

Se nos pide desde instancias políticas que se le devuelva la “honorabilidad” de Camps y Costa. A mí, como ciudadano, en ningún caso, por lo oído en las conversaciones, en las informaciones y los datos que la prensa ha tenido a bien comunicarnos, no creo que ninguno de ellos se haya comportado con rectitud de ánimo ni con integridad, según define “honradez” la Real Academia Española.

 

Y mucho menos me parece “honorable” el tiempo que pasó entre la imputación y su dimisión; el tiempo en que no pudieron ni defenderse ni tampoco actuar de manera libre en su misión pública, para lo que cobran y para lo que han sido elegidos. No lo olvidemos.

 

Las comparaciones son siempre odiosas. Pero al comparar la forma de comportamiento de Huhne y de Camps, comprobamos cuánto necesita nuestra sociedad seguir avanzando para llegar a ser realmente democrática. Cuarenta años de dictadura son muchos años… y si no, que se lo pregunten a Garzón. Una nueva comparación odiosa. ¿Acaso no es el mismo juez y con los mismos argumentos cuando investiga a Pinochet y cuando lo hace con Franco? ¿Por qué, nos preguntamos muchos, en un caso se le aplaude y en el otro se le juzga por el peor de los delitos en que puede incurrir un juez? Las comparaciones son siempre odiosas, sobre todo cuando nos ponen delante el espejo de nuestras limitaciones democráticas. ¡Cuánto camino nos queda aún por recorrer si queremos estar a la altura de otras democracias europeas!

31/01/2012 (23:35)

Todos los sábados por la tarde, en el corazón de Madrid, a unos pocos metros de la castiza Puerta del Sol, triunfa la obra “Historia de España en 70 minutos”, en el café teatro del Arenal. Y es un placer que una obra de teatro escrita y dirigida por un alcalaíno (Ernesto Filardi), con actores muy vinculados a Alcalá, a los que hemos visto actuar en la Galera, en el Corral de Comedias, como son Luna Paredes, Carlos Fapresto y Javi Rodenas, y con la producción de una magnífica actriz, también estrechamente vinculada a Alcalá, como es Iria Márquez, todos ellos bajo el sello Seven Inks, estén llenando la sala madrileña todos los sábados.

 

Y así lo llevan haciendo varios meses y así esperamos que lo sigan haciendo en los próximos. Un mérito, un pica en Flandes en un momento tan delicado como el presente, en que parece que el público ha huido de las salas de teatro y grandes producciones han de ofrecer ofertas y entradas institucionales para sobrevivir unos meses en cartelera.

 

“Historia de España en 70 minutos” nació de la mente y de la ágil y certera pluma de Ernesto Filardi cuando era el Director del Aula de Teatro de la Universidad de Alcalá. Nació como un experimento teatral en que la historia se convertía en comedia para acercarla a los estudiantes de bachillerato, a nuestros estudiantes alcalaínos.

 

Una comedia que a todos nos entretiene, a todos: a los estudiantes y a los que hace años hemos dejado de serlo. Y no me extraña que sábado a sábado se llene el café teatro del Arenal si se tienen en cuenta las risas, el asombro del hilvanado del texto y del trabajo de los actores, de un montaje simple que juega tan solo con la voz, con los gestos y con pocos recursos más, pero que son suficientes para que el tiempo vuele y los setenta minutos que dura la obra se conviertan en un instante, en una momento inicial de carcajada que enlaza con la carcajada final, con la reflexión final con que se termina la obra.

 

El reto no es pequeño. ¿Cómo contar la historia de España, toda la historia de España, desde Atapuerca hasta Felipe González? ¿Cómo enlazar tantos episodios y tantos personajes (hasta setenta encarnan Luna, Carlos y Javi) de una historia, que vista desde la distancia, está llena de tintes trágicos? Ernesto Filardi se pone la comedia por montera y consigue hacer lógico y sencillo lo que en tantos libros de historia son solo capítulos sumados, sin corazón, sin alma, sin espíritu, sin vida.

 

En “Historia de España en 70 minutos” es todo lo contrario: bajo la apariencia de una comedia, de la ironía, a un ritmo frenético, se van sucediendo los episodios que han marcado nuestra historia, nuestro suelo, y siempre con vida, con pasión, con desenfreno y con ciertas dosis de crítica, que siempre son necesarias. Y si algo queda claro después de ver “Historia de España en 70 minutos” es que somos los que somos en la actualidad porque hemos sido lo que hemos sido en el pasado, que muchos de nuestros males actuales (así como muchos de nuestros bienes) se deben a cómo se ha ido encadenando la historia en el pasado; una historia que es un continuum, un hilo que todo lo une, que todo lo anticipa y donde pueden descubrirse detalles actuales que creemos únicos.

 

Magnífica la lección inmobiliaria que da el Duque de Lerma en el siglo XVII o ese pueblo (esa pobre Luna) que aparece y desaparece en escenario tan solo para dar réplica a los diversos conquistadores, a los emperadores y reyes que siempre se han preocupado del “pueblo hispano” sin escucharle, sin tener la necesidad de escucharle.

 

Setenta personajes constituyen “Historia de España en 70 minutos”; setenta personajes encarnados por tres espléndidos actores que van sorteando los límites del tiempo y del espacio con ingeniosas bromas, como la de hacer salir a un personaje del escenario cuando le notifican que es anacrónico, que hace años o siglos que ya debería estar muerto. Y el ritmo de la historia es frenético, de la obra y de los acontecimientos narrados y en un abrir y cerrar del ojo se pasa de la visita a una cueva en Altapuerca al momento en que romanos deciden instalarse en Hispania o el emperador Carlos, después de sentirse abrumado por todos los problemas de su reino, abdica en su hijo Felipe.

 

Setenta personajes que permiten comprender mejor que todo es una unidad, que somos hijos de nuestros actos, de nuestra historia, y que el humor y la ironía es un buen método para comprender el pasado, para soportar y superar el presente.  Quizás su origen como obra pensada para estudiantes de Bachillerato lleve a pasar demasiado por encima de la Guerra Civil y, sobre todo, de la cruel y despiadada postguerra, y se remarque demasiado que en los dos bandos se cometieron barbaridades, como en toda guerra se abre la caja de Pandora para que el hombre muestre lo mejor y lo peor de sí mismo. El siglo XX, la dictadura franquista y su permanencia en nuestra sociedad después de más de treinta años de democracia, quizás merecería en el Teatro Arenal una reescritura más comprometida.

 

Si no han tenido ocasión de ver en Alcalá “Historia de España en 70 minutos”, no se la pierdan en el Café teatro del Arenal en el corazón de Madrid, Vale la pena. Y no olviden reservar con tiempo sus entradas… sábado a sábado se agotan, lo que no deja de ser un orgullo para todos los alcalaínos.

23/01/2012 (12:08)

‘Sigueleyendo’ acaba de celebrar en estas semanas un año de existencia en la red. Todos los que amamos la literatura estamos de enhorabuena. ¿Pero en qué consiste esta apuesta literaria, nacida del entusiasmo de un grupo de creadores, de profesionales alrededor del libro, que yo he conocido gracias a Cristina Fallarás, una de esas mujeres que es un volcán, un torbellino, que no deja indiferente a nadie que se cruza en su universo? La pregunta puede parecer retórica, pero es todo lo contrario.

 

Al pensar en escribir este texto que fuera a un tiempo felicitación por un año cumplido como difusión de sus contenidos, me he encontrado con que me he quedado sin palabras, sin definiciones. No hay nada similar (o, al menos yo no lo conozco) en la Red y nada que pueda compararse en sus potencialidades, en sus posibilidades, ya que no nace para copiar nada de lo que ya existe ni contra nada de lo que conocemos, sino que adquiere todo su sentido en indagar en las nuevas posibilidades de la red, en algunas de ellas. Y en su novedad radica su fuerza y en su novedad radica la dificultad de encontrar una única definición, un corsé que lo condense y lo limite. Y eso es lo imposible: limitar un mar de proyectos, un océano de sueños como el que propone “Sigue leyendo”.

 

 

Comencemos por lo fácil: “Sigue leyendo” es un portal de Internet (http://www.sigueleyendo.es/acerca-de/), un “sitio de libros, lectores y autores”. Un espacio donde la literatura se convierte en respiración, en vida, pues se habla de ella (de los textos) y de quienes la han creado (los autores), al tiempo que se editan libros digitales, libros que han nacido de la apuesta del propio proyecto, como la colección “bichos” a la que quiero referirme más adelante, pues todo tiene sentido cuando se llega a los lectores. Noticias, comentarios, entrevistas, análisis… se dan cita sin un orden previo, sin una limitación de secciones.

 

Sin duda, una de las noticias más visitadas fue la publicada por Willy Uribe: “La monarquía española en la basura” (http://www.sigueleyendo.es/la-monarquia-espanola-en-la-basura/) publicada el 26 de diciembre de 2011 en la que el escritor –al margen del morbo de un título que a muchos les hizo pensar en otros contenidos- daba cuenta de un curioso hallazgo en la basura: una caja de zapatos con casi un centenar de fotografías originales de la monarquía española, que nos devuelve a María Cristina de Habsburgo, Alfonso XIII, o al propio rey Juan Carlos de niños.

 

Un portal de libros, un portal de lectores, un portal de autores… ¿no hay de esos ya cientos o miles en la red, de muy diversa naturaleza, algunos de ellos nacidos de la voluntad y el gusto de una única persona, como es el caso de “Anika entre libros” (http://libros.ciberanika.com/), un excelente portal también muy recomendable, un buen punto de partida para conocer mucho de lo que se publica en español? ¿Desde qué perspectiva se coloca “Sigueleyendo” para participar “en el debate cultural, político y económico desde los libros y sus autores”, según indican sus promotores?

 

Estamos viviendo momentos de cambio en muchos de nuestros modelos culturales, informativos y literarios. Cambios en la configuración de los textos, en la creación de una segunda textualidad en que iremos olvidando los modelos textuales propios del códice, del libro impreso para abrirnos a nuevas posibilidades multimedias e interactivas, en que tendremos que replantearnos de nuevo las relaciones entre el lector, el texto y el autor; cambios en los modelos de difusión y de acceso a la información y al conocimiento, en que los modelos del almacenaje y distribución han quedado obsoletos, y ya no tiene sentido mantener sistemas económicos que hablan de un tiempo pasado antes que apostar por un espacio futuro. Pero también vivimos momentos de inmovilismo en que se pretende que los cambios que nos acechan a la vuelta de la esquina se retrasen, se estigmaticen.

 

            En este sentido, “Sigueleyendo” no es solo aire fresco sino también una nueva voz de todo lo mucho y bueno que se puede hacer en el presente de la literatura en la red para pensar y apostar en el futuro. “Sigueleyendo” no es solo un espacio para dar a conocer y difundir textos que se han editado y se distribuyen en papel (que también lo es), sino que es una editorial que potencia sus propias colecciones, como la ya citada de “bichos”, en que escritores a un lado y otro de las fronteras del español reescriben cuentos de niños para adaptarlos al presente, a nuestro cruel e incomprensible presente.

 

Cuentos que se venden a 1 euro y del que el autor se lleva un 50% del beneficio… con solo dos cliks uno puede bajarse el libro digital para poder ser leído desde cualquier ordenador, desde cualquier dispositivo electrónico de lectura… y la colección de “bichos” (de los que se han publicado 21) no deja de crecer, así como el resto de las obras con las que se va ampliando su fondo editorial.

 

‘Sigueleyendo’ cumple un año. Y lo hace con la fuerza de saber que ha ido ganando un espacio, que ha demostrado que es posible crear “ecosistemas sobre el texto” diferentes a los conocidos hoy en día, espacios donde se multipliquen las posibles relaciones entre autores, textos y lectores, relaciones que les une, que les multiplica. Hay vida más allá de las miradas cortas de nuestra industria editorial y del inmovilismo de editores y libreros. Hay vida más allá y, a la vuelta de la esquina, seguro que más de un paraíso. Y ‘Sigueleyendo’ habrá sido uno de sus apóstoles, uno de sus propuestas más innovadoras.

16/01/2012 (00:27)

La Biblioteca es ella. Ella, vestida de cualquier color. De todos los colores. Vestida con un traje gris, con un vestido rojo, con una sonrisa que todo lo ilumina, que todo lo deslumbra. Ella, que es la biblioteca, que comienza preguntándose en qué sueñan las bibliotecas cuando las bibliotecas cierran sus puertas y ya no hay lectores. Ella, que es la biblioteca, que busca los olores de un tiempo que es el suyo y es también el de todos nosotros. El tiempo de los trescientos años que ha vivido y los cientos y cientos de años que le quedan por vivir.

 

Hablo de una biblioteca, de nuestra biblioteca, de la Biblioteca Nacional de España. Y hablo de Ella, de esa biblioteca a quien Andrea Soto le presta su belleza, su voz, su sonrisa en el espectáculo teatral “El libro infinito, Biblioteca Nacional de España, tres siglos”, que se presentó la semana pasada en el Salón de actos de la BNE en el centro de Madrid, y que estará en cartelera todos los viernes hasta el mes de abril, a las siete de la tarde. Todos los viernes de manera gratuita para seguir celebrando el Tricentenario de nuestra Biblioteca Nacional.

 

En “El libro infinito”, José Ramón Fernández nos presenta a un personaje histórico, Felipe V, el melancólico Felipe V dando el visto bueno a la creación de la Real Biblioteca Pública en el año 1711, y a su zaga, tres genios de nuestra cultura que son también los tres nombres de tres de las salas más importantes actualmente en la Biblioteca Nacional de España: Francisco de Goya (la sala de Dibujos y Estampas), Francisco Barbieri (la sala de Música) y Miguel de Cervantes (la sala de Manuscritos y Libros antiguos).

 

Gracias a la dirección escénica de Fefa Noia, con las pocas posibilidades escénicas que tiene un salón de actos como el de la BNE, vemos aparecer a estos personajes que hablan de su historia pero que dialogan también con las joyas que se atesoran y que se custodian en estas salas. Cinco actores que dan vida no a cinco personajes sino a la historia de nuestra riqueza patrimonial, a una riqueza que en el programa “Viaje al interior de la cultura”, de donde proceden muchos de los monólogos, ponía delante de los espectadores los libros originales y ahora lo hace con proyecciones; una riqueza que permite comentarios geniales… ¡qué jodido chaval!, exclamará Goya al hablar de Pablo Picasso… o  ¡cómo me gustaría poder hablar de libros con Jorge Luis Borges!, confiesa un poco triste Miguel de Cervantes. José Ramón Fernández le ha puesto voz a un tiempo que es historia pero que son también colecciones y joyas, objetos que nos devuelven nombres propios de nuestro pasado… y al mismo tiempo, somos nosotros.

 

Y cinco magníficos actores les regalan su cuerpo, sus voz, sus sentimientos, todos ellos geniales. Andrea Soto (la increíble Biblioteca, esa Ella que se deja abrazar y querer por cada uno de ellos, por cada uno de nosotros), Óscar de la Fuente (oh, oui, oui, en su papel de Felipe V, un atormentado Felipe V que añora su Francia, su verdadera vida), José Luis Díaz Rupérez (con una voz potente y vital como los pinceles de Francisco de Goya a quien encarna), Miguel Barderas (el madrileño, gato y chulesco Francisco Barbieri) o David Luque (a quien le toca cerrar encarnando a Miguel de Cervantes, a un Miguel de Cervantes recién llegado de Lepanto y del cautiverio, un Miguel de lágrima fácil y de voz honda y humana).

 

“El libro infinito” es mucho más que una obra de teatro: es memoria y es homenaje a nuestra cultura, a ese país, en que, como indica José Ramón Fernández en más de una ocasión en su obra, todos quisiéramos vivir: un país de soñadores, de emprendedores, de vitalistas.

 

Fefa Noia, la directora escénica, dice en el programa de mano: “Hay lugares en los que no puede pasarnos nada malo, lugares en los que nos sabemos protegidos. No por la presencia de guardianes de nuestra integridad física, sino de nuestra integridad mental, que suele ser mucho más frágil, mucho más difícil de alcanzar, y no digamos de conservar. Si me pidiesen que mencionase alguno de esos lugares, hablaría de la casa de mis padres, el patio de butaca de un teatro, una sala de cine y la Biblioteca Nacional de España”.

 

¿Y qué mejor lugar cuando la BNE se convierte en una sala de teatro donde se proyecta nuestra historia cultural, nuestro “cimiento de país”? Todos los viernes, a las siete de la tarde, el milagro está servido en la Biblioteca Nacional de España con “El libro infinito”. No se lo pierdan. Abril, como quien dice, está a la vuelta de la esquina y esta magnífica producción de la Biblioteca Nacional y de Acción Cultural Española es realmente “imperdible”.

10/01/2012 (12:33)

En las reuniones familiares que todos hemos disfrutado (y padecido) en estas Navidades las conversaciones surgen como los dulces que esperan ansiosos nuestro ataque en la mesa del comedor. En ocasiones, son conversaciones como los polvorones, que te dejan la boca pastosa, y en otras como el buen chocolate, que te anima y te permite seguir avanzando en las horas interminables de las cenas y de las comidas. En una de estas conversaciones familiares surgió un interesante debate entre los límites entre lo público y lo privado en relación al botellón.

 

Como se pueden imaginar, la edad se convirtió en una ligera línea entre dos posturas enfrentadas que, como suele también suceder en las escenas familiares, acabó en unas tablas interrumpidas por un café, una nueva copa de cava o el comentario de la abuela sobre algún recuerdo familiar.

 

En primer lugar, el botellón se justificaba como una respuesta necesaria y casi inevitable por los altos costes de las copas de los bares, lo que hacía inaccesible a una buena parte de la juventud el acceso a este tipo de “diversión”. A la hora de calibrar el coste excesivo de las copas nocturnas (que es un abuso en muchas ocasiones y no seré yo quien lo niegue pues, como todos, lo padezco y sufro) se comparaba su precio en la barra con el precio de las botellas compradas en el supermercado.

 

Pero no es este el argumento que me sorprendió sino el que vino a continuación: ante las quejas de muchos de nosotros (los que ya habíamos pasado los cuarenta, temo decirlo) de que esta diversión esporádica, que invadía un espacio público, conllevaba unos desperfectos en el mobiliario urbano, en la limpieza, en molestias a los vecinos, se nos argumentaba que los que hacían botellón no tenían la culpa de que los ayuntamientos no dispusieran de un equipo de limpieza adecuado, de contenedores y papeleras suficientes, o incluso de zonas preparadas para poder mear.

 

Y el final de la argumentación siempre acababa con un “nosotros tenemos derecho”. ¿Y es cierto? ¿Tenemos derecho a ocupar zonas públicas para un uso privado, como lo es el botellón, por más que sean cientos los chavales que parece que les cuesta cargar con las botellas y vasos vacíos a la papelera más próxima, cuando no han tenido inconveniente de venir cargados con ellas llenas desde sus casas hasta la zona del botellón? Y un sobrino nos dio la puntilla: “Yo pago mis impuestos, así que tengo derecho a reclamar que se me den estos servicios”.

 

¿Es así? ¿Acaso no está incluido en el precio de la bebida en la barra de un bar los impuestos que pagan los locales, el hecho de contar con un servicio de limpieza propio o de baños adecuados, así como de todos los medios que acondicionan sus locales para no molestar al resto de los vecinos? ¿Acaso, porque también los dueños de estos bares pagan sus impuestos, el recién engordado IRPF, el IBI, el etc… no estarían también en su derecho de reclamar al ayuntamiento que les limpie sus locales, que les facilite las luces que faltan después de un fin de semana de juerga?

 

Lo que más me sorprendió de esta charla –como muchas de las que oigo en los últimos tiempos- es cómo hemos perdido la conciencia de los límites entre lo público y lo privado. Cuando una persona invade un espacio público –ya sea para hacer botellón ya sea para tomar el sol en una agradable mañana primaveral o veraniega- ha de ser consciente de que está ocupando un espacio que no le pertenece y que todo lo que haya que hacer para arreglarlo, para dejarlo tal y como estaba antes de su presencia, sale de los impuestos de todos los que no hemos ocupado este espacio.

 

Y mucho más grave es cuando estos límites entre lo público y lo privado no se tienen claro a la hora de tomar medidas por parte de los poderes públicos: ¿Cómo es posible que una Comunidad Autónoma (y son muchas las que se podrían poner como ejemplo), esté recortando en servicios públicos, de manera más o menos encubierta, al tiempo que sigue financiando a empresas e instituciones privadas con dinero público, ya sean los 30 millones de euros para Bernie Ecclestone y su negocio de la Fórmula 1, o las exenciones de impuestos a la Iglesia Católica, por no hablar de los aeropuertos sin aviones pero sí con halcones o los millones de publicidad que se derrochan en cada presupuesto.

 

¿Cómo es posible que se sigan financiando con nuestros impuestos, con dinero público, las empresas privadas de los bancos, de los colegios concertados, de las clínicas privadas…? España ha vivido durante muchos años en el botellón de creerse una potencia económica mundial, y unos pocos lo han disfrutado a lo grande y ahora nos toca a todos ir a limpiar la mierda que han dejado a su paso, si queremos volver a ver limpios los parques y las plazas de nuestra economía. Al final, siempre terminamos pagando los mismos: los que hemos cumplido las leyes y hemos sido respetuosos con el espacio público.

2/01/2012 (20:20)

Es tiempo de hacer balance del último año y de comenzar con la lista de los buenos propósitos para este nuevo año que comienza; el año 2012 que ha empezado con un sentimiento compartido de desánimo y de desidia, un año en que parece que se hacen realidad los malos presagios  tan solo con nombrarlo: nace el 2012 como un año gafe, un año con pocas simpatías.

 

Balances y buenos propósitos en que se mezclan los deseos personales con una reflexión general sobre el tiempo vivido, sobre este año que se ha ido dejándonos a todos una lamentable sensación de abandono, de aceptación peligrosa de una realidad que se nos impone, día a día, en el ritmo frenético de las noticias económicas. Nunca se ha hablado tanto de economía y nunca se ha entendido menos lo que está sucediendo… o nunca nos ha disgustado tanto el darnos cuenta de lo que está realmente sucediendo.


En el campo de los balances, personalmente el año 2011 ha sido magnífico pues he conseguido hacer realidad algunos sueños, algunos proyectos en que he ido trabajando en los últimos años: la primera convocatoria de la Semana complutense de las Letras, con la visita estelar de Mario Vargas Llosa, el hermanamiento entre Azul y Alcalá de Henares, con dos murales magníficos que han puesto algo de color a este año gris y con proyectos de futuro que seguirán uniendo a los alcalaínos y a los azuleños, así como ya lo han hecho los niños de la Escuela La Antártida en Azul y Dulcinea del Toboso en Alcalá de Henares, sin olvidar mi oposición a cátedra en la Universidad Complutense de Madrid, y, por último, el éxito de la exposición “BNE: 300años haciendo historia” con la que se ha dado el pistoletazo de salida a las conmemoraciones del tricentenario en la BNE y que ya ha batido todos los récords de asistencia en sus pocas semanas de vida  y que puede visitarse en el Paseo de Recoletos hasta el 15 de abril… pero esas sensaciones personales que podrían teñir de rosa el año 2011, se llenan también de zonas oscuras cuando une vive (y sufre) los ataques continuos a la educación pública, en cada uno de sus escalones, al trabajo que muchos funcionarios realizamos porque seguimos creyendo en la función pública y en la necesidad de unos esfuerzos colectivos para mejorar la vida de toda la ciudadanía, frente a los intereses partidistas (y en muchas ocasiones exclusivamente ideológicos, económicos o de sectas religiosas) que mueven a la defensa de una educación privada.

 

Es duro, como así les pasa a tantos compañeros, que se nos insulte constantemente (en ocasiones desde medios de comunicación financiados y sostenidos por grupos económicos muy determinados) por realizar nuestro trabajo.

 

Y todo bajo el paraguas de una palabra (“crisis”) que se ha convertido en el leiv-motiv de todas las excusas… que se suben los impuestos: la crisis; que se cortan las ayudas a los más necesitados: la crisis; que se busca una economía de guerra y de subsistencia frente a modelos económicos que apuesten por el futuro: la crisis (en este caso, la crisis de nuestros políticos, faltos de ideas, de una verdadera comunicación con la sociedad, pues muchos de ellos siguen considerando que unas votaciones son un cheque en blanco en los próximos cuatro años… ¡qué tragedia!).

 

¿Buenos propósitos para el 2012? Los de siempre… y alguno más: que consigamos quitarle el rictus antipático al 2012, que seamos capaces de recuperar la alegría y la esperanza en el futuro, en nuestro futuro. Serán meses difíciles los que nos esperan, meses en que deberemos echar a volar nuestra imaginación.

 

¿Qué político es el que se atreve a dar el primer paso? Del gobierno poco podemos esperar (al menos, yo espero poco después de escuchar sus primeras medidas, que son pan para hoy y hambre para mañana)… pero ¿y del resto de los gobiernos que hacen subir nuestros déficits y las deudas de un país que se merece un 2012 mejor?

26/12/2011 (12:40)

El año 711 está marcado al fuego lento en la historia de España. Es el año de la famosa batalla de Guadalete, batalla encarnizada como todas las batallas medievales, que supuso el paso de una Hispania visigótica, con sus lazos estrechos con el caído imperio romano, a una España andalusí, con la presencia árabe que constituye una parte esencial de nuestra historia, de nuestro pasado y de nuestro presente. El año 711 se marca a fuego lento en las clases de historia en las aulas infantiles y juveniles, no siempre explicadas con la objetividad, con la distancia que un hecho de tal envergadura merecería.

 

Un momento de tránsito, de transformación, de revolución. Pero las conmemoraciones, los 1300 años que han trasncurrido de aquel acontecimientos histórico acaecido cerca de la actual Algeciras, permiten volver los ojos a una época, a un momento histórica gracias a nuevas visiones, como la que ahora ofrece el catedrático Luis García Moreno en la espléndida exposición del Museo Arqueológico Regional: “711. Arqueología e Historia entre dos mundos”.

 

Una exposición que indaga en un hecho crucial que en ocasiones se soslaya cuando se cita esta fecha tan solo como el inicio de un periodo que acaba siglos después (en 1492 por poner una nueva fecha) con la toma de Granada, un periodo que convirtió a España en lo que es, con elementos muy diferentes al resto de Europa, tanto en aspectos políticos y económicos, como culturales e incluso lingüísticos. El 711 no es solo el inicio de un periodo histórico sino, como se destaca en el propio título de la exposición, el choque, el diálogo y, en ocasiones, el enfrentamiento de dos mundos, de dos modos de entender el universo, al otro, las relaciones sociales, políticas, religiosas o personales; dos mundos que en el 711 se encuentran en dos fronteras, en dos espacios, y que con los siglos (hasta llegar al emblemático 1492) se convertirá en un único mundo, ese que se conoce como Al-Andalus.

 

El 711 supone el inicio de un diálogo del que no podemos ni es justo que nos olvidemos, sobre todo en momentos históricos tan confusos como los que estamos viviendo, donde el día a día parece que nos ha vuelto de espaldas a la historia, a nuestra capacidad de reflexionar sobre nuestro presente más allá del insulto y del problema puntual: ¿hasta qué punto el 711 marcó a fuego lento nuestra historia, nuestra cultura española, nuestro modo de ser?

 

En cinco secciones (Reflexiones históricas sobre el 711, La organización del territorio, La vida cotidiana, La actividad económica y Religión, idelología, calendario y ritual), la exposición nos va desgranando, a partir de piezas singulares procedentes de diversos centos e instituciones, las grandes transformaciones que se dieron en Hispania con la llegada de los árabes.

 

El campo y la ciudad, los objetos del día a día que se llenan de sincretismos y de formas uniformes, el comercio como un medio básico de cohesión y de creación de riqueza o los modos que hicieron que en las cortes y palacios de Al-Andalus florecieran las artes, las letras y la ciencia son solo algunos de los puntos, de los aspectos que todo visitante pordrá conocer gracias a los objetos únicos, a las explicaciones de todos ellos con que se enriquece la exposición.

 

Explicaciones que nos devuelven al pasado para seguir comprendiendo nuestro presente, el único modo de tener una perspectiva para afrontar el futuro. Es realmente asombroso ver cómo muchas de nuestras organizaciones actuales proceden de aquel momento, de aquellos cambios, y cómo solo es posible acercarnos al pasado gracias al rescatar las sombras de una civilización y ofrecernos estos objetos únicos, realmente asombrosos y muy poco conocidos para los no especialistas en la materia.

 

Una exposición muy recomendable que nos ofrece un espejo del pasado para que veamos reflejado en él nuestro presente, ese que nos hace tan singular en Europa, y del que tenemos que sentirnos tan orgullosos.

19/12/2011 (17:10)

Tenemos tan asumido que la imprenta vino a revolucionar el universo del libro (y de su mano de nuestra cultura occidental) que parece que perdemos la perspectiva de su evolución, de sus cambios, de su transformación a lo largo y ancho de los más de quinientos años que nos separan de la Maguncia de mediados del siglo XV. Siempre me he preguntado cómo explicaría Gutenberg a los primeros inversores de la tecnología que estaba desarrollando las características de su invento.

 

¿Qué caras le pondrían cuando les explicara que una de las bases de su nuevo invento era la prensa para hacer vino? El beneficio parecía evidente: multiplicar los códices, dar respuesta a una demanda cada vez más creciente de lectores (y de compradores)… pero muchos se preguntarían: ¿Vale la pena la inversión en un invento que todavía tiene que demostrar sus posibilidades? ¿Acaso el enorme gasto compensaba sustituir a los copistas, a los iluminadores que llevaban siglos en su profesión por nuevos oficiales que tendrían que saber de todo un poco para poder arreglar la prensa, elaborar la tinta y colocar de manera adecuada el papel para que la impresión saliera de la forma más limpia posible? ¿Cuántos días, cuántas noches fracasó Gutenberg en su invento? ¿En cuántas ocasiones se arrepintió de haber gastado su fortuna en este sueño, que se le escapaba de las manos como la arena de la playa en un puño cerrado? ¿Era esa mano vacía lo que iba a poder presentar a su familia después de tantos años de abandono, de sufrimientos?

 

Pero ahí está la imprenta, ahí está ese invento que se le fue de las manos a su creador (los que realmente hicieron negocio fueron sus primeros inversores) y que vino a revolucionar nuestro modo de enfrentarnos a la cultura, a la información en el siglo XVI: de los lectores se pasó a los compradores; de los difusores de la cultura se impuso la idea de industria editorial, de la que hoy somos herederos (y sufridores), y que está viviendo sus últimos decenios de supervivencia con la llegada de nuevos modelos de negocio, de difusión alrededor del texto digital.

 

¿Cómo ha evolucionado esa prensa de madera de Gutenberg en estos más de quinientos años de vida? ¿Cómo se componían los libros en el siglo XV y en los Siglos de Oro, qué cambios se produjeron con el triunfo de la Revolución Industrial del siglo XIX? ¿Cómo han ido evolucionando las artes gráficas en este periodo? ¿Y los tipos de letra? ¿Por qué una letra tiene nombres de persona (Ibarra, Goldoni, Garamond…) y otras de periódicos como Times o New Roman Times?

 

Son preguntas que pocas nos hacemos y preguntas que tienen (o tenían) difícil respuesta más allá de los libros. Y escribo tenían porque todos en Madrid estamos de enhorabuena porque el pasado viernes se inauguró (o más bien se reinauguró) la Imprenta Municipal de Madrid, en el antiguo edificio de 1931 en la calle Concepción Jerónima. Una (re)inauguración de un proyecto envidibale llevado a buen puerto por su responsable, José Bonifacio Bermejo, con un magnífico equipo, bajo el siginificativo lema de “Artes del libro”.

 

En la Imprenta Municipal de Madrid se podrá ver y entender cómo han ido evolucionando, transformándose las artes del libro, las artes gráficas en estos más de cinco siglos gracias a sus más de 3000 piezas, muchas de ellas visibles en su colección permanente: piezas que hablan del triunfo de una industrialización y que están todas ellas operativas. Y esta es uno de los aspectos más sobresalientes, los que convierten la Imprenta Municipal en un espacio único: no se trata de un museo donde se ve el pasado como algo inalterable, algo ajeno, sino que es una imprenta viva, donde varias generaciones de oficiales se dan la mano componiendo, imprimiendo, encuandernando, dorando… haciendo realidad ante nuestros ojos los oficios del ayer que siguen siendo los del hoy. Una magnífica noticia la de abrir un espacio para comprender mejor cómo la tecnología es siempre un aliado para la difusión de la cultura y el conocimiento: lo ha sido en el pasado y lo seguirá siendo en el futuro. Y aquí está la Imprenta Municipal de Madrid para mostrarlo con una espléndida sede, fruto del esfuerzo de muchos años.

14/12/2011 (12:03)

A las doce en punto. Todo marcha con una puntualidad endiablada en el momento en que se pone en funcionamiento la Casa del Rey. Habían indicado que a las doce en punto esperáramos a los Reyes a las puertas de la exposición “Biblioteca Nacional de España: 300 años haciendo historia”, y a las doce en punto aparecieron los Reyes en la puerta cargados con una sonrisa.

 

Atrás habían dejado los saludos y los acordes de la Marcha triunfal que Barbieri compusiera para celebrar la primera piedra del edificio actual de la BNE en 1863, y que desde entonces no había vuelto a ejecutarse. Detrás de los Reyes, en un séquito variado y variopinto se daban cita Carlos Dívar, Presidente del Consejo General del Poder Judicial, Ángeles González Sinde, Esperanza Aguirre, Glòria Pérez Salmerón, directora de la BNE y Charo Otegui, Presidenta de la AC/E., y decenas de personas que esperaban ansiosas seguir los pasos de los Reyes a través de las vitrinas, de las salas de la exposición.

 

A las doce en punto. Dos ensayos generales el día anterior y aquella misma mañana nos habían marcado las pautas a seguir, el protocolo de los saludos, el ritmo de la visita. Protocolo que se rompió en la primera sala, con la presidenta de la Comunidad de Madrid hablando de los códices de Leonardo da Vinci, los únicos que se conservan en España y que se custodian en la BNE, o las muestras de aprobación del Rey al saber que desde su fundación en 1711, la Real Biblioteca de su antepasado Felipe V nació con la voluntad de ser pública, de abrir sus puertas para que todo estudioso pudiera conocer, estudiar y divulgar los ricos fondos allí albergados.

 

Como comisario de la exposición, es un placer comprobar cómo se ha conseguido el efecto que habíamos planteado al inicio de la misma: un viaje en el tiempo, un volver a los primeros años del siglo XVIII cuando abrió las puertas la Real Biblioteca en el Pasadizo de la Encarnación (donde hoy está la Plaza de Oriente en el corazón de Madrid), exponiendo una (pequeña) parte del rico patrimonio con el que nació la que, desde sus orígenes, ha sido una de las bibliotecas más importantes del mundo: los fondos bibliográficos del propio Felipe V traídos de Francia (a los que años después se sumarán los de su segunda esposa, Isabel de Farnesio), los de los Austria, albergados en la Torre Alta del Alcázar o las de las bibliotecas incautadas a nobles que habían apoyado al archiduque Carlos en la Guerra de Sucesión, o la permuta de libros con algunas bibliotecas monásticas, que permitió completar colecciones a lo largo y ancho del siglo XVIII. Códices medievales (el Beato de Liébana, La alabanza de la Santa Cruz de Rabanus Maurus o uno de los 20 breviarios de Isabel la Católica), manuscritos autógrafos (como los dos citados códices de Leonardo da Vinci, esos cuadernos de trabajo de un genio que se enfrentaba a la perfección con sus dibujos, con sus escritos), incunables (Manipulus Curatorum de Guido de Monte Rochen), libros impresos (Biblia Políglota Regia, impresa por Plantino bajo la atenta mirada de Arias Montano), atlas (como el magnífico Espejo de navegantes de Lucas Jansz Waghenaer), o libros de música como el Libro de cánones enigmáticos y misas de Juan de Vado, que sirvió de método didáctico par el rey Carlos II)… todo ello puede apreciarse en esta primera sala que nos sitúa en los orígenes, en el principio de la Biblioteca Nacional de España, en sus orígenes ricos en fondos, que no han dejado de aumentar desde entonces, sobre todo a partir del siglo XIX, con las desamortizaciones, la compra y donaciones de bibliotecas y colecciones y el depósito legal.

Poco a poco, el grupo inicial se fue disgregando y junto a los Velázquez, Murillos, Goya, Fortuny, Julio González, Durero, Rembrant, Carmona, Piranesi, Chillida o Miró que pueden apreciarse en las paredes de dibujos originales y de estampas, iban apareciendo cabezas que se preocupaban por la salud del Rey o que comentaban con la Reina algunos detalles de diferentes piezas.

 

Detalles que, en ocasiones, propiciaron más de una broma, como en el momento en que, al pasar por la rica colección de carteles de cine de la BNE, la reina se paró ante el cartel de la película de Berlanga “Patrimonio nacional”, donde, a partir del famoso retrato de Goya de la familia real de Carlos IV, aparecen todos los personajes sin cabeza, y la reina, entre risas, le preguntó a González Sinde la razón de esta imagen.

 

Treinta minutos después, algo retrasados del horario fijado al inicio, los Reyes abandonaban la Biblioteca Nacional de España, dejando atrás elogios a la exposición y, sobre todo, su admiración por la riqueza y la variedad de los ricos fondos que alberga la BNE, que es el patrimonio de todos los españoles.

 

Media hora después se fueron los Reyes dejándonos a los responsables de la exposición con una sonrisa en los labios, pues habíamos cumplido con nuestra finalidad: crear un espacio abierto para que todos los ciudadanos que puedan acercarse al corazón de Madrid puedan conocer un poco mejor la Biblioteca Nacional de España, su historia, sus fondos, su complejidad de estructura y sus retos y desafíos, tanto del pasado y del presente como del futuro. Una exposición que estará abierta hasta el 15 de abril del próximo año, y que también podrá ser disfrutada por todo en una visita virtual así  como en una aplicación informática que puede descargarse en App Store y en Android Market.

 

“La Biblioteca es tuya” es el lema de los actos que conmemoran el Tricentenario de la Biblioteca Nacional de España… ahora con la exposición “BNE: 300 años haciendo historia” se ha abierta una puerta para poder conocerla un poco más por dentro.

8/12/2011 (13:16)

Las cifras que diferentes organismos están poniendo en la mesa de la Cumbre Mundial del Clima que se está celebrando en la ciudad sudafricana de Durban son estremecedoras: datos sobre el aumento de la temperatura del planeta en los próximos años (unos tres grados), sobre el aumento de la desertización de grandes áreas y sobre la amplitud del agujero en la capa de ozono.

 

En diciembre de 2012 termina su aplicación el protocolo de Kioto (si realmente ha sido en algo efectiva) y es el momento de dar un paso adelante (un salto más bien), a pesar del lastre de Estados Unidos, China y la India, los tres países más contaminantes del planeta (y ahora, quizás, de los más influyentes econónmicamente). Estas son las cifras y los datos que no por conocidos los tenemos muy en cuenta, como si el desastre y el apocalipsis del mañana no tenga nada que ver con nuestro presente, como si los presagios para dentro de quince o veinte años nada tengan que ver con las decisiones y los planes que pongamos en marcha en el momento actual. Por eso, diversos organismos presentes en Durban, junto a los resultados de las previsiones de los científicos sobre la gravedad del cambio climático, le han añadido ahora análisis económicos, y (casi) todos ellos hablan de unas mismas cifras: el euro (o el dólar) que ahora no se invierta en paliar la gravedad del cambio climático se multiplicará por cuatro en el 2020 para poder hacer frente a sus consecuencias. En otras palabras, ahorrar hoy (en estos momentos de crisis financiera mundial) supone endeudarnos en el futuro.

 

Los datos están sobre la mesa pero parece que todos quieren mirar para otro lado, incluso nosotros mismos en nuestro comportamiento diario en que las miserias y problemas del hoy nos impiden levantar la vista y darnos cuenta que nuestra finalidad no es solo la de sobrevivir al presente, sino poner las bases para poder contar con un futuro mejor, dejar un futuro mejor a las generaciones venideras.  

 

Lamentablemente, el presente (que es lo único que en realidad no existe) y lo efímero se ha convertido en nuestro único tiempo: el tiempo de las finanzas (que es decir también ahora el tiempo de la política), el tiempo de la información, el tiempo del ocio… todo es efímero, todo es puntual, todo carece de una dimensión histórica. Si alguien piensa que la situación económica española actual tiene que ver mucho con la falta de gestión política en los años de bonanza económica que vivimos hace una década para poner las bases de un futuro mejor (inversión en tecnología, investigación, nuevos modelos productivos), frente a colgar mirós en el cuarto de baño y poner los pies en las mesas de negociaciones internacionales, se le tacha de revanchista, de estar siempre mirando al pasado.

 

Si alguien plantea que el ahorro de hoy, de las medidas de ajuste económico que se están planteando (que son solo medidas de maquillaje sin efectos reales en la economía), será el hambre de mañana, la falta de oportunidades de unas generaciones que (en el caso de España) es una de las mejores formadas de las que nunca hemos gozado, se le tacha de oportunista y de agorero. ¿Desde dónde hacemos los análisis y las reflexiones? ¿Qué lugar ha quedado para analizar la realidad más allá de las portadas de los periódicos o los titulares de los informativos?

 

Todo va demasiado deprisa y todos somos víctimas de esta velocidad de crucero que hemos admitido como normal, cuando lo es todo menos normal. Quizás la posibilidad de una comunicación instantánea gracias a la tecnología digital nos ha llevado a tener esta falsa impresión… pero ahí están los datos. El lunes 5 de diciembre, la agencia Standard & Poor’s amenazaba que iba a castigar a los países de la zona euro con una rebaja de hasta dos escalones en su valoración; el martes 6 de diciembre (el día en que escribo esta columna), ya las bolsas se resienten con caídas de varios puntos y cientos de millones de pérdida. Y estas noticias ya el jueves cuando se publique la columna se habrá superpuesto a otras nacidas el miércoles.


En estos momentos de crisis, de una crisis sin comparación porque es crisis de nuestro sistema económico y político, se necesitan tomar medidas hoy en día; pero medidas que piensen en el futuro, que pongan las bases para poder saber que en el futuro no volveremos a caer en algo semejante.

 

Las medidas de ahorro inmediato, las medidas puntuales para ajustar las macrocifras económicas (un juego absurdo de ciencia ficción), las medidas que solo toquen la superficie solo van a crear tensión y abrir brechas en nuestra sociedad. Los políticos deberían comenzar para ser lo que deben ser: gestores de la “cosa pública” e independizarse de los poderes económicos.

 

Y esta ya sería una gran medida para el futuro. Como ven, hoy en el día de la Constitución (tan llena de buenas intenciones como de rincones oscuros), me he levantado ingenuo… eso es lo que tiene escribir mientras el sol de la mañana intenta hacerse un hueco para iluminar la habitación. Por eso, nio puedo dejar de pensar que el mañana no tiene que ser territorio abonado para los agoreros. Está en nuestra mano cambiar el futuro: el del cambio climático y el del cambio en nuestra sociedad, en nuestra economía.

29/11/2011 (12:11)

Un amigo escritor, delante de una cerveza, sentados en la barra de un bar comenta, entre triste y cabreado, que ha decidido ya no acudir más a presentaciones de libros. Lo dice casi en un susurro, antes de terminarse un tubo de cerveza mientras con la mirada hace un gesto al camerero para que no se olvide de una nueva ronda. Nosotros, los tres amigos que le acompañamos, nos miramos y nos sabemos si nos sorprende más su confesión o ese gesto altanero y perfeccionado que tiene de hablar al mismo tiempo que termina de beber y pedir una nueva ronda. No es nada fácil y, aunque deberíamos estar acostumbrados con el paso de los años, no dejamos de admirarnos de su maestría en estos y otros tantos momentos de la larga noche de Madrid. Y antes de que podamos pensar en sus palabras, rebatirlas o asentirlas con un largo trago de cerveza, suspira y deja caer un “Madrid ya no es lo que era, la noche madrileña ya no es lo que era”.

 

Y en este momento sí que comenzamos a preocuparnos: ¿se está haciendo viejo nuestro amigo escritor y comienza a añorar cualquier tiempo pasado como mejor? ¿Acaso ahora comenzará a relatar sus hazañas poéticas y etílicas en el Madrid de los setenta cuando vino y se deslumbró con Madrid y deslumbró a Madrid con sus escritos y gestos? Y algo de razón tienen sus historias, esas historias que colocan en las barras de los bares, en los asientos mugrientos y algo pegajosos de antros míticos y de nombres impronunciables a los nombres que llenan tantas páginas de la enciclopedia de la literatura contemporánea y que se leen y estudian en los pupitres de los institutos y de las universidadees.

 

Historias que hablan de recitales poéticos, de presentaciones de libros, de coloquios que comenzaban por la tarde y que no tenían hora de cierre, que se multiplicaban en las copas de los bares y en los besos fugaces con que todos celebraban al final de la noche (o al comienzo de la mañana) la exaltación de la amistad literaria. Historias de intercambios de papeles, historias de intercambio de copas y de versos, de historias y de parejas… historias que todos conocían pero que quedaban en el anonimato de los recuerdos, de las imágenes fugaces, de los flashes inmaduros de la conciencia. Historias que crearon corrientes literarias y las destrozaron con la misma rapidez con que el alcohol iba acabándose de las copas.

 

Historias que eran el contrapunto, el contraluz y la parte interior –y por tanto realmente vivida- de esas fotos oficiales de corbatas y chaquetas, de pantalones perfectamente planchados con su raya en medio y los sombreros que ocultaban las incipientes alopecias, de esas imágenes que han quedado grabados en los libros, en las memorias, en los textos que se leen y se estudian en las enciclopedias, en las aulas de los institutos y de las universidades.

 

“Nos han robado el mayor tesoro que teníamos, queridos amigos”. Y entonces comenzábamos a temblar porque sabíamos que detrás de esta frase siempre venía un erupto que era el punto de partida de un discurso que, aunque pareciera improvisado, había sido ensayado durante horas delante del espejo. Ese “queridos amigos” no era un hecho sino el pie que daba entrada al gran divo, al escritor genial que era capaz de comerse, una a una, las cámaras de televisión y las piernas de todas las presentadoras (y de algún que otro presentador) de telediarios. “Ni uno me ha quedado sin probar”, nos confesaba, mientras guiñaba un ojo dando a entender que era cierto lo que todos murmuraban por los pasillos de la redacción de la televisión estatal. “Queridos amigos, nos han robado nuestro tesoro más preciado: el anonimato, la privacidad”. Y lo decía él, que se había paseado por todas las redacciones, que había sido portada de cuantos suplementos literarios se conocían o fueran a conocerse…

 

Y lo decía él porque ya no soportaba más que al día siguiente de una presentación, a las horas de continuar con los amigos los encuentros más allá de los muros de las chaquetas, de las corbatas, de los pantalones perfectamente planchados, sus fotos tropezando en las aceras, gritando a las farolas o parando el tráfico en medio de la Gran Vía llenaran los muros de facebook y fueran uno de los más visitados en youtube. “No hay nada que hacer. Nos han robado la vida, esa que es la que realmente vale la pena vivir; esa que todos habían imaginado y ninguno era capaz de recordar. Nos han robado la posibilidad de dejar de ser nosotros mismos. Ahora con un móvil cualquiera es reportero de la nada. Queridos amigos, ha llegado el momento de ser de nuevo revolucionario: ha llegado el momento de quedarnos en casa, de no salir, de convertirnos en prisioneros de nuestra propia intimidad, de nuestro anonimato. Queridos amigos”, y esto último lo decía con una sonrisa, “ha llegado el momento de adorar la privacidad, la de convertirnos en anacoretas de la vida… pero eso sí, a la última invito yo, que hay constumbres que no pueden ni deben perderse. Pero nada de móviles… ¿eh?, que ya os conozco”.

23/11/2011 (23:54)

Se sentó en el sillón del despacho. Más bien, se dejo abrazar por el cuero del sillón, ese que no se había cambiado desde que lo ocupara Felipe González. Se sentó y llamó a su secretaria: que no le pasaran llamadas ni le interrumpieran en la siguiente hora. Quería tranquilidad. Necesitaba tranquilidad.

 

Había dejado a su mujer y a sus hijos en la nueva residencia y, como ellos, él también se vio en la necesidad de recorrer el espacio, la geografía que iba a ser su hogar, su casa, su despacho en los próximos cuatro años. Quería tranquilidad. Necesitaba tranquilidad para apoderarse de ese nuevo despacho, de ese nuevo espacio del que tendría que tomar las decisiones más importantes de su vida.

 

Lo primero que pensó nada más sentarse, nada más quedarse solo, nada más dejar dicho que nadie le molestara es lo pequeño que ahora le parecía ese despacho soñado, ese despacho tan anhelado desde que a los veinticinco años decidió abandonar su carrera de notario para avalanzarse a los brazos de la política. ¡Cuántos años habían pasado desde entonces! ¡Cuántos sueños se habían ido cayendo, uno a uno, desde entonces, cuántas ilusiones! ¡Cuántas personas había dejado en el camino, cuántos amigos y parientes no podrían ahora compartir ese momento con él, ese momento de triunfo total, absoluto!

 

Le entraron ganas de furmarse un puro, de poner los pies sobre la mesa, en que no había todavía ni un papel, y fumarse un puro mientras dejaba que esa hora se consumiera en el ritmo paciente de la ceniza. En más de una ocasión había pensado tirar la toalla, dejar la política activa, esa que le obligaba a estar en la primera línea de salida, tan solo para dejarse llevar por una de sus grandes pasiones: el no hacer absolutamente nada. Ese dejar que las horas pasen, que los días pasen, que los meses pasen, que los años pasen con la certeza de que lo que tiene que pasar, pasará sin duda, aunque nos empeñemos en negarlo, aunque nos empeñemos en activarlo… todo es como tiene que ser.

 

Y cerró los ojos y se imaginó a sí mismo fumándose un cigarro y dejando pasar la hora que se había dado para hacerse con este nuevo espacio, una hora de la tranquilidad que no había tenido en los últimos años, una hora de la tranquilidad que no podrá tener en los próximos cuatro años. Pero abrió los ojos –no sabe si en la realidad o en su imaginación- y comenzó a examinar los pocos objetos que formaban parte de su despacho, esos objetos que eran del lugar y no de la persona, de las personas que lo habían ido ocupando en los últimos años: Zapatero, Aznar, González, Calvo Sotelo, Suárez…

 

Y miró encima de la mesa, y se sorprendió de no encontrar teléfonos rojos, teléfonos secretos… y se acordó que durante todo el día había estado esperando la visita de alguien, del propio presidente Zapatero, que le diera, en un susurro, las claves secretas de una serie de informaciones a la que no tenían acceso el resto de los mortales.

 

Pero nada de eso había sucedido. Nada de lo que había leído en sus relatos de espionaje que tanto le gustaban, nada de lo que había imaginado –y que ninguno antes se había atrevido a confesar- que debía pasar cuando las puertas presidenciales se cerraban a su espalda. Se dijo, para consolarse, que no todo iba a suceder en el primer día, que también habría un protocolo para ir conociendo los entresijos de un mundo que él, como ministro, había ya intuido, había ya disfrutado. Y sonrió. Y sonrió acordándose de la famosa libreta azul de Aznar y de esa letrita pequeña, diminuta casi, en que marcaba a fuego lento los nombres de quienes formarían su gobierno. Él no necesitaba libretas ni cuadernos. Él no necesitaba ni entrevistas ni cenas. Ya tenía decidido quién podía y quién no estar en su equipo, en su grupo de colaboradores más íntimo. Y sonrió porque iba a ver sorpresas. Muchas sorpresas. ¡Y eso era solo el principio!

 

Y se levantó, y se paseó por el enorme despacho del presidente, que ahora era de él, y que a él le parecía pequeño en relación a su ambición. Y quiso tocarlo todo, como si con ese simple gesto fuera dando nombre a su nuevo espacio. Y entonces sonó el teléfono. Un teléfono casi escondido en una esquina de la mesa, y se volvió como asustado. Un teléfono amarillo, como de otra época, con los números grandes como gritos. Y se enfadó. Se enfadó porque no le hubieran respetado la hora de tranquilidad, esa que quería y que necesitaba.

 

Pero el enfado inicial se convirtió en nerviosismo cuando recordó el único consejo que Zapatero le había dado antes de abandonar el despacho, antes de dejarle solo en su nuevo reino: todo lo puedes hacer ahora, todo menos una cosa: no descolgar el teléfono amarillo cuando suena. No se puede dejar de atender a quien realmente gobierna el mundo. Y ahora estaba allí, ahora se encontraba ahí, delante del pequeño teléfono amarillo, con su tono antiguo e insistente. Y lo levantó y no escuchó nada. Y se lo puso más cerca de la oreja y siguió sin escuchar nada. Pero algo en su corazón le dijo que no había vuelta atrás: detrás de aquella línea estaba quien realmente gobernaba el mundo, quien hacía y deshacía los números de las primas y de las bolsas. Y el despacho presidencial se hizo cada vez más pequeño, más pequeño, hasta convertirse en lo que realmente era: una madriguera.

14/11/2011 (20:04)

La escuela nº 16 “Antártida Argentina” es una escuela rural que se encuentra a las afueras de Azul. Una escuela blanca que destaca en el horizonte de la Pampa, al lado de una carretera provincial. Es una escuela pequeña, como todas las rurales, en las que los 12 alumnos entre 9 y 15 años, se ayudan y estudian juntos, apoyándose unos a otros. “Las comidas típicas de nuestro país son asado (carne cocida a leña en una parrilla o asador), tortas fritas (mas de harina y agua freída en grasa), pasteles de membrillo, dulce de leche o batata, empanadas y panqueque con dulce de leche”. Este es uno de los mensajes que los alumnos de la escuela nº 16 de Azul han enviado a los alumnos de la escuela Dulcinea en Alcalá de Henares. Uno de los primeros mensajes, de las primeras comunicaciones en el marco de hermanamiento entre las ciudades cervantinas de Alcalá de Henares y de Azul.

 

“Nuestras comidas favoritas son la paella, el cocido madrileño, la tortilla de patata, gazpacho, fabada asturiana, costrada, natillas y almendras garrapiñadas”, fue la contestación de los complutenses. Una ventana entreabierta al futuro en que las tecnologías informáticas rompen las leyes inexorables de la geografía y del tiempo. Y este primer contacto, estos primeros correos son (y deben ser) solo el principio. La puerta se ha abierto: ahora debemos ser valientes y sumar más escuelas en este programa piloto en que los niños abrirán los ojos a otras realidades (ya sean españolas, ya sean argentinas), a nuevas formas de entender y de comunicarse con el mundo.

 

En ocasiones, los datos son fríos, resulta imposible traspasar la máscara de las apariencias para llegar al corazón de los proyectos, de los sueños. La escuela nº 16 forma parte de uno de los circuitos en que se han organizado las más de treinta escuelas rurales situadas en los términos municipales de Azul.

 

Estos circuitos nacieron en el 2005 dentro de PROMOCER (Proyecto Mejoremos juntos la calidad de nuestra educación rural), que ha conseguido en poco tiempo que los niños que asisten a las escuelas rurales (en ocasiones con muy pocos alumnos y de edades muy diversas) puedan relacionarse entre ellos, recibir enseñanzas de inglés, informática, plástica y gimnasia, e incluso se ha llegado a formar una banda de música rural, que tuvo en el pasado V Festival cervantino de Azul su primer encuentro con el público. La informática, la posibilidad de comunicarse con un mundo que siempre queda muy lejano (las distancias en Argentina multiplican los paisajes) se ha convertido en una de las herramientas educativas más innovadoras, más necesarias en los tiempos que corren, sobre todo después del enorme esfuerzo que muchos gobiernos han llevado a cabo para llenar de ordenadores las aulas de nuestros colegios, de nuestros institutos.

 

Estos son los primeros mensajes, las primeras comunicaciones, que espero que dentro de unos meses se concreten en una red municipal educativa en que los alumnos de Alcalá y los de Azul puedan compartir sus experiencias docentes.

 

En los próximos mensajes, los niños de la escuela nº 16 (Antártida argentina) de Azul podrán contar a su recién estrenados amigos de la escuela Dulcinea de Alcalá de Henares, la experiencia de haber escrito y dibujado un nuevo texto literario: “El Quijote de las Pampas en el siglo 21”: “Este libro de producciones sencillas ha sido el resultado e interpretación de adaptaciones de la obra de Cervantes, ‘El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha’ y del poema gauchesco de Hernández ‘Martín Fierro’. Las prácticas de Lenguaje y la Práctica Visual han sido los canales de recepción y comunicación para que este proyecto se lleve a cabo, logrando un punto de encuentro y una fusión de ambos personajes”… y así, en la imaginación de los niños azuleños, don Quijote viaja a la Pampa y se encuentra con Martín Fierro compartiendo aventuras y sueños.

 

El libro se acompaña de imágenes que vienen a ilustrar los diferentes capítulos y textos ideados por los alumnos azuleños. Transcribo las primeras líneas del primero, e una nueva continuación de la obra cervantina nacida de las actividades del hermanamiento de las dos ciudades: “Un día Martín Fierro estaba trabajando sucio y hambriento, pasó trabajando toda la tarde, cuando llegó la noche, él estaba escondido cuando vio un malón. Rápidamente avisó a los demás. Todos fueron a sus puestos. Llegó Don Quijote de la Mancha, se presentó y les preguntó por qué peleaban contra los animales del bosque. Luego se presento Martín Fierro y le dijo: “¿Qué te piensas? ¡Ellos no son animalitos, son indios!”. Cuando Martín Fierro le iba a decir muchas cosas más, interfirió Sancho y le dijo que don Quijote está loquito”.

 

Y esto es solo el principio. Los niños de Azul y los niños de Alcalá de Henares han comenzado a convertir en un sueño el hermanamiento entre nuestras dos ciudades. 

           

9/11/2011 (22:58)

El pasado jueves día 3 de noviembre se inauguró la parte azuleña del mural del hermanamiento, que ha pintado Miguel Rep en Alcalá de Henares y Azul. Se ha cerrado el círculo de una de las actividades del hermanamiento de las dos ciudades que, al tiempo que ha aumentado el patrimonio en las dos poblaciones, se proyecta hacia el futuro con nuevas posibilidades de actividades conjuntas. El mural del hermanamiento en Azul se ha situado en el lateral de una de las casas más antiguas de la ciudad, en la costanera, en la conocida como Plaza de don Quijote, pues allí se habían situado las estatuas que Carlos Regazzoni había realizado para el primer festival cervantino de Azul, que comenzó su andadura en el 2007.

 

No sé si hay otras experiencias artísticas de este tipo, de obras que se proyectan en diferentes geografías con una unidad de contenido y de finalidad. El amarillo que se ha convertido en marca y color del hermanamiento, se perfila majestuoso en el horizonte azul de la Pampa, de la misma manera que el amarillo –después de la primera sorpresa inicial- no deja a nadie indiferente en la Plaza de los Santos Niños.

 

En una de las fotografías de la exposición “Alcalá de Henares en Azul: 50 miradas”, en las que varios fotógrafos complutenses están mostrando a los azuleños algunos de los rincones, fiestas y costumbres de nuestra ciudad, se ha congelado en el segundo del recuerdo uno de los espectáculos de la noche en blanco: al fondo se ve cómo la antigua Casa Tapón, un espacio privilegiado de nuestro ciudad, se estaba utilizando tan solo para una publicidad plana del nombramiento de Alcalá como patrimonio de la humanidad… las próximas fotografías desde esa misma perspectiva, desde ese mismo ángulo, tendrán ya otro referente, otro que se va insertando, cada día más, en la retina turística de las millones de fotos que cada año se hacen a los monumentos alcalaínos.

 

Ganar espacios, abrirse a nuevos desafíos, retarse en los proyectos en que nos embarcamos. Estos son tres ejes de crecimiento. Hay que ser generosos con la mirada externa y no buscar solo en los artistas locales el referente y el límite de nuestras posibilidades. ¿Qué retos, que desafíos asumen nuestros artistas que le hacen acreedores de un proyecto más allá de la casualidad de su nacimiento o de su residencia? Abramos nuestra mirada a los ejemplos y a la experiencia de otros para así mejorar nosotros, para así conocer y valorar mejor nuestros medios, nuestra cultura, nuestras posibilidades.

 

La parte del mural del hermanamiento de Azul se ha convertido en la última piedra de todo un proceso urbanístico que tenía como finalidad recuperar una parte de la ciudad: la costanera. Un proceso que se ha llenado de arte y de historia, pero también de los medios para que los azuleños se lo apropien, lo hagan suyo: paseos que se llenan los fines de semana y una pista de skyboard, que está lleno de jóvenes a todas horas.

 

En la costanera ahora puede verse un mural que cuenta la historia de Azul, y que fue realizado por un artista azuleño afincado en Buenos Aires: Gasparini, en que colaboraron todos los que se quisieron acerca a él, y, ahora, junto a las impresionantes y conmovedoras estatuas de Regazzoni, el mural de Rep. Una plaza que ha sido remodelada gracias a un proyecto de la Facultad de Arquitectura y que ha llenado de verde y de aceras, lo que ayer era barro y pobreza.

 

La inauguración de la parte azuleña del mural del hermanamiento también estuvo llena de magia: el pasado jueves, a las 20’00 horas. Todo el día había amenazado lluvia, pero al final no llovió. Sobre el mural, se había colocado unas sábanas blancas, y sobre ellas, mientras yo iba desgranando la biografía de Cervantes (¿qué mejor tema del hermanamiento que acercar a los azuleños la vida del más universal de los hijos de Alcalá de Henares?), Miguel Rep iba dibujando y las imágenes se iban proyectando sobre la pantalla improvisada por encima del mural… Hacía frío. Pero no importó. Amenazaba lluvia, pero no importó. Allí todos, de pie, fueron dejándose llevar por el ritmo de mis palabras y el trazo creador de Rep. Y después de la charla, se proyectó un video que daba cuenta del proceso de realización del mural, y, al final, la sábana fue cayendo y el mural, ya iluminado y en todo su esplendor, se fue abriendo paso ante nuestros ojos sonrientes y satisfechos.

 

El mural del hermanamiento se ha terminado. Ahora es el momento de admirarse de su color, del trazo negro de las figuras de don Quijote y de Sancho Panza, y de seguir avanzando en proyectos conjuntos que nos permitan comprender mejor al otro, el único camino para que los alcalaínos comenzamos a intentar comprendernos a nosotros mismos más allá de las disputas políticas o del problema puntual y coyuntural, que nos impide tomar la perspectiva suficiente para intentar responder a una sencilla pregunta: ¿cómo queremos ser vistos, cómo queremos que sea la Alcalá de Henares del siglo XXI?

1/11/2011 (19:21)

El V Festival Cervantino de Azul está dedicado este año al tema “Culturas en movimiento”. Culturas que tomarán las calles, las plazas, los teatros, los centros y clubes del 3 al 13 de noviembre. Una fiesta que inunda todos los barrios, todas las casas de una ciudad que, desde que fue nombrada Ciudad Cervantina de la Argentina, no ha dejado de crecer, de convocar a toda una comunidad a una fiesta anual bajo un lema: “Soy quijote”, que engloba mucho más que un programa de actividades o un impulso al turismo, ya que se abre a la defensa de valores como el diálogo, la solidaridad o la justicia, tan esenciales en un mundo como el que nos ha tocado vivir.

 

El V Festival Cervantino además está teñido del color de Alcalá de Henares, de la ciudad con la que se hermanó el pasado mes de junio. El color de Alcalá de Henares en el mural hermano que Miguel Rep ha pintado en la Plaza de don Quijote, con ese amarillo que destaca por encima de la costanera del río Azul, con la silueta del caballero andante y de su fiel escudero en busca de aventuras, esas que encuentra en la Plaza de los Santos Niños de Alcalá de Henares. Y junto al mural, los azuleños podrán conocer un poco más nuestra ciudad gracias a la exposición: “Alcalá de Henares en Azul: 50 miradas”, hermana de la que se pudo disfrutar en Santa María la Rica. Miradas y diálogos entre dos ciudades, dos sociedades como la argentina y la española que se enfrentan en estos tiempos a retos y desafíos a un tiempo similares y a un tiempo diferentes.

 

La programación del V Festival Cervantino se ha llenado de propuestas muy dispares, muy personales, que se han entrelazado con otras más institucionales. Un diálogo necesario. Un diálogo enriquecedor. Junto a las obras de teatro que se podrán disfrutar en el Teatro Español en el centro de la ciudad, organizadas por Grissy Santomauro, se ha dado cabida a talleres, a obras de teatro populares, a propuestas de grupos locales, que permite un diálogo, que hace posible que el diálogo sea enriquecedor para todos. No hay nadie que vaya a Azul que no se quede admirado de una ciudad que ha hecho de su identidad cultural (la que se va construyendo año a año, día a día) uno de sus motores, uno de los caminos en que ir madurando proyectos, identidades, sueños hechos realidad.

 

Si el diálogo es esencial, ese diálogo entre los público y lo privado, ese diálogo entre las administraciones y los ciudadanos (¿cuándo los políticos aprenderán que no están para sacar su bola de cristal e inventarse el futuro, sino para escuchar, aprender y gestionar las propuestas e inquietudes de los ciudadanos?), si esencial es abrir los festivales, los espacios comunes de la ciudad a la voz y las propuestas de las personas que forman parte de una comunidad, lo es también tener clara una hoja de ruta que vaya más de los beneficios a corto plazo, como el aumento del turismo o unos minutos en la televisión y los medios locales.

 

Azul, ciudad cervantina de la Argentina, en el ideario de su Festival Cervantino, es decir el espacio público y privado que le pone en el centro de mira de la atención mediática durante una semana, no solo quiere “vender” una programación (como tantos otros festivales a lo largo y ancho del mundo), sino defender gracias a sus actos, a la gestión de los mismos, una serie de objetivos, que han sido concretados en los siguientes (y vale la pena recordarlos): promover la inserción internacional de la ciudad; instalar a Azul y su cultura en el marco global de la sociedad del conocimiento; crear espacios de capacitación y reflexión para la comunidad; potenciar las diferentes identidades culturales; planificar la ciudad del futuro; generar espacios de debate para repensar el desarrollo de la ciudad; promover en la ciudad la generación de un ambiente creativo para la producción cultural; crear el marco legal y favorecer el desarrollo de Industrias culturales y turísticas; revalorizar las múltiples expresiones artísticas locales; recuperar y poner en valor diferentes espacios públicos y privados; y favorecer el desarrollo a través del fortalecimiento de los diferentes espacios educativos.

 

Muchas de estas propuestas, muchos de estos objetivos específicos quizás no puedan exportarse a otras ciudades, a otros entornos similares, como lo puede ser la ciudad hermana de Alcalá de Henares, pero otros muchos sí… y sobre todo el espíritu de tener proyectos más allá de una programación mensual, de un toma y daca de compromisos y de mafias culturales, de un espíritu menos partidista y más de servicio a la comunidad.

 

Como me sucede todos los años cuando visito Azul y participo en su Festival Cervantino, con ese “Soy quijote” como lema, no puedo dejar de pensar lo cómodo que estarían don Quijote y Sancho paseando por esta Pampa; y lo difícil que se les haría salir de nuevo a los campos españoles, donde sus ideales, sus propuestas, sus sueños no encontrarían campo abonado para echar raíces.

 

¡Cuánto podría aprender Alcalá y sus semanas complutenses del ejemplo quijotesco de su ciudad hermana de Azul, con sus espacios creativos y comunitarios, que han hecho de la cultura un motor de la sociedad!

25/10/2011 (20:25)

Desde hace unos meses estamos viviendo, día a día, el resurgir de movimientos de protesta, asamblearios y vecinales que fueron la fuerza motriz de muchos de los cambios que se desarrollaron durante la famosa Transición Española; movimientos que tuvieron su época gloriosa en los últimos años de la dictadura de Franco y los primeros años de la democracia, a la que apuntalaron al margen de las estructuras políticas heredadas del poder dictatorial franquista.

 

Fueron años de riesgos, de protestas, de manifestaciones, de eslóganes… pero también años de asambleas, de reflexiones, de propuestas, de una implicación personal más allá de cualquier estructura organizada. Luego vendría el uso particular que hicieron los partidos políticos y los sindicatos de todo esta riqueza de materia gris y de entusiasmo democrático y el resultado ha sido años de desidia, de domesticación, de silencio… la sociedad española como sociedad se encaminaba a la UCI de la reflexión y de las nuevas propuestas.

 

Tan solo los regueros de sangre de la plaga terrorista de ETA (que esperemos que comience a ser solo parte de los libros de historia a partir de ahora) o los ajustes económicos parecían movilizar a una sociedad, y siempre detrás de unas siglas, de unas estructuras políticas o sindicales que se hacían el juego, entre ellos, moviéndose en ocasiones del blanco al negro dependiendo de los intereses de cada momento.

 

Pero estas son historias del pasado. En el presente, desde el éxito de las movilizaciones del 15M, un movimiento ciudadano que ha pillado a los políticos y a los medios de comunicación con el paso cambiado y sin saber cómo dialogar con ellos porque no les interesa compartir su sentido último, que es la de superar la fractura que en estos treinta años se ha establecido entre la política y la sociedad, entre las administraciones y los ciudadanos a los que deberían resolver sus problemas y gestionar sus inquietudes, estamos viviendo un proceso (que me gustaría pensar que es imparable) en que la sociedad civil necesita encontrar espacios de reflexión, de comunicación, de exposición de sus propuestas más allá de las estructuras políticas tradicionales, que han  demostrado ser totalmente inoperantes.

 

¿Durante cuántos años hemos tenido que soportar la frase de que a los jóvenes de ahora, totalmente egoístas y pragmáticos, no les interesa la política? El movimiento del 15M, más activo y vivo que nunca, es la demostración de todo lo contrario: a los jóvenes (y a los que no somos tan jóvenes) nos interesa la política, pero NO la política de salón versallesco en que se han convertido los parlamentos; pero NO la política de cuotas y de repartos mafiosos en que se han convertido los partidos políticos (las listas de candidatos al 20N es buena prueba de ello).

 

Hay otra política: la verdadera política, la que mira de frente a la cara y le da la espalda a los intereses creados, a los bancos, a las multinacionales y a esas agencias privadas que se están forrando a costa del sufrimiento ajeno. ¿De qué viven las agencias de calificación de riesgo?

 

Desde hace unos años, todos los que nos dedicamos a la enseñanza, al margen de que sea enseñanza primaria, secundaria o universitaria, venimos constatando cómo el nivel va bajando, cómo se ha ido deteriorando un sistema de enseñanza pública magnífico que venía de los años setenta y ochenta.

 

Las reformas nunca consensuadas de nuestro sistema educativo que han ido superponiendo siglas, y que se han realizado en los alambiques de los despachos y en las ideas pedagógicas mal digeridas de los países anglosajones, sin contar con los verdaderos artífices de la enseñanza, que son los docentes; la trampa mortal de la educación corcertada (aprobada por el gobierno de Felipe González), que ha permitido invertir el dinero público en centros privados (con el beneplático y aplauso de todas las administraciones gobernadas por partidos de derecha), o las transferencias educativas que hacen que hoy en España no podamos hablar de una “única educación” sino de tantas como comunidades autónomas, nos han llevado a la situación actual, que no es otra que la de aprovechar la excusa de la crisis económica (que es una realidad muy dolorosa) para realizar recortes (verdaderos tijeretazos) y acabar de este modo con un modelo de educación pública en el que muchos todavía creemos. ¿Cuántos millones de euros ahorrarímos si se suprimieran los asesores de tantos políticos, muchos de ellos nombrados en las listas cerradas de familiares, amigos o personas de confianza?

 

Todos los que nos dedicamos a la enseñanza llevamos sufriendo en nuestras carnes el deterioro de la educación en España. Pero, ¿cómo explicárselo a la sociedad? ¿Cómo llegar a ellos? Lo teníamos difícil. Menos mal que contamos con políticos incomptentes (¡y son tantos!) que, ante un problema de los ciudadanos, en vez de dialogar con las partes implicadas, en vez de buscar soluciones conjuntas, en vez de demostrar su valía con ideas y con propuestas (que bien pueden venir de los cientos de asesores que tienen contratados a cargo de nuestros impuestos), se enrocan en su soberbia y nos obligan a manifestarnos, a reunirnos, a reflexionar, a tener que mostrar a la sociedad soluciones que ellos no quieren (o quizás no puedan) encontrar.

 

¡Vivan los políticos incompetentes! Gracias a ellos la sociedad española vuelve a estar viva. Nos están obligando a volver a reunirnos, a reflexionar en asambleas, a plantear propuestas que hablan de un futuro mejor, más allá de la losa del presente, de la falta de miras de su propio cargo o de su tiempo de gestión. Gracias a los políticos incompetentes que no pueden gobernarnos, la política verdadera, la de los ciudadanos, ha vuelto a situarse en el centro neurálgico de nuestras vidas. 

13/10/2011 (11:42)

El pasado 5 de octubre se anunciaba la muerte de Steve Jobs. Para muchos era ese mago de la tecnología y de las finanzas que había conseguido colocar a Apple en la segunda empresa más importante del mundo por capitalización bursátil cuando había estado al límite de la ruina. Con su jersey negro, sus vaqueros y su capacidad de dominar los escenarios, los tiempos y los silencios, de su chistera tecnológica fueron saliendo productos y más productos: ipod, itunes, iphone, ipad… y algunos otros que habrá dejado en el horno de su genialidad y que nos resolverá (o complicará un poco más) la vida en los próximos años.

 

Pero Steve Jobs es mucho más que esa imagen que los medios de comunicación se han empeñado en difundir y en imponer: es uno de los símbolos de nuestros tiempos cambiantes, un ejemplo de lo que ha sucedido en los últimos cincuenta años en nuestra sociedad.

 

Y solo hay que comparar su trayectoria personal y profesional con la de Bill Gates (con el que compartió tiempos de sueños y de innovaciones en los años setenta) para ver cuán diferentes son uno y otro, cuán apegado está el creador de Microsoft al mundo del siglo XX y cuánto del siglo XXI le debemos a uno de los creadores de Apple. Steve Jobs, que no ha sido (casi) creador de nada, pues muchos de los hallazgos del Mac, de ese primer ordenador personal que pretendía ser universal (la interfaz gráfica del usuario llena de metáforas visuales que esconden detrás complejas órdenes que quedan invisibles a nuestros ojos, el ratón, la capacidad de trabajar con varias pantallas a un tiempo o el hecho de que se pueda imprimir aquello que se ve en el ordenador…) se habían experimentado en el centro de investigación que la Xerox tenía en Palo Alto; tampoco inventó el teléfono móvil de última generación o las tablets, pero la genialidad de Steve Jobs no residía en “inventar” cosas nuevas sino en “reinventar” lo existente para adaptarlo al futuro.

 

Cuando parecía que el mercado de los e-readers, de los lectores de libros electrónicos iba a ser dominado por los que se basaban en la tinta electrónica que imitaban (casi) a la perfección un libro analógico, Steve Jobs acertó al apoyar las tablets, nuevos aparatos para acceder a la información y al ocio poniendo la vista en el futuro, sin imitar nada de lo que hubiera existido. Hoy en día, hasta el Kindle, el lector de tinta electrónica más vendido y universal, ya ha preparado una opción de tablet, con sus colores, hipervínculos, pantalla táctil… una experiencia única, nueva, original. Y así era Steve Jobs. Fue uno de los padres de la nueva informática, uno de los artífices del éxito y universalización del ordenador personal (pieza clave para la universalización de la tecnología digital), pero también ha sido uno de los grandes revolucionarios, de los grandes impulsores y protagonistas de la segunda revolución que hemos vivido con la colocación del usuario en el centro mismo del universo informático, eso que llamamos redes sociales o la web 2.0… en este nuevo mundo, Apple ha seguido siendo pionera, marcando ritmos y proyectos.

 

Este espíritu de indagar nuevas posibilidades, de plantear nuevas fórmulas para escribir y difundir lo escrito lo encuentro en el espléndido proyecto “Sigue leyendo” (http://www.sigueleyendo.es/): un portal dedicado a los libros, a los creadores y a los lectores, en que colaboran decenas de escritores, entre los que me gustaría destacar a Cristina Fallarás, una de sus promotoras. Una nueva propuesta más allá de los modelos habituales de la difusión de la literatura, en que se ofrecen entrevistas, reportajes, análisis de temas de actualidad, pero también libros electrónicos originales, escritos para esta editorial digital, y que pueden descargarse a un 1 euro, de la manera más sencilla posible. Tan solo en unos segundos, puede uno descargarse siete cuentos firmados por Jorge Moch, Juan Abreu, Juan Ramón Biedma, Kike Ferrari, Laura Fernández o Guillermo Orsi, que da sus particulares visiones a cuentos clásicos como la Cenicienta, el flautista de Hamelin o Hansel y Gretel.

 

La mayoría son espectaculares (la mayoría están escritos por verdaderos maestros de la novela negra), y todos ellos constituyen una nueva forma de difundir la literatura: un medio en que se ha acortado el espacio entre el creador y el lector, aunque sigue haciendo falta un editor, un maquetador, una serie de intermediarios… pero que no tienen por qué ser los habituales.

 

La semana pasada se celebró en Madrid el Liber, la gran feria de los profesionales del libro. En ella se había dejado un rincón a las nuevas empresas digitales, pero uno tenía la impresión de que todo seguía siendo lo mismo: los mismos stands, los mismos modelos de negocio, las mismas mesas, y la misma colocación de las editoriales religiosas en el corazón de la feria, en el lugar más emblemático.

 

Solo con proyectos como “Sigue leyendo”, con iniciativas innovadoras que miran al futuro y no quieren preservar en el presente modelos de negocio del pasado, podremos mirar con cierto optimismo el futuro de nuestra industria editorial, una de las más importantes que hay en España. De hacerlo de otro modo será mantener de manera artificial una situación que comienza a ser agónica, de inminente colapso.

3/10/2011 (21:09)

Quedan ya muy pocos días para disfrutar de una de las mejores exposiciones que se han podido ver en el Museo Arqueológico Regional: “¿Hombres o dioses?”, realizada por la paciencia, el tesón y el buenhacer de Juan Blánquez Pérez. La imagen de una escultura ibérica lleva observando el ritmo frenético de la Plaza de las Bernardas desde el mes de junio y parece que se va a quedar allí para siempre. Pero no es así. El próximo 16 de octubre se clausurará la exposición, y, si no has tenido la opotunidad de ir a verla, te la recomiendo.

 

Que no vengan otros a contártela. Sin duda, pasarás un buen rato, tanto por lo que cuenta como por la forma de hacerlo (huyendo de los paneles interminables y de la falsa erudición llenas de citas en latín) y por el montaje, que te abraza, que te va llevando de una sección a otra como lo haría un amigo que te coge de la mano y te enseña uno de sus secretos de infancia.

 

La exposición se organiza alrededor de varios temas, de varias secciones alrededor de la escultura del mundo ibérico, con la intención de acercarse a preguntas tan universales como el que expone el comisario al inicio de la misma: “¿Hombres o dioses?, ¿Mujeres divinas o diosas humanas?… son preguntas que los arqueólogos nos hacemos –o deberíamos hacernos- cuando, una vez hallados restos escultóricos pretendemos adentrarnos en el verdadero significado de estas tallas pétreas.

 

Figuraciones humanas que, en realidad, debemos ver como representaciones –que no “retratos”- idealizadas de las élites ibéricas, realizadas entre los siglos V al II a.C.”. Y para llegar a contestar a estas preguntas se nos ofrece el siguiente itinerario, plagado de informaciones útiles y de piezas únicas: ¿Hombres o dioses?, en que se ofrece una doble representación del hombre, desde las figuras ciudadanas a las de los héroes, desde aquellas (las cabezas) que nos devuelven una realidad y aquellas otras que nos representan un ideal, llena de símbolos. Los primeros pasos… las primeras investigaciones ofrece una rápida visión de los yacimientos fundamentales donde se han encontrado obras de la escultura del mundo ibérico, los arquéologos que las han estudiado y las instituciones que apoyaron este esfuerzo, para llegar a la tercera parte, para mí la más fascinante: ¿Mujeres divinas, diosas humanas?, que pone en contexto las famosas esculturas femeninas ibéricas, que todos tenemos en mente con la Dama de Elche a la cabeza; imágenes que esconden misterios, preguntas, sorpresas… esculturas que pueden verse en su restauración actual, en hologramas o en reconstrucciones de su forma original, toda llena de lujo, joyas, esplendor y colores… dejarse llevar por esta sala es dejarse llevar por uno de los misterios de toda ciencia, que tiene delante los datos, las esculturas, que establece hipótesis que intenten explicar su naturaleza pero que no puede dejar de plantear nuevas hipótesis, mil y una preguntas que llenan de interrogantes nuestro pasado, tan bien reflejado en el título y en las interrogaciones del propio título de esta sección.

 

De este mundo de ensueño y de preguntas pasamos a la siguiente sección que es un paso adelante hacia la realidad: Pozo Moro, una inflexión en el estudio de la escultura ibérica, que desea rescatar la importancia de este yacimiento en el estudio de la escultura del mundo ibérico, estupendo anticipo de la sección Una nueva mirada a la escultura ibérica: los santuarios periurbanos, en que se rescata un nuevo espacio de estudio: además de las necrópolis, los lugares propicios para la escultura ibérica hasta el momento, ahora se ofrecen datos de poblados y ciudadades… para terminar con dos curiosidades, una del ayer y otra del hoy. ¿La del ayer?: Unos falsos muy “originales”, esas piezas que en el siglo XIX se ofrecieron como propias del mundo ibérico para aprovecharse de las ansias de coleccionismo de muchos, y que hoy ya constituyen piezas de museo; ¿la de hoy? Nuevas tecnologías para el estudio de la escultura ibérica, en que se ofrecen algunos ejemplos de cómo la teconlogía digital ayuda a las arqueólogos a plantear hipótesis sobre las obras sin tener que tocar su materialidad… un nuevo campo de estudio y de admiración.

           

 

¿Hombres o dioses? es una exposición magnífica por lo que cuenta, por cómo lo cuenta, por la calidad y cantidad de las obras que expone, pero también es una magnífica exposición por lo que incita a seguir reflexionando cuando se acaba pues trata, a partir del mundo concreto de la escultura del mundo ibérico, de los modelos de representación del ideal en las sociedades. ¿Cuáles son los hombres o los dioses de nuestra sociedad? ¿Cuáles son los ideales de héroes en estos momentos, en que parece que estamos tan faltos de valores, de imágenes, de referentes? ¿Cómo los representamos? ¿Qué medios usamos para convertirlos en cotidianos? Una exposición inolvidable… no te la pierdas, que ya queda muy poco tiempo para disfrutarla.

26/09/2011 (21:57)

Hace unos años en el programa del “Club de la Comedia”, Verónica Forqué hablaba de los peluqueros como una de esas profesiones en que nada es como uno lo había planeado. Ella hacía la siguiente comparación: imagínense que paran un taxi, se montan dentro y le dicen al taxista: “Al Paseo de la Estación”. Y el taxista, con una amplia sonrisa y una voz muy amable, se vuelve y nos dice: “No, yo creo que mejor le voy a llevar al Paseo del Val”. Y Verónica Forqué decía: Pues esto es lo que nos pasa en la peluquería: uno entra con la intención de recortarse las puntas y sale con la cabeza casi rapada. Cosas del destino y cosas de la mente.

 

Esta semana, mientras seguía las manifestaciones de profesores por media España, he recordado las palabras de Verónica Forqué, estas risas enlatadas en la memoria para convertirse en una imagen del presente. Y sin quererlo, me ha venido a la cabeza una pregunta que me lleva taladrando unos días y que no consigo quitármela de la cabeza: ¿Para qué sirven los políticos?

 

La pregunta parece mal intencionada, pero es todo lo contrario. Ante el bochornoso espectáculo de algunos políticos en esta última semana me he tenido que parar un momento y aclararme algunos puntos esenciales, básicos. En mi idea de la política, de esta “res publica” que, con mil cambios y tipos, conforma nuestra cultura occidental, el político es una persona que dedica sus esfuerzos, su tiempo y sus conocimientos y habilidades (cuando las tienen, como sucede en todas las profesiones) para gestionar los servicios públicos (a fin de cuentas sus sueldos proceden de las arcas públicas) y solucionar los problemas que surgan, que pueden ser muchos.

 

Los modos de gestionar la “cosa pública”, las prioridades que se le concede a unos temas o a otros, el modo de enfocar un determinado problema hace que existan diferentes tendencias políticas que, en el caso de la gran mayoría de los países europeos, ha de gestionarse a partir de unas organizaciones sin ánimo de lucro que son los partidos.

 

Las elecciones suponen el momento en que los ciudadanos (que debemos ser gobernados) eligen a sus representantes para que elijan a las personas que deben gobernarnos, ya sea en las corporaciones municipales o en los parlamentos autonómicos o nacionales. Una confianza, un voto que se basa en un programa, en unas ideas, en unos modelos (o personas) en que confiamos para mejorar nuestras condiciones de vida. Ya sé que no siempre es así, ya sé que mi planteamiento se mueve en la esfera perfecta de las ideas, pero no ensuciemos todavía con la realidad lo que es el tapiz básico de nuestras convivencia democrática.

 

Durante la semana pasada, como les decía, han sido varios los comentarios y opiniones de políticos contra las protestas de los profesores ante lo que consideran un deterioro de sus condiciones de trabajo y de la calidad de la enseñanza pública (derecho democrático el de la huelga y el de las manifestaciones del que han hecho uso) que me han hecho preguntarme: ¿Para qué sirven los políticos?

 

Lo mismo me sucedió hace unos meses cuando la Concejala de Medio Ambiente de Madrid, Ana Botella (que entró en la carrera político de la mano de su esposo, por entonces Presidente del Gobierno), en una tertulia en una cadena de televisión de cuyo nombre no quiero acordarme indicó que eso del Medio Ambiente era un lujo que un ayuntamiento no podía permitirse en época de crisis (sin hablar de sus opiniones contra el cambio climático…). ¿Para qué pagar con nuestros impuestos el sueldo –que no creo que sea el mínimo interprofesional- a una política cuando no está capacitada ni tiene intención de realizar el trabajo que le han asignado, seguramente por cuotas de poder interna dentro de su partido e intereses que nada tienen que ver con la capacidad ni con la valía personal?

 

Si los ciudadanos expresan su descontento por unas determinadas medidas, cuando este descontento afecta a toda una colectividad (como así el caso del profesorado) y se están defendiendo valores tan esenciales en nuestra sociedad como el respeto y la calidad de la enseñanza, el político tiene la obligación, al menos, de escuchar y de reflexionar. ¿Para qué sirve el político si en vez de escuchar, si en  vez de dialogar y buscar los puntos de encuentro se dedica a crispar el ambiente con mensajes escandalosos y con medidas que atentan contra el principio básico de nuestro ordenamiento jurídico? ¿Acaso pagamos a nuestros políticos para que se pidan dimisiones y luego compartir canapés en los actos oficiales con sonrisas y guantes blancos? ¿Acaso les pagamos con nuestros impuestos para que digan ante los medios de comunicación lo primero que se les ocurre, sin importarles mentir de manera descarada como le ha sucedido a la presidenta de la Comunidad de Madrid que, para desmentir aquello de que la enseñanza  no debía ser gratuita, dijo que estaba pensando en los “másteres universitarios”, que, como pueden imaginar, no hay ninguno que sea gratuito? ¿Para qué sirve una consejera de Educación de una Comunidad autónoma que no es capaz de construir puentes de comunicación con aquellos a los que tiene que solucionar sus problemas, aquellos que justifican su sueldo, su razón de ser? ¿Con quién debe hablar y dialogar una Consejera de Educación mejor que con los profesores?

 

Como digo: las perspectivas pueden ser muchas y bien diversas a la hora de plantear soluciones, pero lo que un político (aquel que cobra de nuestros impuestos) no puede permitirse el lujo de quedarse sordo, ajeno a la sociedad a la que debe gobernar? No pedimos que nuestros políticos sean superhombres (no al menos, yo), pero sí que estén abiertos a buscar soluciones. En caso contrario, ¿para qué sirven los políticos?

 

La crisis económica y financiera de los últimos años (la más grandes vivida por el sistema capitalista porque no se basa en problemas de materias primas sino en su propia esencia y naturaleza) ha puesto de manifiesto la grave crisis política en que vivimos: la crisis de haber multiplicado puestos políticos tan solo para alimentar a los monstruos insaciables de los partidos. Lo que necesitamos son menos políticos y más gestores que dejen trabajar a los técnicos en los diferentes departamentos, concejalías, consejerías y ministerios a los que se les asigna. En los próximos años, alguien tendrá que contestar a la pregunta que se nos hace continuamente desde Europa: ¿Hace falta tantos políticos en España, tantas administraciones que se superponen unas sobre otras sin llegar a solucionar los problemas de los ciudadanos, que a un tiempo vivimos en un ayuntamiento, una comunidad y en un país?

 

Pero, también hemos de comenzar a hacernos otra pregunta: ¿cómo conseguir que los políticos, aquellos que son necesarios para gestionar la “res publica”, sean elegidos entre los mejores y no en las camarillas, enredos y grupos de presión de los propios partidos políticos que los proponen? Somos muchos, y cada vez más, los ciudadanos que queremos seguir votando, elegiendo a nuestros representantes para que nos representen y solucionen, en la medida de las posibilidades de todos, nuestros problemas. Pero lo queremos hacer con listas abiertas, en que podamos elegir a aquellos que consideramos mejor formados.

 

Todos los sistemas de elección tienen sus espacios oscuros… pero nunca igual a los agujeros negros de los partidos políticos tal y como los conocemos. Y dentro de unas semanas podremos comprobarlo cuando comiencen a circular las primeras listas electorales para el 20N. Muchos están ya afilando sus cuchillos. ¿Para qué sirven los políticos? Nos seguiremos preguntando muchos mientras que no se lo podamos preguntar directamente a los representantes que elijamos con listas abiertas, con una mayor libertad de la que ahora nos ofrece nuestra democracia cautiva.

 

19/09/2011 (11:52)

Un hotel y la Casona de Verines en Pendueles, Asturias. El Archivo de Indianos en Llanes. Una mesa cuadrada y un pequeño salón de actos, con conexión (cuando quería) a Internet. Una playa y un autobús. Estos son los espacios en los que, desde hace 27 años, se celebran los Encuentros de Verines, unas jornadas que organiza anualmente el Ministerio de Cultura y la Universidad de Salamanca alrededor de los escritores y los críticos, alrededor de temas de actualidad que quieren tomar el pulso a una realidad que se nos escapa en los análisis parciales que todos hacemos.

 

Y en este espacio –idílico y terrorífico a un tiempo, en un espacio en que todos hemos comentado su semejanza a un gran hermano o al comienzo de una película de terror de serie B, pero en que a todos nos hubiera gustado permanecer por unos días más con la excusa de terminar ese libro que siempre estamos escribiendo-, en este espacio nos hemos reunido 27 personas alrededor de un tema: “La literatura en la era digital”.

 

Un grupo variopinto y heterogéneo (el mejor de los posibles) en que había representantes del mundo editorial (Antonio María Ávila, director de la Federación de Gremios de Editores de España, o Jesús Badenes, Director General de la División Editorial de Librerías del Grupo Planeta o Arantxa Larrauri, directora de Libranda), del mundo universitario, estudiosos de la literatura digital (Laura Borrás, María Goicoechea, José Manuel Lucía Megías y Dolores Romero), representantes de instituciones relacionadas con el tema (Luis González, de la Fundación Sánchez Ruipérez), analistas digitales y animadores literarios (Neus Arqués, Javier Celaya y Anika Lillo), y sobre todo, escritores, escritores que se aprovechan de las red y de las nuevas posibilidades digitales para la difusión y venta de sus obras, y escritores que solo conciben sus obra en un entorno digital, y que solo en este medio pueden ser leídas: Martín Casariego, Domenico Chiappe, Benjamín Escalonilla, Cristina Fallarás, Manel Loureiro, Jesús Marchamalo, Fernando Marías, Vanessa Monfort, Rafael Reig, Miriam Reyes, Javier Ruescas, Xabier Sabater, Lorenzo Silva o Kirmen Uribe.

 

Tan solo con el elenco de los nombres citados anteriormente uno puede darse cuenta de cómo Luis García Jambrina, coordinador académico del encuentro, ha sabido mantener una polifonía alrededor de un tema que no puede entenderse solo desde una perspectiva… Y durante dos días, en maratonianas sesiones de mañana y tarde, hemos ido desgranando diversos temas desde perspectivas bien diferentes, en muchos casos opuestas, pero en otros tantos coincidentes.

 

En estas pocas líneas, no es posible resumirlas todas, pero sí que me gustaría pergeñar algunas ideas maestras de lo allí escuchado, discutido y polemizado.

 

Primera idea: la necesidad que tiene la industria editorial para adaptarse a los cambios que plantea la era digital. Frente a una visión un tanto eufórica del gremio de editores, en que ven el libro electrónico como una amenaza lejana, que no consigue remontar en las ventas (tan solo un 2’67% del mercado) y que permite mirar al futuro inmediato con una cierta tranquilidad de que no es necesario que nada cambie (y eso en el día en que la librería Amazon desembarcó en España), otros editores plantean que las editoriales solo encontrarán su espacio en la era digital si se abren a las nuevas posibilidades que ahora se plantea: el editor se irá transformando cada vez más en un creador de mercados, así como el autor tendrá que asumir nuevas tareas en este nuevo espacio en que no solo importa lo que escribe (los textos que entrega a las editoriales para ser difundidos) sino también ellos mismo convertidos en “marca”, en un “personaje”, que puede comunicarse directamente con sus lectores a través de diversos medios. A mí, como a muchos de los que compartíamos mesas y tertulias, no me cabe duda que solo las editoriales que sean capaces de adaptarse a los nuevos medios de difusión, de venta digital, de acceso al lector desde diferentes perspectivas y posibilidades, serán las que sobrevivan en el futuro.

 

En las estadísticas con las que trabaja el gremio de editores, solo tienen en cuenta los libros (impresos o electrónicos) que se venden, pero quedan fuera de ellas los hábitos de lectura digital, la cantidad enorme de información digital de los jóvenes (y no tan jóvenes) están (y estamos) consumiendo.

 

Ahora todo ese flujo de información no tiene repercusión económica porque los cauces tradicionales de negocio no lo han sabido asumir, pero quizás en unos años (unos meses) empresarios innovadores den con la fórmula adecuada para hacer dinero de estos nuevos flujos de lectura, de acceso a la literatura gracias a textos digitales que no llegan a la industria editorial tradicional. Javier Celaya, con su capacidad de análisis, lo dejó claro: los errores serán muchos porque no hay una “hoja de ruta”, pero esta misma ausencia es también un aliciente para experimentar nuevos servicios al lector por parte de las editoriales (y de otros intermediarios que pueden surgir), así como la tecnología informática permite ya conocer hábitos de lectura que permitirán diseñar nuevos modelos textuales así como descubrir nichos futuros de negocio.

 

Segunda idea: en cuanto a los escritores, a la creación literaria más allá del canal de su difusión (no solo el libro analógico, sino también el electrónico), se puso en evidencia cómo la influencia de la tecnología digital estaba afectando tanto a la posición y función del escritor (esa “marca” del que algunos querían huir como del alma que lleva el diablo) como a su propia escritura.

 

Se habló poco de cómo la lectura fragmentada que hacemos continuamente, el acceso rápido a la información, etc., puede también ofrecer nuevos modelos narrativos y formas de estructuras los textos literarios que están pensados para seguir siendo difundidos y leídos en el formato del libro analógico (como el cine o el vídeo han influido en la literatura del siglo XX), y mucho más de experiencias de autores que aprovechaban sus propios medios de comunicación (redes sociales, blogs, portales de Internet…) para promocionar sus obras, darse a conocer, ir creándose una “identidad digital”: y en este punto se abrió un interesante debate sobre las consecuencias nefastas de que esta “identidad” la pudieran gestionar personas o empresas ajenas al autor, con el consiguiente pérdida de control sobre uno mismo.

 

Y junto a esta nueva formulación de la figura del autor (sus funciones y posibilidades) en el marco de la literatura que se basa tan solo en la tecnología de la escritura (tal y como se ha impuesto a partir del siglo XIX), algunos nuevos creadores digitales mostraron sus obras, su acercamiento a nuevos lenguajes, a ese dejarse llevar por el campo de la “literatura (en) digital”, con sorprendentes obras en las que no hay límites de lenguajes, de morfologías de la información.

 

Dos días intensos en que se puso de manifiesto que en absoluto el nacimiento de un nuevo medio de transmisión (y también de creación) como ofrece la tecnología informática alrededor del texto digital (en sus múltiples facetas y posibilidades) debe acabar con la literatura tal y como la conocemos. Y mucho menos que propicie literatura de peor calidad. El tiempo dirá lo que queda y lo que se olvidará. Como también lo ha hecho con la literatura que solo se ha difundido en papel. ¿Acaso alguien se acuerda de Eugenio Sue, uno de los narradores de folletines más famosos en la Europa del siglo XX?

13/09/2011 (13:31)

El anuncio se ha hecho esperar pero al final ha llegado: el 14 de septiembre se presenta en sociedad la filial de Amazon en español, de la mayor librería mundial, que nació en 1995 en Seattle en un garaje, como tantos de los grandes emporios y multinacionales que hoy rigen y controlan los mercados y las bolsas.

Después de las filiales en Gran Bretaña, Francia o Italia, ha llegado la hora de que España (y con él el español) tenga cada vez una mayor presencia en esta librería, que es también una de las responsables del auge y triunfo de los lectores electrónicos (e-readers) de segunda generación (los de tinta electrónica) con las ventas millonarias de su kindle (con varios millones de unidades vendidas).

Y esto es solo el principio, pues Amazon, de la mano de Jeff Bezos, forma parte de ese pequeño grupo de empresas digitales que no conoce el concepto de límites, que se abre y experimenta en nuevas posibilidades, como una de las características de las nueva economía de futuro, la economía que ha nacido de los garajes de Microsoft o de Apple, las empresas que se pasean por las bolsas mirando cara a cara a la crisis, lo que no puede decirse de las aquellas que han dirigido la economía del siglo XX, que está en estos meses demostrando su incapacidad de sobrevivir en el futuro: los bancos.


Según lo que se ha ido indicando en las últimas semanas y a la espera de la anunciada rueda de prensa del día 14, Amazon parece que comienza su andadura en España recorriendo el puente comercial que existe entre una industria editorial tradicional (la basada en la impresión y distribución de libros, tal y como triunfó a partir del siglo XVI) y las nuevas posibilidades de acercamiento al lector gracias a los medios digitales: una librería digital que ha adquirido miles y miles de ejemplares para poder ofrecerlos a los compradores, que podrán conocer de su existencia gracias a su magnífica base de datos y que podrá comprarlos de manera sencilla, tal y como ha venido siendo habitual desde su creación.

Una librería virtual, como tantas otras, que, por su tamaño, por su capacidad comercial, por sus inversiones, puede convertirse en monopolio, acabar con la competencia en el mercado… aunque el mercado es tan amplio que no creo, en un primer momento, que pueda competir con Iberlibro, con esa magnifica librería virtual en que miles de libreros de todo el mundo aprovechan la plataforma informática para poder hacer conocer sus ejemplares, sus existencias. Recuerdo (con una cierta nostalgia) las mañanas dedicadas a pasear por las casetas de librerías en Recoletos, en la Feria del Libro antiguo y de ocasión; las horas leyendo lomos y títulos, buscando ese ejemplar de una traducción de Eminescu realizada por Alberti y publicada en Buenos Aires (demostración de lo friki que uno puede ser) y como uno encontraba, al pasar, otras joyas jamás pensadas. Horas y horas de búsquedas.

Con el paso de los años, todo se ha hecho más profesional y, en parte, sencillo: una búsqueda (de pocos segundos) desde el ordenador de casa de la magnífica base de datos de Iberlibro me ha llegado a encontrar libros descatalogados, perdidos, olvidados en estanterías de medio mundo que no hubiera jamás podido encontrar en las ferias o las librerías visitadas.

Y en unos pocos minutos he podido comprarlo (quizás a un librero holandés) y en unos días, lo he recibido en casa… Millones de ejemplares, de libros puestos a nuestra disposición gracias a que hay libreros que se dedican, con su saber, con su trabajo, a encontrarlos, a catalogarlos, a ofrecerlos: ayer estaban limitados a hacerlo mediante ferias, catálogos y estantes en lugares céntricos; hoy en día, pueden aprovecharse de las redes de información informática, de las posibilidades de crear bases de datos relacionables, para así poder ofrecer sus productos a un público interesado más amplio. Y todos a un mismo nivel, desde la librería más pequeña a la mejor surtida. El libro, el ejemplar buscado es único en cada una de ellas.


Amazon en su primera salida a España viene a sumar un elemento más en esta cadena de la nueva difusión y distribución del libro impreso gracias a las herramientas de comunicación y de información que ha creado la tecnología informática. Pero este es solo el primer paso, el más cercano a la “etapa de incunable” en que vivimos en el mundo editorial (y comercial)… una etapa de copiar e imitar en el nuevo medio los usos y formas del medio anterior, en el que nos hemos criado y en el que nos sentimos cómodos.


Pero este es solo el primer paso, la primera piedra de nuevos espacios de relación entre el libro (o el texto) y el comprador (o el lector) en la nueva Sociedad de la Información y el Conocimiento. En España estamos muy lejos de las cifras de ventas que se publicitan en Norteamérica. La Asociación de Editores de Estados Unidos daban a conocer las cifras de ventas en la primera mitad del 2011: los libros electrónicos habían gozado de un aumento del 161% de ventas con respecto al año anterior; mientras los libros impresos no dejaban de caer en sus ventas: en un 64% los de tapa blanda y un 25% los de tapa dura… Y mientras el negocio de las librerías virtuales seguían creciendo, el cierre de las tradicionales no ha dejado de ser una costumbre.

Reciclarse o morir. En estos días en que en España estamos de inauguración, Amazon anuncia que está estudiando la posibilidad de ofrecer una suscripción, una especie de tarifa plana para poder consultar el fondo editorial que ofrece a partir de la “nube”, de ese espacio virtual en que la “materialidad”, el elemento físico propio y necesario de la tecnología de la escritura (arcilla, rollo, códice, libro, periódico…) ha terminado por desaparecer. Así se hace ya para la música (Spotify) y así para el cine (Netflix)… solo era cuestión de tiempo que llegara a la literatura. Algunas empresas españolas ya lo están haciendo (24symbols), pero que Amazon, el monstruo editorial y empresarial de Amazon lo piense, ya es un gran paso adelante…


Reciclarse o morir. Así le pasó a la industria alrededor del rollo en el Imperio Romano cuando llegó triunfante el códice en pergamino, dejando al papiro en un segundo plano; así sucedió con la industria alrededor del códice manuscrito cuando triunfó la industria de la imprenta en el siglo XVI, así tuvo que adaptarse la imprenta artesanal cuando llegó la industrial en el siglo XIX, y así le pasó a esta con el triunfo de las tecnologías del sonido y de la imagen en el siglo XX (fonógrafo, radio, cine, televisión…). Y así lo estamos viendo en el presente. Solo las empresas que sean capaces de adaptarse a los nuevos tiempos, de tener ojos, oídos y voluntad de asimilar los cambios que la tecnología informática está imponiendo, son las que sobrevivirán en el futuro.

¿Acaso alguno de nosotros recuerda algunas de las grandes corporaciones, las empresas constructoras de grandes ordenadores que se negaron en los años setenta a invertir en el negocio de los ordenadores personales? Tiempo al tiempo. La época del “incunable” de la industria editorial está llegando a su fin. Y la llegada de Amazon a España es solo una pieza más de un apasionante puzzle que se irá completando en los próximos años. Lo quiera Planeta o no. Lo quiera Prisa o no.

6/09/2011 (12:18)

Había comenzado a comer cuando encendió la televisión para escuchar las noticias. La ensalada y la piña sobre de la mesa recordaban los excesos del verano y las ganas de perder esos kilos que salían a relucir en la báscula por la mañana y en las conversaciones a lo largo de todo el día.

Un día más. Con sus rutinas, con sus encuentros y con los compromisos que se van dejando para mañana, para un rato después. Encendió la televisión sin ganas, sabiendo casi de memoria las noticias que le iba a devolver el telediario, daba lo mismo la cadena en que lo viera; noticias de agencia, noticias de las últimas ofensivas contra Gadafi, de los sustos de las bolsas que han vivido un verano de montaña rusa debido a los especuladores –dueños del momento y de la economía mundial, de los intentos del PSOE y del PP de conseguir apoyos a su reforma constitucional, del cada vez más amplio debate y oposición al mismo en la calle, con el 15-M como protagonista… sin olvidar las catástrofes en Estados Unidos, en Japón, en China, y los últimos fichajes de fútbol o los triunfos de nuestros tenistas en su recorrido anual de torneos.

Veía las imágenes, escuchaba las noticias repetidas en las cadenas con la misma desidia con que se llevaba la ensalada a la boca, con que masticaba la lechuga, el tomate y el pepino. Pero de pronto dejó de hacer zapping porque una frase, casi escuchada al vuelo, le llamó la atención: "Sabemos que les estamos pidiendo un esfuerzo especial, pero veinte horas son en general menos que los que trabajan el resto de los madrileños”… aquellas palabras, casi como una confesión, las pronunciaba Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, y lo hacía poniendo cara de pena, como si el anuncio de posibles huelgas por parte de los profesores de Insituto anunciadas para dentro de una semana fuera algo incomprensible para ella, como si las medidas adoptadas por su gobierno para ahorrar gastos en educación no fueran de lo más razonables, que incluso deberían ser aprobadas por profesores, padres y alumnos con aplausos…

No pudo seguir comiendo. La ensalada se convirtió en una bola de indignación y de rabia. Nada podía hacer para contrarrestar esta idea, esta bomba demagógica que la presidenta había dejado caer como un medio más de su estrategia de no enfrentar ni solucionar los problemas sino de complicarlos y radicalizarlos. Dejó la ensalada a un lado de la mesa, se tomó un yogur y puso la cafetera en el fuego. Necesitaba datos. Necesitaba intentar comprender lo que estaba pasando.


Los datos son los siguientes: los profesores de Instituto por ley tienen una horquilla de horas de clase que va de 17 a 21 horas semanales. Desde hace ya varios años, el número de horas lectivas se ha establecido en 18, que se completan con guardias, tutorías, labores administrativas, sesiones de evaluación, reuniones pedagógicas, claustros… hasta las 37’5 horas reales de trabajo semanal que debe cumplir todo profesor, como la gran mayoría de los madrileños. ¿Acaso alguien en su sano juicio piensa que el locutor que está dando las noticias solo trabaja el tiempo que dura la emisión de un telediario? ¿O que un político –si se puede considerar el suyo un trabajo- solo está trabajando cuando está en su despacho?


Si el gobierno de la Comunidad de Madrid, dentro de las medidas de ahorro al que tiene que someterse (después de los despilfarros contables de los últimos años, como le sucede a tantas adminsitraciones de nuestro aparato político basado en el clientelismo y no en la eficacia), ha decidido aumentar las horas lectivas de 18 a 20, ¿dónde está el ahorro? Lo que no dice la frase es lo que realmene se pretende hacer.

Se les está pidiendo un “esfuerzo especial” a los cerca de 3000 interinos que se quedarán en la calle, a 3000 jóvenes que no tienen todavía plaza fija, pero que han pasado por una oposición y que están aportando sus conocimientos y entusiasmo a la espera de nuevas plazas que permitan seguir participando de la educación pública; a estos 3000 jóvenes que han visto cómo este año se han reducido drásticamente las plazas en las oposiciones (primero aplazadas y luego convocadas demasiado tarde), y muchos de ellos han tenido que optar a oposiciones en Castilla-La Mancha, Castilla-León o en Andalucía; se le pide un “esfuerzo especial” a muchos profesores que, en quince días, se encuentran que, para completar esas “simples” dos horas lectivas más, tienen que asumir asignaturas y materias de las que no son competentes ni están preparados; se le pide un “esfuerzo especial” al propio sistema educativo madrileño que debe dejar a un lado elementos esenciales de nivelación y de mejora de la calidad docente como son las tutorías y las clases de apoyo; se le pide un “esfuerzo especial” a los padres para que sigan callados ante la degradación progresiva de una educación pública, en que la calidad se está supeditando a la cantidad.

Decir que apoyar la educación y al profesorado es sufragar campañas millonarias para dar a conocer la “Ley de Autoridad del Profesor” o la educación bilingüe es volver, una vez más, a mentir a una opinión pública que recibe estos mensajes anestesiada por tantos años de silencio y de manipulación. ¿Hasta qué punto un responsable político puede mentir públicamente, desde la tribuna de su cargo, amparada en todos los símbolos de su poder (rueda de prensa, banderas, televisiones a su servicio…), y no tiene que rendir cuentas de sus decisiones, de sus palabras?

Decir que un profesor trabaja tan solo veinte horas y que estas son menos de las horas que trabaja cualquier madrileño es una forma de crear confusión, de poner a la opinión pública en contra de uno de los baluartes de cualquier sociedad: la educación y las personas que dedican su tiempo y conocimiento a hacerla posible. ¿Para qué gastarse millones de euros en una campaña publicitaria para que los niños y los padres respeten la figura del profesor cuando declaraciones como las de la Presidenta los presenta como unos desalmados parásitos que no quieren perder ninguno de sus privilegios?


Sin duda, son necesarios los ajustes económicos en la Comunidad de Madrid. A mí, a bote pronto, se me ocurre que dado la falta de compromiso que Esperanza Aguirre tiene con la educación y el empleo en Madrid, ¿por qué no suprime el cargo de consejera de Educación y Empleo? Por los resultados que tiene, me temo que ni llega las veinte horas de estancia en el despacho a la semana. Y sueldo a sueldo inútil, quizás se llegue a los recortes económicos necesarios sin tener que tocar ni la educación ni la sanidad.

29/08/2011 (16:48)

Agosto está dando ya sus últimos coletazos, las últimas hojas en el calendario y los reencuentros y las caras largas de quienes han tenido que volver a la rutina del trabajo o los que ya saben que muy pronto tendrán que volver a la rutina del trabajo, y eso que hoy en día la palabra trabajo se cotiza al alta en las bolsas de las conversaciones y de la realidad económica… pero no sé si ustedes, pero a mí este verano, este mes de agosto me ha resultado de lo más atípico, como si el verano todavía estuviera por llegar, como si en realidad estuviéramos agotando los últimos días del mes de julio y esperáramos, con ansia, la llegada de un agosto anodino, un agosto con el cartel de “cerrado por vacaciones”, un agosto de paréntesis y de calles vacías y ciudades fantasmas.

¿Recuerdan aquellos agostos en que quedarse en una ciudad, como Alcalá de Henares, era condenarse a tener que peregrinar por las tiendas en busca de pan y esperar a que algún bar se apretara el cinturón para ofrecernos alguna cerveza fría por la noche? ¿Recuerdan aquellos agostos en que nada pasaba, en que todo se dejaba para la vuelta de las vacaciones, en que los políticos buscaban lugares alejados para no ser sorprendidos por las cámaras mientras tomaban la siesta o jugaban al dominó con sus compañeros anuales de todos los veranos, esos que siempre le dejaban ganar con una sonrisa en los labios? ¿Recuerdan aquellos agostos en que las imágenes de las playas abarrotadas y los programas anodinos en la televisión y las reposiciones de los mismos programas del invierno eran la tónica general, en que quedarse a trabajar era una verdadera tragedia, imponiendo la triste imagen del “rodríguez”, que aparcaba a la familia en el pueblo, que veía por aquellos días duplicada su población, y que solo volvía a verlos los fines de semana y las fiestas de guardar?

Pero todo ha cambiado, todo ha cambiado en estos últimos años y parece que este año de crisis el cambio se ha convertido ya en tónica y en costumbre. ¿Dónde están esos atascos kilométricos que justificaban las operaciones salidas y que convertían el asfalto en un verdadero infierno (literalmente) en que el reloj del coche parecía no avanzar a la misma velocidad que los kilómetros que quedaban para volver a casa? ¿Cuándo llegamos? ¿Queda mucho? Ya son frases típicas y esperadas del verano que los más pequeños nunca podrán pronunciar ni sentir…


Este agosto ha sido atípico en tantas cosas. Parece que nada le diferencia de los meses anteriores, que nadie ha querido perderse la oportunidad de amargarnos este paréntesis, el único que, en ocasiones, nos permite aguantar y sobrevivir en los meses de otoño y de inverno hasta llegar al nuevo paréntesis (en este caso familiar y gastronómico) que son las vacaciones de Navidades.

Los mercados han seguido llenando de rojo los titulares de todos los periódicos y de las cabeceras de los telediario, continuando la misma cantinela que nos cuesta tanto entender a todos: que si el Estado sigue consiguiendo poner deuda pública en el mercado, aunque a altos intereses (que terminará por tener que pagarse, con lo que habrá que pagar con nueva deuda en una espiral de difícil conclusión), que si las agencias siguen sin confiar en la economía española y fluctúan sus calificaciones de un día a otro, como si nuestra economía fuera un adolescente que se enamora y desenamora de un momento a otro, que si desde Europa se mandan mensajes y las agencias económicas mundiales (que no supieron ver el alcance de la crisis económica y financiera en que nos hemos instalado) ahora tuviera la clarividencia del futuro: ¡si aciertan tanto como en el pasado, apañados estamos!... y para colmo, sin terminar agosto, sin darle un respiro a este mes de los más absurdos que hemos vivido en los últimos años, los dos grandes partidos nacionales consiguen en una semana lo que no han podido hacer en los últimos ocho años: llegar a un acuerdo para modificar la Constitución. ¡Manda huevos!, que diría el clásico… Y por supuesto, nada de consulta popular (aprovechando la cercanía del veinte de noviembre) ni de tocar la Carta Magna en los otros asuntos realmente relevantes: el papel del Senado, la igualdad de la mujer a la hora de ser declarada heredera del trono, la ley de partidos, etc. etc…

Yo así no entiendo nada. Nos han cambiado las reglas del juego: el mes de agosto es para leer novelas de Agatha Chistie (ya sea en papel o en un lector electrónico) tumbado en la playa o en la piscina, o en el porche de la casa en el pueblo, para comprar el periódico y dejarse llevar por los cuentos que se les pide a los escritores que se imaginen para poder llenar páginas faltas de noticias y de asuntos de interés, para disfrutar con las campañas de verano de los principales equipos de fútbol que calientan su capacidad de hacer dinero por tierras asiáticas o americanas, para sufrir con las penurias de la Vuelta a España y el calor que tienen que soportar los pobres ciclistas, y para esas conversaciones banales de política, en que las visitas del presidente al Rey en Mallorca se convierten en citas ineludibles por no haber otras de mayor interés… y las calles de nuestras ciudades casi desiertas, con el gusto de poder circular casi sin coches, casi sin gente… como única forma de convencernos de que es mucho mejor coger las vacaciones en julio o en septiembre, huyendo de las masas y de la gente (triste excusa que nos convertía en personajes extraños frente al resto de nuestros familiares y conocidos).


Pero este año nos han cambiado agosto y nada, absolutamente, nada le diferencia de los meses que han pasado… y me temo que tampoco le diferenciará de los que nos quedan antes de llegar al 31 de diciembre. ¡Qué pereza! ¿Acaso sería posible darle la vuelta al calendario? Quizás si los dos grandes partidos nacionales se lo piensan… o si Ángela Merkel se lo insinúa… todo es cuestión de plantearlo… ¿Se nota que, como muchos, me da mucha pereza comenzar septiembre de la misma manera que terminamos julio?

26/07/2011 (13:28)

Las fechas de verano no son propicias para las noticias, para llenar las páginas de los periódicos que, desde el siglo XIX, necesitan mantener una normalidad cuando el tiempo parece empeñarse en perderla, en hacer de la rutina y de las vacaciones una forma de vida. Un paréntesis en medio de la nada, de esa nada a la que llamamos trabajo, esfuerzo, cotidianidad. Las “serpientes de verano”, con el monstruo del lago Ness a la cabeza, llenan de noticias increíbles o sorprendentes el vacío periodístico.

Pero todo parece estar cambiando en este mundo digital en que nos hemos instalado con una comodidad pasmosa: ya ni los veranos eran lo que hace unos años ni las serpientes esperan a agosto para hacer su entrada triunfal por los periódicos, ni los propios periodistas tienen que devanarse los sesos en busca de historias sorprendentes para poder hacer sus crónicas… ¡para eso tenemos a nuestros políticos, que se empeñan en protagonizar noticias incluso en el momento en que todos descansamos cuando ellos parten a sus vacaciones!


No estamos en agosto. No han comenzado las vacaciones (que, como decía ya no son esas vacaciones de todo cerrado y de ciudades fantasmas), pero lo vivido la semana pasada alrededor de la dimisión del honorable presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, merece una parada en el camino y una marcha atrás, una reflexión algo veraniega. Los detalles de la dimisión los conoceremos dentro de unos años, pero lo que ha trascendido, lo que pudimos vivir a lo largo del pasado 21 de julio no deja de ser el guión de un vodevil de aquellos que recuerdan la pandereta y las chapuzas de los que (algunos) creíamos que nos habíamos alejado… ahí están los datos: desde que, a partir del caso Gürtel, que sigue su lento paso por los tribunales madrileños y valencianos en espera de aires políticos más favorables, se destapara el escándalo de los trajes que el presidente de una comunidad autónoma presuntamente recibía de una trama corrupta que conseguía contratos millonarios de esta misma comunidad (así como de otras), las intervenciones de Francisco Camps (el político más italiano –y no solo por los trajes-, de España, el más sibilino) han sido una joya que deberían ser estudiadas (si no lo son ya) en las facultades de Ciencias Políticas: y así en estos dos largos (y bochornosos) años, hemos pasado de la negación más rotunda a estar a unos minutos de ir a los juzgados a declararse culpable y pagar una millonaria multa a cambio de no tener que sentarse en el banquillo de los acusados, sin olvidar algunas de las perlas que ha dejado sembradas en el camino: que a él solo le juzgan las urnas (y su revalidación de la mayoría absoluta tendría que hacernos pensar en los límites de la democracia), o que él solo recibió trajes y otros regalos como presidente del Partido Popular en Valencia y nunca como Presidente de la Comunidad Valenciana… pero esta es historia que todos conocemos y que a muchos nos sorprende, irrita e indigna ha puesto de manifiesto una de las grandes carencias de la democracia española: la imposibilidad (política, ética, social, judicial…) de expulsar como representantes del pueblo a quienes están imputados en delitos que atentan contra su propia representatividad.

El honor y la honradez no se ganan con mayorías absolutas ni se mantienen con mordazas a la prensa y a la televisión pública, sino con actos y con respuestas. Historia conocida y bochornosa la de estos últimos años… pero historia que no podía acabar de otra manera que el vodevil de la semana pasada, plagada de una ristra de declaraciones que harían reír si no fueran tan vergonzosas, tan indignantes.


El pasado 21 de julio saltaron todas las alarmas de los periódicos, de las agencias de prensa, de los medios de comunicación: se daba por seguro que en unos minutos, Federico Trillo, enviado por la cúpula dirigente del PP desde la madrileña calle Génova, había conseguido su propósito, lo que tanto le había costado y por lo que tanto se había luchado en los últimos días, desde que se hiciera público que Camps estaba acusado formalmente de un delito de cohecho y que, por el mes de octubre, debería sentarse en el banquillo de los acusados: esa misma tarde iría al juzgado (al que se le pidió que ampliara su horario para tal fin) a declararse culpable de lo que llevaba años negando (incluso en el parlamento autonómico en más de una ocasión y con una chulería y una sonrisa típica de un bar de carretera que de un lugar representativo del poder legislativo) y pagar la multa que le había impuesto el juez.

La imagen de Camps, gran valedor de Rajoy, entre los acusados justo en el momento de una campaña electoral de unas elecciones generales anticipadas (espacio político en que se mueven todos los partidos en la actualidad) le quitaba el sueño a un Rajoy que está ya soñando con pasar cuatro años de vacaciones en la Moncloa. Y el guión se escribió con Trillo, con Camps y con el resto de los dirigente del PP valenciano… por la mañana, Víctor Campos, ex Vicepresidente del Consell, y Rafael Betoret, ex jefe de gabinete de la Conselleria de Turismo y actual Jefe de Protocolo de la Diputación de Valencia, también imputados en el “caso de los trajes”, habían ido a pagar su multa y firmar su culpabilidad. Tan solo Ricardo Costa, ex secretario general del PP valenciano y, sin duda, el más listo de todos, había afirmado que firmaría cuando Camps lo hubiera hecho… y nada de eso sucedió.

A las tres de la tarde, Camps se sacó de la chistera un nuevo guión, mucho más acorde con su perfil político de opereta, y convocó a los medios de comunicación para anunciar su dimisión… ¡para así poder tener más libertad para defender su inocencia!

Si su mensaje de dimisión, ante los medios de comunicación allí presentes, algunos de ellos censurados cuando quisieron difundir en directo lo que estaba sucediendo, está lleno de mensajes cifrados, de amenazas más o menos veladas, me quedo con la frase antológica, que marcó parte de su intervención, aquella que presentaba su dimisión como "sacrificio personal para que Mariano Rajoy sea el próximo presidente del Gobierno y el PP gobierne España"… Se puede decir más alto, pero creo que no más claro.

Y las reacciones y las frases de los siguientes días, presentando a Camps como un ejemplo a seguir en política deberían hacer reflexionar a más de uno… ¿este es el modelo de político que queremos para la España del siglo XXI, la España que debe afrontar los retos de haber salido de la burbuja inmobiliaria y de ese cuento de hadas económico que nos vendió Aznar y sus asesores queriendo formar parte de los países más ricos del mundo? ¿Cuál es el modelo que ha dado Camps a los jóvenes, a la ciudadanía con su comportamiento de estos dos últimos años, de las horas previas antes de su dimisión? ¿Cuál es el ejemplo de un político que es capaz de mentir ante su propio parlamento sobre su comportamiento? Y si no lo hizo, si en realidad es inocente, como luego se ha dicho urbe et orbi, ¿qué ejemplo ha dado aceptando declararse culpable de cohecho y pagar una multa para que así no perjudicara a Rajoy en la próxima campaña electoral? Y si tenía dudas de su decisión, si no tenía claro cómo actuar, ¿cómo dejó que dos de sus colaboradores más directos fueran al juzgado a declararse culpables de un delito del que Camps es el máximo beneficiario?


Con los años sabremos los detalles y podremos poner algo de luz a tanta oscuridad política, a una forma de entender la política que, lamentablemente, se está extendiendo como el aceite en nuestra vida pública… ¿y lo peor? Es que no creo que sea una serpiente de verano el afirmar que Camps será ministro en el próximo gobierno de Rajoy… Tiempo al tiempo…


¡Y felices vacaciones, que nosotros sí que mantenemos las costumbres de gente de orden y cerramos en agosto para recuperar fuerzas y seguir llenando páginas en el cuaderno rojo!

19/07/2011 (16:52)

El pasado sábado en el programa Informe Semanal emitieron un reportaje sobre el comienzo de la Guerra Civil Española, del que este 18 de julio se cumplen 75 años. La Guerra Civil Española, después de la Segunda Guerra Civil, es la contienda bélica que ha generado más estudios, más literatura, miles de páginas en que los protagonistas han dejado huella de su memoria y los investigadores e historiadores han indagado en los datos escondidos en los archivos y en la memoria de las gentes para intentar poner algo de luz en las sombras propagandísticas que se han ido superponiendo en cuarenta años de dictadura.

En el programa televisivo, historiadores del prestigio, como Paul Preston, alternaban sus opiniones con otros para mí desconocidos, pero que habían pasado gran parte de su vida analizando los miles de documentos que han sobrevivido a una dictadura empeñada (como así sucede con todas las dictaduras) en reescribir el pasado, su propio pasado. Cuarenta años en que se ha podido destruir, extraviar, modificar toda aquella información que se consideraba pertinente y cuyo alcance no podemos ni imaginar. Tan solo un dato: en 1977, el entonces ministro Martín Milla ordenó destruir el archivo de la Falange. ¿Qué ha podido suceder anteriormente en la impunidad de la dictadura? Cualquier cosa.

En el reportaje de Informe Semanal, titulado precisamente “La guerra inacabada”, se daba cuenta de los primeros momentos del alzamiento de tropas rebeldes al gobierno democrático de la República, y la forma de expresarlo, en su más estricto sentido histórico, no dejaba de soprenderme, pues iba en contra de cuarenta años de propaganda que ha dejado una memoria colectiva muy difícil de modificar, pues casi pertenece a nuestro inconsciente: hablar de un ejército rebelde y traidor a quienes debían respeto y obediencia, como era el gobierno elegido en las urnas (como en la actualidad, nuestros representantes políticos), de una serie de generales leales a la República, cuya memoria se está recuperando en los últimos años del ostracismo y de la injuria con que la dictadura franquista los había sumido, debía ya instalarse en nuestro modo de ver el pasado, pues responde a una realidad histórica que la propaganda del NO-DO fue tergiversando, modificando, manipulando con todos los resortes que da la impunidad y el poder absoluto de una dictadura.

Como muchos, no he leído (ni tengo ninguna intención de leer) las entradas dedicadas a Franco en el “Diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia”, pero no es de recibo que en el siglo XXI todavía los restos de la propaganda franquista sigan poniéndose negro sobre blanco con el sello de una institución de prestigio (que lo ha perdido todo con esta magna empresa y con su falta de respuesta después del error cometido) y financiada con dinero público. Uno de los entrevistados en el programa de Informe Semanal, representante de los agustinos del Monasterio de El Escorial, hablaba de la necesidad de sacar lecciones de la historia para no cometer los mismos errores en el futuro: más razón que un santo.

Y creo que a estas alturas, no podemos dar un paso atrás en la lección histórica de ser capaces de mirar al pasado con los ojos del historiador, del científico que es capaz de llamar a las cosas por su nombre y no por las vendas ideológicas de la propaganda: y así, el 18 de julio de 1936 se produjo un golpe de estado, capitaneado por una serie de generales rebeldes y traidores al gobierno legítimo de la República, que pensaban que todo acabaría en unos días, en unos meses, dada su superioridad en armas y en estrategia (a fin de cuentas, su función en la vida había sido armarse y prepararse para proteger a la República, a la que debían lealtad) y la falta de organización y preparación de sus enemigos, que eran sus propios vecinos, familiares.

Y todo parecía seguir el guión (algo lento) establecido, con las tropas rebeldes y traidoras capitaneadas por Franco para llegar a Madrid, pero el rechazo de la ciudad al ataque enemigo en noviembre (ya con el gobierno en Valencia, pues se consideraba la capital más que perdida) dio un vuelco a todos los planes y el golpe de estado se convirtió en la guerra civil española, la guerra inacabada.

Paul Preston, que ha dedicado buena parte de su vida a estudiar la contienda, desde su posición privilegiada de una mirada externa, no contaminada por tantos de los tópicos, los miedos, los lugares comunes en que solemos caer los españoles cuando nos enfrentamos a esta herida abierta de nuestra historia, destacaba la diferente naturaleza de las represalias que se habían dado en zona republicana y en zona franquista, en zona leal y en zona rebelde.

Si en la zona republicana, los primeros meses después del golpe de estado todo fue un caos (alejada la autoridad del ejército y de las fuerzas del orden público, fueron las milicias las que se hicieron con el poder de la calle y de las represalias, de las venganzas contra lo que consideraban causas de su sometimiento, como era la Iglesia y sus símbolos), y solo después de noviembre del 36, con la resistencia de Madrid y la posibilidad de darle la vuelta a un golpe que, en sus primeros momentos, se consideró victorioso, el orden comenzó a ser recuperado y con él se limitaron, aunque no siempre, las matanzas indiscriminadas y las represalias; en el bando rebelde, el bando del golpe de estado, esta represalia se hacía a partir de la autoridad, organizado por el mismo y utilizando todos sus resortes de poder.

En el programa de Informe Semanal, un historiador extremeño que se ha dedicado a estudiar en los archivos la cruel represalia vivida en tierras extremeñas, una de las más feroces y sanguinarias de toda la contienda de la Guerra Civil, aportaba un nuevo dato: muchas ciudades y los pueblos extremeños pasaban de un día para otro de bando, con lo que las represalias se multiplicaban… cuando algunos huían de un pueblo por las represalias franquistas y llegaban a una población republicana y contaban las matanzas de las que habían sido testigos, se desencadenaba una contestación de violencia y de represalia, que iniciaba una espiral de matanzas, de crueles matanzas que ha escrito las peores páginas de nuestra reciente historia.

Una historia que se cubrió de silencio, de miedos, de sospechas. Mi familia materna es de Badajoz y mi pueblo extremeño, Casas de Don Pedro, sufrió como pocos esta represión. Todos tenemos historias familiares que contar; pero eso sí, contar en la intimidad de las mesas de camilla y en las noches oscuras y silenciosas del invierno. Tuve que ir a  Jerusalén para enterarme allí, en un bar muy cerca del Santo Sepulcro, que en Casas de Don Pedro se instaló uno de los campos de concentración franquista más crueles y sanguinarios de toda la Guerra Civil.

Terminaba el programa de Informe Semanal con una idea, que daba sentido a su título: solo se podrá hablar de la Guerra Civil Española como una guerra terminada, una guerra que forme parte de nuestro pasado y no de nuestro presente (heridas sangrantes que todavía supuran propaganda y dolor) cuando conozcamos el nombre de todas sus víctimas, de todas esas miles y miles de españoles que siguen enterrados en fosas comunes, tirados como animales en cunetas, en fosas abiertas en nuestros campos, incluso en nuestros cementerios (como las de las mujeres de Linares, asesinadas por no querer denunciar a sus maridos, a sus hermanos, a sus padres…). Fosas cerradas que son las heridas abiertas de nuestra democracia, que solo lo será realmente cuando seamos capaces de mirar la Guerra Civil Española como parte de nuestra historia, recuperando sus gestos, sus caras, sus sombras y a sus protagonistas, a aquellos que les tocó vivir lo que nadie queremos que se vuelva a repetir: la lucha entre hermanos.

Tan solo conociendo el nombre de todos, de las víctimas y de los verdugos, seremos capaces de convertir a la Guerra Civil Española en una página más de nuestra historia, una página en que comencemos a hablar de leales y de traidores, como lo fueron los generales republicanos y aquellos otros que se levantaron y acabaron con el gobierno legítimo de aquel momento.

12/07/2011 (17:29)

Miguel Rep se escapa de los límites de las biografías como sus personajes lo hacen de las líneas de las viñetas o de los márgenes de las páginas de un libro. Cuentan que Miguel Rep nació en Buenos Aires, en San Isidro, en 1961, que es dibujante y humorista gráfico y que se precia de ser autodidacta, que le toma el pulso (y en más de una ocasión el pelo) a la realidad desde su tira de humor diaria en el periódico porteño Página/12, donde últimamente triunfa un nuevo personaje: ‘huevitos Kirner’, con un más que provocador subtítulo ‘¡siguen molestando!’, y que ha realizado diversas exposiciones y publicado  una veintena de libros: Bellas artes, Y Rep hizo los barrios, Postales, Platinum Plus, o La grandeza y la chiqueza, sin olvidar algunos reconocimientos recibidos y sus murales que adornan y asombran muros interiores y exteriores de numerosos locales de Argentina, Venezuela, Cuba y España… y dentro de unos días también en Alcalá de Henares, que amplía así su patrimonio artístico con un nuevo referente turístico.

Pero, si soy sincero, casi no me creo ninguna de estas notas biográficas que uno puede indagar y encontrar por Internet. Miguel Rep, con su envidiable melena, con su generosa sonrisa, no parece cuadrar bien en los límites de estas líneas biográficas, en la página cuadriculada de un currículum. Por alguna razón del destino y de la fantasía, antes que por tierras y geografías porteñas, me imagino a Rep por ciudades italianas, por las angostas calles de Milán o de Florencia, o de Roma, como un nuevo Leonardo. Un dibujante autodidacta que no deja de crecer, de experimentar, de aceptar retos y sueños como el que hemos podido vivir la semana pasada: el sueño de un hermanamiento entre dos ciudades ya hermanas en proyectos, en posibilidades de futuro, como son Alcalá de Henares y la argentina Azul.

Miguel Rep dialogó hace unos años con otro Miguel, Miguel de Cervantes, se lo llevó de cañas y de whiskies por las lecturas diarias, tanto en España como en Argentina, y de esta conversación entre amigos nació una de las ilustraciones del Quijote más originales, más libres y frescas que se han realizado en los últimos siglos. Unas ilustraciones que nacieron en una conversación en Madrid, cuando Miguel Rep estaba pintando un mural en el año 2004, y que por primera vez se pudieron ver y disfrutar en entregas semanales en el periódico Página/12 a lo largo y ancho de 2005.

Unas ilustraciones que iban tomando fuerza y cuerpo semana a semana, en la lectura y los comentarios de los propios lectores. Porque Miguel, como los personajes de sus tiras diarias, de Niño Azul, Gaspar o Lukas, no entra bien en los límites de los compromisos y de los programas cerrados. No se encuentra a gusto con los proyectos que no le sorprenden, de los que conoce el final antes de haberlos comenzado. Su obra es un estar en el límite del tiempo, de los horarios, de los plazos… su obra es difícil de catalogar porque se va creando en su propia respiración, en lo que es capaz de comprender y respirar en cada momento que está creando.

Conocí a Rep a la vuelta de un Festival Cervantino en Azul en un patio donde estaba realizando un mural para alegrar las tardes y los juegos de los niños enfermos; conocí a Rep compartiendo mate y el asombro de los dibujos de los niños de Azul que habían ilustrado las aventuras de la primera parte del Quijote, conocí a Rep entre colores y sonrisas, entre trazos enloquecidos y proyectos más enloquecidos todavía, como la de rescatar sus ilustraciones quijotescas para una nueva edición del Quijote, que serviría de piedra fundacional del hermanamiento entre Azul y Alcalá de Henares, entre Alcalá de Henares, cuna y capital mundial del cervantismo y Azul, ciudad cervantina de la Argentina.

Dos ciudades que están llamadas a hermanarse también en una red mundial del cervantismo, que solo tiene sentido desde Alcalá, desde Azul, que han demostrado su potencial y posibilidades quijotescas con mil y un proyectos.

Miguel Rep se ha convertido ya en una presencia cotidiana en Alcalá desde las alturas amarillas de la Casa Tapón, donde culmina esta semana un espléndido mural. Rep, atrapado por la lona verde de su creación, mientras va dando silueta a las figuras de don Quijote, de Sancho, de los molinos de viento y hasta de un Rocinante que se escapa aterrado por la figura grotesca de su amo en el cielo amarillo del mural, escucha las conversaciones del día a día, los retazos de una vida alcalaína que es muy difícil de conocer, de admirar. Y los comentarios hablan de calor (el tema de moda), pero también del fondo del mural, y más sobre el calor y el deseo de escapar en busca de playas, de sombras, de vacaciones. Son muchos los alcalaínos que han podido ver, día a día, cómo la Casa Tapón, ese espacio que había quedado sin uso con unas inscripciones anodinas, poco a poco se va llenando de formas que se intuyen por la mañana y que se disfrutan por la tarde, porque el sol de Alcalá es también un artista, y consigue sacarle al mural de Rep, al mural del hermanamiento entre Alcalá de Henares y Azul, nuevos matices a medida que el día y las horas se van consumiendo.

El atardecer, la luz del atardecer le sienta muy bien a Rep, a esas sombras y siluetas chinescas que hablan de un molino de viento, de una lectura particular, cómica y libre de las aventuras quijotescas. Porque el Quijote solo puede seguir siéndolo si nos atrevemos, si planteamos retos imposibles, sorprendentes.

Alcalá de Henares ha ganado un poco más en su impresionante patrimonio de siglos con el Mural de Rep. Y Rep, como él mismo dice, también se lleva en su corazón un poco de Alcalá, de su hospitalidad, del crotorar de las cigüeñas o de las cervezas tomadas en las terrazas de la Calle Mayor. Durante esta semana, el mural del hermanamiento será inaugurado, y Rep tomará un avión de vuelta a Buenos Aires, pero el mural realmente comenzará a vivir, a ser cuando se instale en las miradas de los alcalaínos, cuando se convierta en un lugar propicio para los recuerdos y las fotografías.

29/06/2011 (15:04)

Azul es una ciudad de grandes avenidas, de trazado cuadriculado y de árboles centenarios. Como tantas otras ciudades argentinas (y como tantas otras españolas), el trazado original de la ciudad remonta a los de una campaña militar: trazado que sigue la estela del romano, y que a partir de una plaza central se van sucediendo las calles, las cuadras como se oye por aquellas tierras. Nuestros trazados geométricos romanos fueron llenándose de curvas, de diagonales, de calles perdidas a lo largo y ancho de la Edad Media, por lo que el concepto de centro, de plaza central se convierte en esencial como punto de referencia. La Plaza Cervantes, la Plaza del Mercado, permite situarnos lejos o cerca dependiendo de nuestra ubicación.

 

Pero no pasa así en Azul. Pero no pasa así en Buenos Aires, en todas las ciudades argentinas en que es necesario un mapa para convertir en real lo que son solo trazos horizontales y verticales que terminan por convertir un paseo en una pesadilla geométrica. Azul es tierra también de campo, de la Pampa húmeda (y rica), de costumbres, de edificios más o menos antiguos, de costumbres más o menos modernas… y sobre todo es ciudad de entusiasmo, de corazón, de sueños. Es ciudad que ha sabido (porque ha querido y ha podido) convertirse en unos pocos años en referente del cervantismo (y más allá de cervantismo) en América.

 

La semana pasada estuve presidiendo un tribunal de tesis en la Universidad Complutense de Madrid que analizaba y comparaba los centenarios quijotescos de 1905 y de 2005 en la prensa española; y una de las pocas actividades, una de las pocas referencias a los actos americanos que tuvieron eco en España y que aparecía reseñado en la tesis fue precisamente la exposición “El Quijote, de la Mancha a la Pampa”, que fue uno de los grandes hitos de las celebraciones quijotescas americanas en el Teatro Español de Azul.

 

Y si por aquella época don Quijote, las cientos de ediciones de la obra universal complutense, se expusieron en la Pampa, ahora ha llegado el momento de hacer el viaje de vuelta, y desde el pasado lunes una nutrida delegación de azuleños se encuentra de visita en nuestra ciudad para completar un nuevo sueño: el hermanamiento entre Alcalá de Henares, capital cervantina, con Azul, ciudad cervantina de la Argentina.

 

Y dentro de los actos del hermanamiento, que no es más que una fórmula para que dos pueblos separados en la geografía, pero unidos en sus sueños, en sus proyectos, en su historia puedan conocerse mejor, puedan compartir experiencias, miradas, personas…, ya se presentó el año pasado la primera piedra de este complejo edificio de relaciones que se están estableciendo entre Azul y Alcalá de Henares, entre Alcalá de Henares y Azul: “El Quijote del hermanamiento”, una nueva edición del “Quijote” que tuve la fortuna de editar, ilustrada por Rep, uno de los ilustradores más importantes de toda Argentina en los últimos años. Una edición magnífica, a color, con una mirada original y fresca de la obra cervantina. Y ahora es el momento de ver concluidos otros tantos proyectos durante estos días, como el comienzo del “Mural del hermanamiento”, un mural que comenzará Rep el próximo miércoles en la Casa Tapón en la Plaza de los Santos Niños, y que terminará dentro de unos meses en la Plaza Quijote de Azul, un mural que nos unirá a las dos ciudades un poco más.

 

Y junto a este gran evento, que concluirá en unas semanas, el martes se inaugurará en Santa María la Rica la exposición fotográfica: “Azul en Alcalá de Henares. 50 miradas”. 50 fotografías de varios fotográfos azuleños (Carla Lanari, Diego Laboccetta, Héctor García, Javier Ruiz, Jorge Luis Maciel, Jorge Zandona, Juan Carlos Martins, Lorena Pane, Luis María Navas, María Eugenia Pucheu, Martín Laborda, Mauro Holzman y Toqui Carlomagno), coordinados por el Foto Club de Azul, en que han tenido a bien incluir una foto mía del Malón del escultor Regazzoni.

 

50 miradas, 50 fotografías para acercar la ciudad hermana de Azul a los alcalaínos. Como indican los propios fotógrafos, cuando se pensó en la exposición no se hizo buscando el efectismo de la fotos, la singularidad, sino todo lo contrario: “Cuando decidimos, un grupo de aficionados a la fotografía abrir una ventana a través de la cual mostrar cómo es Azul, ciudad cervantina de la Argentina, y así reconocerlo para que nos conozcan, asumimos un compromiso de cómo contar en imágenes el lugar en donde hombres y mujeres, niños y adultos con anhelos y esperanzas, han decidido vivir. Estas fotografías directas, sin efectismos y de carácter testimonial que evocan la tangible presencia de la realidad, son una mera excusa para que el fotógrafo a través de su mirada particular nos introduzca en el contexto paisajístico, histórico y cultural de Azul, para que puedan ser disfrutada en su ciudad hermana, Alcalá de Henares”.

 

50 miradas, 50 fotografías que recogen tan solo un poco el alma de una gran ciudad, de un gran pueblo, de unas gentes soñadores que se crecen ante los problemas y que han convertido la unidad el principio y el motor de su proyecto. Como ayer me decía Mariela Tancredi, coordinadora del Festival Cervantino, todas las críticas son siempre bien venidas, porque eso significa que nuestro proyecto interesa. Lo peor de todo, la muestra de nuestro fracaso, sería el silencio.

 

50 miradas, 50 fotografías para conocer un poco más las calles, los edificios, los campos, las esculturas, los rincones de Azul, ciudad cervantina de la Argentina. Conocer un poco más una ciudad hermana que en estos días nos visita, y que, de las reuniones y encuentros que se van a multiplicar en esta semana, surgirán nuevos proyectos, nuevos sueños, nuevos retos y desafíos, que en los próximos años darán sus frutos. No hay nada como sembrar en el campo de la unidad para conseguir magníficas cosechas. Y en Azul saben mucho de cosechas estupendas. Ahora es el momento en que comencemos a hacerlo también en Alcalá, de que aprendamos de nuestros hermanos azuleños.

21/06/2011 (15:40)

El escritor Antonio Skármeta es de esas personas afables, de mirada directa, sonrisa generosa y verbo florido; de esas personas que en minutos es capaz de crear a su alrededor una atmósfera agradable, donde fluyen las palabras y los pensamientos, una atmósfera donde todo parece fácil, hasta la espera en un aeropuerto desconocido o el lento deambular por las calles de Milán, que ha decidido competir con Madrid en mayor número de obras por metro cuadrado. Antonio Skármeta es grande. Grande de cuerpo. Grande de espíritu. Grande de conocimientos y de simpatía.

 

Hace unas semanas tuve la oportunidad de hablar largo y tendido con él. Nunca agradecí tanto los atascos de las autopistas italianas ni tampoco la estrechez del vehículo que nos llevaba desde el aeropuerto a nuestro hotel, horas antes del comienzo del FOCUS 2011 de la UNESCO, del que he tenido ocasión de hablar en estas mismas páginas. Larga charla hablando de su cansancio de los últimos meses, de la promoción de su última novela “Los días del arcoíris”, tanto en Chile como en Europa, de sus viajes pendientes a París para asistir al estreno de la versión operística de su “El cartero de Pablo Neruda”, protagonizada por Plácido Domingo, o su viaje a Londres para apoyar la versión en musical rock de esta misma obra.

 

Larga charla para hablar de las dudas que se habían cernido en los últimos días sobre la muerte de Allende y del mismo Pablo Neruda. De la segunda muerte, que ahora se indicaba como causa el envenenamiento para impedir que el enfermo Neruda pudiera exiliarse a México, y no una muerte natural, aquejado como estaba por un cáncer terminal, tenía sus dudas y reservas: dudas por el silencio de Matilde Urrutia, la viuda del escritor, mujer que, “según la conocí, no se hubiera callado algo así en su vida”, y reservas por las personas, en especial un periodista, que había vuelto sobre esta historia antigua, periodista muy enfrentado a la Fundación Pablo Neruda… y así fueron pasando los minutos, casi una hora en el atasco a la salida de Milán y en el siguiente atasco a la entrada de Monza, con varias calles cortadas.

 

Y entre comentarios sobre la política española, la ley de la Memoria Histórica, su sorpresa ante la existencia de un tráfico de niños durante la dictadura franquista, la literatura española medieval y del Siglo de Oro (“la que más he leído. Tengo una deuda con la literatura española más moderna”), y alguna que otra confidencia, como los dos libros de cuentos que ha escrito y que espera publicar pronto, aunque en Planeta le van dando largas y silencios… llegamos a su novela, a esos “Los días del arcoíris”, que le permitía ver con ojos curiosos y esperanzadores el movimiento del 15M: un movimiento que le ha devuelto la sonrisa, el color, la esperanza y la alegría al futuro, a la política.

 

En su última novela, Antonio Skármeta recupera los meses anteriores al referéndum que el propio Pinochet convocó después de quince años de dictadura para asentar su poder con los ropajes externos de la democracia. Quince años de control, de torturas, de dominio, de abuso de poder y de asesinatos. Quince años que habían conseguido robar de la población toda ilusión de que algo puede cambiar, de que algo pudiera hacerse contra un régimen, cuya policía secreta andaba con la impunidad de quien se sabía necesaria, imprescindible, marcando con sus coches sin placa la huella imperecedera del miedo, de la muerte. Quince años que ahora quería legitimarse bajo la mirada atenta (y demasiado complaciente) de la comunidad internacional, que se conformaba con mandar representantes para mostrar la imparcialidad de un régimen que todo lo controlaba, que todo lo dominaba.

 

La novela rescata este tiempo del “arcoíris”, que no es más que el tiempo de la búsqueda de la alegría, a partir de una compleja red de situaciones que, a primera vista, parece muy sencilla, aunque no lo es; de una serie de personajes que permiten retratar toda una época sin llegar a escribir más de doscientas páginas, sin regodearse en tramas paralelas tendentes a la acumulación de información, como estamos demasiado acostumbrados en los últimos tiempos a partir del éxito de los best-sellers, como el único medio en que las editoriales están cifrando sus ganancias actuales, sabiendo que un best-seller es comida para hoy y hambre para mañana… uno de los primeros aciertos de la novela de Antonio Skármeta es haber dejado a los políticos en su verdadero lugar: en un segundo plano, en una falta total de compromiso real (aunque a los dieciséis partidos se le impusiera la unión de ser oposición a la dictadura de Pinochet) y, sobre todo, retratarlos con la ambición personal y la falta de una apuesta decidida por un futuro mejor, ya sea con ellos o sin ellos.

 

Políticos que imponen plazos, que no confían en las ideas que se le ofrecen, pero que luego son los que se ponen las medallas de un éxito que no les corresponde, en realidad. Y así las miradas de estos meses previos al referéndum se concentran en la novela en uno de sus protagonistas, el publicista Adrián Bettini, el realizador del programa de quince minutos que se emitió en la televisión chilena, controlada desde hacía quince años por el férreo brazo de la censura de Pinochet; exponente de esa generación truncada por el golpe de Estado que acabó con la vida de Allende y con el sueño de un nueva realidad política en América el 11 de septiembre de 1973, exponente de torturas físicas (con su clavícula rota) y de torturas sociales (su imposibilidad de encontrar trabajo); y por otro lado, la mirada de su hija, Patricia, y, sobre todo, de su “pololo”, de su novio Nico Santos, un joven a punto de acabar el bachillerato, hijo de un profesor de filosofía que comienza la novela viendo cómo, mientras su padre da clases en el instituto, vienen unos policías a llevárselo preso… una vez más, la presencia real y cotidiana de la opresión, de la barbarie, de la tortura…

 

Miradas que van contando cómo se viven esos meses antes del referéndum, meses de incertidumbres, de miedos y, sobre todo, de frases lapidarias sobre la imposibilidad de cambiar el futuro, el presente… pero la sorpresa, el milagro, la alegría pueden estar esperando en cualquier esquina, y el referéndum fue un éxito para el “no” auspiciado por una canción pegadiza a partir de un vals de Strauss. Un canto a la esperanza. Un canto a la vida. Un canto a la alegría, simbolizada por los colores alegres del arcoíris, que, como los dieciséis partidos de la oposición, son a un tiempo diversos y a un tiempo una unidad. Un canto también a que los sueños pueden seguir superándose a sí mismo: al final de la novela Adrián Bettini habla con el exministro del Interior, y le dice que llegará un tiempo en que conseguirán llevar preso a Pinochet. “No, no, no. A mi general no me lo tocan ni con el pétalo de una dama”. Y tiempo al tiempo.

 

“Los días del arcoíris” es una novela que habla de personas, de anécdotas, de miedos y de alegrías, pero es también la novela de una sociedad, la crónica de un pueblo harto de dominios, de opresiones, de tristezas, de muerte, de violencia. Un pueblo deseoso de tener un futuro, de que los políticos y las instituciones estén a la altura de sus demandas, y no se enroquen en sus propios problemas o, lo peor, aprovechen sus puestos de poder para extorsionar, torturar, prevaricar o enriquecerse de manera ilegal, aunque ya solo sea comprándose unos trajes. Un pueblo que dijo “basta” y que quiso mostrar su indignación por el presente y sus sueños de futuro por el único medio que la dictadura le permitió en su momento, en un acto estúpido de soberbia sin límites: un referéndum.

 

No es comparable la situación del Chile de Pinochet con la española actual; como tampoco es comparable nuestro presente con la dictadura franquista; pero quizás las líneas de comparación entre la incomunicación de las instituciones políticas españolas actuales con la población sí que sean mucho más claras; una sociedad que ha necesitado de un 15M para conseguir recuperar la ilusión en la política, en otra forma de hacer política más allá de los aparatos de los partidos, perversos en su propia dinámica, creadores de sus propios conflictos y problemas antes que intermediarios de los problemas de la ciudadanía, la única razón de su existencia.

 

El otro día, el presidente del Izquierda Unida, Cayo Lara, estuvo presente en un acto del 15M y fue recriminado por algunos asistentes, lo que fue denunciado por el propio político como un acto en contra de su derecho a participar en este tipo de actos y de denuncias como un ciudadano más. Y aquí está el problema y el error.

 

No se trata de que el político se mezcle con los indignados. Se trata de que el político abra espacios para que la voz de los indignados (que somos muchos en esta sociedad) pueda ser escuchada en las instituciones que, por mucho tiempo, nos han dado la espalda y han hecho de la política algo despreciable, ajeno a nuestras vidas. Ya es momento de que algo cambie, y de verdad. “Los días del arcoíris” es una buena muestra de que los cambios son posibles. Los cambios sin amenazas de caos ni de miedos. Un cambio que nos devuelva la alegría, que ya nos la vamos mereciendo.

13/06/2011 (23:30)

Antonio Skármeta en su intervención en el FOCUS 2011 de la UNESCO dedicado al futuro de la palabra escrita recordó hace una semana cómo y en qué momento comenzó a ser escritor. En compañía de su abuela escuchaban la radio todas las tardes. Tardes de campo y de labores campesinas alrededor de la palabra.

Y tardes de apagones de luz, con lo que el niño Antonio tenía que imaginarse cómo acababan las historias que habían quedado truncadas en la radio. Y así un día y otro. Historias que siempre terminaban por tratar de fantasmas, de aparecidos, de algunos destellos de amor, que eran los temas preferidos de su abuela. Un día, mientras estaban escuchando la radio, la abuela de Antonio Skármeta se levantó y la apagó y con una sonrisa se volvió a su nieto y le dijo: “prefiero tus historias”.

Así el narrador comenzó a imaginarse historias que no le han abandonado desde entonces y ahí están “Los días del arcoiris”, su última novela para recordarnos cómo las historias siguen existiendo más allá del medio en que se difundan: la palabra oral en su momento y la escrita en la actualidad, sin olvidarnos de la digital en un futuro inmediato.


Las palabras de Antonio Skármeta, las de un creador de las letras, vino a clausurar tres días intensos de diálogos y de mesas redondas y seminarios en la Villa Reale de Monza, ciudad conocida por el circuito de Fórmula 1, y que quiere abrirse a nuevos universos, explorar el futuro en diversos temas.

Tres días en que más de 200 personas, sobre todo, editores, periodistas y bibliotecarios, nos dimos cita para intentar comprender lo que está sucediendo en el mundo del libro, de la difusión del saber y del conocimiento en los próximos años. Doscientas personas procedentes de Estados Unidos y de Europa, pero también de Asia, de América del Sur o de África o Australia. Y esta riqueza de planteamientos, de visiones tan dispares, realizada gracias al excelente trabajo del Comité Científico presidido por Milagros del Corral, ha sido uno de los grandes aciertos del Foro de la UNESCO, ya que hemos dejado a un lado la perspectiva estadounidense y europea, para abrirnos a un elogio de las nuevas posibilidades que la difusión digital está ofreciendo a los países en vías de desarrollo.

En cada una de las intervenciones en el FOCUS 2011, que daban cuenta de proyectos que ya se están realizando, se hacía cada vez más evidente la diferente velocidad en la implementación y difusión de los libros y bibliotecas digitales entre los países en desarrollo y los desarrollados; si en estos últimos, el peso de las grandes corporaciones editoriales y mediáticas y la dificultad de los organismos (ya sean culturales o políticos) de ofrecer respuestas creativas y rápidas, están ralentizando la difusión de los textos digitales, en los países en desarrollo las enormes posibilidades de hacer accesible la información y el conocimiento a una amplia capa de la sociedad con un coste considerablemente menor que el exigido en el mundo analógico, hace que entiendan el mundo digital como una gran oportunidad para superar la brecha cultural e informativa que existe en la actualidad.

Si los responsables de las bibliotecas europeas y norteamericanas –muchas de ellas muy bien surtidas de libros y manuscritos- se plantean problemas de la prioridad de la digitalización o de la conservación de los objetos digitales en diferentes soportes, en los países en desarrollo se piensa en la bibliotecas digitales como una biblioteca de desarrollo y no tanto de conservación, en un lugar de encuentro, en un punto de partida para poder hacer accesible una información que en la actualidad es muy escasa y solo accesible a unos pocos.

El caso de la India, tal y como nos lo explicó Reyaz Rufai, sería un buen ejemplo, con sus 22 lenguas oficiales (más multitud de dialectos) y con varias de las bibliotecas amenazadas por el terrorismo. El mundo digital, la biblioteca digital que se ha de abrir al multilingüísmo, permite romper las barreras que ahora atenazan el desarrollo desde la perspectiva analógica. ¡Y qué decir de tantos países africanso, como Mali o Ghana, representados en el foro, en que incidieron en la importancia de la palabra oral como parte esencial de su cultura, que nada tiene que ver con los problemas y debates que en algunos otras mesas se enquistaban alrededor del copyright o el copyleft, o sobre la pertinencia o no de colaboraciones entre lo público y lo privado.

Si en Europa y en Estados Unidos estamos hablando de formatos y de dispositivos, como el avance del e-reader con su tinta electrónica o la competencia de las tablets, con el I-Pad a la cabeza, en Sudáfrica es un problema que ni se lo plantean: con los varios millones de móviles que hay en todo el país, consideran que este debe ser el medio habitual para que llegue la información… y no solo en Sudáfrica, también en Japón parece que el móvil se está consolidando como el medio de lectura más universal, como lo explicó Yasuko Matsui, la directora de la editorial digital Papyless.

Nuevas miradas que se posan en diferentes problemas y desafíos, en situaciones de partida muy diversas que harán que las soluciones y las propuestas deban ser también diferentes y, sobre todo, creativas, más allá de la imitación de los modelos ya conocidos (y obsoletos en el mundo digital) que son los que ahora utilizamos y lo seguiremos haciendo en los siguientes años, al menos mientras los inmigrantes digitales sigamos siendo una gran mayoría.

Lógicamente durante un tiempo el libro analógico y el digital van a compartir espacio; pero también no es menos cierto, que con el paso de los años, lo digital se irá imponiendo a lo analógico, y con él sus nuevos modelos empresariales y económicos. Cuando la imprenta se impuso como medio de difusión en el siglo XVI no acabó con el manuscrito (aún hoy todos tomamos apuntes o escribimos), pero lo que sí que desapareció es la industria (y los oficios) alrededor del manuscrito cuando no supieron adaptarse a las nuevas tecnologías del momento, como fueron los copistas o los miniadores.


Tres días de intensos debates dentro y fuera de las tres salas habilitadas en la Villa Reale de Monza, en que se ha podido ver, una vez más, la dificultad de las grandes empresas editoriales y de los gobiernos o instituciones públicas allí representadas, para adaptarse a los tiempos digitales, y hacerlo sin invocar miedos y muertes sino con estrategias innovadoras y creativas que le saquen partido a todo lo que puede tener de nuevo el medio digital en la difusión y conservación de la información: ese valor añadido que hará posible una transición entre estas dos tecnologías que, en absoluto, son incompatibles. Por un lado, las industrias editoriales tendrá que potenciar nuevos modos de comunicación entre el autor y sus lectores, reformulando el papel del editor (y de las editoriales) como intermediario entre ambos, más allá de los principios económicos y comerciales ya obsoletos; del mismo modo, las librerías, las más débiles de todo este proceso, deben ser capaces de ser imprescindibles para los compradores, con ofertas cada vez más personalizadas.

En cuanto a las bibliotecas, sobre todo las nacionales y las públicas, han de comenzar a olvidarse de Google Libros como la gran competidora y dejar de almacenar y almacenar millones de objetos digitales, para comenzar a proponer nuevos modelos de acceso a la información. Y en este camino, o se apoyan en los centros de investigación universitaria, o serán, de nuevo, las empresas privadas las que seguirán marcando el ritmo de las inversiones públicas, como lo han estado haciendo hasta ahora. El “valor añadido” a los modelos ya conocidos del libro y de la información analógica debe ser el camino para poder sacarle el máximo partido al libro, al texto digital. Tiempo al tiempo.

2/06/2011 (12:55)

Del 6 al 8 de junio se celebrará en la Villa Reale de Monza, al norte de Italia, el FOCUS 2001, la plataforma creada por la UNESCO para reunir a un grupo de expertos alrededor de un tema de actualidad. Un lugar de encuentro en que creadores, profesores, estudiosos y responsables de empresas puedan debatir, intercambiar ideas e impresiones y diseñar estrategias conjuntas para el futuro más cercano.

 

La primera vez que se convocó fue en el año 2009, alrededor del tema: “Creativity, Innovation and Excellence: From Crafts to the Design and Fashion Industries”, y este año nos reuniremos hasta 200 expertos alrededor de un tema de candente actualidad: “The Book Tomorrow: the Future of the Written Word”, en que se intentará ofrecer una radiografía actual de diferentes aspectos y temas de este complejo mundo, alrededor de tres ejes: "La economía de E-book", "Derechos de autor en la era digital" y "La biblioteca digital", que constituyen las tres ponencias plenarias, que estarán a cargo del Director de la Universidad de Harvard, Robert Darnton, el escritor y profesor canadiense Milad Doueihi y del escritor chileno Antonio Skarmeta.

 

La sección de “La biblioteca digital” en la que participaré dentro de la mesa de “La biblioteca como servicio público”, cuenta también con los siguientes grupos de trabajo: “Ventajas e inconvenientes de la relación entre el sector público y privado” y “Los riesgos de la digitalización”.

 

Las bibliotecas nacen de la necesidad de conservar los textos, la información y el conocimiento. Y nacen en el momento en que se desarrolla una tecnología que lo permite: la escritura. Desde las bibliotecas asirias hasta las bibliotecas actuales puede hallarse un hilo que a todas une, convirtiendo la famosa Biblioteca de Alejandría en un mito. Bibliotecas de tablillas de arcilla, de rollos en papiro o pergamino, en códices manuscritos, en pergamino y en papel, libros impresos con la invención de la imprenta en el siglo XV… Y a partir del XIX, con el desarrollo de nuevas tecnologías será posible no solo conservar la escritura sino también la voz y la imagen: la fotografía, el fonógrafo, el cinematógrafo, etc., ampliaron los objetos que nuestras bibliotecas públicas tienen la función de conservar, preservar y difundir.

 

La tecnología digital ha venido a crear nuevos modelos de difusión y, al tiempo, plantea nuevos desafíos de conservación y de preservación. Tecnología que, en su apariencia, se basa en la escritura; pero tecnología que en su uso rescata modos propios de la oralidad, como la interactuación del receptor. La tecnología digital permite hablar de una “segunda textualidad”, cuyo desarrollo está todavía por llegar.

 

¿Cómo serán las bibliotecas del futuro? ¿Hasta qué punto el hilo que unía la biblioteca del rey asirio Asurbanipal (siglo VII a. C.) con nuestras bibliotecas actuales se romperá o se mantendrá en las futuras bibliotecas que hagan uso de la tecnología digital? ¿La digitalización de los fondos para así ofrecerlos a nuevos usuarios, que no tienen que trasladarse físicamente a una biblioteca para convertirse en  su usuario, debe ser el único camino de experimentación de las nuevas bibliotecas? ¿Son las bibliotecas digitales, ya sean patrimoniales o generalistas, el futuro de las biblioteca actuales, o tan solo uno de los servicios que pueden ofrecer?

 

¿Cómo las bibliotecas actuales serán capaces de conservar, preservar y difundir el patrimonio escrito exclusivamente de manera digital, y difundido gracias a sitios internacionales o en la “nube”? ¿Qué nuevos modelos de libreros necesita la Biblioteca 2.0? ¿Qué nuevas competencias deberá dominar para poder ofrecer nuevos servicios al usuario? ¿Qué relación establecerán las bibliotecas con los nuevos modelos de investigadores y qué servicios innovadores les podrán ofrecer? ¿Hasta qué punto las bibliotecas del futuro deberán ofrecer servicios a la comunidad, más allá de facilitar el acceso y la difusión de los recursos de información y colaborar en los procesos de creación de conocimiento?

 

Las bibliotecas digitales, ya sean patrimoniales (aquellas que difundan rollos, códices o libros antiguos de gran valor), o generalistas (aquellas de hacen accesible materiales de muy diversa naturaleza con una intención universal), son solo la primera piedra de los enormes desafíos que nos presenta la tecnología digital en el presente. Las bibliotecas, como centro de recursos, puede abrirse a nuevas competencias y funciones. Ahora ha llegado el momento de definirlas, de comenzar a pensar en nuevos modelos de bibliotecas como servicio público.

 

Y sobre todo, ha llegado el momento de dejar de pensar en el libro impreso como el único espacio de difusión de los textos; de la industria editorial, tal y como fue creada a partir del siglo XVI, como el único espacio de mercado y de difusión de la palabra escrita en el siglo XXI, como si la difusión del texto digital (y de sus cauces particulares de difusión) conllevara una ruptura de nuestra cultura occidental, que es mucho más antigua, mucho más compleja, mucho más rica que su simplicación a la conocida como “Galaxia Gutenberg”. En nuestra cultura occidental hemos tenido difusión y creación oral, hemos tenido difusión escrita por medio de manuscritos (en rollos, en códices)… y, lo mejor de todo, es que lo seguimos teniendo al margen de la palabra escrita en letras de molde, en libros impresos.

 

La palabra escrita en la Sociedad de la Información y del Conocimiento va más allá de la palabra impresa. Mucho más allá. El texto digital se abre ahora como una nueva posibilidad, como un medio de rescatar algunos aspectos esenciales de la oralidad (la interacción con el usuario, la conciencia de pertenecer a una comunidad, la improvisación…) sin desatender a algunos propios de la textualidad, como es la capacidad de perdurabilidad más allá del momento de la propia exposición.

 

El texto digital como el camino para explorar en una “segunda textualidad”, una nueva forma de concebir el texto tan revolucionaria como la que se vivió en nuestra cultura a partir del siglo IV a. d.C. cuando el texto oral dejo paso al texto escrito como base del conocimiento.

 

Estas y muchas otras reflexiones se escucharán en los salones de la Villa Reale de Monza dentro de una semana. Ya tendremos ocasión de recogerlas también en estas páginas, en ofrecer crónica de la que se considera la cita más trascendente de los últimos años para poder analizar el futuro de la palabra escrita, ese que a tantos asusta, ese que a tantos nos apasiona.

 

30/05/2011 (23:20)

Desde la megafonía no dejan de escucharse mensajes: Se necesitan tres carpinteros voluntarios, por favor. Gracias. Y al rato: Se necesitan diez voluntarios para mantenimiento. Gracias… En el centro de la plaza, en esta plaza bautizada como “Solución”, se ha improvisado un espacio con el micrófono siempre abierto para que cualquiera pueda expresarse: tan solo hay que levantar la mano, esperar el turno y coger el micrófono. Una mujer de unos cuarenta años cuenta sus problemas en su fábrica e insta a todos a no olvidar que la situación de ahora ya se arrastra desde hace tiempo. Se la nota nerviosa y en ocasiones se le quiebra la voz, pero no quiere abandonar el micrófono y callarse lo que tanto tiempo lleva pensando en silencio. Al final, recibe calurosos abrazos. Hace calor, mucho calor en la Puerta del Sol.

Es sábado. Un sábado de reflexión. Un sábado de sorpresas. Jóvenes con garrafas de agua fresca recorren las filas y los grupos ofreciendo un poco de alivio, e incluso un voluntario, con una amplia sonrisa, ofrece protector solar. Nada se ha dejado a la improvisación. Nada. Varios voluntarios, con escoba en mano, no dejan colilla suelta en el suelo y nunca la Puerta del Sol ha estado tan limpia, tan llena de vida como lo está desde hace una semana, cuando un grupo de personas después de la manifestación del 15 de mayo decidieron no acabar sus protestas con el éxito de convocatoria y el enfrentamiento cruzado del número de asistentes, sino que creyeron necesario pararse un momento y reflexionar, quedarse en la plaza y seguir reflexionando.


El campamento, con sus plásticos azules, que les sirven tanto para protegerse de la lluvia como del sol, se ha convertido en una pequeña ciudad, en una improvisada comunidad en que cada pieza parece haber encontrado su espacio. Nada se ha dejado al azar, a la improvisación, como si estos jóvenes que, al parecer nada sabían del mundo, nos dan a todos lecciones de organización y de civismo.

El espacio para la comida, los productos de limpieza, la comunicación, las diferentes secciones de diálogo, e incluso un espacio para los niños, los más pequeños con un gran cartel: No hacer fotos a los niños. Porque eso es lo que hacemos muchos los que nos acercamos a la Plaza Solución: hacer fotos y más fotos. Fotos a los kiosokos, a los andamios, al “muro de la indignación” al salir del metro, a las farolas, al Oso y el Madroño, a las miles y miles de consignas y de carteles que se han multiplicado y se siguen multiplicando día a día en un espacio público convertido en voz de la sociedad, tapando los grandes anuncios publicitarios que llenan de mercantilismo el corazón de Madrid. Carteles y carteles, consignas y frases contundentes, y gente mirándolos, leyéndolos, comentándolos, haciéndolos suyos o despreciándolos… algunos de ellos, los de carácter político, aquellos que instan a favor o en contra de un partido, llevan debajo una nota: “Este cartel no se adecúa a los postulados de la Asamblea”.

Hace calor, mucho calor, pero no importa. Varios sillones en mitad del campamento, y allí la gente, lee, habla, discute y espera para comer. Reflexiona. Sin micrófonos. Sin cámaras. Sin los nervios del directo o los segundos preciosos de las marcas horarias. En una esquina, un grupo de voluntarios ha comenzado ya a cocinar y un rico aroma de especies llena la plaza como un viento saludable de energía. Como todos los días, el campamento ha comenzado su vida a las siete de la mañana, cuando se apagan las farolas de la Puerta del Sol. Como todos los días, se ha puesto el cartel de “lleno” a la hora de quedarse a dormir y hacer de este espacio un lugar ciudadano, de todos.

Y como todos los días desde hace apenas una semana, la mañana ha comenzado con adecentar el campamento, guardar los sacos, limpiar la calle y un buen desayuno. Admira la organización. Admira la solidaridad. Admira el mismo tono y espíritu que se ha hecho realidad en esta plaza, como en tantas otras plazas de España y del resto del mundo; plaza llena de genetes de todas las edadesy vestimentas. La noche anterior, un grupo ha querido crear momentos de tensión en el minuto de silencio al comenzar al jornada de reflexión. Como una sola voz, abucheos y una consigna: somos pacíficos, somos pacíficos… al final, tuvieron que irse con su pancarta incendiaria y sus ganas de bronca, con la cola entre las piernas, como un perro apaleado por el sentido común y el pacifismo.

Y mientras fotografiamos, y mientras lo miramos todo con los ojos de la sorpresa, de la satisfacción y del orgullo, las dudas se agolpan. A todo el mundo un movimiento así nos ha desbordado. Nos encanta pero nadie se lo esperaba. La generación Ni-Ni, esa generación de Gran Hermano que parecía solo estar buscando la fama rápida y el protagonismo artificial, aquella que parecía no querer saber nada de política se ha convertido en el gran tsunami de la campaña electoral: nadie habla ya de los absurdos e insultantes desprecios de los políticos sino que se comienza a hablar de su propia finalidad y naturaleza, de algunas de sus propuesta y, sobre todo, de los grandes males que aquejan a nuestra democracia. “Me gustas Democracia, pero estás como ausente”.

Los medios de comunicación, con sus blogs y sus teléfonos abiertos, se han visto desbordados por esta participación civil real y espontánea; llenan los andamios y las terrazas de unidades móviles pero no entienden nada. Y ¡qué decir de los políticos, que han pasado de la sorpresa al estupor, sin olvidar unas décimas de miedo y preocupación!

Todos se han preguntado esta semana sobre la incidencia de este movimiento, espontáneo y civil, en las elecciones electorales. Y muchos han constatado que esta incidencia, a tenor de los resultados y de la aplastante victoria del Partido Popular, ha sido mínima… pero operar así, reflexionar así es no haber entendido el movimiento de la Spanish Revolution.

Aquí no hemos de luchar con urgencia contra dictaduras, como en el norte de África. Aquí es necesario luchar contra la dictadura de la economía y de la política (tal y como la han conformado los grandes políticos y los lobbies financieros) con un ritmo más lento… ¿es el momento de hacer propuestas concretas? ¿Es el momento de derogar leyes y de adelantar en el desarrollo de otras, imponiendo una hoja de ruta a unos partidos a los que el movimiento del 15M ya (casi) no les preocupa, entretenidos como están intentando curarse sus heridas electorales o recuperarse de la resaca del éxito? ¿Es el momento de hacer de este movimiento espontáneo y civil una plataforma de reflexión, que permita la libre circulación de ideas y de propuestas más allá de los cauces siniestros y herméticos de los partidos políticos y de los sindicatos?


El campamento de Plaza Solución en el corazón de Madrid es un ejemplo de organización, de solidaridad, una muestra de todo (y mucho) que puede hacerse cuando se unen fuerzas y es la solidaridad el principio que mueve a todos. Si han sido capaces de llegar a este punto, ¿por qué no van  ser capaces también de plantear un programa de continuidad de un proyecto que va más allá de una cita electoral, de un momento concreto y que desea cambiar las bases de nuestra democracia, que necesita transformarse, adaptarse al siglo XXI, si queremos que siga siendo fiel a su nombre? En la asamblea del pasado domingo se han dado de plazo una semana más.

Allí seguirán debatiendo en asambleas abiertas, manteniendo los cauces de comunicación y ofreciendo ideas y propuestas que hablan de una sociedad más participativa, en que políticos y banqueros no aprovechen las urnas para legitimar sus delitos, sus excesos, sus faltas de ideas y de propuestas. Plaza Solución, el movimiento 15M (y ahí nace su fuerza revolucionaria) ha demostrado que otro mundo es posible. Ahora solo falta que muchos (la gran mayoría) nos lo creamos.

18/05/2011 (12:46)

El pasado día 11 de mayo el Parlamento de Uganda acordó no seguir adelante con una ley que lleva desde el 2009 tramitándose en sus despachos y comisiones, una ley contra la homosexualidad que, por su dureza y las penas de muerte para los gays reincidentes, ha sido calificada como la “Ley mata a los gays”.

 

La ley la promueve un diputado del partido del presidente, David Bahati, que gracias a la misma se ha convertido en una estrella política en alza; tanto que en la últimas elecciones fue elegido diputado sin votaciones: nadie se atrevió a presentar una candidatura diferente en su misma circunscripción. La presión internacional, las millones de firmas recogidas en redes sociales gracias a la difusión mundial de Internet y, sobre todo, las declaraciones de algunos dirigentes políticos, como el presidente Obama, han permitido que la ley no se haya debatido antes de que el parlamento se disolviera el pasado viernes, ya que se han convocado para dentro de unos meses nuevas elecciones.

 

Una victoria, sin duda. Pero una victoria con fecha de caducidad, ya que las organizaciones ugandeses de derechos humanos ya han recordado que se trata solo de una moratoria, y que seguramente el nuevo parlamento volverá a las andadas y se rescatará esta ley homófona y criminal.

 

Pero el habernos encontrado a las puertas de la barbarie (por más que se tache de medidas democráticas al ser votadas en un parlamento) ha permitido, una vez más, colocar delante de nuestras vidas cómodas y llenas de derechos y privilegios, el espejo de la realidad de otros países, de otras comunidades y geografías que entienden como grandes logros y conquistas lo que para nosotros son derechos intocables, como si las declaraciones universales fueran en realidad reales en toda la tierra.

 

Vivimos en un mundo de ficción, sin lugar a dudas. Una ficción de serie B, por supuesto. A raíz de la ley criminal y vergonzosa que se ha estado discutiendo durante meses y meses en el parlamento de Uganda, nos hemos enterado que hay hasta 37 países africanos que consideran ilegal la homosexualidad, y, que, por tanto, es perseguida con todos los medios legales de una comunidad que no tiene nada de legal. Legislación que procede de antiguas leyes contra la sodomía de ingleses y franceses.

 

Y lo mismo puede decirse de muchos países asiáticos. Aunque nos olvidemos, aunque no queramos recordarlo, en Irán se siguen ahorcando jóvenes por ser homosexuales, y mujeres por ser lesbianas, o por haber sido infieles a sus maridos… las imágenes de los dos jóvenes, Mahmoud y Ayax, asesinados en el 2005 siguen hiriendo nuestras conciencias, siguen siendo una herida abierta que ni el petróleo ni las alianzas geopolíticas deben hacernos olvidar, obligarnos a mirar a otro lado.

 

Pero la noticia atroz de la posibilidad de que pudiera aprobarse una ley en un parlamento que condena a la muerte a los homosexuales reincidentes o a crueles penas de cárcel a aquellas personas que pudieran inducir a la prácticas homosexuales, ley que se llevaba meses y meses debatiendo, me ha hecho preguntarme sobre la tortura de ser homosexual en Uganda.

 

Tan solo un dato: un periódico del país (desconozco su tirada ni tampoco me importa) se dedicó en el 2010 (hasta que una orden judicial se lo prohibió el pasado mes de noviembre) a sacar listas de homosexuales con un titular: “¡Colgadles, van a por nuestros hijos!”. Un activista por los derechos de los gays en Uganda, David Kato, fue asesinado en enero de este año. Su nombre fue uno de los primeros en publicarse. Listas y aislamientos, persecución tanto policial como social, como familiar.

 

Hace unos años, la televisión canadiense emitió un programa en que ofrecía una radiografía de la vida de los gays en Irán. Entrevistas a algunos dirigentes políticos (“En Irán, la homosexualidad no existe, por tanto, no puede ser una preocupación para nuestras autoridades…”), grabaciones en los pocos bares y plazas y parques en que los homosexuales podían reunirse, y, sobre todo, grabaciones a algunos gays iraníes para que pudieran hacer partícipes de su brutal experiencia personal: violaciones de los propios policías, arrestos, torturas… pero sobre todo me impresionó el testimonio de un joven travesti que, sin querer que le grabaran imágenes, contó cómo su madre, al enterarse de su homosexualidad, le dijo: “Vete a tu cuarto, y muérete allí. No quiero volver a verte”. Y en un pequeño cuarto, en un cuarto minúsculo, más que cualquier celda de cualquier cárcel del mundo, pues es la cárcel familiar, el joven se dejaba consumir, morir… ¿para qué vivir cuando te falta todo, cuando la sociedad, la familia te quita el aire para respirar?

 

Busco imágenes de Uganda en los medios de información digitales. Pero solo encuentro imágenes de activistas ugandeses en ciudades civilizadas, esos que les permiten salir a la calle con pancartas en que pueden leerse “Stop fascism in Uganda”, “Love is the law”. Sin duda, debe ser imposible vivir en un país que te considera un objeto, un enfermo, alguien que ha “caído” en una peligrosa trampa y que necesitas ser reinsertado o aniquilado. Una cara más de un fascismo que en otros tiempos tuvieron a los negros, a los judíos, a los… en el punto de mira.

 

La ley “anti gay” en Uganda ha quedado en suspenso. La vida cotidiana, la atroz vida de renuncias y de prohibiciones, de miedos y de arrestos y muertes sigue en Uganda. Y así seguirá siendo por muchos años, por demasiados años mientras que los políticos corruptos y fascistas sigan en el poder, y mientras el que llamamos pomposamente primer mundo siga poniendo en la balanza de sus intereses el hoy económico al mañana más libre y justo para todos… ¿pero qué lección podemos dar desde Europa si el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi declara que es preferible acostarse con niñas que ser gay?

10/05/2011 (15:04)

Son las cinco de la tarde. Y bien podría ser una crónica taurina, tanto por la hora como el protagonista: Mario Vargas Llosa parece un torero a punto de salir al ruedo de los aplausos, de los reconocimientos. Atrás quedan las horas que, diariamente, dedica a escribir. Atrás los cansancios y los enfados por lo que se ha leído (sin tener que haber leído) que han escrito contra él. Atrás las emociones, las alegrías por las muestras de cariño y de homenaje que ha ido viviendo desde que recibió el Premio Nobel de Literatura el pasado mes de octubre de 2010. Un torero de las letras, un torero que ha dejado todos sus miedos, cansancios y preocupaciones en la habitación y que se muestra en el ruedo de la vida con la mejor de sus sonrisas, con la cortesía generosa.

Llega Mario Vargas Llosa a su casa en el centro de Madrid después de una larga (y emocionante) gira americana que le ha llevado por varios países: desde su Perú a México o Argentina, donde ha tenido, una vez más, que lidiar en ese estúpido territorio en que la política todo lo inunda y envicia. Son las cinco de la tarde de un martes que quiere mostrar su mejor cara, aunque en ocasiones se llena su cielo de tristes nubarrones. Por la mañana, hemos inaugurado la I Semana Complutense de las Letras, que llenará de actuaciones, recitales, espectáculos, talleres, seminarios, conferencias, exposiciones y presentaciones distintas facultades y bibliotecas de la UCM por unos días, con un protagonista indiscutible: el miércoles 4 de mayo, Mario Vargas Llosa inaugura la exposición bibliográfica que se ha montado en la Facultad de Filología y conversará con Juan Cruz y Carlos Granés en el Paraninfo. Pero ya llegaremos…

Ahora son las cinco de la tarde… o más bien, las cinco y cinco minutos y ya estoy instalado en el salón de la casa de Mario Vargas Llosa en Madrid, casa en la que pasa buena parte del año, y que permite ver el cielo, un impresionante cielo primaveral desde su gran ventanal.

Se queda sorprendido y alagado con el programa de la I Semana Complutense de las Letras, con las más de ochenta actividades, con su nombre sobresaliendo desde el magnífico cartel que sirve también de portada. Pero el momento más emocionante llega cuando le enseño el ejemplar de su tesis doctoral, sobre las estructuras narrativas en la obra de Gabriel García Márquez, que defendió en la Facultad de Letras de la entonces Universidad Central en 1971, obteniendo así su grado de Doctor en Filología Románica. El ejemplar que le enseño ha sido encuadernado y restaurado por el Laboratorio de Conservación y Restauración de la UCM con una cuidadosa obra artística, que no deja de alabar… y al abrir la tesis, esta voluminosa tesis que él había pasado a máquina como recuerda una y otra vez, no puede dejar de evocar aquellos años, los años en que comenzó a estudiar en la UCM, en un ya lejano año de 1958… y sonríe.

Y sonríe por todo lo que ha pasado y por la capacidad que tienen los objetos para atrapar el pasado, para volver a convertirlo en presente.

La cita, al día siguiente, vuelve a ser a las cinco. Sin pretenderlo, hemos conseguido seguir a rajatabla el horario taurino. El coche del rectorado nos espera y lo primero que me pide Ramón, el chófer es si puedo ayudarle a que Mario Vargas Llosa le firme un ejemplar de sus libros. Salen Mario y su hermosa mujer Patricia de casa en una tarde calurosa. Nos montamos en el coche y, justo en ese momento, un grupo de cuatro mujeres que habían salido de ver la exposición ‘Heroínas’ se dan cuenta de que es el Premio Nobel con quien se han cruzado. Lo comentan entre ellas entre gritos y asombros, y salimos de la casa de Mario con un eco de sonrisas y de aplausos a nuestras espaldas. Mario Vargas Llosa sonríe también y dice: me tengo que acostumbrar, antes del Nobel estas cosas no me pasaban.

Hablamos en el coche de sus años en la Universidad, de su emoción por volver a pisar la facultad donde estudió, a la que no había vuelto en cuarenta años… o más. Y llegamos a la puerta, donde están esperando el rector de la UCM y el decano de la facultad… y nada más bajar, Mario Vargas Llosa exclama sorprendido: ¡Pero si nada ha cambiado! Pero sí, algo (y mucho) ha cambiado desde sus años de estudiante cuando “Madrid era una aldea".

Y Mario Vargas Llosa, de nuevo, entre aplausos, entra en la que fue su facultad y se encuentra en el techo del hall una intervención artística de alumnos de Bellas Artes, en que pueden leerse sus primeras palabras del discurso de aceptación del Nobel (“aprender a leer es lo mejor que me ha pasado en la vida"), y una magnífica vidriera, que rescata la original, que fue destruida durante la Guerra Civil y que él no pudo ver en sus años de estudiante. Realmente se encuentra fascinado, emocionado y curioso al ver su expediente académico, sus “sobresalientes" y las tasas que tuvo que pagar para poder cursar sus estudios.

Emocionado y atento con todos… no se niega Vargas Llosa a firmar un ejemplar de sus libros, o el certificado de “padrino literario" que le pone delante un orgulloso padre cuya hija acaba de nacer, o las peticiones de los alumnos que han hecho la intervención en el hall para hacerse una foto juntos. Y con sus setenta y cinco años y los meses en que, como él dice, hay una “conspiración para convertirle en estatua", no deja de admirar su cordialidad, sus despliegues de sonrisas, sus adjetivos generosos y esa mirada que todo lo quiere aprehender y conocer, que quisiera ser máquina fotográfica o cámara para poder quedarse con todos los detalles. Y observo cómo observa la realidad que le hemos puesto ante sus ojos, una realidad de biblioteca llena de estudiantes preparando los exámenes y sus trabajos, una realidad en que sus palabras del discurso del Nobel adquieren todo sus protagonismo en paneles en que la vida de Mario Vargas Llosa se resume en doce instantáneas, comenzando con un niño de cinco años abrazado a su madre.

La tarde, la larga tarde complutense de Mario Vargas Llosa, termina en el Paraninfo de la Universidad con una conversación con los escritores Juan Cruz y Carlos Granés. Una conversación que nos sabe a todos a muy poco porque podríamos estar escuchando a Vargas Llosa durante horas.

Horas en las que habla de su obsesión por el fanatismo, que intenta explicar y explicarse en sus novelas, de cómo hay algunos temas, siempre relacionados con la realidad, que le obsesionan y terminan por aparecer en sus textos, cómo siempre necesita ir a los lugares donde se desarrollarán sus obras para así poder imaginarlas e inventarlas de mejor manera, o de cómo no deja de trabajar y siempre tiene proyectos en el cajón, esperando un tiempo propicio para la escritura… una idea le ronda ahora la cabeza, una idea antigua que quizás sea antes una obra de teatro que una novela: el inicio del ‘Decamerón’ de Boccaccio, la posibilidad que tiene la literatura para permitir al hombre sobrevivir.

A los jóvenes florentinos del ‘Decamerón’ de la peste que asola la ciudad. Al hombre contemporáneo, de nuestra realidad, de esta realidad que hemos construido (y seguimos construyendo) nosotros mismos como una nueva plaga, una nueva peste.

Aplausos y más aplausos. Sonrisas y un paraninfo abarrotado en pie para agradecer las palabras, la conversación de Mario Vargas Llosa en la Universidad Complutense de Madrid. Uno de los momentos mágicos que seguiremos recordando en los próximos años, y que permiten hacer de la Universidad un lugar propicio para las letras, para la literatura.

6/05/2011 (16:21)

En octubre de 2008 comenzó su andadura el ciclo Poesía en el corral, que mes a mes, que miércoles a miércoles, se ha ido consolidando como una de las apuestas más originales dentro de la oferta cultural complutense. La idea por sencilla resulta genial y muestra, como en tantos ámbitos de nuestro quehacer, cómo la unión hace la fuerza. Esta es la receta del cóctel de Poesía en el corral, conocido por muchos, pero para algunos (y sobre todo para alguna) es bueno recordarlo: el cóctel tiene como base el entusiasmo y los conocimientos de una de las personas más involucradas con la cultura en Alcalá, amante de la poesía y excelente sonetista él mismo: Francisco Peña, que por aquellos meses de 2008 había publicado junto a Manuel Vegas, con prólogo de Luis Alberto de Cuenca, el libro Los sonetos del Quijote, y pensaba presentarlo en el Corral de Comedias de Alcalá.

Como ingredientes fundamentales del cóctel inicial hay que citar a los responsables del Corral de Comedias (Carlos Jiménez en su primer momento y Carlos Aladros en la actualidad), su toque de locura y de valentía al apoyar un ciclo como el que se les presentó, en que poesía y teatro, voz e imagen se daban la mano en espectáculos únicos cada miércoles, que solo han podido llevarse a cabo gracias a la entrega de todo el personal del Corral: sin duda, el escenario del Corral es un espacio de lujo… pero hubiera sido un espacio de lujo frío, distante y lejano de no haber contado también con el alma y la profesionalidad de todos sus trabajadores.

Y en el cóctel inicial, en los primeros ingredientes de base, para poder saborear de una explosión de matices y de colores, Francisco Peña convocó a algunas personas e instituciones que creía que le podíamos ayudar en este nuevo sueño, en este proyecto en que la ilusión se peleaba día a día con la incertidumbre: Chema Ribagorda, de la editorial Amargord, Ernesto Filardi, que se convertiría en el director artístico del ciclo, yo mismo, que terminé siendo co-director del ciclo gracias a la generosidad de Paco Peña, al que se añadió, como parecía lógico, la Escuela de Escritura de la Universidad de Alcalá, que sigue llorando (como tantos otros lo hacemos) que Francisco Moreno tuviera que dejar su dirección para irse a trabajar al Instituto Cervantes.

¡Cuánto ha perdido la Universidad de Alcalá con el cambio! Estos primeros ingredientes del cóctel, bien mezclados, le han dado al proyecto entusiasmo, fuerza, ilusión y generosidad, pero hacía falta algo más: un poco de dinero, algo que fijara el proyecto al suelo del escenario, a los directores y actores que debían participar en cada espectáculo, a los poetas que habían de acudir a nuestro llamamiento… y este dinero vino de la mano de dos instituciones que se volcaron en su momento en el mismo, como no podía ser de otro modo: la Dirección General del Libro, Bibliotecas y Archivos del Ministerio de Cultura, dentro de su programa de Apoyo a la Lectura, y la Fundación General de la Universidad, que, por aquel entonces, llevaba con mano diestra y sabia Arsenio Lope Huerta.

Esta ha sido y sigue siendo la base del cóctel que un día, hace ya casi tres años, soñó Francisco Peña, el promotor del mismo. Un cóctel en que algunos de sus ingredientes se han ido por propia voluntad (seguramente cuando vieron que no era lugar propicio para sus tejemanejes y mafias personales), y se han ido añadiendo otros, muchos más generosos y eficaces. Todos hemos salido ganando en el cambio, y sobre todo, la poesía ha sido la gran beneficiada.

Una base del cóctel que, cada primer miércoles al mes, nos convoca para llenarlo de nuevos matices con un director de escena que diseña y desarrolla un espectáculo a partir de los versos de dos poetas, que se dejan llevar al escenario, que prestan, además de su voz, su cuerpo para formar parte de algo más que un recital, de algo nuevo que ha hecho de cada espectáculo poético del Corral algo único.

En estos tres años, las anécdotas se han multiplicado, pero hay un denominador común en tantos y tantos poetas que han pasado por sus tablas: su desconcierto inicial, su miedo y nervios antes de comenzar la sesión y su alegría, su satisfacción después de haber vivido una noche poética, una noche mágica en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares. Y ayer miércoles, último miércoles del tercer ciclo de Poesía en el Corral hemos convocado a dos poetas de poemas cortos, versos alambicados y de pensamiento atronador, de imágenes nucleares: Rosana Acquaroni y César Antonio Molina.

Rosana Acquaroni, bajo esa apariencia de mujer tranquila, esconde un volcán, un volcán de ideas, de proyectos, de iniciativas… y de poesía, y de pintura, y de grabados... Para mí, Rosana Acquaroni es la persona que me guió (sin ella saberlo) en mis primeros trabajos del uso de la literatura en las clases de Español Lengua Extranjera… la poesía, la literatura como un medio para enseñar lengua y no solo cultura.

Y luego, con los años, me he reecontrado con ella en la Universidad Complutense de Madrid. Y allí hemos reanudado un diálogo que nunca habíamos tenido en persona pero sí con nuestros escritos, antes de conocernos. Un diálogo con la poesía de Rosana que nunca te deja indiferente: No alumbro. / No me muevo. / Habito / en el vacío. / Veo  /sombras / materias / sobre un cielo de arena que desgarra ventanas. / PROHIBIDO FIJAR CARTELES EN LA TARDE. Y a la espera de leer sus nuevos versos, que publica en este mes de mayo, seguimos disfrutando con sus Cartografías sin mundo, por ejemplo, en que el mar es otro mar siendo siempre el mismo: “El mar contiene el mundo. / No nos deja olvidar / pues cada ola / es un recordatorio / bramando / nuestra muerte / hacia la orilla".

César Antonio Molina es recordado por su faceta de gestor cultural, al que ha dedicado buena parte de su vida, y que le ha llevado a ocupar importantes puestos, desde director del Círculo de Bellas Artes o del Instituto Cervantes, a Ministro de Cultura. Ayer se empeñó en intentar observar y hacernos comprender los nuevos modelos de lectura que se abren en la nueva sociedad de la información y del conocimiento. Hombre de distancias cortas, hombre de conversaciones antes que de discursos, César Antonio Molina es como el río que intenta albergar en sus versos… es un río que, en ocasiones puede ser tranquilo y sosegado, y en otras torrencial. Un río que, en todo caso, da la vida porque es el camino del conocimiento, el que le permite al poeta conocerse y conocer al mundo, y nos permite a nosotros lectores conocernos gracias a sus versos.

El mundo que es presente, que puede ser futuro, pero que nunca deja de ser pasado: En los castros de Xermade. / En las mámoas de Portorroibo. / En los cromlechs de Mourela./ En las mámoas repletas de torques, / el escondido collar de dedos de Angulimala, / arrancados a sus víctimas. / Arrepentido se dejó castigar, / pero no había tantas extremidades en su cuerpo. / El hombre es aquel que sobrevive al hombre". Río que fluye en español. Río que fluye en gallego: “O meu Corpo è o Eume. / A miña mente o seu expelo brillante. / Hora tras horas limpámolo / non vaia ser que / as follas dacudas / o embacen. // Non hai Corpo. / Nin Eume. / Nin expelo. / Se todo é vacío, / onde pousarán as follas?

Un miércoles de poesía más en el Corral de Comedias de Alcalá. Un nuevo miércoles dentro del Ciclo Poesía en el Corral, que ya pone fin a su tercer año. ¡Quién se lo iba a decir a Francisco Peña cuando lo pensó, lo soñó y lo convirtió en realidad hace ya tres años! ¡Y cómo pasa el tiempo! Dentro de nada nos vemos celebrando los 10 años… y si no, tiempo al tiempo.

29/04/2011 (20:17)

Hay una escena mítica en la también mítica película “Blade Runner”. Al final de la misma, Roy Batty, el jefe de los replicantes que ha conseguido llegar a la Tierra, salva la vida al Blade Runner Rick Deckard, y mientras sabe que son sus últimos segundos de vida, va enumerando todo aquello que ha vivido, que ha visto en su corta pero esplendorosa vida, todo aquello que ningún humano ha sido capaz de vivir y, mucho menos, de recordar: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser…”. Recuerdos, imágenes, vivencias que ahora se perderán, sin dejar huella, como “lágrimas en la lluvia”. ¡Es hora de morir! Y así lo hará, como una máquina que agota su tiempo. Una paloma blanca vuelva entonces por el cielo lluvioso de la ciudad.

Un título y la idea de los replicantes son los dos lazos, ligeros y, al tiempo, necesarios lazos que unen esta mítica película –pionera y superviviente de las de ciencia ficción, que fue estrenada en 1982- con la última novela de Rosa Montero: “Lágrimas en la lluvia”. Una novela ambientada en los Estados Unidos de la Tierra, en un Madrid del 2109, que resulta sorprendentemente cercano y verosímil a pesar de que Rosa Montero haya dejado volar su imaginación para ofrecernos un mundo en que los alienígenas tienen también su protagonismo y en que los adelantos tecnológicos dejan nuestros inventos actuales en un juego infantil, casi de guardería.

En las numerosas entrevistas que le han hecho a Rosa Montero en estas semanas de promoción de su libro, siempre hay una contestación que se repite: “Lágrimas en la lluvia” es una de mis novelas más personales. Y comencé a leerla creyendo que esta respuesta era más una pieza de marketing ante el cambio de 180 grados en su novelística que una descripción certera y personal de la misma, pero me equivoqué. Ahora lo sé. En la novela, en ese mundo tan lejano como real, en ese mundo en que los deseos de venganza y de poder mueven los hilos secretos de los personajes, en que la angustia ante la muerte (inevitable) y el deseo de compañía, de amor, de huir de los recuerdos con el mismo ansia de intentar no olvidarlos, en este nuevo mundo que Rosa Montero se ha creado, ella se encuentra en casa, y en casa nos hace estar a cada uno de sus lectores.


“Lágrimas en la lluvia” nació como un juego. Un juego y un regalo. Un juego, un regalo y un deseo. El juego de unir dos de las grandes pasiones de la Rosa Montero lectora: la ciencia ficción y la novela negra. El regalo de inventarse un mundo propio, un universo en que vivir a partir de los sesenta años (como tantos otros se compran un piso en Torrevieja y con él la posibilidad de inventarse una nueva vida ajena a los ajetreos del hoy y del trabajo cotidiano).

Y un deseo: reinventarse. Un deseo que se convirtió en una obsesión, en una necesidad a medida que se fue escribiendo, que se fueron desarrollando sus tramas. Y, sobre todo, la novela destaca por el personaje protagonista: Bruna Husky. Una tecnohumana especial. Muy especial. Un tecnohumana que se sabe especial desde que tiene uso de razón (más allá de su propia edad física) y que ha sufrido una gran pérdida hace dos años: ese Merlín cuyo recuerdo es doloroso y necesario; ese Merlín que un día se fue, como a ella le sucederá, ya que los replicantes en la novela de Rosa Montero viven tan solo diez años, pero su final no es tan plácido, no es tan cinematográfico como el de Roy Batty en “Blade Runner”, sino todo lo contrario: a los diez años comienzan a sentir los efectos de una terrible enfermedad, terrible e inevitable, que les va consumiendo por dentro, multiplicando su dolor, ante el fin inevitable.


“Lágrimas en la lluvia” es una novela negra de ciencia ficción. Y lo es porque está situada en un Madrid de 2109 (al que no le faltan ni las zanjas ni las obras en el imaginario de los lectores) y porque Bruna Husky debe resolver una serie de crímenes, que habla de una conspiración y que la tiene a ella como presunta culpable. En la novela se han mezclado, en un cóctel de sabores reconocidos, todos los tópicos del género: un mundo futurista con una lógica aplastante, un culpable evidente que va modificándose a medida que fluyen los capítulos, un policía bueno con cara de perro y cuerpo de gigante, un personaje de sombras y de sospechas, como lo será el memorista, varios amigos de la replicante que aparecen en los momentos más oportunos… y una serie de asesinatos sin conexión que terminan revelando un plan, una mente criminal.

Todos los tópicos que dan cuerpo y escenario a la verdadera novela, a la verdadera historia que se cuenta en “Lágrimas en la lluvia”; la anécdota, las descripciones, los personajes y los misterios como el plató para ver ante nuestros ojos un verdadero prodigio de sensaciones y de sentimientos. Esa cuenta hacia atrás de los días que le quedan a la replicante para llegar a sus diez años de vida; la negativa a aceptar los recuerdos de su infancia, recuerdos implantados, pero recuerdos tan vivos o tan falsos como los de cualquier humano, los del propio memorista, sin irnos más lejos… y junto a la muerte, junto a esa necesidad de aferrarse a una vida que se sabe que nunca puede ser presente, la luz de los lazos de la amistad, de la generosidad, de ese dejarse llevar por el corazón. Temas recurrentes en la compleja novelística de Rosa Montero.

Temas que, en esta novela, rescata un tema tan actual como lo es la visión del “otro”, ese otro que se necesita (como son los replicantes), ese otro que se protege con leyes, ese otro que se convierte en habitual en nuestras aceras y en nuestros trabajos… pero ese otro que es la diana de nuestro odio, de nuestra desesperación, de nuestros miedos cuando algo sale mal, cuando nos sentimos atrapados. ¡Y con qué maestría un tema de hoy en día, como es el papel de la prensa y de los partidos políticos, el uso partidista y torticero que hacen de estos temas aparece retratado en la novela!


“Lágrimas en la lluvia” ofrece muchas más lecturas que la trama policial en un escenario de ciencia ficción nos presenta. Lecturas que nos hablan de los grandes temas que nos obsesionan; los temas clásicos de la muerte y de los recuerdos; y los temas más actuales de la marginación a quien es diferente y a los modelos sociales y políticos que estamos construyendo, en una sociedad en que ni la política ni la prensa han conservado ni un ápice de ética. Una novela en la que todo tiene sentido: como la imagen de la portada, con esa osa, magnífica osa que se zambulle en el mar, en una mar en que también las lágrimas, como los recuerdos, pueden perderse.

23/04/2011 (19:05)

Desde niños, desde que podemos tener algo de memoria, nos van bombardeando de mensaje de futuro: un futuro de trabajo, un futuro de responsabilidad, un futuro de retos y desafíos, que no siempre conseguimos ver cumplidos. Un futuro que en la publicidad se llena de sueños imposibles que, campaña tras campaña, van surgiendo como algo nuevo, algo necesario, algo inevitable. En la casa, en el colegio, en los medios de comunicación, en los libros, en las películas… continuamente nos bombardean con mensajes que nos enseñan a ser mayores.

El aprendizaje del trabajo se ha convertido en parte de nuestra sociedad y no imaginamos otro escenario. Incluso las fronteras son vistas como algo digno de atención, de un programa: desde los ni-ni a Belén Esteban, dos extremos de una misma cadena de vivir-sin-hacer-nada; de los jóvenes que han tirado la toalla a la joven que descubrió en su momento que tenía que ser algo más que la mujer de un torero (o en palabras de Ángel Martín, “la que un día se zumbó a un torero”) si quería seguir viviendo sin hacer nada. Pero, ¿quién nos enseña a vivir cuando dejamos de trabajar, cuando esa profesión que nos ha dado la vida (o que nos la ha hecho llevadera y en ocasiones posible) se acaba? ¿Cómo compaginar esta nueva vida del ocio, del tiempo libre con la dificultad económica de haber quedado fuera del mercado laboral, cuando llega el momento (inevitable, aunque se retrase) de la jubilación?

El horizonte de dejar el trabajo, la rutina, los madrugones y el cansancio acumulado de los años y la pereza de nuevas adaptaciones a un mundo que no deja de estar en continuo movimiento, resulta atractivo… pero nunca lo es cuando llega, cuando, por fin, llega. Se hace necesario un tiempo de transición, un tiempo de cambiar las rutinas que se han convertido a lo largo de los años en nuestra segunda piel por nuevas rutinas, nuevos modos de pasar y compartir el tiempo, de llenarlo. Hace años tuve la oportunidad de dar una conferencia para las dos asociaciones de mujeres hispanistas en Buenos Aires. Lo recuerdo como si fuera ayer, aunque ya ha pasado un tiempo.

La conferencia fue en el Centro Cultural que la Embajada de España tiene en la calle Paraná. La media de edad de las mujeres hispanistas rondaría los sesenta años. Después de la conferencia me invitaron a cenar. Allí estaba todas (y algunos pocos hispanistas masculinos) con sus mejores galas y sus más estudiadas sonrisas. Con el tiempo me enteré que este acto había sido de los pocos que habían realizado conjuntamente, pues eran dos asociaciones tan hermanas como distanciadas. En la mesa, me sentaron entre las dos presidentas, y una de ellas se pasó toda la cena diciéndome, por lo bajo y casi murmurando: “no hagas caso a la otra presidenta, que ya es muy vieja y no sabe lo que dice”.

Como se pueden imaginar, si una tenía setenta años, la otra ya hacía tiempo que había apagado este mismo número de velas en su tarta de cumpleaños. Pero la cena, que amenazaba tormenta, se alegró con la presencia de una de las socias más ancianas (por aquel entonces podría tener ya los cien años), que destacaba por encima del resto por su vitalidad y por su memoria. Arqueóloga o amante de la arqueología, era capaz de recordar datos sorprendentes de principios del siglo XX, que ensartaba con anécdotas y comentarios.

Pero desde hacía unas semanas le agobiaba la presencia permanente de una vecina suya que se había quedado viuda, y que ahora no sabía hacer nada sola, que ahora se sentía deprimida porque había perdido el ritmo de su vida, esa vida que se había ido modelando al ritmo compartido de los días, de los meses, de los años. “Y como yo le digo”, nos explicaba a todos en la mesa. “Lo importante en la vejez es mantener intacta alguna manía. Yo, por ejemplo, tengo la manía de asistir a conferencias. Todas las mañanas miro el periódico y me organizo el día”. Manías y pasiones. Manías que permiten recuperar una rutina que el trabajo nos obliga y que luego, en la jubilación, se echa de menos.

           
En el Matadero de Madrid se está representando la obra “La averia”, con dirección de Blanca Portillo. Una obra en que jóvenes actores representan, de manera magistral, a un grupo de ancianos que han encontrado en una nueva rutina una razón de vivir: reunirse cada cierto tiempo para celebrar un juicio, recuperando así sus profesiones, sus inquietudes, su experiencia y su conocimiento. Un juez, un fiscal, un abogado defensor… y un verdugo, acompañados de una magnífica cocinera que llena sus juegos de delicias culinarias. Un juego inofensivo en que daban cuenta de los grandes acontecimientos de la historia, un juego que les había devuelto la fuerza a la sangre y la esperanza en las miradas.

Pero en una de esas reuniones se va a producir una avería: o mejor dicho, la avería de un coche hará que esa reunión sea diferente, ya que en el juego entrará un nuevo jugador, el que faltaba para que todo juicio tenga sentido: el detenido, el reo. Una obra que trata de los valores universales de la justicia, de cómo todos podemos tener un juicio pendiente (lo sepamos o no) y cómo todos podemos aceptar el veredicto que nos hayan dado, por más que sea tan solo un juego, un juego.

           
La vida está llena de etapas. La vida está llena de sorpresas. La vida está siempre a un palmo de que, por una avería, se trastoquen nuestros planes, ese ritmo en que se ha convertido nuestra vida a toque del ritmo del trabajo… la vida es frágil. Y nunca sabremos en qué punto de su cuerda está el punto débil por donde se pueda romper. Por eso es necesario vivirla completa y plena, mientras estemos trabajando, cuando llegue el momento de la jubilación.

5/04/2011 (18:28)

La poesía llama de nuevo a nuestras puertas, a las puertas primaverales de un miércoles en el Corral de Comedias de Alcalá. Hilos de poesía que inundan las calles de nuestra ciudad, de esta ciudad que se prepara para recibir un Premio Cervantes con la banda sonora de las procesiones y de los lejanos tambores electores.

Hilos de poesía en un abril que se queda en blanco, que celebra la noche de los teatros, que convierte la literatura en una antorcha y, en ocasiones, en una máscara. Literatura que se queda ahogada en programadores que no la entienden, que no la mimen, que no la aman. Todo lo contrario de lo que sucede cada miércoles al mes en el templo poético que es el Corral de Comedias de Alcalá, este espacio único en que literatura y espectáculo se dan la mano, en que, de nuevo, no dejaremos de sorprendernos por la pericia y la sabiduría de Juana Escabias, y con los versos de Mónica López Bordón y de Jenaro Talens.


Jenaro Talens esconde su edad en las arrugas de sus versos. Escritor sin edad. Escritor con el tiempo a cuestas. Escritor que no ha dejado de regalarnos versos y libros estupendos. Jenaro Talens se deja llevar por la realidad para intentar el imposible de hacerla accesible: nos la presenta en la bandeja de sus versos, incluso en sus prosas poéticas o en sus versos en prosa, con la brisa nueva de lo cotidiano. Y todo es nuevo, y todo es tradición, todo es uno y todo es diferente: “Un nuevo día empieza y, casi no se reconocen, hace frío y nadie supo jamás de su calor, de su delirio, el aire externo donde se disuelven los caballos que piafan en la noche, el deseo lúcido, la lucha tan laboriosa luego, cuando deshacían el amor…”.

Radiografía de un desencuentro, radiografía que desentraña ese momento en que parece que todos los abismos se abren ante la mirada lúcida de la mañana, de esa mañana que anuncia un nuevo día… en que terminamos haciendo lo de siempre: “no es el afán sino un silencio triste lo que les mira despertar e incómodos se abrazan en la desnudez de la vigilia, se acarician, hablan. El placer aún mantiene cierta especie de luz”.

Poeta sin tiempo porque parece (y solo lo parece) que ha vivido todos los tiempos, Jenaro Talens es capaz de mirar el futuro con los ojos del pasado, de añorar lo que no se ha vivido como quien desea el licor que se recuerda lejano y todavía no se ha bebido. Tiempos que se trastocan, tiempos que se añoran, tiempos que se buscan y se desean, tiempos que se sabe que ya nunca se van a vivir… ya sea porque son demasiado pasado o porque, al contrario, están más allá del futuro.

Jenaro Talens es un poeta que mira, y seguirá mirando el cielo: “Sobre este cauce seco hubo una vez un río. La memoria del agua no ha dejado sus huellas, solo un rumor cansado de su nombre donde la sed vacila sin contemplaciones antes que el estupor se apague para siempre. Apoyado en el puente, observo el ir y venir de los caminantes como nubes de paso. Hay un jardín fingido en las orillas de lo que fue un fluir de la corriente. Un tropel de fantasmas transita entre sus muros con dificultad. El cielo gris me dice que no importa. Mientras, la muerte ronda con sus sueños intactos”.


Mónica López Bordón es un volcán. Sus versos son una celebración de la vida, de una vida vivida en plenitud, dejando en el pasado lo que es el pasado: “Celebro la brevedad del silencio / sin volver la vista atrás. / Anónimo y oculto letargo / que me aprisiona / en el sobresalto de la noche”… Y este silencio se ha perdido en la oscuridad porque se prefiere vivir en la luz, en las palabras, en las voces, en los versos: “Habito las luces de la voz. / Busco tímidamente / las voces que todo lo puedan decir. / Imposible el vacío. // Celebro esta luz eterna, / bella flor, alcanzada para siempre/ en su propia batalla”. Mónica López Bordón sigue las sendas trazadas por el Grupo Cero, en que lo poético se mezcla con la psicología, en que la poesía es un camino que se traza a golpe de versos para intentar conocerse un poco más, un poco mejor.

Un camino que en el caso de Mónica se deja seducir por el amor y por el deseo, dos de los temas recurrentes en sus versos, como los de tantos poemas de los talleres del grupo: “Sorpréndeme las manos con titánicas embestidas / vísteme los labios desbordados de pasión furtiva / muéstrame, en los bordes de la piel, el cuerpo ligero y el rostro cálido, / tiernamente, con tu distraída voz, inagotable y vividora. / Quietamente dime la verdad con dos palabras / sencillas, hermosas, vencidas en las melodía prometida, / tejida en las impenetrables manos del poeta”…. Por eso no extrañe que el poema acabe con estos versos: “Te observo desde el umbral, arden tus labios y los ojos de mujer. / Ven a buscarme…”.


Y la poesía ha venido, como cada mes, a buscarnos en el Corral de Comedias. Un nuevo miércoles de “Poesía en el Corral”, en que nos trae dos voces tan diferentes en sus tonos, en sus deseos como iguales en su pasión y en su hondura. Versos entrelazados en la magia del espectáculo teatral. Que se alce el telón, que estamos deseando todos ver volar los versos por el cielo primaveral de Alcalá, este cielo inundado de cigüeñas.

30/03/2011 (15:06)

El pasado 10 de marzo, al finalizar unas jornadas sobre feminismo, un grupo de setenta estudiantes entraron en la capilla situada en la Facultad de Psicología, abierta porque en ese momento había dos personas rezando, para protestar contra el machismo y la homofobia de la Iglesia Católica, al tiempo que ponían de manifiesto el anacronismo y la falta de sentido de que en una institución como la Universidad la jerarquía eclesiástica católica ocupe espacios públicos.

Los estudiantes llevaban pancartas de protestas, en que sobresalía la sonrisa del actual Papa en alguna de sus múltiples actos de propaganda al que nos tiene acostumbrados, y, durante la protesta pacífica, varios de las estudiantes se desnudaron de cintura para arriba convirtiendo sus propios cuerpos en espacio para escribir protestas y consignas contra la Iglesia. La protesta sorprendió al sacristán y a las dos personas que estaban rezando en la capilla. Pero, como declararon en los días posteriores, más allá de la sorpresa inicial, más allá del disgusto, todo se desarrolló sin agresiones físicas.

Pero a partir de este momento, se ha desencadenado una tormenta mediática, de la que no es ajena la circunstancia de que la Universidad Complutense de Madrid está inmersa en estos momentos en un proceso electoral para elegir al nuevo rector. Nada es casualidad. Y mucho menos cuando uno de los candidatos ha sido apoyado públicamente por el aparato político y mediático de Esperanza Aguirre.

No se olvide lo que siempre se comentó, que de una caja B de la Universidad Complutense, hace ya más de ocho años, se pagaron los gastos de hotel, seguridad y transporte del Tamayazo, del gran escándalo político de nuestra comunidad que llevó a Esperanza Aguirre a ocupar el puesto de presidenta de la Comunidad por la deserción de dos diputados del PSOE… demasiados hilos tejidos en las costuras de las cloacas de la política madrileña.


Me imagino que los estudiantes –a los que desde las aulas estamos siempre animando a ser reivindicativos, a que quieran cambiar el mundo, a que potencien su espíritu vanguardista, a que no se dejen aplastar por los lugares comunes ni por los falsos principios de autoridad- pensaron en la repercusión de su acto, pero no creo que nunca hasta donde se ha llegado: al linchamiento mediático, al insulto sin reparos y al ataque a la autonomía universitaria, tan del gusto de los dirigentes de la Comunidad de Madrid, que han encontrado en el actual rector de la UCM, en Carlos Berzosa, uno de sus piezas a cobrarse en la carrera frenética hacia ningún lado que han emprendido en los últimos años.

Me imagino que los setenta estudiantes, al organizar su protesta –no se olvide pacífica e imaginativa-, pensaron en el cabreo de la Conferencia Episcopal Española, pensaron en las quejas al rectorado del obispo de Madrid, de los ataques y desplantes en medios y en algunas instituciones, pero nunca que el sindicato de extrema derecha “Manos limpias” (un nombre que es ya en sí mismo una ofensa por lo que tiene de insulto a todos los demócratas) presentara contra ellos una querella criminal, que cuatro de los estudiantes participantes fueran detenidos en sus casas enfrentándose a un juicio y penas que pueden ascender a los seis años de cárcel y, mucho menos, el arrogante, superficial, fascista e impune ataque que han sufrido en las últimas semanas, y que hablan de profanación, de insulto a la libertad de culto, criminalizado e insultando a las personas participantes.

Y mucho más. Este ambiente llevó a un grupo de ultraderechistas a entrar en la Facultad de Geografía e Historia para quitar los carteles allí colgados en apoyo a los estudiantes procesados y a agredir a todo aquel que encontraban a su paso y les recriminaba los modos propios de la dictadura. Y mucho más. En la capilla de la Facultad de Psicología, en el Campus de Somosaguas, se realizó una misa en “desagravio”; se cerró el parking público de la facultad para que los autobuses fletados por el Obispado pudieran aparcar con tranquilidad y todo aquel estudiante que pasaba por allí, con ropas o peinados que no suelen verse en la Iglesia de los Jerónimos (donde algunos van a jurar la bandera preconstitucional los veinte de noviembre), fueron increpados e, incluso, agredidos… “en defensa de la libertad de culto”.

El pasado viernes 25 de marzo se celebró en la Universidad Complutense de Madrid un acto en apoyo de los estudiantes que han sido procesados por expresar sus opiniones de manera pacífica en una capilla situada en la Universidad de la que forman parte como alumnos; acto al que acudimos más de 200 personas.

Decenas de personalidades tomaron la palabra para expresar su apoyo: profesores, alumnos, asociaciones, políticos, actores… apoyo a la libertad de expresión (por más que no guste a los poderosos, y está visto que la Iglesia sigue siendo el gran poder de nuestro siglo XXI, a pesar de los pesares, a pesar de encontrarse cada vez con menos fieles); apoyo para hacer de las Universidades espacios laicos, donde se venga a enseñar y a aprender, a aprender también en valores universales que nada tienen que ver con ningún credo ni religión (las distintas confesiones religiosas tienen ya sus espacios específicos, donde los universitarios no demandamos espacios propios para defender nuestras ideas y, mucho menos, nuestros conocimientos y reflexiones); apoyo a la denuncia de una prensa que se está acostumbrando a confundir información con opinión, a tergiversar la realidad según sus necesidades e idearios, una prensa que ha demostrado en este campo (como también la mayoría de los políticos) de no estar a la altura del país en que vivimos… pero, sobre todo, las más de doscientas personas que nos reunimos el pasado 25 de marzo en la Universidad Complutense (que cuenta con ocho capillas en sus diferentes campus) lo que queríamos era agradecer a ese grupo de valientes estudiantes que el pasado día 10 de marzo protestaron pacíficamente en la capilla en la Facultad de Psicología de la UCM, es que hayan puesto el dedo en la llaga en una de las asignaturas pendientes (y más que suspensa) de nuestra democracia adolescente: la necesidad de completar la transición religiosa… no es posible que un concordato de 1979 (¿Aquellos tiempos pueden llamarse constitucionales aunque el año anterior se hubiera aprobado por referéndum la Carta Magna?) sigue siendo el marco legal que rija en el siglo XXI las relaciones de un estado democrático (¿es así realmente a la vista de lo que dice impunemente la caterva mediática?) como lo es España con una confesión religiosa, que no lo olvidemos, cuenta con su propio Estado, con su propio banco, con sus propias estructuras de poder… ¡Qué hermosa aquella frase de dejar al César lo que es del César! Ha llegado el momento, sin duda, de avanzar hacia la transición religiosa en España. Y gestos valientes como los de los setenta estudiantes de la Complutense deben ser un ejemplo a seguir.

22/03/2011 (17:06)

El bueno del hidalgo Alonso Quijano se volvió loco por la continua lectura de los libros de caballerías, de las decenas de ejemplares que formaban parte de su biblioteca. Pero su locura no comenzó en el momento en que, llevado por su afición, “se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio” enfrascado en la lectura de sus libros, sino en los meses y años anteriores cuando había invertido los pocos dineros que no le sobraban en la compra de libros de caballerías, libros de pastores, obras de poesía y de teatro, tal y como luego irán desgranándose en el “escrutinio” de la biblioteca, realizado por dos grandes lectores de libros de caballerías (el cura y el barbero), pero con menos capital (o menos afición) para hacerse con ejemplares para sus propias bibliotecas.

Por eso no extraña que algunos de los libros de caballerías que con tanto esfuerzo había adquirido el hidalgo manchego no llegaran nunca a la hoguera, a la que fueron condenados por el juicio inquisitorial del escrutinio, sino que se salvaron para formar parte de las bibliotecas del cura y del barbero. Destinos inescrutables de las colecciones. Alonso Quijano había enloquecido un poco antes de transformarse en Don Quijote: su locura ya procedía de ese tiempo en que dejó su trabajo, las ocupaciones propias de un hidalgo manchego del momento (en que la caza resultaba del todo imprescindible) y se había dedicado a leer libros… y  comprarlos, llegando incluso a “vender muchas hanegas de tierra de sembradura”.


Las palabras locura y colección se dan la mano, comparten frases y pensamientos, y también inquietudes. Coleccionar es una especie (y no tan especie) de locura, en que los elementos se trastocan y los deseos y el tiempo y el dinero se condicionan a un deseo que, en la mayoría de los casos, resulta imposible alcanzar: la colección absoluta. Coleccionar es una forma de locura, que nos convierte en algo más (en algo diferentes) a lo que nos tiene habituado nuestra biografía… somos lo que hemos vivido, somos lo que hemos soñado, pero también lo que hemos coleccionado, lo que coleccionamos y seguimos haciendo, con mayor o menor pulsión, con mayor o menor dedicación, con mayor o menor deseo. Y coleccionar no es malo. Ni mucho menos. En muchas ocasiones es inevitable.

¿Quién no ha coleccionado algo de joven, de niño? Las colecciones forman parte de la sociedad: coleccionamos para compartir y para competir. Coleccionamos para completar, para conseguir un todo, y, a ser posible, los primeros en hacerlo. ¿Cuándo se deja de coleccionar? Creo que nunca. Tan solo vamos cambiando nuestros objetos coleccionables. ¿Quién no ha coleccionado sellos de joven? Recuerdo aún mis mañanas de domingo en la Plaza Mayor de Madrid, el buscar algún sello curioso… recuerdo cómo de niño las cartas antiguas se convirtieron en el tesoro que había que descubrir y guardar (y esconder en la mayoría de los casos). Todavía conservo mis álbumes de sellos del mundo, de sellos de España, de algún que otro coleccionable. Ya no colecciono sellos, pero forman parte de mi vida, de mi infancia, de mi pasado. Como el de tantas otras personas. Como el de tantos otros locos coleccionistas.

Alonso Quijano fue un loco porque, al principio, decidió coleccionar libros de caballerías. Y no cualquiera le valía. Aquellos escritos por Feliciano de Silva, aquellos protagonizados por Belianís de Grecia fueron sus piezas más codiciadas, pero no las únicas. Su colección no era tanto de objetos, de libros, como de textos: leía y releía sus libros para intentar buscarse a sí mismo en sus páginas, buscar sus sueños y sus ilusiones; y en esta búsqueda el anciano Alonso Quijano fue aprendiendo a ser caballero andante, fue aprendiendo a defender al débil frente a los desmanes del fuerte; fue aprendiendo valores universales que hacen universal la caballería, los valores de la caballerías… ¡Es todo un caballero!, seguimos diciendo hoy en día, y en esta expresión están compilados tantos valores positivos que sería absurdo intentar glosarlos.

Y la locura de la lectura le llevó al hidalgo manchego a la segunda de sus locuras: el creerse parte de un libro de caballerías… y gracias a la pluma genial de Cervantes, no solo consiguió convertirse en un caballero, sino que terminó protagonizando el mejor de los libros de caballerías que se han escrito.

Y sin duda uno de los tipos de coleccionista más loco es el cervantino, e incluso, el quijotista, entre los que me encuentro. Coleccionar ediciones del Quijote, coleccionar objetos relacionados con el Quijote, con Cervantes, coleccionar lo incoleccionable. Si hay una colección que no tiene fin esa es la de las ediciones del Quijote. Y así lo podemos ver, una vez más, es la exposición que estará hasta el mes de abril en la Capilla del Oidor: “Cervantes y su obra en las colecciones de Alcalá, II”.

En su interior pueden verse algunas joyas, como esa edición del Quijote de 1674, la primera ilustrada en suelo español, la magnífica inglesa de 1687 (una de las joyas de toda colección de Quijotes que se precie), o el Quijote de surtido de 1754, o algunas ediciones singulares de las Novelas Ejemplares o de la Galatea o el Persiles. Y junto a estas ediciones valiosas, que ponen un hito en la obra cervantina, otras tantas ediciones curiosas, llenas de detalles personales, de biografías que muestran la pasión por una obra que ha trascendido las fronteras y los tiempos.

Y así, el mundo cotidiano también se abre a la figura y a las aventuras quijotescas: décimos de lotería y de la ONCE, vitolas, cartas de restaurantes, marionetas… y no se pierdan las dos estampas de Coypel de 1724, magníficas, piezas también esenciales en toda colección que se precie… Vale la pena dejarse pasar por la Capilla del Oidor en estos días, para disfrutar de tantas “locuras” quijotescas… pero también para poner nombres a tantos “locos” coleccionistas que hay por Alcalá de Henares.

Alonso Quijano se volvió loco de tanto coleccionar libros, de tanto leerlos. Y con esa locura se convirtió en don Quijote de la Mancha. ¿Cuántos hidalgos pobres, que frisaban la edad de los 50 años había en su época por tierras manchegas? Seguramente decenas que podríamos sumar a centenares en toda España. Pero, ¿cuántos don Quijotes (el verdadero) han existido? Pues uno. Solo uno. El coleccionismo nos hace singulares. El coleccionismo nos permite vivir otra vida, llena de anhelos, sueños y decepciones como la vida misma.

El coleccionismo hace posible que recordemos nuestro pasado, vivamos nuestro presente y soñemos nuestro futuro con nuevas posibilidades, con inusitados e inexplorados matices y posibilidades. El coleccionismo nos vuelve más sociales, nos permite compartir y comparar, sobre todo en colecciones imposibles como la de los Quijotes. Imposibles porque no tienen fin.

Y aquí radica parte de esta locura. Una locura que, no me cabe duda, nos engrandece, nos permite ir más allá de las miserias cotidianas del día a día… como así le sucedió a un anónimo hidalgo manchego que se ha llegado a convertir en el mejor caballero de todos los tiempos.

15/03/2011 (12:42)

Hace 10 años, la UNESCO declaró el 21 de marzo, el día en que el calendario da un giro y con el equinoccio entramos de lleno en la primavera, como el Día Mundial de la Poesía. Y como sucede con estas fechas señaladas en rojo en el calendario de los organismos oficiales, los actos se multiplicarán a lo largo y lo ancho de la geografía literaria mundial.

La “Primavera de los poetas” es el nombre que le hemos dado en Europa, en un alarde de generosidad y de grandilocuencia, que no me extrañaría que hubiera nacido de algún despacho aterciopelado francés. Del comunicado de la UNESCO que venía a dar sentido a esta nueva celebración, destaco las siguientes palabras: “Es evidente que una acción mundial a favor de la poesía daría un reconocimiento y un impulso nuevo a los movimientos poéticos nacionales, regionales, e internacionales. Esta acción debería tener como objetivo principal sostener la diversidad de los idiomas a través de la expresión poética y dar a los que están amenazados la posibilidad de expresarse en sus comunidades respectivas”.

¿Y es así? ¿Se potencia la poesía, la creación, difusión y lectura de la poesía con celebraciones como las del 21 de marzo, en que las autoridades tienen, año tras año, que quebrarse la cabeza para hacer algo nuevo, original, que, en el mejor de los casos, no llegamos ni a tener noticia? Seguramente muy diferente es lo que suceda en Colombia, en la poética Bogotá, donde veinte poetas leerán sus versos ante varios centenares de personas que, al unísono, harán, un año más, un brindis a la poesía.

En el corazón del barrio antiguo de Bogotá se encuentra la Casa de Poesía Silva, fundada hace 25 años, un 24 de mayo de 1986, para ser más exactos.  Y lo hace en una casa baja y antigua, y su patio interior, que lleva a la biblioteca, a la librería, a diversas dependencias y a una sala de conferencias que siempre se queda pequeña. Recuerdo que la primera vez que visité Bogotá fui, casi, en peregrinación a la Casa de Poesía, y allí descubrí, en una antología editada en el 92, a magníficos poetas colombianos, y, sobre todo, la obra inmensa de Jaime Jaramillo Escobar. “Cuando mamá negra hablaba del Chocó / le brillaba la cadena de oro en el pescuezo, / su largo pescuezo para beber agua en las totumas, / para husmear el cielo, / para chuparles la leche a los cocos. / Su pescuezo largo para dar gritos de colores con las guacamayas, / para hablar alto entre las vecinas,/ para ahogar la pena, / y para besar a su negro, que era alto hasta el techo. / Su pescuezo flexible para mover la cabeza en los bailes, / para reír en las bodas. / Y para lucir la sombrilla y para lucir el habla. […] Mamá negra era un trozo de cosa dura, untada de risa por fuera.  / Mi taita dijo que cuando muriera / iba a hacer una canoa con ella”. Una poesía que me descubrió otra Colombia, la Colombia del interior, de la selva, de esa Colombia que no quiere parecerse a nadie ni imitar a ninguno. Esa Colombia que huele a paraíso. Y allí, en esa casa, asistí a varios recitales de poesía.

No recuerdo los nombres de los poetas, solo que siempre llegué pronto y siempre encontré la sala llena a rebosar y que todos los recitales los escuché en el pasillo, con altavoces puestos allí, y que en uno de ellos una joven a mi lado los acompañaba con lágrimas. Solo en Colombia he disfrutado de la experiencia de vivir la poesía por las calles, por las aceras, en las conversaciones y en las miradas. Solo en Colombia.

           
Y mientras me voy preguntando qué hemos hecho para convertir a la poesía en una especie en peligro de extinción, en minoría o en olvido que necesita que la UNESCO dedique uno de los días del año a su celebración (uno de los escasos días del calendario ya no dedicados a un nuevo santo de este particular santoral laico que se está construyendo), no puedo dejar de pensar en Luis Rosales, en el magnífico poeta del que el año pasado celebramos el centenario de su nacimiento, como tampoco puedo dejar de pensar en Gabriel Celaya, del que este año conmemoramos también los cien años de su nacimiento. Y no puedo dejar de recordar los versos iniciales de “La casa encendida” que han tenido tanto peso en mi primer libro de poemas: “Porque todo es igual y tú lo sabes, / has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta / con ese mismo gesto con que se tira un día, / con que se quita la hoja atrasada del calendario / cuando todo es igual y tú lo sabes”. O ese anuncio que es de ayer pero que también podría ser de hoy porque es de siempre: “Se ha perdido un hombre / calvo, de ojos claros. / Se ignora su nombre. / Ya no tiene años. / Confunde su vida / con lo que ha inventado. / Viste como todos. / No es ni alto ni bajo. // Se ha perdido un hombre / que salió buscando / algo cuyo nombre / ya se le ha olvidado. / Si alguien se lo encuentra, / diríjale al cuatro / de Juan de Bilbao / Donostia (España)./ Le estoy esperando”.


Poesía que un día fue voz de un pueblo y de una tierra. Poesía que fue el cauce habitual de la literatura y de las noticias. Poesía que era el yunque donde el escritor mostraba su pericia y su fama. Poesía que llenaba de imágenes las imágenes que siempre nos hacemos y las respuestas que nunca encontramos. Poesía que ha puesto voz a tantos romances y a tantos gritos desesperados. Poesía que se ha llenado de las lenguas y de los acentos de tantos millones de deseos. Poesía que todo lo decía al esconderlo y poesía que por decir nada ha terminado por convertirse en nada. Poesía que sigue brillando en los conciertos y en la boca áspera de algunos cantantes. Poesía que nos rodea, sin darnos cuenta, y poesía que puede sorprendernos y atacarnos en cualquier esquina. Poesía cuyo antídoto no se conoce, no se ha descubierto ni nadie quiere investigar para descubrirlo. Poesía que no nos deja indiferentes, que no nos puede dejar indiferentes. Poesía que fue un día voz y memoria de un pueblo y que hoy necesita de organismos oficiales para recordarla. Al menos, por un día.

Al menos por un día, el próximo día 21 de marzo, que no pase sin haber leído unos versos, sin haber leído, al menos, una poesía… a mí me ha pillado terminando el libro de Sergio DeCopete y García, “La ciudad de las delicias”, que hace uso de su cultura para volver la Barcelona de hoy en un espejo de los muros clásicos, de esos que solo en la poesía han llegado a nosotros: “Entre los rincones infinitos de esta ciudad / entre sus muchachos incontables como las hojas / una sola vez encontré a la persona a la que amo”.

9/03/2011 (11:38)

Nos esperan tiempos difíciles. Tiempos de elecciones. Tiempos en los que los políticos sacan a relucir las sonrisas que han tenido escondidas en el fondo de sus armarios, sus manos en busca de estrechar otras manos y esas frases que por la noche tienen que repetir cien veces antes de meterse en la cama, para que así suenen sinceras, nacidas del corazón en el mítin del día siguiente.

Nos esperan horas y horas en los telediarios, en programas de todos tipo, en las tertulias hablando de unos y de otros, aprovechando una cámara para mandar un mensaje al adversario antes que al ciudadano a quien ha de convencer para que les de su voto. Páginas y páginas en los periódicos, en los semanarios, en que las ideas y los proyectos brillarán por su ausencia, y prevalecerán los eslóganes, las palabras embotelladas en el laboratorio de los asesores de imágenes, y las sonrisas ensayadas también cien veces antes de irse a la cama, para que parezcan, tan solo parezcan, reales.

Y no olvidemos los miles de carteles pegados en todas las paredes, en las farolas, en que el photoshop siguen haciendo milagros, mostrando un robot perfecto antes que a una persona, a esa persona en la que nos gustaría confiar.


No esperan tiempos difíciles. Y a las puertas de esta campaña que hace ya meses (por no decir años) que ya ha comenzado, no puedo dejar de recordar las palabras de Pilar Manjón en el Congreso de los Diputados en diciembre de 2004, cuando asistió a la comisión creada para investigar los atentados del 11-M. Allí, en su casa, en esa casa de alfombras antiguas y de modernos despachos, de decorados y formas del siglo XIX, en que todo puede cambiarse por una reunión en los pasillos y donde los votos y los escaños se comercian como si se tratara de una mercancía más, allí, Pilar Manjón les pidió a los políticos, en su misma casa, que dejaran de mirarse sus miserias y atacarse en sus rencillas, y que miraran a la calle, al pueblo, que intentaran recuperar el diálogo con la ciudadanía, que les había votado y que ellos tenían la obligación de representar. Y nada más.

Allí los diputados tuvieron que escuchar, sin poder levantarse, sin poder comportarse como niños malcriados como lo hacen en las sesiones ordinarias del Congreso, lo que Pilar Manjón les vino a decir. No recuerdo las palabras concretas, pero, aunque han pasado más de seis años, recuerdo como si fuera ayer algunos detalles: cómo lo iba escuchando en la radio del coche, cómo tuve que aparcar porque me brotaban las lágrimas de los ojos, y cómo terminé aplaudiendo y vitoreando su intervención porque les había dicho a los diputados, a los políticos lo que tantos ciudadanos de bien nos gustaría decirles a todos ellos: que están para solucionar problemas y no para crearlos; que nuestros votos no son una carta en blanco para que luego hagan lo que mejor les convenga; que el político está para gestionar la preocupación de los ciudadanos y no para imponer a la sociedad sus propias preocupaciones, sus luchas internas, sus ansias de poder…

Me puedo imaginar la cara de muchos ellos. Me puedo imaginar cómo el banco, el cómodo banco de siempre, comenzó a llenarse de remordimientos y de conciencia (el que la tuviera, que de muchos lo dudo tal y como luego se comportaron…). Muchos aplaudimos esas palabras, ahora publicadas en un libro, porque en ellas veíamos reflejadas nuestras propias palabras, nuestro propio desencanto ante una clase política que, dentro y fuera de España, no da la talla, no está a la altura de las circunstancias.

Las reacciones no se hicieron esperar y un clamor unánime se alzó en la sociedad española del momento. Muchos políticos aparecieron con sus mejores dotes de actor y aceptaron las críticas, y manifestaron su deseo de cambiar para que una situación así no pudiera volver a producirse. A algunos les duró unos meses, a otros días, y a la gran mayoría, el tiempo de una cámara de televisión, que se suele medir en segundos.

           
Y ahora volveremos a ver a los políticos invadiendo nuestras vidas. Después de cuatro años de permanecer aislados en sus torres de marfil político, protegiendo sus espaldas y experimentando con nuevas dosis de veneno dialéctico para atacar al adversario, ahora les toca pasar por el trance de estrechar manos, de acariciar niños, de pasearse por los mercados y por las calles, y por aparentar una entereza y una simpatía que están muy lejos de sentir. Y es cierto que no todos son iguales. ¡Faltaría más!

Pero lo que no deja de serlo es que cada vez todos quieren parecerse más. O quizás se parezcan los políticos cada vez más porque terminan por compartir el mismo asesor de imagen, que les hace repetir los mismos tics, los mismos modos, los mismos trajes (cuando son comprados), la misma sonrisa e idéntica capacidad para no responder a las preguntas concretas que se les hace.

           
¿Cuándo veremos a un político reconocer sus errores, como todo ser humano? ¿Cuándo veremos a un dirigente aplaudir y apoyar una medida tomada por un adversario que favorece a toda la ciudadanía, como todo ser humano? ¿Cuándo veremos a un político dialogar con un adversario, más allá de ese tono de reproche que tienen todas las intervenciones? ¿Cuándo serán capaces de demostrarnos que, cuando mandan, lo hacen para todos y que cuando están en la oposición, también tendrían que estar pensando en el bien general y no en el suyo partidista?

En el diálogo, en el intercambio, en la integración y en el sumar fuerzas encontraremos soluciones para poder mirar con cierto optimismo el futuro. ¿Quién nos va a vender esta imagen, este diálogo? Nos gastamos varios millones de euros en una campaña para que el alumno tenga respeto al profesor… ¿cómo le vamos a enseñar estos valores si los políticos, que inundan nuestra vida gracias a que tienen los medios de comunicación a su servicio, solo aparecen comportándose de un modo insolente e indigno ante sus adversarios? ¿Cómo podemos hablar de integración, de conocimiento del otro, de una sociedad plural cuando nos están bombardeando con mensajes sexistas, racistas o xenófobos cuando los asesores consideran que estos temas pueden sumar algunos votos en las arcas indignas de los partidos?

           
Tiempos difíciles nos quedan por vivir. Pero mientras tanto disfrutemos del presente: de las aceras por fin arregladas, de las rotondas y las obras terminadas, de ese baile aburdo de las inauguraciones. Algunos políticos han dejado todo para mayo, como un mal estudiante que lo deja todo para una semana antes de los exámenes. ¿Serán capaces de aprobar? Algunos merecen sobresaliente, sin duda. Y otros quizás un suspenso, y que durante cuatro años aprendan desde la oposición que a veces no solo es necesario ser bueno sino también rodearse de los mejores. Lo que no siempre sucede.

2/03/2011 (22:34)

La escena y el episodio son bien conocidos y han hecho ya correr ríos de tintas, pero es siempre una delicia recordarla. Don Quijote, el don Quijote que, poco a poco, está dejando de ser la simple invención de un hidalgo manchego para convertirse en uno uno de los caballeros andantes de papel más famosos y reconocidos, pasea por la Barcelona que será el escenario de su triunfo como personaje y de su derrota como caballero.

En uno de los paseos con los que Antonio Moreno y sus amigos se divertían a costa de don Quijote, llegaron a una casa, sobre cuya puerta, en letras muy grandes, se podía leer: “Aquí se imprimen libros”. Y sin pensárselo dos veces, el caballero andante entra en su interior pues nunca había visto “emprenta alguna, y deseaba saber cómo fuese”.

Y en un delirante y preciso episodio, Cervantes, que sí que conocía muy bien las imprentas y todo lo que se cocinaba en su interior, fue describiendo un “taller de impresión” del siglo XVII, que no difería mucho a las imprentas de toda Europa desde su invención en la Maguncia de Gutenberg a mediados del siglo XV: “Entró dentro, con todo su acompañamiento, y vio tirar en una parte, corregir en otra, componer en ésta, enmendar en aquélla, y, finalmente, toda aquella máquina que en las emprentas grandes se muestra. Llegábase don Quijote a un cajón y preguntaba qué era aquéllo que allí se hacía; dábanle cuenta los oficiales, admirábase y pasaba adelante…”.

Testimonios como estos, toda clase de documentos y contratos de la época, imágenes grabadas al buril o xilográficas, nos permiten adentrarnos al apasionante mundo de una nueva tecnología para la multiplicación de los textos escritos que se impuso en Europa como un “ejército de soldados de plomo”, una tecnología que, frente a la tecnología de la escritura manuscrita –difundida desde Grecia en el siglo IX a.C.-, permitía una multiplicación de los testimonios, que hacía más accesible su contenido a un público mayor que el que podía acercarse a los preciosos y únicos manuscritos.

Y este canto a la “democratización” del conocimiento a partir de la “multiplicación” de los libros que los transmiten, se convirtió en uno de los lugares comunes más transitados por los primeros defensores de esta nueva tecnología que, como toda nueva invención que supone cambios en los estrictos modelos de control ideológico y cultural, no fue visto con buenos ojos en la Europa del siglo XV.


Así se expresaba Guillaume Fichet en 1471, un año antes de que la imprenta llegara a suelo peninsular (con la impresión del Sinodal en la villa segoviana de Aguilafuente), y así hemos de entender cómo se vivía en el siglo XV la aparición de una nueva tecnología a la hora de difundir el conocimiento y la información, que no es otra que nuestro libro actual. “El estudio de las humanidades tiene una deuda importante con la luz que proporcionó esta nueva especie de libreros salidos de Alemania como un caballo de Troya para extenderse a todos los rincones del mundo civilizado.

Se cuenta en todas partes que en las inmediaciones de Maguncia vivía este Juan, conocido como Gutenberg, que fue el primer inventor de la imprenta, gracias a la cual, sin necesidad de caña ni pluma, sino solo gracias a los tipos metálicos, los libros de fabrican rápida, correcta y elegantemente. La invención de Gutenberg nos ha legado los tipos con los que todo lo que se dice y piensa puede ser inmediatamente escrito, reescrito y legado a la posterioridad”.

Pero, ¿realmente fueron más sabios los hombres del siglo XVI frente a sus cercanos parientes del Medioevo, que no tenían acceso a tantas obras? ¿Acaso la acumulación y la accesibilidad a la información son sinónimos de sabiduría? Y la respuesta no puede ser más que negativa, y así se fue abriendo camino un nuevo lugar común de críticas a la imprenta, que, entre otros, transitó Lope de Vega, quien denuncia que, entre tanto ejemplar impreso, muchos son los ignorantes que se creen sabios: “Después que vemos tanto libro impreso, / no hay nadie que de sabio no presuma”…

Ya lo decía el mismo Petrarca en el siglo XIV, cuando, gracias a la difusión del papel que venía de Oriente a través del mundo árabe, también criticaba cómo muchos se creían sabios porque compraban y compraban muchos manuscritos y tenían sus casas llenas de estanterías. De ser así, se quejaba el propio Petrarca, el hombre más sabio del mundo sería el librero (y no suele ser así en casi ningún caso).


En un momento como el que vivimos hoy en día, en que estamos viendo cómo una nueva tecnología para la difusión y conservación de la información y del conocimiento se está imponiendo en nuetras vida: el texto digital, no es baladí volver la vista a los orígenes de la tecnología de la imprenta que, pasados menos de cinco siglos, está comenzando a ser obsoleta. Si en el siglo IV a.C. se impuso el cambio de la oralidad a la escritura manuscrita, si a partir del siglo XV se consumará la trancendencia de la difusión impresa de la escritura frente a la manuscrita, ahora desde el final del siglo XX, estamos viendo cómo se impone un nuevo modelo de difusión y de conservación que, partiendo de la tecnología de la escritura (manuscrita e impresa), también recupera algunos aspectos esenciales de la oralidad: la actualización, la participación, la interactividad.


El próximo sábado en el Museo Casa Natal de Cervantes, a las doce de la mañana, de la mano de algunos de los magníficos ejemplares conservados en su espléndida biblioteca, volveremos a saltar en el tiempo para adentranos, como un nuevo don Quijote, en la imprenta de los Siglos de Oro; y como curiosos caballeros andantes intentaremos comprender qué tecnología se utilizaba para imprimir un libro en aquella época, qué aspectos externos del libro terminaron por crear una determinada industria que tiene sus días contados hoy en día después de cuatro siglos de apogeo y de lenta decadencia, por qué un libro costaba tanto en la época, y quiénes eran, realmente, los que tenían acceso a ellos. Un viaje en el tiempo en que recuperaremos las voces de aquellos que veían en la imprenta una amenaza de la cultura y de la sabiduría frente a la difusión manuscrita; y aquellos otros que se frotaban las manos porque veían en la imprenta (como así fue) el mejor mecanismo de control ideológico y religioso que el hombre había inventando hasta la fecha.

La escritura, por fin, al servicio absoluto del poder… hasta nuestros tiempos en que este control está haciendo aguas por todas partes, incluso en el último reducto que le quedaba a la escritura como mecanismo de control: el “top secret” de los gobiernos, que ahora, día sí y día también, es un titular en la prensa gracias a Wikileaks. Pero esta es otra historia… quizás igual de apasionante como la que disfrutaremos el próximo sábado en el Museo Casa Natal de Cervantes.

22/02/2011 (13:43)

José del Corral ha muerto, nos ha abandonado en un lluvioso día de Madrid, de este Madrid que él tanto amó, de este Madrid al que dedicó muchas horas de su vida para desentrañar su historia, los detalles de las cientos de calles, casas y habitantes que pasaron por la destreza de su pensamiento y de su análisis. Se nos ha ido José del Corral en silencio, con la modestia que solo está reservada a los verdaderamente grandes, a los grandes de espíritu y a los grandes de pensamiento.

Se nos ha ido sin hacer ruido, dejando tras de sí una larga vida dedicada a las letras, a la historia, a la curiosidad que nunca debe abandonar a todo científico, a todo humanista. Se nos ha ido dejándonos detrás un mar inmenso de sabiduría, de buenas palabras y de una saber conocer para luego divulgar, para luego compartir. Un buen maestro que se aprecia en los miles de lectores que hemos devorado sus ensayos, sus escritos, esa capacidad que tenía de hacer sencillo lo que para él habían sido meses y años de investigación, de análisis, de continuo diálogo en un interminable preguntarse y responderse.


Nació José del Corral en 1916. Y lo hizo en un Madrid que ha sido testigo de los grandes cambios de nuestro país, como José del Corral ha sido cronista (oficial de la villa desde 1999) de lo acontecido desde entonces y mucho antes, en el momento de máximo esplendor de Madrid: los conocidos como Siglos de Oro. Frente a la imagen del Madrid castizo, el más artificial y el más falso, con su chotis, sus verbenas y sus chaquetillas (todos ellos inventos o préstamos de finales del siglo XIX), a José del Corral siempre le gustó acercarse al Siglo de Oro, a intentar comprender cómo se vivía entre sus calles, cómo era posible que una gran masa de población pudiera disfrutar de las obras de los grandes autores de la época, que han dado fama mundial al español, quiénes vivían en unas determinadas casas, quiénes compartían vivencias y cotidianidades, al margen, en ocasiones, de clases sociales.

Espacio para ennoblecerse, la corte y villa de Madrid, ha sido el gran laboratorio en que José del Corral ha conseguido sacar sus grandes joyas, esos libros que siguen haciendo las delicias de los lectores: “La vida cotidiana del Madrid del siglo XVI”, “El Madrid de los Austrias”, “El Madrid de Velázquez”, “Gentes en el Madrid del siglo XVII”… Tajante en sus afirmaciones, así se expresaba en el año 2008: –“Yo tengo una pequeña manía que es muy sencilla: ¿cuál es el mejor momento de Madrid? No hay duda de que el mejor es el Siglo de Oro. No hay ninguna otra ciudad en el mundo, y esto hay que decirlo muy claro, en la que a la vez hayan vivido personajes como Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora y Velázquez. Si viajas por el mundo le dicen aquí vivió fulanito, aquí vivió..., pero aquí vivieron todos estos genios. Es el gran momento de Madrid, aunque estúpidamente se llega en el siglo XIX a un casticismo tonto e inútil”.


Y con ser el Siglo de Oro su gran pasión, uno de esos territorios madrileños en los que se sentía más cómodo, no se quedó su curiosidad anclada en los siglos XVI y XVII, sino que voló por encima del XIX (“El Madrid de los Borbones”, “Tragedias en el Madrid romántico”, “La vida cotidiana en el Madrid del siglo XIX”), e incluso se entusiasmó (y nos hizo entusiasmar) con la historia de la Cibeles (“Autobiografía de la Cibeles”), o de la Gran Vía (“La Gran Vía. Historia de una calle”). De la primera recordaba siempre el gran problema que fue el traer los grandes bloques de piedra desde la Sierra, y de la segunda, que sin ser su calle preferida, se sentía de ella enamorado: de la Gran Vía que hace honor a su nombre y no de la actual, de la que va dejando paso a los cines y a las tiendas a las grandes cadenas comerciales.

Pero más que la degradación, a José del Corral le gustaban las historia y los absurdos, por eso no quiso acabar su libro sobre la calle madrileña sin recordar cómo el 23 de enero de 1928 se produjo una peculiar corrida de toros en la Gran Vía: una de las reses que se llevaban al matadero municipal, por aquel entonces en Legazpi, se escapó, y llegó a la Gran Vía en hora punta. Pero la casualidad no iba a acabar allí: en las inmediaciones de la calle vivía el torero Fortuna, que, haciendo buena cuenta de su nombre, se quitó el abrigo y con él comenzó a llamar su atención, mientras que alguien iba a su casa a por un estoque. Y así, la faena se desarrolló en las aceras, en la calle entre un público  entre asustado y alegre por ser testigos de tal curiosa faena improvisada. “Fortuna acabó con el toro de media corta y un descabello y se ganó la más entusiasmada y agradecida ovación y la Cruz de Beneficencia, que le fue otorgada, bien justamente, por el Gobierno”.


José del Corral disfrutaba estudiando y escribiendo. Y lo hacía porque la lectura había sido –y siempre lo seguirá siendo- una de sus grandes pasiones: “La lectura ha sido siempre la gran ocupación de mis horas”. Leyendo, leyendo y leyendo. Y haciendo leer a tantas generaciones. Desde sus propios hijos. Milagros del Corral, exdirectora de la Biblioteca Nacional de España, ya leía a los cuatro años, y muchos somos los lectores que nos hemos acercado y hemos disfrutado con la lectura de sus libros.

Y lo seguiremos haciendo, pues Madrid es otra gracias a los estudios y al entusiasmo de José del Corral. Un entusiasmo, una curiosidad que le han acompañado hasta sus últimos momentos. Recuerdo aún una cena que tuve la oportunidad y el honor de compartir con él en el Círculo de Bellas Artes; una cena en que, mientras no perdía detalle de lo que sucedía a nuestro alrededor, y daba buena cuenta de los distintos platos que iban desfilando ante nuestros ojos, me habló de la nueva investigación que tenía entre manos, ese volver al Siglo de Oro y a indagar quiénes vivían en una determinada calle, ya que, gracias a los documentos que estaba consultando, era capaz de precisar quién había sido inquilino de ciertas casas cerca de los mentideros literarios en los años gloriosos de Madrid. De este Madrid en que sigue lloviendo, porque también las ciudades tienen sentimientos y sufren cuando se les muere alguien tan cercano. ¡Y si no, que se lo digan a la Cibeles, cuyas lágrimas se confunden con la lluvia que ahora mismo cae sobre Madrid!

15/02/2011 (16:28)

El rito se lleva repitiendo casi trescientos años. Y seguramente son pocos los cambios introducidos, impuestos por los tiempos. El edificio de la Real Academia Española abre sus puertas para recibir a sus invitados. Esta tarde de domingo, la del pasado 13 de febrero, es una de esas tardes en que la historia tiene una cita marcada en el calendario particular de toda institución. El pasado 13 de febrero leyó su discurso de ingreso en la Real Academia Española, ocupando el sillón P, que había dejado vacante el siempre llorado y admirado Ángel González, la filóloga Inés Fernández-Ordóñez.

Una lectura más y una lectura diferente. El rito está marcado con costumbres de hierro, y así desde que en 1713 Felipe V creara la Real Academia Española a imagen y semejanza de las que había dejado en su añorada Francia. Casi trescientos años en una institución que se empeña en que el tiempo no pase, que se quede congelado en la burbuja del rito y de la costumbre. Y así fue. La sala de plenos abarrotada de gente.

Desde mi posición en el piso superior tenía una vista privilegiada. Poco a poco la sala se fue llenando de amigos, colegas, alumnos, familiares de Inés Fernández Ordóñez. Sentado junto a Fernando Gómez Redondo, pude saludar en la lejanía del anonimato a Pedro Sánchez-Prieto, a Ma Jesús Torrens, a tantos otros amigos y colegas de la Universidad de Alcalá, que nos une admiración y cariño por Inés. Unos minutos antes de las siete, los académicos fueron entrando, con sus trajes de gala y sus pelos blancos, sus calvas privilegiadas… uno y otro hasta un total de veinticinco académicos, entre los que destacaban dos mujeres: Margarita Salas y Soledad Puértolas, la última de los académicos en entrar en esta casa de la lengua.

Y poco a poco los académicos iban encontrando su lugar; desde Víctor García de la Concha que en los últimos años había presidido estos actos, hasta un revoltoso Arturo Pérez Reverte, que se movía entre los bancos académicos como el niño travieso de la clase, que se sabe el preferido de la profesora… y entre ellos, Luis Mateo Díaz, José María Merino, Juan Luis Cebrián, Luis María Anson, Álvaro Pombo, Humberto López Morales, Francisco Rodríguez Adrados, Ignacio Bosque, Gregorio Salvador… y presidiendo el acto, junto al Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, José Manuel Blecua y Darío Villanueva. La sala abarrotada, los académicos sentados, intentando peinar sus melenas invisibles, y el ministro que da comienzo al acto, a la recepción pública de un nuevo miembro entre los académicos españoles.

Y el rito comienza. Los académicos Soledad Puértolas y José María Merino se levantan para acompañar a la nueva académica para que entre en el salón: será la última vez que lo haga por la puerta abierta a todos los ciudadanos. Y el rito se repite desde hace trescientos años, y con él se repite la emoción: Inés Fernández-Ordóñez entrando en el salón, que se alza en pie y comienza una ovación. Si en vez de los trajes y vestidos de hoy, hubiéramos todos ido vestidos con la moda de 1713, nada hubiera cambiado. Nada. Ni la emoción, casi el corazón saliéndose del pecho de la nueva académica, que anda con paso emocionado y lento por el salón hasta llegar a su mesa, esa en la que desgranará su discurso de ingreso. Una emoción compartida. Un abrazar con aplausos y sonrisas.

El discurso de Inés Fernández-Ordóñez recuperó para el salón de la RAE la esencia de la mejor filología española: un discurso sobre el origen del español, en que la dialectología se sumó a la lingüística histórica, siguiendo la nueva metodología que Inés Fernández-Ordóñez bautizó hace unos años con el nombre de “dialectología histórica". Después de tantos años con discursos literarios, nacidos de la pluma de nuestros novelistas más reconocidos, había llegado el momento que se oyera la voz, de nuevo, de una filología que atiende tanto a los problemas de lengua como a los textuales, como único medio de poder entender nuestro pasado, ese al que nos dedicamos a estudiar y comprender (y hacer comprensible), y no solo a marear y hacer cada vez más insondables e inexplicable. Y como un hábil cirujano de la docencia y de la investigación, Inés Fernández-Ordóñez fue abriéndose paso por los músculos de la tradición (de la famosa Escuela de Filología Española de don Ramón Menéndez Pidal a la que tanto debemos todos) hasta llegar al meollo del problema, a ese principio metodológico que todo lo estaba distorsionando, que nos había llevado a dar por ciertas hipótesis que se anclaban en un tiempo que no fue otro que el de los herederos del 98: la castellanización de nuestra comprensión del pasado.

Frente a la idea de que español y castellano son una “mesma cosa" (por ser reduccionista y un poco quijotesco), Inés Fernández-Ordóñez fue demostrando cómo en la formación del español –de esta lengua que todos hablamos en la actualidad, al margen de acentos y de variedad lingüísticas, y de imposiciones políticas constitucionales– y en su difusión por la Península Ibérica, habíamos de dejar atrás la imagen única de una cuña castellana que desde el norte se había ido imponiendo hacia el sur siguiendo el camino de la Reconquista, para hablar de una mayor pluralidad de contactos lingüísticos, de influencias de otras modalidades lingüísticas (tanto hispánicas como románicas), en que se encuentran ya documentados rasgos que hasta ahora se habían considerado específicos del castellano… Una gran lección de dialectología histórica, de filología la que el pasado domingo se escuchó en el salón de plenos de la Real Academia Española, en la recepción pública de una nueva académica: Inés Fernández-Ordóñez.

Una gran lección. Una gran alegría saber que a partir de ahora, en las interminables (y casi bizantinas) discusiones en las sesiones de la RAE también se podrá escuchar la voz autorizada de alguien que sabe de filología y de crítica textual. Y mucho. Y muy bien.

2/02/2011 (12:32)

Los amigos llegan y se sientan. Han quedado desde hace varios meses; les han convocado al intercambio de sonrisas y de versos, y sus nombres permanecen impresos, tiritando de tinta y de sorpresa, en los programas de mano. Una mesa. Varias sillas. Un escenario que lo es. Un escenario que deja de serlo en la mágica transformación de las palabras, de los versos.

Un miércoles más, Alcalá se llena de poesía, el Corral de Comedias se convierte en una luz que todo lo irradia, en los círculos concéntricos de unas palabras que terminan por ser de aceite, palabras que todo lo inundan, versos que son capaces de llegar a las grietas más escondidas de nuestros recuerdos; versos, palabras que quedan en el aire como las notas finales de una sinfonía única, esa que solo la voz es capaz de arrebatar a la letra escrita. Poesía que en la voz encuentra su razón de ser.

En la voz de los poetas, en la voz de los lectores, en la voz de los amigos que se encuentran en un bar, que ya no es un escenario, una fría tarde del miércoles para escuchar, para disfrutar, para sorprenderse con la poesía de Beatriz Villacañas y de Luis García Montero en una nueva entrega de Poesía en el corral.


Es de noche y hace frío. Son las siete y media y fuera hace frío, esa capa de frío polar que ha decidido volver blancas nuestras esquinas y nuestros sombreros, el recuerdo que tenemos de un tiempo con sombreros. Hace frío, un frío de soledades, un frío sin palabras, un frío con desmanes y con silencios, un frío de ideas y de proyectos, un frío de alguna que otra idea y algún que otro proyecto que nos haga soñar con un futuro mejor, un frío de sonrisas y de diálogos.

Hace frío. Demasidado frío para seguir a la intemperie de las mezquindades que llenan de titulares los periódicos y de imágenes los telediarios. Un frío polar, un frío de silencios. Por eso nos reuniremos en el Corral de Comedias… nos reuniremos para poner voz a un manifiesto poético: “Devolver a las palabras / la verdad que alguna vez tuvieron. / Caiga / quien / caiga”. Para entender que la poesía, que la vida, lo es más, es realmente poesía y vida cuando podemos compartirla, cuando se convierte en ese lazo que nos une al amor, que nos une a la conciencia: “Ya sé que otros poetas / se visten de poeta, / van a las oficinas del silencio, / administran los bancos del fulgor, / calculan con esencias / los saldos de sus fondos interiores, / son antorcha de reyes y de dioses / o son lengua de infierno. / Será que tienen alma. / Yo me conformo con tenerte a ti / y con tener conciencia”. Un noche más, una nueva tarde en el corazón de Alcalá de Henares bombeando poesía, esos versos que marcan, línea a línea, el ritmo de una vida, de una identidad que a veces se nos pierde por los abismos del instante o por ese espejismo que son los compromisos diarios, esos que vamos desgranando día a día, sin la conciencia de que con ellos, como una margarita diabólica, vamos deshojando la vida, vamos dejándonos llevar sin saber a veces quiénes somos.

Por eso es bueno hacerse preguntas, por eso es bueno dudar: necesario diría. Dudar de todo y de todos. Dudar, por supuesto de uno mismo: “Solo, / como mi nombre, que es la nada. / Solo, innombrado y caído de tu mano en este cuerpo, / padre, tu nombre ahora es el mío, / aunque no lo queramos, / aunque ninguno de los dos / presintiera el abismo de los hielos. / Digo “padre”: ¿A qué dios me dirijo? / ¿A qué silencio?”.

Y solo con el tiempo, en este, a veces doloroso, camino de la conciencia y de la identidad, de este buscarse más allá de las apariencias, de este intentar comprender lo que hay detrás de muchos actos, que son huracán del segundo que ya hemos perdido, tormenta del instante que se nos escapa de las manos, y solo así podemos afirmar con afirmaciones y negar con algo más que con un movimiento de cabeza, y hacerlo con la seguridad de que podemos equivocarnos, que muchas veces nos equivocaremos, pero que también serán muchas las que demos en la diana de la razón cuando lancemos nuestros dardos que son palabras, que son versos: “La copa de cristal / que pusiste al revés sobre la mesa / guarda un tiempo de oro detenido. / Me basta con la vida para justificarme. / Y cuando me convoquen a declarar mis actos / aunque solo me escuche una silla vacía/ será firme mi voz. // No por lo que la muerte me prometa / sino por todo aquello que no podrá quitarme”.


Y somos lo que somos porque estamos donde estamos. Nos guste o no. Somos parte de una sociedad que nos demanda preguntas continuamente, una sociedad que somos nosotros mismos. Una sociedad que a veces dejamos irse, abandonarse porque nos faltan los recuerdos, porque preferimos una espalda que un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, una sociedad que piensa que la memoria puede abrir heridas, cuando la única herida abierta, la única que no puede curarse, la única que sigue supurando reproches y odio es la falta de memoria, el haber querido olvidar lo que nunca se puede, lo que nunca se debe olvidar.

Somos democracia y somos sociedad. Somos parte y somos testigos. Somos, como todos, lo que también otros hicieron antes, las derrotas del ayer que podemos compartir, las victorias que tienen que ser las del presente, las que nos permitan soñar un mundo mejor: “Qué difícil la suerte / de los pueblos que viven protegidos / por la misericordia de un poema. / Qué difícil la última / soledad de Machado. / La luna llegar al mar, / el mar llega a Sevilla, / nosotros a un recuerdo / y a esta pálida, / desarmada, emoción / de compartir una derrota”.


Y somos porque estamos, y somos porque compartimos el mundo con quien amamos, por ese ser capaces de convertirnos en el otro con tan solo una mirada. “Ámame con caribes y panteras, / deja que Eros cumpla su destino, / ponle caña de azúcar al camino, / dale cuerpo al futuro que tú esperas”. Amor que bien se puede resumir en los siguientes versos: “No existe libertad que no conozca, / ni humillación o miedo / a los que no me haya doblegado. / Por eso sé de amor, / por eso no medito el cuerpo que te doy/ por eso cuido tanto las cosas que te digo”.


Y estos y muchos versos más, versos de Beatriz Villacañas y de Luis García Montero, se podrán escuchar hoy miércoles 2 de febrero en el Corral de Comedias dentro del ciclo “Poesía en el Corral”, el ciclo que nos pone, cada primer miércoles de mes, los versos en piel de gallina.

27/01/2011 (13:51)

En un lejano ya 2002, en el momento en que comenzábamos en el Centro de Estudios Cervantinos a idear proyectos para conmemorar los 400 años de la publicación del “Quijote” en el 2005, vi la necesidad de aprovechar las tecnologías informáticas, cada vez más presentes en nuestro mundo, para poder adentrarse en el rico (y casi desconocido) patrimonio iconográfico alrededor de la obra de Cervantes.

Iconografía que había estado siempre ahí, pero que solo una casualidad había puesto delante de mis ojos unos meses antes. La casualidad fue la redacción de un pequeño catálogo que acompañara la exposición del CEC: “El Quijote ilustrado: siglos XVII y XVIII”, un conjunto de 42 paneles que mostraban, a partir de reproducciones de imágenes procedentes de algunas ediciones conservadas en la rica biblioteca del Centro, la riqueza, la complejidad, las mil caras de una obra que no ha dejado de ilustrarse desde 1607 hasta nuestros días.

La redacción del catálogo, de esas pocas páginas que establecieran un hilo conductor a la exposición, me pareció, en principio, sencilla, ya que seguramente había sido tema de estudio y de investigación de numerosos cervantistas. Pero, ¡cuál fue mi sorpresa al comprobar que, al contrario de lo esperado, poco era lo escrito y mucho lo repetido, a partir del magnífico libro, aunque obsoleto en algunas de sus conclusiones, como era la Historia gráfica de Cervantes y del Quijote, firmada por Juan Givanel Mas y Gaziel (Madrid, Plus-Ultra, 1946).

Y una de las razones por las que este campo continuaba sin ser explorado en todas sus posibilidades era, sin duda, la dificultad para acceder a los originales, a las distintas estampas, ya fueran estas sueltas o dentro de valiosos libros. Tan solo quien tuviera acceso a una magnífica biblioteca, donde se pudiera acceder a tan ricos materiales de trabajo podría plantearse nuevos estudios, una nueva visión sobre el tema. Y así sucedió con Patrick Lenaghan, quien en este año fue el comisario de una espléndida exposición: “Imágenes del Quijote: modelos de representación en las ediciones de los siglos XVII a XIX”, a partir de los magníficos fondos de la Hispanic Society de New York, donde trabaja. Una exposición magnífica como magnífico es también su catálogo, que permitió dar un salto cualitativo en nuestro conocimiento de la iconografía quijotesca.

Pero, ¿por qué no permitir que estos fondos estuvieran al alcance de todos y no solo de unos pocos privilegiados, como también era mi caso, ya que tenía a mi disposición los fondos del Centro de Estudios Cervantinos? ¿Por qué no aprovechar las posibilidades que ofrece la tecnología informática, que hace posible una difusión muy económica de este material? Y con estas ideas, y con más entusiasmo que conocimiento, comencé a pergeñar un proyecto, que estuvo moviéndose de despacho en despacho, de comisión en comisión, hasta que fue aceptado como uno de los proyectos que financiaría la Comunidad de Madrid como parte de su programa de actividades para conmemorar el IV centenario de la publicación del Quijote.

Más adelante, y de manera muy marginal, también contamos con un apoyo de la entonces omnipresente Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, que nos prometió una ayuda continuada en el tiempo, que luego nunca se materializó… promesas que no están en papel mejor considerarlas como lo que son: papel mojado.


Recuerdo aquellos primeros años del proyecto con cierta nostalgia: todos los días eran un descubrimiento y un desafío; todos los días era un aprendizaje. Aprendizaje con los propios libros (el corpus inicial del Centro de Estudios Cervantinos pudo ampliarse con el rico fondo del Museo Casa Natal de Cervantes y la biblioteca privada del Cigarral del Carmen, el verdadero corazón del proyecto), aprendizaje con el equipo de informáticos, de la empresa Slinges, encabezados por Enrique Hernández Esteban, aprendizaje con el equipo de catalogación, con Ana Marín Sánchez, Ronda Vázquez Martí, Elísabet Magro y Elisa Borsari… y poco a poco las piezas iban encajando.

Las fotografías digitales que teníamos que repetir porque no habíamos tenido en cuenta las sombras (¡qué lunes aquellos en el Museo Casa Natal de Cervantes con Elísabet, fotografiando y sorprendiéndonos con la riqueza allí albergada!), las fichas que se iban cumplimentando de cada una de ellas, sobre todo la dificultad de establecer un estándar para la catalogación de los episodios y títulos que fue uno de los trabajos que más nos costó, pero que han sido una de las claves de nuestro éxito, de una marca de la casa que nos diferencia de cualquier proyecto sobre la misma temática iconográfica que se ha hecho antes y después, y después los programas de visualización, las pruebas para que todas las piezas estuvieran en el lugar adecuado, y con un gestor que permitiera una respuesta rápida al usuario, que ofreciera los datos de tal modo que se sintiera cómodo utilizando nuestra herramienta, que le fuera útil. Preferimos centrarnos en el motor de búsqueda, en las bases de datos antes que en el diseño espectacular, algo que algunos políticos y administradores nunca nos perdonaron: ¡Ay, las fotos, las inauguraciones…! ¡Cuánto daño han hecho y siguen haciendo!


En diciembre de 2005, unos días antes de que terminaran las conmemoraciones quijotescas, el Banco de imágenes del Quijote se hizo público en Internet en la dirección electrónica que siempre ha tenido desde entonces: www.qbi2005.com. En aquel momento salimos con apenas 62 ediciones y 4.000 de imágenes.

Nuestro reto era poner, como máximo, 10.000 imágenes a disposición de todos los usuarios. Diez mil imágenes con su correspondiente catalogación y etiquetas que permitiera la recuperabilidad de la información a partir de diferentes criterios, elegidos por el propio usuario según sus necesidades. Desde enero de 2006 hasta nuestros días, el Banco de imágenes del Quijote se ha ido actualizando mes a mes, ampliando sus ediciones e imágenes… hasta llegar a las quinientas en este mes de enero. Y este camino no hubiera sido posible si no hubiéramos contado, desde el año 2007, con el apoyo de la Sociedad Don Quijote de Conmemoraciones Culturales del Gobierno de Castilla-La Mancha, que siempre ha confiado, y lo sigue haciendo, en nuestro proyecto.


500 ediciones del Quijote, desde la primera imagen de 1607 hasta el conocido como Quijote del centenario, ese que comenzó a imprimirse en 1905 para conmemorar el III Centenario del Quijote, pero cuya publicación se prolongó hasta 1908. 500 ediciones del Quijote a disposición de cualquiera, que le ha convertido en una de las herramientas informáticas más utilizadas, punto de partida para la realización de tesis doctorales e investigaciones de todo tipo, así como para el uso en el aula…

Estamos orgullosos del trabajo realizado, de haber sido capaces de mantener con vida uno de los pocos proyectos que siguen gozando de buena salud de todos los programados en el IV Centenario del Quijote. ¿Se acuerdan las cifras astronómicas de aquellos tiempos?

500 ediciones, con sus casi 16.000 estampas, que podrían ser un buen punto y aparte, o quizás un punto y final. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero también es cierto que ha sido mucho el realizado.

Pero estas 500 ediciones, estas miles de imágenes ahora, por primera vez disponibles de manera sistemática en la red, más que hacernos pensar en abandonar el proyecto nos dan ánimos para seguir con él, para seguir aumentándolo en calidad y cantidad… e incluso ampliarlo a 1915, ya pensando en la celebración del IV Centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote.

500 ediciones que hacen del Banco de imágenes del Quijote una de las herramientas más sólidas, más importantes de las Humanidades Digitales en español. 500 ediciones que nos permiten agradecer a tantas personas que nos han apoyado para ahora poder celebrar este éxito.

19/01/2011 (12:01)

El pasado dos de enero entró en vigor la nueva ley sobre el tabaco, que viene a completar la que hace unos años puso en jaque a muchos fumadores porque afectaba al lugar donde se pasaban la mayor parte de su tiempo, y al que no tenían opción de decidir si iban o no: la oficina de trabajo. La nueva ley amplía las restricciones ahora a los bares y locales de ocio, a esos que sí tenemos la opción de ir o no, y a la hora que queramos.

Como ex fumador, no voy a entrar aquí en las razones que nos llevan en este campo a legislar de manera prohibitiva ni voy a hacer pronósticos si estas medidas mejoran o no la calidad de la salud de nuestra sociedad. Pero como ciudadano que ha de cumplir las leyes, las que le gustan y las que no (en especial las leyes fiscales de obligado cumplimento), sí que me gustaría pararme un momento y reflexionar sobre algunas conversaciones que he tenido que escuchar, sobre algunos mitos y tópicos que han ido llenando las horas muertas de los telediarios y de las páginas –cada vez menos periodísticas- de los diarios. Un alto en el camino que permita comprender algunas reacciones que me resultan incomprensibles.


La primera de ellas es la campaña orquestada por los establecimientos hosteleros contra la ley, y esas cifras astronómicas de pérdidas. No sé muy bien cuál ha sido el mecanismo para saber que en los primeros meses de entrada en vigor de la ley sus pérdidas van a ser millonarias. ¿Dónde vamos a ir a tomar café? ¿Dónde nos vamos a reunir, a salir y quedar con amigos?

Entiendo su malestar y su incomodidad cuando se aprobó la antigua ley, en que se daba la opción de ofrecer que se fumara o no en un determinado local a su propietario; entiendo el cabreo, más que justificado, de aquellos que, visto que si ponían el bar “libre de humos”, se quedaban también sin clientela, optaron por habilitar un espacio para fumadores, con el consiguiente gasto, que ahora es inútil (o doble, ya que ahora han de hacer una nueva inversión para quitar las mamparas antes instaladas)… la antigua ley, que ahora se ha reformado, no llegó a ser ni una cosa ni otra y todos salimos perjudicados. Entiendo que muchos bares que comenzaron “libres de humos” decidieron colgar después el carte del “Se permite fumar”, ya que la clientela tenía opción de elección, y, en muchos casos, se prefería no marginar a un amigo o a un compañero, antes que ir a uno de estos locales.

Pero, como digo, ¿y ahora que no tenemos elección? Ahora que todos los bares están libres de humos, ¿cuál es la elección que nos queda? ¿Quedarnos en la puerta de nuestra oficina fumando (pues en el interior tampoco es posible), abandonar el café, la copa o los encuentros con los amigos? ¿Cientos de millones de euros en pérdidas? ¿De dónde proceden los cálculos? ¿Piensan que varios miles de personas van a dejar de pisar los bares? ¿Acaso es que vamos a los bares a fumar… o a estar en compañía, a relacionarnos, a compartir?

En uno de los tantos reportajes con que se han abierto estos días los telediarios, una camarera, con buen criterio, decía que algunos de sus clientes fumadores que antes se tomaban varios cafés con su cigarrillo, ahora se toman solo uno y luego salen a la calle a fumar. Y seguro que tiene más razón que un santo… pero al mismo tiempo, en otra cadena, una mujer con su hijo de pocos meses ofrece su mejor sonrisa para felicitarse por la medida, porque ahora, por fin, puede quedar con sus amigas en el bar con su niño pequeño… ¿Acaso ella no consumirá ahora algo más que antes?


El otro día en una cafetería en Alcalá escuché la siguiente conversación mientras esperaba que me calentaran un croissant. El camarero, muy indignado con la medida, hablaba con una clienta que, en un alarde de ingenio, le había preguntado por la ley antitabaco. Hablaba, de nuevo, de que habían bajado mucho las ganancias, que ahora había menos clientes y, sobre todo, que lo peor estaba por llegar cuando viniera el buen tiempo y ya se pudieran poner terrazas, donde sí que se puede fumar. Y seguramente tiene razón y está bien visto el problema… pero, ¿por dónde pasa la solución?

Soy el primero que me aprovecho de las terrazas en verano (y también de los que he preferido la terraza con calor a estar dentro de un bar con su aire acondicionado por no aguantar el humo que había dentro). Es cierto que las terrazas son siempre una competencia de los bares que nos las tienen… pero lo ha sido siempre y lo seguirá siendo en el futuro. Quizás sea el momento de agudizar el ingenio y de ofrecer nuevas alternativas.


En los primeros días  de la llegada de la ley, en esos días tontos de noticias después de fin de año, aún con la resaca y la mala conciencia de las cenas y comidas navideñas, la prensa, tanto escrita como televisiva, se volcó en la búsqueda de noticias… que había habido unas trescientas denuncias (cifra ridícula donde las hubiera), y en varios telediarios se repitió la misma imagen (¡y gran noticia!): que un bar del norte de España había decidido utilizar los ceniceros para poner las tapas del bar y que todos estaban encantados por sutituir la ceniza y las colillas por un apetitoso plato de garbanzos. O esa otra en que en otro bar daban mantas a sus clientes para que pudieran salir a la calle a fumar en la terraza. ¡Minutos de telediario que en publicidad serían miles y miles de euros para contar estas noticias, que se repetían por la mañana y por la noche!

Recuerdo una entrevista absurda: la reportera, con mucho entusiasmo, ha encontrado una gran noticia: en una terraza en Madrid al lado de cada mesa hay una mantita para poder protegerse del frío. La reportera se empeña en que esta costumbre que, como bien dice la dueña del local, la ha copiado de los bares del norte de Europa donde se hace desde años, le pregunta una y otra vez por esta solución al problema de la ley antitabaco, por el momento en que se le ocurrió, cómo ha conseguido aquel número de mantas… y la pobre dueña del local lo único que dice una y otra vez es que lo de las mantas ya hace años que lo hace, y que tiene que ver más con el frío que con la ley.

Y con este despliegue de medios y de publicidad, ¿quién no ve el chollo de ganarse una publicidad gratuita aunque sea incumpliendo la ley, con la consiguiente multa? Y así varios listos de toda España consiguieron varios minutos en la televisión en una publicidad gratuita.

Y mientras veía este derroche de estupidez periodistica, en busca de noticias donde no había noticias, me acordaba de una queja de Rosa Montero hace años desde su columna semanal, en que hablaba del despliegue informativo que se había dado a un grupo de jóvenes catalanes que habían quemado un retrato del rey (ahora con minúscula después de la reforma ortográfica de la RAE), que incluso llegó a abrir telediarios, cuando no era más que una chiquillada, mientras por otro lado se quejaba de la dificultad que tienen asociaciones –como la de defensa de los animales en la que ella participa- para que sus noticias lleguen a traspasar las redacciones de los periódicos o de los telediarios televisivos. Una verdadera vergüenza.

Entre las tonterías que nos imponen las agencias norteamericanas y la falta de rigor periodístico que cada vez se aprecia más en nuestros medios de comunicación, es que le dan ganas a uno de fumarse un cigarro, al menos por llevar la contraria a los tiempos que corren… y sumar con ello una noticia absurda a todas las que nos ofrecen día a día.

22/12/2010 (20:14)

En septiembre de 1580, Miguel de Cervantes Saavedra vuelve a pisar tierras españolas después de haber pasado cinco años, cinco interminables años en el cautiverio de Argel. Vuelve con las esperanzas de una vida tranquila, junto a su familia, y sus sueños de ver recompensados sus esfuerzos militares en la Batalla de Lepanto (recuérdese “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos") y en los años de cautiverio. Vuelve con la ilusión de reencontrarse con su familia, con su hermana Andrea, con ese Madrid que es un hervidero de noticias contradictorias en un imperio en que no se pone el sol ni tampoco dejan de salirle problemas y enemigos.

Vuelve Miguel de Cervantes conociendo el verdadero valor de la palabra ‘libertad’, como lo escribirá en su Quijote, en una de las frases más célebres y certeras que nacieron de la pluma genial de nuestro escritor: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos".

Y con estas imágenes, con estos sueños, ilusiones y esperanzas comienza la obra de teatro En qué se le haga merced escrita y dirigida por Ernesto Filardi, y que este fin de semana se ha representado en el teatro La Galera, gracias a una iniciativa del Museo Casa Natal de Cervantes, dentro de su ciclo Teatro de Navidad. Y los que hemos estado allí lo sabemos: Cervantes se ha paseado por Alcalá las noches del 18 y 19 de diciembre, y lo ha hecho con la voz certera de Ernesto, la voz que es capaz de recitar los versos clásicos con el tono y el deje de una conversación cotidiana, haciendo de la lengua un lugar de encuentro, de la poesía un territorio común, en que el presente y el pasado se dan la mano, mirando sonrientes al futuro.

Y junto a Ernesto Filardi, a este alter-ego del propio Cervantes, una espléndida Iria Márquez, que es capaz de ser la voz de la experiencia y de la realidad cuando se convierte en Andrea, la hermana del escritor, o que nos hace reír a carcajadas cuando, por encima de sus enormes gafas, repite aquello de “Consejo de Indias, Departamento de Solicitudes para América", en una imagen que siendo de ayer tanto se parece a la de hoy en día. Espléndida Iria como Marcela, que alza su voz y su grito de libertad por encima de nuestras cabezas como un nuevo incendio de ideas.

“Yo nací libre…", y nada más es necesario. Nunca he visto una Marcela más real, más de carne y hueso, más en su papel de heroína que se alza por encima de los montes para dar la réplica al suicidio de Grisóstomo, una reivindicación de esa libertad que, como bien supo entender Luis Rosales en su libro clásico, es un leiv-motiv de la obra de un hombre al que no le dejaron ser muy libre ni su tiempo ni sus circunstancias, de ahí que se vengara en el mundo de ficción de su literatura. En fin, una Iria espléndia, que hace creíbles todos los papeles, que muestra un abanico de registros sorprendente, tocando a lo largo de la obra lo cómico y lo trágico, lo cotidiano y lo sublime, como esa escena magnífica de la Numancia, que sobrecoge el corazón.

Ernesto Filardi ha conseguido con la obra En qué se le haga merced devolvernos a un Cervantes humano, un Cervantes que es capaz, como así lo tuvo que hacer en vida, sobreponerse a todos los infortunios que le tocó vivir. Y en la obra, que se enmarca en esa vuelta a tierras españolas después del cautiverio de Argel y el comienzo de la escritura de Don Quijote de la Mancha, en una imagen en el escenario que consigue rescatar algunas de las iconografías quijotescas más reconocidas y aplaudidas a lo largo de los siglos como es la de Gustave Doré, vamos viendo cómo las esperanzas de una vida mejor con que Cervantes llena su corazón y su ilusión se van cayendo, una a una, a sus pies; y de su mano, cómo las ilusiones de un imperio se van desquebrajando una a una. Comienza la obra con el recuerdo de una batalla, la de Lepanto, que Andrea consigue minimizar a su realidad política cuando le descubre a su hermano que los enemigos de ayer, los turcos, ahora son los aliados de los venecianos, y que el propio Felipe II ha firmado acuerdos de paz con ellos, dado que ahora su preocupación se encuentra en otra geografía: Portugal.

Y con este comienzo heroico –aunque solo sea en el recuerdo y en los sueños de Cervantes– pasamos a una empresa, en que Cervantes tendrá que participar sin mucho honor y gloria, como es la Armada Invencible, cuyo nombre es imagen de la decadencia de un imperio en que, recuérdese, nunca se ponía el sol. Armada invencible que nunca llegará a su destino, ya que será destruida no por los ingleses sino por la propia naturaleza (la certera del mar y la estúpida de los capitanes que sabían más de pasillos palaciegos que de llevar barcos a buen puerto).

Termina la obra de Ernesto Filardi con el mismo texto con que me gusta comenzar al hablar de la biografía de Cervantes: la aprobación firmada por Márquez Torres al inicio de la segunda parte del Quijote, y que quizás (y más que quizás), fuera redactado por el propio Cervantes. En él, unos embajadores franceses piden a su interlocutor español que les hable de Miguel de Cervantes, de quien en Francia se hacen todo tipo de elogios, no sólo por su Don Quijote sino también por su novela pastoril La Galatea (de la que se llega a decir que algunos de los embajadores franceses se sabe casi de memoria).

Y ante las preguntas sobre su edad, profesión, cantidad y calidad, responde con un lacónico: “Halléme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre". Y ante esta respuesta uno de los embajadores, sorprendido, pregunta: “¿Pues a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?". Y antes que pudiera contestar el licenciado, con respuesta harto difícil de hallar, otro de los embajadores se adelantó y dijo, con mucha agudeza, como se indica en el propio texto: “Si necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo".

Y ricos, muy ricos, nos sigue haciendo Cervantes con el paso del tiempo. Ricos cuando leemos y releemos sus textos, en los que siempre uno se sorprende por una frase, por una enseñanza, por un quiebro ingenioso o por una ruptura de todas las normas narrativas (de esa narrativa que nace de sus propia falta de normas). Pero ricos también porque nos da la oportunidad de seguir volviendo a su vida y a su obra, que es la de aquel siglo conocido como de oro, y que es también la de nuestro tiempo, que más bien puede ser de hierro o de metal menos noble y duradero.

Sorprende la modernidad de muchas de sus ideas, de cómo son reflejo de nuestra realidad actualidad (¡qué poco hemos cambiado desde entonces!), y en la obra es difícil distinguir lo que pertenece a la pluma genial de Cervantes y qué a la no menos genial pluma de Ernesto Filardi. Ricos, en fin, por haber tenido la oportunidad de haber vuelto a ver a Cervantes en Alcalá de Henares, en su tierra, en la figura de un magnífico director y actor (y mejor escritor) como es Ernesto Filardi, acompañado de Iria Márquez, magnífica en todos sus registros.

Solo espero que esta visita, alentada y auspiciada por el Museo Casa Natal de Cervantes y la Subidirección General de Museos de la Comunidad de Madrid, sea la primera de muchas más, y que muchos más alcalaínos puedan disfrutarla en el Festival de Teatro Clásico o en la programación de los diferentes teatros de nuestra ciudad. Miguel de Cervantes se lo merece y En qué se le haga merced mucho más.

16/12/2010 (12:05)

El 7 de julio de este año, se terminó de imprimir el libro de Jesús Marchamalo “Tocar los libros”. Una pequeña joya bibliográfica editada, con el buen hacer de siempre, por la editorial Fórcola, que incita a toquetear el libro, a pasar, una y otra vez, las manos sobre su portada verde, sobre esa jota y esa eme de la cubierta, y con ese título como si fuera un sello… Como cuenta el propio Marchamalo en la “Apología” con que  comienza el libro, esta joya tiene su propia historia: nació como una conferencia en Valladolid en el 2001 y se convirtió en libro dos años después en la colección Cuadernos de Mangana, que editaba por entonces el Centro de Profesores de Cuenca. Setecientos ejemplares que se agotaron y que se han convertido en una de esas piezas de bibliófilo experimentado y cuidadoso.

Y de nuevo a la confrencia, un 23 de abril en el CSIC, ahora del año 2008 y una nueva edición, precisamente en ela Serie 23 de abril, para volver a convertirse en una rareza que solo unas pocas bibliotecas pueden exhibir con orgullo y satisfacción. Una tercera oportunidad, una tercera vida para este texto exquisito, para este libro que da gusto tocarlo tanto con las manos (el fetichismo del libro) como con los ojos y el entedimiento (el fetichismo del texto) es el que nos ofrece ahora la editorial Fórcola.


“Tocar los libros” es un libro sobre libros o, mas bien, sobre sus lectores y nuestras manías. Libros que forman parte de nuestra cultura, de nuestro pasado, de nuestros recuerdos y que ocupan un espacio en nuestras estanterías, en las paredes de nuestra casa o en los espacios más escondidos de los baúles, de los armarios, de las buhardillas. Libros que se han tocado, que se han abierto y hojeado por primera vez en una librería, libros que atesoran en sus páginas las huellas de sus derrotas y de sus victorias en los lectores anteriores, libros que hemos visto y compartido en las estanterías de las casas de los amigos, libros que hablan de las manías de sus creadores, de sus lectores, de sus libreros, libros que adquieren las formas más extrañas con la única finalidad de atraer nuestra atención, como animales en celo, libros que se dejan, una y ota vez, tocar y tocar, manosear, compartir, volver y volver a ellos como quien lo hace a la fuente cuando se tiene sed.

Y “Tocar los libros” es eso y mucho más. Es un recorrido por algunas de las obsesiones de su autor y de la de algunos de los escritores que salen en letras mayúsculas en los manuales de literatura. Y con ese estilo directo, tan periodístico, pero jugueteando con las palabras, sabiendo que quiere entretener sin dejar nunca de enseñar (y de enseñarse), Jesús Marchamalo ha sido capaz de escribir un libro que más que tocarlo, se devora.


Los libros que se poseen y que a veces se convierten en un problema de espacio, llegando incluso a ocupar las paredes del cuarto de baño, a los que los escritores han dado diferentes soluciones; los libros que se leen y se olvida su contenido, aunque por esos caprichos de la memoria, somos capaces de recordar detalles que son totalmente anecdóticos, como el lugar en que los leímos, el color de su cubierta, su grosor e incluso algunas palabras del prólogo, pero de su contenido, nada de nada; los libros que se ordenan, que encuentran su lugar y su orden dentro de metódicas bibliotecas y otras que solo hallan en el desorden de su dueño una razón de ser; los libros que se ordenan según el capricho de personas ajenas, como esa típica ordenación de nuestras madres por tamaños (¿no me digas que no quedan mucho mejor así?), o aquella niña que se acercó a la casa de Juan Carlos Onetti para ordenarle sus libros, demostrando su habilidad recitando de carrerilla el alfabeto… y la sorpresa de Onetti cuando al volver a su biblioteca se encontró que la letra J “reunía a Joyce, Rulfo, Cocteau, Jiménez, Le Carré, Swift, Cortázar y Borges”.

¿Y qué hacer con los libros que ya uno no quiere seguir teniendo en casa? ¿Y cuántos son los libros que deberíamos tener? George Perec defiende una cifra absurda: 343… y son muchas las anécdotas que se cuentan de cómo los escritores abandonan o se deshacen de sus libros: no dejar entrar un libro en casa si antes no sale otro, abandonarlos en los bancos del parque para permitirles soñar con una nueva vida en casa de otro lector… pero lo peor sin duda, la peor pesadilla para todo buen lector, todo buen coleccionista de libros (¿acaso nos hemos planteado leer todos los libros que tenemos en casa, que compramos?) sea perder los libros en un incendio; de pronto, ser conscientes de que parte de nuestra vida, esa que se ha quedado en las marcas de lectura de nuestros libros, en los recuerdos que vamos olvidando entre sus páginas (un billete de tren, fotografías, recetas antiguas… e incluso billetes de cinco dólares) un día desaperecen sin más, sin dejar más que una memoria de cenizas y de humo.

Bien recuerda y casi así termina su libro Jesús Marchamalo con la imagen de un Octavio Paz desolado delante de su biblioteca quemada “porque con los libros no solo se quemaron las historias, los personajes, los lugares. Con los libros ardieron las dedicatorias, las anotaciones en los márgenes, las erratas corregidas a mano. Con los libros ardieron las tardes luminosas en las que los había leído, el olor del papel, el orden de las estanterías, el tacto de los amigos a los que se los había prestado” (p. 76).


Libros, libros y libros. Libros que se tocan, libros que se manosean, libros en los que dejar huellas de nuestra vida, aquella en la que compartimos un tiempo de lectura, un tiempo de viaje, un tiempo de recuerdos y de sueños e ilusiones.


Y libros que han de ir encontrando su espacio en los próximos años, como así lo hicieron en el pasado. Al lado del magnífico y toqueteable libro de Jesús Marchamalo tengo mi iPad, la “tablet” de Apple que me enloquece en los últimos tiempos. Paso mi mano por su pantalla tactil y las palabras, las imágenes parecen sentir mi caricia; apago la música para dejarme llevar por el último texto electrónico que me he bajado y que me permite leer en la cama sin tener que hacer pesas con el tamaño del libro… y en un momento, decido que estoy cansado de leer, que ahora quiero escucharlo… y cierro los ojos y me pongo los cascos y la letra se convierte en voz y sueño con historias que me llevan a otros mundos… tocar los libros, olerlos (en esa tinta industrial y ese mal papel al que nos van acostumbrando los editores), comprarlos, prestarlos, conservarlos… pero también escucharlos, también abrirse a las nuevas posibilidades que se nos ofrecen a nuestro alrededor, donde la ordenación y la acumulación de la información ya no se debe cuantificar en números de estanterías ni en metros cuadrados de salón o de pasillo.

Estoy encantado con los libros, y no dejaré de comprarlos ni de leerlos.

Pero también lo estoy con mi iPad, y lo he estado con los lectores de tinta electrónica que he tenido… “Tocar los libros”, por supuesto… pero también llegar y hacer más accesibles los textos, los de ahora y los de todos los tiempos. Los libros no están en peligro (como mucho una industria editorial decimonónica que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos, como lo ha hecho la industria discográfica); lo que aún está sin resolver es la calidad de los textos en el futuro, ya sea en formato analógico como en el electrónico. Son años apasionantes los que estamos viviendo; no los perdamos con esa falsa polémica entre el libro electrónico y el libro tradicional. Miro mi escritorio, donde escribo en mi ordenador este artículo (ya nada de papel ni de tinta), y veo el verde ejemplar de “Tocar los libros” de Jesús Marchamalo sobre la funda negra del iPad… a veces una imagen vale más que mil palabras, ya sean estas analógicas o digitales.

12/12/2010 (21:21)

En una época donde parece que está triunfando la lectura fragmentaria (propia del espacio digital) y que los escritores (sin olvidar la industria editorial) parecen pensar en lectores que, como suele ser habitual, no disponemos de mucho tiempo para adentrarnos en el universo de una novela larga, compleja y ambiciosa, la apuesta de Almudena Grandes con sus “Episodios de una guerra interminable” no deja de ser una llamada de atención, una apuesta digna de análisis; una apuesta contracorriente, una propuesta narrativa que parece no seguir los vientos editoriales actuales, por más que su autora sea una de las novelistas más exitosas, una de las que encabeza todas las listas de ventas cuando saca una nueva obra.


Y la primera entrega de estos episodios, la novela “Inés y la alegría”, no deja de ser toda una declaración de principios (y de finales), todo un pulso a un tiempo que necesita de estas novelas, de estas historias, de estas reflexiones, de estos desafíos. Y las historias, reflexiones y desafíos lo son tanto en el plano literario como en el político o histórico, esa herida abierta en nuestro pasado que seguimos sin cerrar, esa memoria histórica que se ha convertido en una nueva brecha en nuestra sociedad, que aún no puede mirar la guerra civil y la terrible posguerra sin teñirlas de lágrimas, reproches y miedos. Y de todo ello y de buena literatura, de muy buena literatura está llena “Inés y la alegría”.


Pero comencemos por el principio, como en las novelas más clásicas, en esas novelas decimonónicas, como las de Galdós, esas que tanto admira y sigue la propia Almudena Grandes. Un principio en que se presentan los espacios, los personajes y se sitúa al lector en una historia, esa que se irá deshilvanando, complicando, resolviendo ante nuestros ojos a medida que las páginas van pasando por nuestras manos.

“Inés y alegría” es la historia de una mujer excepcional (o quizás una de esas mujeres normales que sobreviven, como tantas mujeres de nuestras familias, de nuestro vecindario, a los avatares y los tropiezos de la vida y de la historia, de su propia vida y de su propia historia). La historia de Inés, pero también la historia de Carmen de Pedro, la historia de la Pasionaria, de Santiago Carrillo y de tantos otros personajes de ficción y reales. Y en esta propuesta nueva en la narrativa de Almudena Grandes, en esta ambiciosa voluntad de ir contando la historia de España a partir de personajes, de ficciones que interactúan con otros históricos –o quizás tan de ficción en la hagiográfica o silenciada biografía que nos ha dejado el tiempo- se cifra una de las grandes novedades y aciertos en esta nueva novela, para mí, una de las más ambiciosas y logradas de la ya extensa bibliografía de la autora.

El hecho de tener que adentrarse en un tiempo que no es el de la memoria personal, en ese tiempo más allá del tiempo que constituye nuestra infancia, nuestros recuerdos de adolescencia, le ha abierto a Almudena Grandes un nuevo universo que tiene que explorar, que tiene que conquistar antes de ofrecerlo a los lectores en imágenes, en personajes, en situaciones. Espacio histórico que procede de libros, de memorias, de entrevistas, de comentarios… un verdadero puzzle que necesita comprender para poder darlo a conocer con una magnífica colección de personajes, de situaciones y de historias, en las que Almudena Grandes ha destacado en los últimos años por encima del resto de los escritores de su generación. Lo mejor de la mejor Almudena Grandes aderezado de un nuevo universo, el histórico, ese que le permite ir creando un nuevo referente de imágenes, de símbolos, de momentos memorables.

Me encanta ese juego tan de sus novelas de elementos simbólicos, que terminan siendo imágenes necesarias para ir anclando la historia y sus personajes. Símbolos y momentos como esos kilos de rosquillas que acompañan a Inés a lo largo de su vida, o esas frases que casi se convierten en el coro de una tragedia griega, que vienen a resumir una situación y al tiempo a iluminar una interpretación: “La Historia inmortal hace cosas raras cuando se cruza con la naturaleza de los cuerpos mortales”. Dos planos que normalmente viven en sus espacios, que no llegan a cruzarse, a influirse, pero que aquí se han hecho realidad en una telaraña de episodios en que la historia y los personajes inventados por Almudena Grandes (que no por inventados no deben ser tenidos por no reales) se mezclan con la Historia y las personas que la protagonizaron, que han llenado las páginas de eruditas obras históricas y de no menos eruditas y fantasiosas páginas de memorias y de comentarios (y no por ser reales hemos de pensar que han de ser siempre verdaderas).


“Inés y la alegría” lleva un subtítulo: “El ejército de la Unión Nacional Española y la invasión del valle de Arán, Pirineo de Lérida, 19-27 de octubre de 1944”. Este es el espacio físico, histórico, temporal que constituye el corazón de la novela. Lo que se cuenta en la ficción es necesario para poder comprender qué sucedió en esta invasión a la España franquista que terminó con la muerte de decenas de militares de la Unión Nacional Española y un silencio que se ha llevado con él a algunos de sus protagonistas, como a Jesús Monzón.

Y aquí está una de esas batallas, trascendentales para muchos, esenciales para otros, pero nunca en realidad ni heroicas ni grandes, como la de Trafalgar o la de Bailén, a las que dedicó su tiempo y su buena pluma don Benito Pérez Galdós. Una historia que se recupera y que yo, como muchos otros lectores, seguramente hemos conocido gracias a esta historia, a este “Episodio” que es “Inés y la alegría”. Una invasión, la del valle de Arán, que se narra, que se cuenta, que se adapta a los tiempos de la narración (en ningún caso, “Inés y la alegría” es un estudio historiográfico ni, me atrevería a decir, un novela histórica al uso).


Reconozco que me es muy difícil gestionar la memoria histórica. Sobre todo, me es muy difícil gestionar la negativa de algunas personas a querer saber qué sucedió en aquellos momentos terribles de la guerra civil y, sobre todo, de la postguerra franquista. Me cuesta mucho vivir en un país que acepta como un mal menor (e incluso para algunos, ni un mal en sí mismo) la existencia en el siglo XXI de fosas comunes, de muertos en nuestros campos sin identificar, sin permitir a sus familias un final digno a una herida personal sangrante en el recuerdo de cada día, de cada mañana. Me cuesta mucho esta negativa a cerrar una herida que debería ser del pasado y que, algunos políticos mal intencionados, se han empeñado en volver actual, en convertirla en una herida y en una fractura del hoy.


“Inés y la alegría” es la historia de una superación, de una supervivencia, de una vida entregada a intentar ser feliz, a ser feliz defendiendo unos valores que, puestos sobre la mesa, muchos los defenderíamos con el mismo entusiasmo, con el mismo ardor y los mismos miedos. Historia de un momento histórico (la invasión del Valle de Arán), de cómo se organizaba el partido comunista dentro y fuera de España, de las miserias de los países vencedores de la II Guerra Mundial, pero también la historia de una vida cotidiana, de unos cuerpos mortales que la pluma en estado de gracia de Almudena Grandes ha convertido en verdaderos protagonistas de la Historia, de esa Historia inmortal que necesita de estos “episodios” para poder seguir profundizando en nuestro pasado. En ese pasado que, por mucho que queramos negarlo, existió.

 Como sigue existiendo en nuestro tiempo la vergüenza de las fosas comunes, por más que ya no ocupen titulares en la prensa ni sean el tema de apertura de los telediarios. Las heridas siguen abiertas, por supuesto, y lo seguirán estando mientras sigan existiendo fosas comunes, datos y temas de nuestro pasado que sigan cerrados al diálogo, al conocimiento.

30/11/2010 (22:48)

El pasado sábado asistí a la representación de la obra de teatro de Javier García Mauriño, ‘Una conferencia’, en La Galera. El monólogo que Javier escribió hace unos años y que Rafael Calvo, su actor fetiche, ha ido regalándole su cuerpo y su espléndida voz, es a un tiempo una mirada cínica sobre nuestro tiempo como la imagen más certera que he visto en los últimos años de la situación actual de nuestra cultura, y, más concretamente, de quienes nos dedicamos a ella desde diferentes sedes y finalidades. Intento explicarme.

El conferenciante, el actor que le da vida a un conferenciante que nos reúne en la ficción de su cuarto de estar, pone desde un principio las cartas sobre la mesa, y nos viene a decir: “Les he reunido aquí, o, mejor dicho, han venido ustedes por propia voluntad aquí, para escuchar una conferencia sobre absolutamente nada, porque no tengo absolutamente nada que decirles. Pueden irse si quieren, porque sobre nada versará mi discurso que, como es de esperar, no concluirá en nada, no explicará nada, no hará nada por divertirles o entretenerles. Esa es mi finalidad: aburrirles. Ese es mi desafío".

Y durante la hora del espectáculo, apoyado por un power point, que no sirve para nada pero que resulta imprescindible hoy en día si se quiere dar una conferencia, el conferenciante, ese que nos habla desde su cuarto de estar, habla de mil cosas, sobre mil cosas se apoya y sobre otras mil opina, pero sin llegar a decir realmente nada. Sin tener ninguna intención de hacer nada, de decir nada. Espectáculo sin conflicto. Teatro sin tensión. Palabras sin discurso, en que la visión pesimista de la sociedad se nos propone como un espejo de nuestro tiempo.

Y así, mientras le oímos hablar vamos recordando todas las ocasiones en las que, día a día, también nosotros no decimos nada, incluso cuando creemos que estamos diciendo todo. Banqueros, políticos y periodistas se colocan en el altar de esta confusión que llena de palabras una nada de pensamientos, de ideas, de ambiciones, de sentido… y a esta terna, tan real, tan influyente, yo sumaría la de los profesores, esos que ya nada (o poco más que nada) tenemos que decir.

Mientras escuchaba la voz de Rafael Calvo que iba dando cuerpo y fonemas al texto de Javier García Mouriño (cosa que el texto se encarga en recordar en más de una ocasión) no podía dejar de recordar una experiencia que me ha tocado vivir hace tan solo unas semanas. A unos treinta kilómetros de Azul, la ciudad cervantina de la Argentina, se encuenta el Monasterio de los Trapenses, lugar único en medio de la Pampa, destino necesario en toda ruta turística. Allí volví por tercera vez, acompañando a dos amigos madrileños que habían ido a Azul a partir activamente en el IV Festival Cervantino. Al aparcar el coche, evoqué mi última visita, cuando una cantante sefardí, desde el público, había llenado de voces y músicas del pasado ese lugar que parece que vive ajena al tiempo. Un momento mágico que pudimos gozar con la suerte de las coincidencias.

En esta ocasión, la suerte pareció de nuevo acompañarnos, porque, cuando empujamos la puerta que nos llevaba a la iglesia, una imponente nave de ladrillo en que la acústica se ha cuidado con el esmero de las celebraciones y de los ritos multitudinarios, nos encontramos con la celebración de la misa, llevada a cabo por la escasa docena de frailes que llevan a sus espaldas la gestión del Monasterio, que vive en estos momentos un momento de esplendor económico. Doce frailes situados en dos coros, uno en frente del otro, que estaban a la mitad de una misa cantada. Nos hicimos señas con los ojos y nos sentamos en los últimos bancos de la iglesia. Y en los siguientes quince minutos escuchamos cómo el rito de la misa se iba desarrollando ante nuestros ojos (y oídos) asombrados, cómo se iban preguntando y se iban respondiendo, iban dialogando en el rito cerrado de la celebración, cómo iban entonando cánticos que venían de muy lejos y consejos y doctrinas que pretendían ser muy cercanos. Y sobre los doce, destacaban dos frailes, de una edad ya incierta, en que los años se deben contar por decenas y recuerdos; dos frailes delgados, blancos, de ese color casi sin piel de los cuerpos ya consumidos por los años y por las fatigas.

Y con un esfuerzo sobrehumano se levantaban cuando les tocaba contestar, responder en su plegaria al rito y la llamada de otro fraile. Media hora de un rito, de una celebración pensada e ideada para levantar el ánimos de todos los presentes, de los feligreses. Pero lo único cierto es que no había nadie en la iglesia, que el público había terminado por abandonar el espacio destinado para el espectáculo. Un espectáculo pensado para convencer, para asentar, para dulcificar el alma… sin almas con las que comunicarse.

“Mi intención era la de aburrirles no hablándoles de nada. Espero haberlo conseguido. Buenas noches". Así acababa, más o menos, la obra de Javier García Mauriño. Al final de la ceremonia, después de un “amén" común, los frailes recogían sus huesos e iban haciendo mutis por el foro en silencio. El último apagó la luz, la única luz en medio de la espléndida nave del Monasterio de los Trapenses en Azul.

Y así nos encontramos en las aulas, en las aulas universitarias. En la Universidad de Alcalá, en la Universidad Complutense, en cualquiera de las Universidades del mundo, en este espectáculo medieval que, en poco ha cambiado sus ritos y sus prebendas y miserias (por más que ya no demos las clases en latín y se haya democratizado su asistencia). Un espectáculo medieval en que, en muchas ocasiones, en casi todas las ocasiones, parece que los profesores solo tengamos una misión, una finalidad: la de aburrir a los pobres que se han convocado alrededor de nuestras clases. Planes de estudio obsoletos, progamas que viven al margen de las demandas de la sociedad, falta de promoción de los verdaderos investigadores y docentes, y defensa –en un falso corporativismo– de los malos profesionales, aquellos que ni superan las evaluaciones externas o que son capaces de destruir con su ignorancia lo creado por otros profesores, por otros investigadores que han ocupado el puesto antes que ellos.

Y así nos va con las Humanidades, y así nos va con la Universidad, ya sea la de Alcalá (en que algunos de estos problemas son más evidentes por su juventud y por algunos malos profesionales que han hecho de la mezquindad y de su ignorancia banderas de su autonomía y de su despecio a la ciencia), pero también con cualquier otra Unviersidad tanto española como extranjera. Las humanidades están en retroceso. Seguramente también el conocimiento. Pero no solo se lo debemos a los que vienen a escucharnos, a los males de una sociedad, sino que también debemos criticar nuestros modos y nuestras modas; esos ritos que mantenemos desde la Edad Media y ese querer (y a veces, no solo querer) aburrir a quienes nos prestan algo de atención. La Universidad, las Humanidades tiene mucho que cambiar para adaptarse al siglo XXI.

No estaría mal comenzar con exigir a los que estamos al frente de ellas, como gestores, como profesores, que comencemos a cambiar, que nos olvidemos de nuestras torres de marfil (cualquier tiempo pasado fue mejor) y que miremos al futuro, poniendo el énfasis en los alumnos, en los amantes de la cultura, que, seguramente, estén deseando llenar nuestras aulas, nuestros salones, nuestros teatros… pero no para que los aburran. Nunca para que los aburran. ¿Qué esperar de una profesora que lo primero que dice cuando comienza sus clases de Literatura Medieval es que el Poema del Mío Cid es aburrido? Así nos va… y así le va a la Universidad de Alcalá.

25/11/2010 (13:05)

La escuela nº 33, Paraje Arroyo de los hueros, se encuentra situada en mitad de la Pampa, que es como decir, en mitad de la nada, de una extensión de terreno que tan solo tiene horizontes. Y en esta tarde de noviembre, de la primavera austral, de nubes y amenazas de lluvias.

La escuela nº 33, con sus paredes encaladas y sus recién estrenadas antenas de radio y televisión, cuenta tan solo con cinco años. A su lado, a tan solo unos cien metros, permanece la antigua estructura, esa que habla de otro tiempo, de otro campo, de otro país. Un antigua escuela que parece sacada de los libros de historia y de las fotografías en blanco y negro. Nada que ver con el moderno edificio, moderno y eficiente edificio que acaban de estrenar hace cinco años. Llegamos después de comer.

En el coche, Verónica Torasa, la coordinadora del programa “Mejoremos juntos la calidad de nuestra educación rural”, y Ezequiel, un periodista porteño, con quien comparto asombros. Es la segunda escuela que visitamos hoy, la segunda escuela rural, que parece haberle echado un pulso a la modernidad y que, parece, que lo va ganando. Por la mañana, muy temprano, Verónica viene a buscarme al Gran Hotel Azul y desde allí nos dirigimos a la primera escuela que vamos a visitar, la nº 57, conocida como Paraje Shaw. Las escuelas rurales han supuesto siempre un reto para los docentes, un reto para toda Argentina, que tan solo en los últimos años ha conseguido completar el mapa completo de las escuelas rurales diseminadas por un territorio inmenso, casi continental. Escuelas rurales a la que llegan, como pueden y cuando pueden, los escasos niños que habitan en el campo, en las casas de las personas que trabajan en las inmensas estancias de miles y miles de hectáreas. Escuelas rurales que han de reunir en un mismo techo, en una misma clase a niños de diferentes niveles. Retos y problemas que siempre habían quedado muy lejos de los despachos ministeriales y de las preocupaciones diarias de los inspectores.


En la escuela nº 57 me esperan Patricio, Damián, Elías, Alejo, Joaquín y la hermosa Grisa. Hoy han faltado otros dos compañeros. El domingo llovió y los caminos están intransitables, con lo que han tenido que quedarse en casa. Pero no importa. En una pequeña aula, todo hecho a medida de sus diminutos cuerpos y sus grandes ganas de aprender, se reparten los pupitres, la pizarra, una mapa del mundo, una pequeña biblioteca y algún que otro ordenador.

El mapa del mundo me permite explicarles de dónde vengo, señalar en la inmensidad del mundo el punto de Alcalá de Henares, muy cerquita de Madrid y señalar con el dedo la ruta del avión de un viaje de doce horas hasta llegar a Buenos Aires. No les cabe en la cabeza la idea de pasarse doce horas encerrados, lejos de la inmensidad de este campo al que han acostumbrado sus retinas. Les hablo de Alcalá, algo de su historia, de la importancia de Cervantes, del “Quijote” (al que conocen tan bien por haber participado en la experiencia de pintar un “Quijote para niños ilustrado por los niños de Azul”)… y les pregunto sobre las cosas que les contarían a los niños de Alcalá si tuvieran oportunidad de hablar con ellos. Silencio. No se les ocurre nada porque su vida cotidiana pasa por su cabeza y sus recuerdos sin dejar huella, como si su mundo fuera el de todo el mundo. Y entonces les digo que tendrían que explicar a los niños de Alcalá cómo se toma el mate, porque en España no hay ni mate, ni hierba, ni bombillos… ni tampoco dulce de leche.

Y entonces se ríen entre ellos y suspiran asombrados, no entendiendo cómo puede haber un mundo sin mate ni dulce de leche… y entonces uno de ellos se atreve a levantar la mano y preguntar: ¿Y azúcar? ¿Y coches? ¿Existe azúcar y coches en Alcalá? Lógica aplastante la suya… y nos reímos. Y soñamos con la idea de que un día estas preguntas se las puedan hacer a los propios niños de Alcalá, ya que la gran mayoría de las escuelas rurales del partido de Azul en Argentina (34 en total) están conectadas a Internet gracias al empeño de un grupo de entusiastas y de voluntarios. ¡Qué fácil seria conectarlos con nuestros hijos, con nuestros hermanos y sobrinos, para así establecer lazos entre España y Argentina, entre las ciudades cervantinas de Azul y de Alcalá de Henares!


En la escuela nº 16, Paraje de la Colorada, nos recibe un panel en el pasillo de entrada con unas letras doradas en que se lee “Semana cervantina”, en que se han colgado los trabajos realizados por los alumnos: una conversación de chat entre don Quijote y Dulcinea, la noticia de una de las últimas aventuras del caballero manchego, un cómic con las Bodas de Camacho, adivinanzas con personajes cervantinos… y uno a uno, los niños van contándome sus trabajos, lo que han hecho, cómo lo han hecho, sin darnos cuenta que, una vez más, el “Quijote” se convierte en lenguaje universal que rompe límites geográficos, temporales y culturales.

En la escuela nº 24, Paraje Villa Lazza están leyendo el “Martín Fierro”, ya que hoy es el Día de la tradición. Y lo leen delante de nosotros, igual que en la nº 16 uno de los alumnos ha recitado de memoria los primeros versos: “Aquí me pongo a cantar / al compás de la vigüela, / que el hombre que lo desvela / una pena estrordinaria, /como la ave solitaria /con el cantar se consuela”. Y de los pupitres vamos a la sala de ordenadores, donde apuntan mi nombre en Word y mi dirección de  correo electrónico para así mantenernos en contacto… y de ahí, al patio, al pequeño huerto que ellos mismos cultivan y donde aprenden no solo tareas del campo –a las que ya están más que acostumbrados- sino también las propiedades de las hortalizas, sus vitaminas, la importancia de una buena nutrición.


Y nos vamos. Y vamos dejando atrás estos dos días de encuentros y de visitas a escuelas rurales del partido de Azul para comprender mejor el salto que se ha dado en los últimos años, en que se ha pasado de tener a los niños jugando en el patio para que no molesten a tener la posibilidad de conectarlos con el mundo, a poder enseñarles (una vez por semana) los entresijos y posibilidades de la informática, de ese nuevo mundo al que también están llamados ellos a participar, por más que vivan a una hora de caballo de su escuela, que cuando llueva no puedan salir de casa para no estropear los caminos… y los dejamos jugando, jugando como lo saben hacer los niño: corriendo y peleando por ser los primeros en cazar las pompas de jabón que una de las niñas lanza al aire, al aire de sus risas, de sus gritos, de esa alegría inmensa de este instante pleno, que se confunde con la inmensidad de la Pampa argentina, de esta Pampa húmeda en que don Quijote y Sancho Panza han echado raíces y están convirtiendo en tierra cervantina.

10/11/2010 (18:30)

El pasado 4 de noviembre se inauguró en Azul, ciudad cervantina de la Argentina, el IV Festival Cervantino, que durará hasta el próximo 14 de noviembre. Una nueva entrega de un sueño en que la comunidad azuleña se ha volcado organizando más de 100 actividades repartidas en casi 50 espacios. Es un verdadero placer, una insólita aventura pasear estos días por las calles de Azul, por esta ciudad en el corazón de la Pampa húmeda argentina. En casi todas las calles pueden verse las lonas que dan cuenta de las actividades que se están realizando, con ese ‘Soy Quixote’ que se ha convertido en un lema, en un casi grito de guerra cultural, que todo lo preside. No hay mesa de cafetería, de restaurante que no tenga un ‘soy Quixote’ encima de sus manteles.

Actividades de todo tipo: desde un concierto multitudinario de la Orquesta Filarmónica Nacional hasta homenajes a personajes ilustres de la ciudad, como el siempre recordado Dr. Bartolomé J. Ronco; desde desfiles de moda hasta un concierto de la escuela municipal de música; actividades gratuitas y otras que tienen como finalidad la de recaudar fondos para instituciones locales que les permita ampliar o mejorar sus servicios a lo largo del año.

Todas las fórmulas son posibles. Todos los apoyos necesarios. Todos los retos admitidos y buscados. Un festival que moviliza a cientos de voluntarios durante estos días, y que se ha convertido en la cita anual en que se exponen, se vuelven públicos los esfuerzos culturales que se han ido fraguando y desarrollando a lo largo de los últimos meses. Un festival que coloca a la ciudad de Azul en la capital cultural de Argentina durante una semana y que, al tiempo, se convierte en motor para el desarrollo de iniciativas culturales a lo largo del año, de apoyo a instituciones y colegios que constituyen el tejido estructural necesario para que la cultura sea un motor social y económico de una determinada comunidad.

Este es uno de los grandes retos de toda iniciativa cultural; este es uno de los grandes logros del Festival Cervantino de Azul: ser capaces de encontrar un equilibrio entre lo de dentro y lo de fuera, entre lo que se enseña de la comunidad y lo que viene de fuera para enriquecer a la misma; entre la difusión y la creación y apoyo de las redes culturales ya existentes. El Festival de Azul se analizará en los próximos años como un modelo alternativo, diferente y exitoso a los modelos tradicionales, como son los festivales oficiales, amparados en las políticas culturales de determinados organismos (pienso en el Festival teatral de Guanajuato, totalmente desvirtuado de sus primeras implicaciones cervantinas, o en las decenas de festivales que se multiplican en las fechas primaverales o en las otoñales en nuestra geografía hispánica), o en aquellos más concretos temáticamente o geográficamente o genéricos, que se destinan a una determinada colectividad o grupo.

El Festival Cervantino de Azul, con todos los problemas de gestión y de consolidación (comenzó en el año 2007 después de que Azul fuera sancionada como lo que era: la ciudad cervantina de la Argentina), está defendiendo una propuesta de gestión conjunta privada y pública, de tal manera, que lo público está al servicio de potenciar las propuestas y las iniciativas privadas, de las asociaciones, grupos, entidades que, día a día, están gestionando y produciendo cultura. Una visión en que las instituciones públicas se ponen a servicio de los ciudadanos, de las inquietudes y propuestas de los ciudadanos, que son los últimos beneficiarios de los presupuestos públicos (más allá de los protagonismos políticos, de las fotos oficiales y de las inauguraciones, de las portadas en la prensa pactadas o de los discursos escritos por las mismas personas a las que luego en los actos se les roba todo el protagonismo, siendo ellos los gestores y creadores de los contenidos).

Una propuesta que en su sencillez, en su honradez encuentra las bases de su éxito, de su originalidad. Una propuesta, además, que intenta conjugar el apoyo a las iniciativas de la comunidad con la apertura a nuevas visiones y miradas, que hagan posible enriquecer a los espectadores azuleños y  los que se acercan a Azul en estos días.

Buena muestra de todo lo indicado son los tres proyectos que me han llevado en estos días a tierras azuleñas: una exposición del pintor francés Édouard Zier, con las acuarelas y aguadas inéditas que realizó hacia 1870 para una edición del ‘Quijote’ que nunca se llegó a imprimir, completadas con ejemplares de ediciones francesas de la obra cervantina conservadas en la Biblioteca Popular Dr. Bartolomé J. Ronco de Azul (todo ello, con el apoyo español de la AECID y de la Embajada de España en Buenos Aires); la presentación del vídeo ‘Así se hizo el Quijotito’ que da cuenta de cómo se ha trabajado en Azul en la ilustración de la segunda parte de ‘Las aventuras de don Quijote y Sancho Panza’, cuya adaptación he realizado junto a Diana Calderón y Marta Calzón; y la presentación del ‘Quijote’ilustrado por Rep, editado por mí y publicado por Castalia, que tuvimos la ocasión de presentar en Alcalá hace tan solo un mes.

Tres actividades que conjugan la mirada de fuera con la de dentro; tres actividades que han permitido un mejor conocimiento de la riqueza patrimonial y artística de la ciudad, al tiempo que se ha estado realizando, a lo largo de los últimos meses, un gran trabajo en las escuelas, con los niños divirtiéndose y aprendiendo al tiempo que ilustraban el ‘Quijotito’.

El Festival Cervantino de Azul, con todas sus complejidades y contradicciones, está luchando por dar viabilidad a un nuevo modelo cultural, en que los concejales y funcionarios públicos no se conviertan en motor –o en impedimento– a la cultura, sino en un pieza más de un engranaje mucho más rico, variado y efectivo, en que lo público y lo privado consigan una difícil –pero necesaria– complementariedad.

1/11/2010 (18:37)

La casualidad me ha llevado a aterrizar en el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires justo el pasado viernes día 29 de octubre, el día en que se daba sepultura al expresidente Néstor Kirchner, que había muerto de un infarto un día antes. La casualidad me ha permitido poder estar en Buenos Aires justo el día después del sepelio, del cortejo por las calles del centro, desde la capilla ardiente, situada por primera vez en la Casa Rosada y no en el Congreso Nacional, desde donde, hasta ayer, se habían rendido los últimos honores a los expresidentes muertos. Estas líneas son sólo una pequeña crónica de lo visto en las calles, de lo leído en las paredes y en los periódicos durante el sábado 30 de octubre.

Llego a la Plaza de Mayo en metro, ese metro que ayer permaneció cerrado. No he querido llevarme en la mochila ninguna imagen previa. Tan solo la imagen, casi fotográfica, del velatorio, con la presidenta Cristina Kirchner escondiendo su dolor y sus pensamientos detrás de unas grandes gafas de sol, junto a sus hijos Máximo y Florencia, y el cortejo de gestos, de miradas, de aproximaciones o distancias que se han ido diseccionando en los corrillos y mentideros políticos de todo el mundo. Del abrazo efusivo de Hugo Chávez o de Lula, a la fría cordialidad con la recién estrenada ministra de Asuntos Exteriores, ‘Trini’ Jiménez como la han denominado los grupos periodísticos afines a los Kirchner.

Esta imagen, casi teatral, de una teatralidad improvisada que repetía gestos que uno imaginaba ensayados delante del espejo durante horas y horas, era la única que había querido rescatar de aquella larga jornada de velatorio. En el metro camino de la Plaza de Mayo abrí uno de los periódicos que había comprado para así adentrarme en algunas de las incertidumbres que se le presentan a este país cuando el lunes la presidenta vuelva a retomar el gobierno, y lo haga, por primera vez, sin la tutela de su marido que, para muchos, seguía siendo el verdadero presidente de Argentina.

Y preferí comenzar con el que sospechaba que era el más oficialista, el periódico más cercano a las tesis de los Kirchner, Página/12. En la portada, un gran titular, un escueto titular que hacía público y universal el dolor de Cristina Kirchner: “El largo adiós", y debajo una foto en que el coche fúnebre que lleva los restos de Néstor al cementerio casi desaparece entre la marea humana que lo quiere abrazar, tocar por última vez, entre las cientos de banderas argentinas desplegadas y los miles de mensajes y de flores que anónimos argentinos habían depositado en su capó.

En el interior, diversos artículos con un denominador común: la exaltación del fervor popular por la despedida a su expresidente, un fervor nacido del corazón, al margen de cualquier estrategia política. Pero una columna que da cuenta de algunos de los momentos vividos en el Salón de los Patriotas, donde se había instalado la capilla ardiente, me hace pensar lo contrario. En esta columna se cuentan cuatro anécdotas: las gestiones del Embajador de la Argentina en Madrid, Carlos Bettini, para que la presidenta recibiera el pésame de Trinidad Jiménez, que ya he comentado, y otras tres que deberían dar cuenta de la ‘voz’ del pueblo. Por un lado, el momento emotivo en que los mozos de la Unidad Presidencial lo despidieron con una ovación cerrada (“El jefe del Gabinete, Aníbal Fernández, que hasta aquí había contenido a duras penas la emoción, se quebró y se puso a llorar").

El siguiente gesto lo protagonizará un payador anónimo, uno de los cantos folclóricos más populares, que se despedirá del expresidente cantando la marcha peronista y terminándola con un “Kirchner está presente" (“La presidenta Cristina Kirchner se conmovió y lloró ante este gesto de cariño"). Y el último de los gestos anónimos relatados en Página/12 tendrá en el campo su protagonista, ese campo que durante meses y meses protagonizó protestas por las medidas económicas del gobierno, que le echó un pulso a la presidenta, del que te todavía no se ha levantado… no me resisto a copiar el párrafo completo para que el lector compruebe el ánimo, el tono, la finalidad de este tipo de noticias: “En forma sorpresiva, una persona que dijo ser dirigente rural se paró ante el vallado y comenzó a gritar en medio de la capilla ardiente. No fue para cuestionar, sino para agradecer a la presidenta Cristina Kirchner y a su marido.

El hombre dijo que Kirchner fue “el presidente que más rentabilidad le dio al campo". También señaló que desde 2003, “nunca más se remató una hectárea en el país". La presidenta se quebró y, conmovida, se inclinó sobre el cajón de su esposo y se acercó luego a abrazar al hombre".

Al salir del metro en Plaza de Mayo lo primero que se encuentra uno son las vallas de protección que habían acordonado la plaza durante el velatorio, todas ellas llenas de mensajes, de flores, de palabras de ánimo a la presidenta y de expresión de dolor por la muerte del expresidente. Palabras anónimas y palabras y carteles que muestran, casi de una manera vergonzosa el escudo de una agrupación, las siglas de una institución, los colores de una empresa… Palabras que quieren gritar los logros del pasado y glorificar la figura del expresidente, y así en grandes titulares, puede leerse aún en las vallas de la Plaza de Mayo “Con tus actos venciste la muerte. ¡Gracias Néstor!", “Gracias Néstor, estoy orgulloso de ser argentino"; pero lo que más abundan son los mensajes de apoyo a la presidenta, la necesidad de darle una fortaleza que parecía proceder de la de su marido, que incluso, después de muerto seguirá apoyándola: “El espíritu de Néstor nos dará más fuerzas", “Presidenta Fuerza, hay que seguir adelante, como nos enseñó Néstor", “Más que nunca con Cristina", “Fuerza Cristina, estamos con vos, hoy y siempre", “Hoy más que nunca junto a Kristina y la patria"… Una curiosidad: algunas de estas muestras espontáneas del cariño popular están impresas y colgadas en varios lugares a lo largo de toda la valla.
Recorro la Avenida de Mayo, la que enlaza el poder ejecutivo de la Casa Rosada con el legislativo del Congreso Nacional.

Y allí las pintadas se multiplican, las pintadas negras y rojas firmadas por grupos que desconozco, que luego en los periódicos descubro que forman parte de varias facciones dentro del peronismo. Pintadas en que el grito unánime de “Todos con Cristina" se hace casi obsesivo, e incluso apoyando la candidatura de Cristina para el 2011: “Néstor Kirchner Presente! Cristina Presidente 2011 cueste lo que cueste. Corriente política 17 de agosto". Mensajes de la corriente peronista “Yo soy argentino. Yo soy soldado del pingüino", o de CNP 25: “Néstor con Perón. El pueblo con Kristina" o de JP Nesca: “Fuerza Cristina, Néstor vive en nosotros"… junto a otros más enigmáticos para mí, pero cuyo destinatario ha debido tomar bien cuenta de ellos: “Ni lo intenten"…

Consigo entrar en el Tortoni. Necesito un poco de tranquilidad, alejarme de lo leído, de lo fotografiado, de esta calle que ha quedado marcada por el dolor hace unas horas y por las pintadas en los edificios que pervivirán durante semanas y meses. Consigo, con algo de esfuerzo, mesa en el Tortoni y mientras me tomo una cerveza, y después de repasar las fotos que he tomado, abro el otro periódico que he comprado, Clarín, que vive una guerra abierta con el gobierno de los Kirchner… y ya desde el titular de portada se marcan las diferencias: frente al “El largo adiós” de Página/12, Clarín decide comenzar con “Cristina, frente a su desafío más difícil"… y frente a esa foto en que el coche fúnebre había casi desaparecido bajo el clamor popular, el duelo de toda una nación, la foto de Cristina de negro, bajo un paraguas negro, detrás del féretro de su marido, que llevan los granaderos para subirlo al avión que minutos después lo conducirá a Río Gallegos.

Argentina se enfrenta a un futuro incierto en las próximas semanas. Los movimientos políticos son imprevisibles. No se ha descubierto ningún aparato que pueda predecir lo que un político hará en momentos de crisis. Ni aquí en Argentina ni fuera de Argentina. Los apoyos que Cristina está recibiendo en estas últimas horas, de manera tan clara y pública, lo único que indica es que cuenta, sobre todo dentro de su propio partido, con mil enemigos, que tan solo temían y se callaban ante la alargada sombra de su marido. El resto, es una incógnita.

Lo único cierto es que he encontrado la ciudad de Buenos Aires empapelada en diferentes lugares por unos carteles, firmados por equipos de difusión, en que, frente a una imagen exultante del expresidente Kirchner después de un mitin, y una arrebolada presidenta, satisfecha de él, abrazada a su cintura, puede leerse: “Por siempre Néstor. Fuerza Cristina". Esta es la realidad, el presente… no sabría ni podría aventurar nada del futuro, ni del más inmediato, en esta sorprendente Argentina.

26/10/2010 (15:12)

La ministra de Cultura ha presentado en la Biblioteca Nacional de España, tan madrileña y alcalaína, un innovador proyecto humanístico y tecnológico que tiene en el Quijote su razón de ser, y más concretamente en los dos ejemplares de la edición príncipe quijotesca conservados en la BNE: la de 1605 (Cerv. 18) y la de 1615 (Cerv. 19): el Quijote interactivo, que puede consultarse desde hoy mismo en la siguiente dirección electrónica: http://quijote.bne.es. Un innovador proyecto realizado desde la máxima institución bibliotecaria española, que sigue apostando por la modernidad tecnológica, apoyada en este –y en otras tantas iniciativas- por Teléfonica, del que he tenido la fortuna de haber sido su asesor científico.


Y llegados a este punto, desocupado lector, me imagino que te asaltarán mil dudas y preguntas. ¿En qué consiste un Quijote interactivo? ¿Qué se pretende con estas iniciativas en que se invierten tantas horas y esfuerzos? ¿Qué novedades aporta el Quijote interactivo en un medio, como la red, en que seguro que hay miles y miles de noticias y textos sobre y del Quijote? Y no te falta ninguna razón… Son preguntas recurrentes que han ido apareciendo en nuestras reuniones y conversaciones en el último año en que llevamos desarrollando el proyecto.

Si hacemos una búsqueda sencilla para conocer la presencia del “Quijote” en la red, los buscadores al uso nos devolverán cifras escalofriantes, que quitarían el ánimo al más pintado. Si la prueba la hacemos en Google, nos indica que ha localizado, en tanto solo 23 segundos, más de siete millones de resultados relacionados con “Quijote” (en concreto en la web la cifra se eleva a 7.320.000 resultados)… si limitamos la búsqueda a algunos campos, las cifras siguen siendo abrumadoras: 228.000 imágenes, 10.200 vídeos (cifra que ha aumentado en las últimas semanas gracias al proyecto de youtube y de la RAE, del “Quijote 2.0”, en que también colabora de manera muy activa el Centro de Estudios Cervantinos), 1.020 noticias, 3.790.000 en búsqueda en libros y 388.000 resultados en blogs…

A nadie se le escapa que no todos estos resultados ofrecen la misma calidad y cantidad de informaciones, y que el portal temático de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes dedicado al autor complutense, o el que engloba todos los servicios y contenidos cervantinos en el portal del Instituto Cervantes, o el del propio Centro de Estudios Cervantinos, por quedarnos con los centros de investigación y de difusión más prestigiosos y utilizados, están a años luz de otros resultados, mucho más sencillos y personales. Pero, ¿cómo pensar en aportar algo innovador en este panorama en que la información se superpone segundo a segundo, alejándonos del conocimiento? Y en este querer aportar calidad en un medio donde sigue primando la cantidad se cifra uno de las novedades y de los resultados más sobresalientes de nuestro proyecto, del Quijote interactivo que se pone de largo en la red para que los usuarios puedan no solo utilizarlo sino mejorarlo con su uso y comentarios.


Y de la mano de este panorama abrumador de información, en que la acumulación nos ahoga y dificulta el acceso al conocimiento, llegamos a la pregunta crucial: pero, ¿en qué consiste un Quijote interactivo? Este proyecto es la primera piedra de un edificio mucho más ambicioso que en su sencillez es posible encontrar una de las claves de su éxito. Los “portales interactivos”, del que el Quijote es el primero que se ha desarrollado, ofrecerán magníficas reproducciones digitales de algunas de las joyas bibliográficas que se conservan en los fondos de la Biblioteca Nacional de España, acompañadas de diferentes informaciones creadas para el portal y de enlaces a algunas de las digitalizaciones ya existentes en la Biblioteca Digital Hispánica, una de las bibliotecas digitales patrimoniales más reconocidas y visitadas.

El esfuerzo tecnológico se ha centrado en ofrecer de cada “libro interactivo” una presentación lo más cercana posible a la experiencia del lector actual; lector que no tiene acceso a estas joyas a no ser que se sea investigador y se solicite un permiso especial. Por esta razón, no solo se ha incoporado la tecnología necesaria para tener la impresión de estar pasando las páginas de este libro virtual, sino que se ha grabado el sonido original de esta acción para así reproducirla en la red. Esta es la base y el corazón de nuestro proyecto: hacer accesible la riqueza bibliográfica de nuestro país a toda persona interesada, al margen del lugar geográfico en que se encuentre o el momento en que quiera acceder a la misma. Las bibliotecas modernas han de dar respuesta a nuevas demandas sociales y culturales, que van más allá de la custodia y conservación de nuestro patrimonio, para llegar a ser piezas fundamentales de la Memoria escrita.

La divulgación se ha convertido en una de las piezas fundamentales del presente bibliotecario –alejado de la imagen del bibliotecario cancerbero, que se aferra a unos usos de trabajo más cercanos al siglo XIX que a la actualidad, y del que de vez en cuando se oyen algunos ladridos, algunos exhabruptos; eso sí, cada vez más lejanos, numantinos y patéticos.


Pero los portales interactivos no pueden quedarse solo en la difusión digital de una obra con magníficas reproducciones y con el interfaz lo más cercano posible al libro impreso, sino que se han incorporado nuevas aplicaciones y herramientas que le convierten en un portal único dentro de los más de siete millones de resultados de información que nos devuelve un buscador en pocos segundos. Junto a la reproducción digital de los ejemplares de 1605 (Cerv. 18) y de 1615 (Cerv.19) del Quijote impresos en el taller regentado por Juan de la Cuesta en Madrid, se ha incorporado una transcripción del texto línea a línea, que permite añadir un buscador textual al portal, o la posibilidad de imprimir o de compartir mediante correo electrónico o por medio de facebook, las páginas de la digitalización que nos interese, con lo que se abre la puerta a la interactividad, uno de los aspectos que se quieren destacar y aumentar en las próximas entregas.

Y junto a estos “libros interactivos”, cuyos originales se conservan en la BNE, pero que solo unos privilegiados han podido hojear, y que ahora todos podemos “hojear virtualmente” en la red, pueden consultarse una serie de noticias y de informaciones que permite comprender mejor su contenido y el éxito de la propuesta cervantina, organizados en varias secciones: Mapa de aventuras, el Quijote y los libros de caballerías, Ediciones en el tiempo, la vida en el siglo XVII, sin olvidar una galería de imágenes, de música y de vídeos, que recuperan algunas de la joyas quijotescas diseminadas por los distintos departamentos de la Biblioteca Nacional de España, sin olvidar su gran escaparate mundial que es la Biblioteca Digital Hispánica.


Un proyecto innovador, de gran calidad –tecnológica, bibliotecaria, filológica y patrimonial-, que tiene como finalidad la de hacer accesible a todos los usuarios de la red la gran riqueza patrimonial que custodia y conserva la Biblioteca Nacional de España. Un proyecto que ha demostrado, una vez más, los cambios inevitables a los que nos conduce la tecnología informática, que está imponiendo una transformación en el modo de llevar a cabo nuestro trabajo científico.

Un proyecto de esta naturaleza, con los resultados científicos que se han puesto de manifiesto, solo es posible con equipos interdisciplinarios, en que bibliotecarios, investigadores e informáticos trabajemos codo con codo, aportando cada uno su granito de arena para que los nuevos portales dejen de ser un cementerio de información y que comiencen a convertirse en motor de conocimiento. Ahora es el momento, lector suave, de saber tu opinión, de sentirte navegar por las informaciones del Quijote interactivo y de saber si hemos o no conseguido nuestro sueño, que no es otro que hacer más accesible la obra de Cervantes, y que con esta accesibilidad aprendas al tiempo que te diviertas, siguiendo una de las mejores enseñanzas que se pueden extraer del texto del Quijote.

18/10/2010 (17:58)

Las nuevas posibilidades de difusión y comunicación que nos ofrecen Internet y la web no deben estar reñidas ni con la tradición ni con la cultura. Todo lo contrario. La web, que se ha instalado en nuestra vida cotidiana de una manera sorprendente, se ha vuelto mucho más participativa de la mano de la conocida Web 2.0, de una nueva forma de entender el mundo en que el receptor no es un mero destinatario de información (ya sea periodística, cultural, de entretenimiento…), sino que se ha convertido, al mismo tiempo, en creador o comentador de la misma.

La Web 2.0 nació en el año 2005 (al menos de este año vendrá este nombre tan exitoso y manido), y lo hará desde Estados Unidos donde las nuevas generaciones de nativos digitales (aquellos que desde niños han convivido con las tecnologías informáticas y de ellas han recibido su formación) habían ido creando nuevos modos de difusión en que el receptor adquiría cada vez una mayor importancia y protagonismo.

Frente al directorio ‘mis fotos’ que ofrecía cualquier programa operativo del momento, se creó Flirck, una plataforma para el intercambio de fotografías… y ahí están los ejemplos de Youtube (intercambio de vídeos), de Facebook (ahora de actualidad, más que nunca, por la nueva película estrenada sobre sus fundadores), de Twiter, Wikipedia, la explosión de blogs… y más y más ejemplos que se podrían sumar, que han vuelto multimillonarios a sus jóvenes creadores y a nosotros, al común de los mortales, en parte integrante de ese universo que no deja de expandirse y que conocemos como la Red.

Y estas nuevas herramientas, estos nuevos medios de difusión que permiten, en tiempo real, compartir imágenes, sonidos, palabras a lo largo y ancho del mundo conectado a Internet (que no olvidemos que es sólo una pequeña parte, por más que sea la más desarrollada y más rica), es el medio que veteranas instituciones están utilizando para difundir sus actividades, para permitir hacer más accesible a todos el conocimiento. Por esta razón, desde el Centro de Estudios Cervantinos no dudamos en participar y apoyar el gran proyecto ideado por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), junto con Youtube para aumentar la presencia del español en la Red conocido como ‘Quijote 2.0’: una lectura global de la obra cervantina en la red completada por más de dos mil cien internautas que grabarán un video de un minuto leyendo un fragmento previamente asignado.

El Centro de Estudios Cervantinos, el equipo de cinco personas dedicadas a esta labor (Aurelio, Elísabet, Elisa, Francisco y Rocío) tiene la importante competencia de validar los vídeos recibidos, para que se ajuste la lectura a la letra del fragmento asignado (a partir de la edición que realizó la Real Academia Española en el año 2005 para conmemorar el IV Centenario de la publicación del ‘Quijote’) y que no haya cortes en el texto ni tampoco malas lecturas o defectos en su grabación…

El proyecto ‘Quijote 2.0’ comenzó su andadura pública el pasado 30 de septiembre, y ya son cientos los vídeos subidos a la Red, que se pueden consultar en la siguiente dirección electrónica: http://www.youtube.com/elquijote. El programa ideado por youtube asigna a cada participante un fragmento de manera aleatoria (aún no hay completado ningún capítulo porque se pretende que cada uno de ellos sea leído por el mayor número de acentos y nacionalidades diferentes), y a partir de ese momento tiene seis horas para realizar la grabación del mismo; en ese tiempo, tiene que subir la grabación al programa (en una interfaz bastante sencilla), y en unos días el equipo del Centro de Estudios Cervantinos validará o no el vídeo para ser visualizado en la ‘galería de vídeos’.

Cientos de voces, de acentos ya están en la red leyendo el ‘Quijote’; cientos de voces delante de una cámara para darle de nuevo cuerpo y voz a la inmortal obra cervantina. Es un verdadero gusto adentrarse por estos videos: en su mayoría los que hemos participado aparecemos delante del ordenador leyendo nuestro fragmento… pero siempre hay tiempo para la sorpresa, para demostrar el ingenio de cada uno: lecturas dramatizadas de algunos fragmentos, cambio de sombrero según el personaje que está leyendo, utilización de marionetas, de situaciones cotidianas como leer el fragmento como si se tratara de una conversación telefónica… no importa el modo, lo importante realmente es participar, dejar el minuto de voz en esta empresa mundial, que quedará en la red como un medio de difusión de la obra cervantina.

Alcalá de Henares, la ciudad de Cervantes, la ciudad de las Artes y de las Letras, debería estar más que representada en este ‘Quijote 2.0’, debería notarse y hacerse notar nuestro acento en esta original empresa, ambiciosa empresa, digna de cualquier Quijote. Todos los que formamos parte del Centro de Estudios Cervantinos, comenzando por su director, Carlos Alvar, ya hemos dejado grabado nuestro fragmento en el ‘Quijote virtual’. El Museo Casa Natal de Cervantes está trabajando intensamente para que también desde sus salas se escuchen los fragmentos del ‘Quijote’.

Pero hay que seguir avanzando para que las calles de Alcalá, los pasillos de la Universidad de Alcalá tengan una mayor presencia en este proyecto universal, con lo que animamos a todos lo que aún no lo hayan hecho, a que entren en el portal http://www.youtube.com/elquijote, se abran su cuenta, y que practiquen y practiquen para que en seis horas puedan grabar su vídeo y subirlo, y así formar parte de este proyecto universal, que gracias al Centro de Estudios Cervantinos, es un poco (o un mucho) alcalaíno.

15/10/2010 (20:20)

El pasado 7 de octubre, en un español premonitorio el secretario permanente de la Academia sueca de los Premios Nobel, Peter Englund, anunciaba el nombre de Mario Vargas Llosa como el ganador de la convocatoria del Nobel de Literatura 2010. Desde hace muchos años, el nombre del escritor peruano encabezaba todas las listas de favoritos por alzarse con este prestigioso galardón.

Pero las expectativas siempre se quedaban en sordas críticas a una academia ajena a la obra en español de uno de los novelistas más certeros y ambiciosos que ha dado la literatura actual. Y año a año, los nombres favoritos, esos que están presentes en el imaginario colectivo, daban paso a otros autores, muchas veces desconocidos, que ponían en entredicho esta idea de la globalización, que poco tiene que ver con la cultura, y mucho menos con la lengua. Veinte años hemos tenido que esperar para que el español vuelva a estar en lo más alto del premio literario por excelencia, después del doblete vivido en 1989 con Camilo José Cela y al año siguiente con Octavio Paz. Y ha valido la pena, sin duda… y ha valido la pena y sigue valiendo la pena seguir leyendo a Mario Vargas Llosa, que no deja de sorprender en cada nueva entrega, en cada nuevo libro, como el que ahora se presentará a primeros de noviembre: “El sueño del celta”.


Cada libro es en Vargas Llosa una nueva aventura literaria y personal. Así como cualquier conversación con este autor que domina las palabras y el lenguaje, ya sea en las páginas de una novela, en una entrevista, un artículo de prensa, en un ensayo… e incluso subido a los escenarios juntos a Aitana Sánchez-Gijón. Me viene ahora a la cabeza la imagen de Vargas Llosa leyendo y tomando nota en la sala de lectura de la londinense British Library, preparándose para la escritura de una nueva obra; fotografía, tomada por su propia hija, que nos revela una pasión por la escritura que parte del trabajo y del esfuerzo, de una pasmosa capacidad de inventar universos de ficción, pero siempre a partir de los anclajes de la realidad y de la historia.


Uno de los recuerdos más queridos que conservo de la exposición que organicé en la Biblioteca Nacional de España para conmemorar los 500 años de la publicación de la primera edición conservada del ‘Amadís de Gaula’: “Quinientos años de libros de caballerías”, que se inauguró en octubre de 2008, fue la posibilidad de conocer a algunos de los escritores que más he admirado, de conocerlos, de hablar con ellos y de mantener, a partir de entonces, una cierta relación.

La última sección de la exposición, justo antes del cierre final con un epílogo alrededor de uno de los lectores más sobresalientes de libros de caballerías como fue el alter-ego de Cervantes, el hidalgo Alonso Quijano, la quería dedicar a los escritores, de ayer y de hoy, que se sintieron atraídos y fascinados por las narraciones caballerescas, que habían sido capaces de aprender en sus folios algunos de los trucos y herramientas que luego hacían suyos en sus propias obras. Sección pensada como un viaje en el tiempo en que el ayer y el hoy se unieran, así como en la literatura no es posible hablar de un tiempo pasado, presente o futuro.

Las palabras todo lo unen y todo lo disgregan. Y así ideamos esta sección como un audiovisual en que se ofrecieran entrevistas a los autores de ayer (ficticias a partir de sus textos y grabadas por locutores profesionales) y a los autores de hoy (reales y grabadas expresamente para la ocasión). Entre los de ayer, buscamos los testimonios de Santa Teresa de Jesús, Miguel de Cervantes y Lope de Vega, y entre los modernos, hicimos entrevistas a Francisco Nieva, Luis Alberto de Cuenca y Mario Vargas-Llosa… el nombre de Gabriel García Márquez se quedó fuera por problemas de agenda y el de Rosa Montero por imposibilidades personales, aunque recuerdo también una mañana de sábado junto a ella disfrutando juntos de la exposición en el Paseo de Recoletos, con mil comentarios y confidencias.


La entrevista con Mario Vargas Llosa, del que solo utilizamos unos minutos de más de una hora de grabación, estuvo salpicada de genialidad y certezas. Desde su casa en un céntrico barrio de Madrid, los tejados del otoño madrileño se convirtieron en el perfecto telón de fondos de sus recuerdos universitarios, de las clases en Perú en que, en un solo día se ventilaron toda la ficción caballeresca, de su deseo de conocer más y más de un género que no podía ser de ese modo despreciado, su lectura del “Tirant lo Blanc” en la edición de Martín de Riquer y de su empeño de leer otros libros de caballerías cuando vino a la Universidad Complutense de Madrid, y de las horas que pasó en la Biblioteca Nacional disfrutando de las aventuras de Amadís de Gaula y de tantos otros caballeros y damas que deambulan por los miles de folios de este género.

En sus contestaciones, certeras, como talladas en el pensamiento de los siglos, alababa de los libros de caballerías una lección de novelista que, mientras la escuchaba, me recordaba la propia lección aprendida por Cervantes: la posibilidad de crear la novela total, el género total en la novela. En las narraciones caballerescas, el joven Vargas-Llosa, ese mismo que estaba adentrándose en la poética de García Márquez para su tesis doctoral, que defendería unos años después, estaba aprendiendo algunas técnicas narrativas, algunos deseos y sueños que luego se hicieron realidad en sus primeras novelas, esas que le dieron la fama mundial, y en especial, “Conversación en La Catedral”.


Recuerdo con todo detalle la entrada de la casa de Mario Vargas Llosa, la litografía de Barceló, algunas esculturas, la sala donde realizamos la entrevista, con sus estanterías y la puerta que daba a la terraza, el pasillo que anunciaba nuevos tesoros y habitaciones… y esa voz y esa palabra, esos pensamientos que da lo mismo que se difundan en letras escritas o en la voz… No de todos los escritores se puede decir lo mismo, lamentablemente.


¡Enhorabuena por un premio tan merecido! Un premio que se ha hecho esperar, pero que nos llega de orgullo y satisfacción a todos los que seguimos disfrutando de la buena literatura en español, que seguimos esperando cada nueva novela suya como un nuevo tesoro de pasatiempos, como diría el bueno de Cervantes, frase proverbial de su “Don Quijote”.

7/10/2010 (17:59)

Para conmemorar el IV Centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, el periódico argentino Página/12 ofreció en el 2005 una nueva edición de la obra cervantina, dividida en 42 fascículos coleccionables.

El texto de la edición recogía el corregido por Domingo Ynduráin para la editorial Losada, y se enriquecía con las ilustraciones del dibujante e ilustrador argentino Miguel Rep, que hicieron las delicias de los lectores del periódico, semana tras semana. Conocí esta edición, un ejemplar de esta magnífica edición en Azul, ciudad cervantina de la Argentina. Lo recuerdo como si fuera ayer, cuando en realidad estamos hablando del año de 2007. Carlos Filipetti, de la Asocicación Española de Socorros Mutuos de Azul, me llevó a ver una exposición de ediciones del ‘Quijote’ que había organizado un jovencísimo Sebastián, de tan solo 16 años, en su instituto.

En las vitrinas del salón de actos estaban primorosamente dispuestas las ediciones que los propios alumnos habían rescatado de sus casas. En las paredes, las sonrisas de los dibujos infantiles que habían participado en la convocatoria de un ‘Quijote para niños ilustrado por los niños de Azul’, que terminaría publicando Alfaguara al año siguiente. Pasaba por aquella vitrinas con una sonrisa, acompañado de los nervios de Sebastián y la satisfacción de la directora del centro.

Y al llegar a una de ellas, no pude dejar de admirarme: en un rincón sobresalía la imagen de un Quijote que parecía deshacerse en su delgadez. Un Quijote que necesitaba darle la vuelta a la contraportada para buscar su horizonte y su espacio. Un Quijote negro sobre un fondo blanco desértico, inmaculado. Me detuve y pregunté por esta edición que desconocía. Carlos Filipetti sonrió henchido de satisfacción. ¡No me lo puedo creer! ¿Pero si voy a ser capaz de enseñarle al cervantista una edición del ‘Quijote’ que desconoce! Y así era… abrimos la vitrina y estuve un buen rato disfrutando de esta edición, única, imprevista, original, fresca y moderna.

Cuando a los pocos días tuve que volver a España, después de celebrados los actos del II Festival Cervantino de Azul, Carlos Filipetti me había reservado una última sorpresa: aquel ejemplar que había admirado en la exposición de Sebastián eran su ejemplar… y ahora me lo regalaba, con una cariñosa dedicatoria, que conservo como uno de los mayores tesoros de mi colección cervantina y quijotesca.

En el año 2009 tuve la oportunidad de conocer a Miguel Rep. El encuentro se produjo mientras pintaba un mural, lleno de luces, colores y risas, en el patio de la casa Garrahan, dependiente del Hospital de Pediatría Prof. D. Juan P. Garrahan en Buenos Aires. El recuerdo de su edición del ‘Quijote’ y de sus originales dibujos me hizo buscarle por la red y concertar con él una entrevista para un libro en preparación sobre los ilustradores modernos de la obra cervantina.

La única posibilidad de vernos fue en un rato de descanso mientras terminaba su mural. Y allí, entre intercambio de mate, grabaciones sobre sus ilustraciones quijotescas, elogios a los dibujos infantiles del ‘Quijote para niños ilustrado por los niños de Azul’, se nos ocurrió una idea quijotesca y pampera al mismo tiempo: rescatar sus dibujos para ilustrar una nueva edición del Quijote que fuera la piedra inaugural de las actividades del hermanamiento entre las ciudades cervantinas de Alcalá de Henares (cervantina en sus cuatro costados) y de Azul (quijotesca en su espíritu y futuro). Dicho y hecho. Una edición que aunara la modernidad de una nueva mirada sobre la eterna obra de nuestro complutense con el texto siempre moderno que un día hace más de cuatrocientos años escribiera Cervantes.

Y el resultado no se ha hecho esperar. Un año después de haber comenzado a soñar, el sueño se ha hecho realidad. Un sueño que se ha convertido en papel y en pastas gracias a la editorial Castalia, que lo distribuirá tanto en España como en Argentina. Una edición alcalaína y universal. Una edición que se deja llevar por los ritmos del pasado para seguir mirando al futuro, en que la edición del texto, que he llevado a cabo, intenta volver a las palabras impresas en 1605 y en 1615.

Una edición que rescata la mirada genial de un artista como Rep y que se enriquece con algunos dibujos originales, como el momento en que don Quijote es armado caballero, o esos dos dibujos nuevos que Rep ha hecho para esta edición, en que don Quijote y Sancho estrechan lazos por encima de oceános y distancias entre dos ciudades cervantinas y hermanas como son Alcalá de Henares y Azul.

Una edición que esperamos haga las delicias de todos los alcalaínos, de todos los azuleños, de todos los que nos visitan y de todos aquellos que nos llevan en el recuerdo de sus fotografías y en el corazón de su memoria. El próximo sábado se presentará en el Ayuntamiento de Alcalá. Esperemos que desde ya pueda estar disponible en nuestras librerías.

29/09/2010 (11:29)

Los libros en las estanterías de Liberarte están tristes. Y seguramente por la noche, tiemblan de frío y de desilusión, pero a la mañana, cuando se abre la puerta a la espera de nuevos lectores, dejan atrás los temblores nocturnos para intentar mostrar su mejor cara. Sin conseguirlo. En sus lomos, en sus portadas, en sus cientos de páginas se respira la tristeza, una capa nueva que los vuelve únicos.

Y ahí están, a la espera de una mano lectora que los elija entre tantos otros libros, que les arranque de su horizonte de madera para adentrarse en nuevos espacios: en un bolso, en una mochila, en una bolsa de plástico, en una mano, en una nueva estantería rodeado de otros libros, algunos de ellos leídos, otros esperando el placer de recordar cómo un día alguien pasó sus manos por sus hojas, página a página; cómo alguien dejó en ellos impregnados su sonrisa, su sorpresa, su tristeza, sus anhelos. Y ahí están tristes los cientos de libros en la liquidación de la librería Liberarte, en la Plaza de los Irlandeses.

Y tristes también estamos los que amamos los libros al recibir la noticia del cierre de una librería. Y más en Alcalá, donde son tan necesarias.


Liberarte, como le gustaba decir a Mar, era “tu espacio de cultura”, ya que junto a los libros, a los discos, se había conseguido crear un ambiente, un espacio propicio para la cultura, para dejarse caer por allí y ver libros y conversar, coincidir con amigos y ver libros, comprar y dejarse llevar por el ronroneo de las charlas, de los comentarios… un lugar adecuado para el diálogo y la amistad.

Liberarte no es una librería de profesionales del libro que ven en ese objeto un simple negocio; hay algo más, y así uno lo podía comprobar en el mimo de la elección de las estanterías, de la decoración, en cómo se iban dejando, como si tal cosa, las novedades por las mesas, e incluso en la forma de disponer los libros, más allá de las etiquetas habituales de contenidos: así, en la sección “ñ” se encontraban los autores españoles e hispanoamericanos, mientras que en la “n” se podían encontrar los extranjeros; de la alfa a la omega, los clásicos y “Querido Cervantes/Will Power”, todo sobre los dos grandes autores como fueron Cervantes y Shakespeare… sin olvidar “el maestro” (Pedagogía, magisterio, docencia”, “Babel” (literatura en distintos idiomas), “El rincón del autor” (creaciones independientes), etc. etc. etc.


No se puede decir que haya sido un asiduo de Liberarte (y ahora lo lamento más que nunca), pero sí que he vivido allí algunos momentos inolvidables, como el recital que nos regaló Francisco José Martínez Morán, justo cuando ganó el prestigio premio de poesía Hiperión.

Liberarte era capaz de crear un universo de su espacio, un univero en expansión. Las sillas alrededor del poeta (con el fondo de una más que interesante colección de libros de niños), y el resto de pie, apoyados sobre algunas estantería, escuchando los versos de Francisco, sus explicaciones, ese devenir entre sus experiencias y sus lecturas, que quizás sean la misma cosa. Y los versos parecían rebotar en los lomos de los libros y multiplicarse, llenarse de ecos de otras lecturas, de otras voces, de otros libros. Algo único. Algo inolvidable.

Me imagino lo que le habrá costado a Mar y a todas las personas que han puesto su fe en este proyecto tomar la decisión de cerrar la puerta de la ilusión abierta ya hace unos años. Me imagino las dudas de los últimos meses y la ley férrea de los números y del color rojo. Pero, como bien me dice Mar, parafraseando a Borges, “prefiero un me he equivocado a un no le he hecho”.

Y el sueño se cumplió. Un sueño que ahora cierra las puertas, que ha puesto en liquidación los libros que aún permanecen en sus estanterías, libros infantiles (magníficos todos ellos), libros clásicos y novedades de algunos de los autores más significativos de nuestra literatura o la oferta del Quijote de Segrelles… libros que esperan nuevos lectores, nuevos compradores en este sueño hecho realidad que en los próximos meses echará su cierre en la Plaza de los Irlandeses. Pero sueño cumplido. Sueño que muchos de nosotros nunca olvidará.

20/09/2010 (19:51)

El cervantismo está de luto. Ese grupo de estudiosos (y de entusiastas aficionados) que se dedican desde el siglo XVIII a desentrañar los misterios de la vida y de la obra de Cervantes, de analizar y comentar sus textos y de mostrar al mundo la riqueza de su recepción y de su influencia en la cultura mundial, ha perdido a una de sus figuras más relevantes, a un investigador incansable, tenaz y modesto, a una de esas personas que era capaz de ser demoledor con una sonrisa y cariñoso con la frialdad de la que solo un espíritu inglés puede hacer gala.

No sé si fue por esa infancia y esa adolescencia plagada de viajes y de culturas y de lenguas diversas (su padre trabajó en el British Council, de ahí que naciera Anthony en China y que aprendiera español en tierras chilenas), pero lo cierto es que Anthony Close luchó toda su vida contra los totalitarismos, contra las “verdades definitivas" y los lugares comunes.

Así lo hacía en su vida personal y también en la académica. En más de una ocasión le vi revolverse en su butaca mientras un ponente en un congreso afirmaba, una y otra vez, que las teorías que estaba exponiendo eran en realidad verdades que todos debíamos aceptar sin dudas ni objecciones, como si se tratara de una reencarnación en nuestros tiempos del mismo Cervantes, de lo que incluso Cervantes no era capaz ni de sospechar mientras rellenaba folios y folios con sus personajes, sus historias, sus textos.

Y en el momento del coloquio, escondiendo su malestar detrás de una sonrisa y de unas palabras de cortesía, era capaz Anthony de hilar argumentos y datos que venían a enterrar las recién escuchadas revelaciones en los más hondo de la tumba del olvido filológico.

No tuve la suerte de escuchar a Anthony Close en sus clases, tanto en Birmingham, en su corta estancia de dos años como Lecturer, como en Cambridge, donde desarrolló su carrera profesional. Pero sí que llegan ecos de su magisterio en el recuerdo de sus alumnos. Uno de ellos, Rodrigo Cacho coordinó un volumen de homenaje, que publicó el Centro de Estudios Cervantinos en el año 2009, con el título, tan significativo, de: El ingenioso hidalgo (Estudios en homenaje a Anthony Close).

En Un brindis a un amigo que escribió Rodrigo Cacho como introducción al volumen destaca la cercanía de Anthony Close, su sentido envidiable de la amistad y ese huir de los oropeles y de las medallas, ese saber relativizar las famas del presente, que serán polvo en el futuro, meras inscripciones en el ampuloso memorial del olvido: “Pero Anthony no es sólo un gran humanista, sino también un hombre recto y modesto que ha cultivado junto al estudio de la literatura el arte de la amistad; y no puedo dejar de escribir estas líneas con la inevitable impresión de que un homenaje a su carrera le parecerá, como él suele decir, ‘una pamplina".

Y lo que no son, en absoluto, una pamplina son las cientos de páginas que ha escrito, y que ha permitido desentrañar algunos de los misterios más complicados del cervantismo, así como de otros autores de los Siglos de Oro (Garcilaso de la Vega, Mateo Alemán, Tirso de Molina, Gracián…) e incluso contemporáneos (Foucault o Salman Rushdie, entre otros). Pero hay dos obras que quiero rescatar, dos obras que han sido la columna vertebral de sus investigaciones, que nacieron en la espléndida tesis que le dirigió Ted Riley en el Trinity College de Dublín allá por 1965. Dos obras que en los últimos años han sido traducidas al español, permitiendo su difusión más allá de los círculos académicos: La concepción romántica del Quijote (Barcelona, Crítica, 2005) y Cervantes y la concepción cómica de su tiempo (Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2007).

Estas dos obras han modificado en gran medida la forma de entender la obra de Cervantes, tanto en su momento como en la posterior recepción romántica que, como bien ha demostrado el profesor Close, pone las bases de una particular forma de entender al autor complutense y sus textos, que aún hoy se mantiene, en que el escritor alcalaíno se viste de galas únicas y se aleja, de manera inexplicable, de su tiempo, como si no hubiera vivido en la Monarquía Hispánica que es capaz de gozar de las victorias más sorprendentes (como Lepanto) y de sufrir una decadencia cada vez más galopante e insufrible.

Cervantes es, sin duda, una maestro literario de lo cómico, pero hasta la obra de Anthony Close esta “comicidad" no se había situado en el contexto de su tiempo, no se había hecho una radiografía completa de cómo las ideas de lo cómico se habían ido transformando a lo largo del siglo XVI y cómo este nuevo mapa se va fraguando en distintas obras, cada una con su personalidad, en la que Cervantes termina por ofrecer su fórmula, su visión, que sólo puede ser entendida realmente cuando se proyecta contra el telón de fondo de sus contemporáneos; y, por encima de todos ellos, por encima del Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.

El pasado viernes murió de un infarto Anthony Close, uno de los más grandes cervantistas de todos los tiempos. Su obra ha venido a iluminar muchos espacios aún oscuros en nuestra comprensión del pasado; su vida ha sido un buen ejemplo para tantas generaciones, en que la dialéctica y el diálogo le convirtieron en uno de los caballeros de la filología y del cervantismo. Recuerdo a Anthony Close sonriendo, siempre sonriendo (como en esta foto tomada en un viaje compartido a la ciudad cervantina mexicana de Guanajuato). Y así debemos leer sus obras, recordarlas y aprender de ellas: con una sonrisa de admiración y de respeto, sabiendo que él siempre está detrás exigiéndonos que dudemos de todo y, sobre todo, de las grandes verdades, de cualquier tipo de totalitarismo académico.

13/09/2010 (20:00)

La casa se ha llenado de maletas a medio abrir (o a medio cerrar), de regalos encima de la cama, que esperan con paciencia ser asignados a un pariente o a un amigo, en el desorden de las listas nunca guardadas y de los impulsos consumistas en el Mercado de San Ángel o en la Ciudadela, de ropa sin planchar en el salón y de ropa sin lavar en la terraza.

Llegará un día en que los libros comprados y los regalados tengan la fortuna de ocupar un espacio en las estanterías (ahora se conforman con mantener un frágil equilibrio en el sofá del estudio) y que los certificados y las direcciones se conviertan en algo mas que en un abanico de papeles sueltos encima de la mesa, compitiendo por el mismo espacio que la correspondencia atrasada y los avisos de recogida de paquetes en correos.

Así, más o menos, podría describirse el campo asolado de una casa después de unas vacaciones, en que el cuerpo intenta abandonar los espacios extranjeros para acomodarse a la geografia cotidiana de los encuentros, de los lugares comunes, de la búsqueda del coche en las aceras y de la esperanza de que todo siga igual, más o menos igual, que como lo dejamos antes de empaquetar las ilusiones y llenar las maletas de sueños, de proyectos, de visitas programadas y de guías de viaje que volvieron tan inmaculadas como se fueron.

Más o menos, el ritual de la vuelta de repite, con pocos cambios, verano tras verano, esperando que esta vez sea más fácil perder esos kilos de más y recuperar esas sonrisas de menos, aunque el teléfono nos incita a seguir rememorando las tortitas del mercado de Coyoacán, la banderita con Herradura reposado o el famoso chile en nogada, la comida de época patriótica que este año ha añadido un nuevo engrediente: el estupor y la apatía de las celebraciones del bicentenario.

Todo igual. O todo casi igual. Tan sólo uno de los ritos de las vacaciones se ha ido transformando en nuestras manos en los últimos años, casi sin darnos cuenta. Frente a la voluminosa carga de los carretes fotográficos, que intentábamos organizar y clasificar antes de llevar a la tienda, ahora nos hemos llenado de tarjetas de memoria y de imágenes que se multiplican en la pantalla del ordenador.

Recuerdo con cierta nostalgia el ansia de llegar lo antes posible a la tienda de fotos en la calle Libreros, dejar allí mis carretes y anotar, con una cierta angustia, los días que debía esperar hasta ver los carretes revelados; y luego, llegado el momento, ir abriendo cada uno de los sobres de fotos y comprobar si las imágenes ahora recuperadas se correspondían con los deseos detrás de la cámara, ir sonriendo al ver algunas imágenes y lamentar el mal enfoque o la escasa luz de otras tantas, que debían contentarse con dejar huella en la placa efímera de la memoria. Y luego, comprar el álbum y decidir cómo colocar las fotos en papel, el orden según la narración que se quisiera hacer de los recuerdos de las vacaciones… y esperar, como animal hambriento, a que llegara la tarde para invitar a los amigos, o a los familiares, a tomar una cerveza y a ver las fotos… ritual que tenía algo de religioso, todos alrededor del álbum, esperando a pasar la siguiente hoja con nuevas fotos, nuevas sorpresas, nuevos comentarios y nuevas cervezas. Y como en todo ritual, se repetían, vacación tras vacación, los lugares comunes: sopesar el tamaño del álbum para comprobar la paciencia que debíamos tener, intentar que los comentarios fueran a buen ritmo y que no se detuvieran en cada imagen más de unos segundos, alabar algunas tomas y algunos ángulos, para así justificar la enorme inversión económica realizada (en la mayoría de los casos, innecesaria)… y no intentar igualar el número de cervezas con el de las fotografías, llenas, en muchos casos, de gestos, de personas, de recuerdos que solo a quien las tomó y las compartió podía interesar.

Pero hoy en día, este ritual se ha transformado por otro, igualmente angustioso, si se quiere. La angustia de la sorpresa ya se ha perdido. Ese no saber si la foto tomada con tanto esmero y tanto deseo iba a salir bien o mal, se ha sustituido por ese continuo comprobar si la imagen que aparece en el minúsculo visor se corresponde con la deseada, con la tomada unos segundos antes.

Y así, cuando uno llega de las vacaciones, no trae en la bolsa un conjunto de sorpresas, en ocasiones, tomadas con detalle y precaución (a fin de cuenta, el revelado no era ningún precio irrisorio), sino con miles y miles de fotos, tomadas, en muchas ocasiones, sin ton ni son (como no cuesta nada…), en que parece que hemos querido captar la realidad fotografía a fotografía para luego montar la película completa de las vacaciones; fotografías que luego tenemos que elegir –elección siempre difícil– para poder enseñar sin agotar la paciencia y la amistad… y frente a aquel álbum que se convertía en piedra rosetta de nuestras vacaciones, ahora la pantalla de la televisión o del ordenador se convierte en el despositario de nuestros recuerdos fotográficos… y sí, es cierto, nos hemos ahorrado un buen dinero (a no ser que queramos mantener la costumbre de pasar al papel la imagen digital, para así poder preservar nuestras costumbres y hábitos de otros tiempos), pero también hemos perdido mucho del ritual con que se daba el cierre definitivo a las vacaciones, ese reunirse alrededor del un álbum de fotos para rememorar y volver a vivir esos momentos que, sabemos, no volverán hasta dentro de unos meses… eso sí, en este paso del mundo analógico al digital lo importante es no perder la costumbre de las cervecitas o del tequila reposado, que también está bien alternar viejas costumbres con nuevos hábitos.

29/07/2010 (18:39)

Del 19 al 24 de julio se ha celebrado en la Universidad de Roma el XVII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, organizado por Patrizia Botta. Más de setecientos hispanistas de todo el mundo nos hemos dado cita en las calurosas aulas de la Facultad de Letras para compartir, exponer y debatir los temas que interesa al hispanismo en estos momentos. Compartir experiencias, metodologías y puntos de vista. Exponer las investigaciones en curso y los nuevos descubrimientos en el ámbito del estudio de la lengua española y de la literatura escrita y difundida en español. Debatir algunos de los retos que se nos plantean y ofrecer una imagen del mapa real del hispanismo. Setecientas personas en busca del aula en que exponía un amigo, un compañero, un alumno, un tema de interés procedentes de mil geografías: el grupo más numeroso, como no podía ser de otro modo, lo constituimos los investigadores y profesores españoles, seguido muy de cerca por los estudiosos mexicanos y por los italianos, pero han quedado pocas áreas que no estuvieran representados, ya que en los pasillos de la Sapienza, el nombre con que se conoce a la Universidad de Roma desde su fundación, se podía escuchar acentos del español de Argentina, de Colombia, de Perú, de Venezuela, de Puerto Rico, junto a los de Estados Unidos, de Francia, de Suiza, de Portugal, de Brasil, de Polonia, de Rusia, Grecia, Japón, India, Egipto, Marruecos… y muchos más que me dejo, sin duda, en el tintero de la memoria. El mundo unido alrededor de una lengua y de una cultura que permitía todas las comunicaciones, todos los actos de habla en un español cada vez más universal, cada vez más fuerte y dinámico.

Ha hecho calor en Roma. Mucho calor. Como en Madrid, como en Alcalá, como en este continente que ha decidido en estas fechas romper las estadísticas. Pero el calor húmedo de Roma se ha llenado también del calor de los abrazos, de las risas, de las recepciones y de los encuentros. Amigos y compañeros a los que no vemos desde hace meses y años, pero que, gracias a los nuevos medios de comunicación digitales, los tenemos presentes a todas horas. Amigos y compañeros que conforman una red de intereses comunes literarios y científicos. Amigos y compañeros que han llenado los pasillos de sonrisas y los cuadernos de notas y de nuevas ideas, que ahora tienen que desarrollarse en la soledad de nuestros estudios o en la bulliciosa red social de nuestros intercambios de ideas. Hace tres años, la reunión fue en París, en un París agotado por la lluvia. Dentro de tres años, la Asociación Internacional de Hispanistas volverá a celebrar su congreso internacional en Buenos Aires, en un invierno cálido que ha sido recibido como un regalo en la calurosa Aula Magna de la universidad romana.

En Roma, como suele ser habitual en la dinámica y desarrollo de la Asociación, se han renovado los cargos de la Junta Directiva. Carlos Alvar, que ha sido el presidente de la AIH en los últimos tres años, ha abandonado su cargo y fue nombrado por aclamación como Presidente de Honor, siguiendo la estela de sus predecesores en el cargo como Ramón Menéndez Pidal, Dámaso Alonso, Marcel Bataillon, Ángel Rosemblar, Edward M. Wilson o Rafael Lapesa, por solo quedarnos por los primeros que ocuparon este cargo y que ya no están entre nosotros. En los próximos tres años, al frente de la Asociación Internacional de Hispanistas estará el profesor italiano Aldo Ruffinatto, uno de los máximos expertos en el mundo en el Lazarillo de Tormes, entre otros tantos temas. En los tres años de la presidencia de Carlos Alvar se ha conseguido institucionalizar la representación de la AIH en algunos organismos oficiales españoles, como es en el Jurado del Premio Cervantes y en el Patronato de la Biblioteca Nacional de España. Esperemos que esta línea de trabajo, esencial para poder continuar con las labores que ha de cumplir y realizar la asociación, se complete en los próximos años con representaciones similares en organismos internacionales y en los nacionales donde el hispanismo ocupe un lugar relevante.

Son muchos los retos que se han planteado también dentro y fuera de las aulas, en eruditas y bien documentadas comunicaciones y conferencias, y en las charlas, igualmente eruditas y en ocasiones más interesantes, en los pasillos o en las comidas y cenas, en los paseos por la hermosa (y siempre renovada) ciudad de Roma. Muchos los retos en cada uno de los campos al que presta su atención el hispanismo, desde la historia de la literatura hispánica, en cualquier época (desde las Glosas Emilianenses y el Cid hasta los últimos poemas de un escritor joven), desde la teoría de la literatura, la ecdótica o la lingüística. Muchos son los retos científicos que se han expuesto, muchos los proyectos que se han puesto en marcha en estos años y que ahora han dado sus primeros frutos. Pero también se ha planteado un reto institucional: ¿cuál debe ser el sentido de la Asociación Internacional de Hispanistas en la Sociedad de la Información y del Conocimiento, en esta nuevo universo en que las redes permiten una comunicación más estable y fluida que las reuniones físicas cada tres años, con el enorme costo económico y personal que supone trasladarse a una ciudad en época de mayor turismo? En sus estatutos la finalidad de la AIH se expone de manera clara: “La finalidad de la Asociación será el fomento de los estudios hispánicos en todos los países, la organización de congresos en los que los miembros podrán presentar comunicaciones, el estudio de asuntos de interés común referentes a las lenguas y las literaturas peninsulares e iberoamericanas y de los aspectos culturales relacionados con ellas, la publicación de las actas de dichos congresos, y también la colaboración con instituciones internacionales de carácter cultural". Pero a la hora de fomentar los estudios hispánicos en todos los países, ¿no se debería utilizar e innovar en nuevas vías de difusión como es la red? Necesitamos estar informados en cualquier momento de lo que el hispanismo está haciendo, sin tener que esperar al congreso cada tres años… y esta información se puede hacer aprovechando las tecnologías digitales.

Sin duda este es el gran reto institucional al que tendrá que dar respuesta la nueva Junta Directiva de la AIH presidida por Aldo Ruffinatto. Y no me cabe duda que la respuesta será imaginativa y de gran calado, como no puede ser de otra manera al tener al frente de la AIH a personas de tanta valía y compromiso con la asociación. Hemos de dar el paso para pasar de la información al conocimiento, y en este paso las estructuras nacionales y académicas están peor preparadas que las de una Asociación, como la AIH, que permite una visión de conjunto, universal de los problemas que a todos interesan y preocupan, desde los grandes maestros a los jóvenes investigadores y profesores que se incorporan mes a mes a la filas de nuestra asociación. Un gran reto. Sin duda apasionante.

19/07/2010 (22:46)

En la primera semana de julio han coincidido dos cursos de verano que tenían como finalidad la de debatir sobre los cambios que las tecnologías de la información y del conocimiento (las en otra época, conocidas como nuevas tecnologías informáticas) están propiciando en el mundo del libro, de ese producto comercial que en sus modos de difusión y explotación editorial comenzó su andadura en el siglo XVI. Por un lado, en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, con el patrocinio de CEDRO y el apoyo del Gremio de Editores se reunió a políticos, editores y autores a debatir sobre el tema en el curso titulado: ‘El futuro de la edición: papel y e-book’, dirigido por Núria Cabutí Brull, consejera delegada de Random House-Mondadori; y por otro lado, en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid, apoyados por la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, se impartió el que llevó por título: ‘El texto digital ante la encrucijada del libro electrónico y del hipertexto’, que tuve el honor de dirigir, en el que, junto a editores y políticos, dimos cita a creadores digitales y a promotores de nuevas iniciativas editoriales en la red, además de estudiosos de la literatura digital y de la filología digital.

Dos perspectivas, me temo, ante un mismo reto, una realidad que se nos impone minuto a minuto. Una perspectiva que mira al pasado con la pretensión de mantener cuotas de mercados y de negocio editorial; y otra perspectiva que se pregunta, que se plantea nuevas posibilidades textuales, de creación y de difusión, que vaya más allá de los modelos editoriales actuales, que, no olvidemos, en nuestra cultura occidental, con más de dos milenios de cultura escrita a nuestras espaldas, sólo se han impuesto en los últimos tres siglos… y no siempre de la misma manera y con el mismo éxito actual.

Vayamos por partes, y comencemos por el principio, por el propio concepto de ‘libro electrónico’ (o ‘E-book’ en su origen inglés). Ante las diferentes posibilidades de la difusión de los textos digitales en los variados formatos que tenemos a nuestra disposición (desde Internet a los dispositivos de lectura –los conocidos como ‘E-reader’–), el libro electrónico se ofrece como una posibilidad, que toma como modelo (y fin) el libro en papel; el libro electrónico vendría a ser, por tanto, un ‘libro’ (es decir, un texto que se organiza en páginas, con los paratextos habituales en este tipo de formato de difusión, como son la portada, los prólogos, las cabeceras, la numeración…) que se ha codificado en formato electrónico, para ser reproducido y leído manteniendo sus características externas propias de un libro en papel, primando la página como elemento de lectura. El formato y lenguaje de codificación puede ser universal y cerrado (como el pdf o una imagen digital), o en formatos más abiertos y, en ocasiones, solo compatibles con algunos modelos de ‘lectores electrónicos’ o ‘E-readers’.

En todo caso, el ‘libro electrónico’ frente al ‘libro en papel’ sólo ofrece dos ventajas: la acumulación de la información (en un dispositivo actual de lectura electrónica, que no pesa más que un libro en papel, pueden albergarse cientos y miles de textos) y su adquisición directa y rápida gracias a Internet, que no ha de pasar por la acumulación de los ejemplares no vendidos, la espera en las librerías, etc.

Los editores (que hasta hace bien poco negaban que entrarían en el negocio del libro electrónico después de los fracasos económicos de principios del siglo XXI), según he podido leer por la prensa, han manifestado sus grandes preocupaciones en el curso de verano de la UIMP: en primer lugar, la “tibieza" de la Fiscalía en la persecución de los delitos contra la propiedad intelectual (el fantasma de la piratería que ha cambiado completamente los modelos de negocio de la industria discográfica y, en la parte, de la cinematográfica), y las quejas porque al libro electrónico se le cargue con un 18% del IVA, frente al 4% del libro en papel… Quejas sobre las dificultades de un control, económico y editorial, que han sabido mantener y perfeccionar en el formato en papel en los últimos tres siglos. En el curso de verano que se pudo escuchar en El Escorial, no visitó Francisco Cuadrado de la Editorial Santillana, que presentó el portal ‘Libranda’, por el que grandes editoriales de nuestro universo editorial quieren ofrecer su voz y su participación en un negocio que aumenta día a día.

En el año 2009, sin ir más lejos, un 11% de los libros que se divulgaron en España lo hicieron en formato electrónico, lo que supone un 55% más que lo sucedido en el 2008; cifras que se dispararán cuando las editoriales, como lo han anunciado, comiencen a digitalizar sus fondos y a ofrecerlos a los posibles compradores.

‘Libranda’ (www.libranda.com), el gran portal de la edición en español que se completará de títulos a mediados del mes de septiembre, es el mejor ejemplo de esa mirada al pasado del que hablaba al principio: se trata de ofrecer en la red, con los nuevos medios de difusión digital, los mismos modelos editoriales y de negocio que se poseen en el formato papel. Incluso se habla de abaratar en un 30% el precio de los libros electrónicos, ya que estiman que un 39% será el coste de no tener que imprimir y almacenar los libros en papel… así, si un libro en papel cuesta una media de 13 euros, el libro electrónico se podrá descargar legalmente por un precio aproximado de 9 euros… Y además, para no acabar con el ‘ecosistema’ de la edición en papel (del autor al lector, pasando por el editor y el librero), los libros que ponga a disposición ‘Libranda’ se tendrán que comprar por medio de librerías digitales (que serán también hermanas de aquellas grandes cadenas de distribución del libro en papel).

¿Tendrá así futuro el libro electrónico en España? Me temo que no… pero esto no significa que el libro electrónico no buscará nuevos cauces de difusión y de distribución, nuevos modelos de creación para dar respuesta a una realidad que se nos viene encima: el modelo editorial que se quiere imponer en el mundo digital está dirigido por ‘inmigrantes digitales’ y pensando para cubrir las necesidades de estos inmigrantes (que somos todos nosotros que nos hemos criado y entendemos el mundo a partir del libro en papel)… pero ¿qué sucederá cuándo los lectores (y con ellos los compradores) sean los nativos digitales, aquellos que han nacido con un ordenador debajo de la almohada?

En España quedan todavía unos años… pero en Estados Unidos ya se ha comenzado a ver la revolución (la web 2.0, por ejemplo)… tenemos que estar atentos a lo que allí suceda para ver si el libro electrónico tiene o no futuro, o debemos comenzar a habituarnos –por muy lejanas que nos parezcan– a otras modalidades textuales digitales, hasta ahora ni exploradas, y que, sin duda, tendrán el futuro que los nativos digitales le otorguen. A nosotros no nos queda más que ver el futuro desde una asombrada barrera… por más que los editores quieran poner cotos al mar de Internet y a ofrecer el anticuado libro electrónico como una marca de innovación y futuro.

5/07/2010 (19:03)

Hablar de Milagros del Corral es hacerlo del libro. Milagros pasó sus primeros años de niña entre libros y ya a los cuatro sabía leer perfectamente. Y no podía ser de otro modo teniendo Milagros un padre como D. José Corral, que ha dicho “la lectura ha sido la ocupación de mis horas. Leyendo encontré mi camino".

Libros que hay que leer, libros que hay que difundir –como las amenas e ingeniosas obras de su padre, sobre el Madrid de hoy y, sobre todo, el Madrid de los Siglos de Oro, en esa pasión que compartimos–, y libros que hay que organizar, que hay que prestar, que hay que preservar. Cuando en una ocasión le preguntaron a Milagros qué le llevó a ser bibliotecaria después de haber estudiado Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, ella, entre calada y calada de un cigarrillo y con una de esas sonrisas que dejan escapar la ironía en cada uno de sus gestos, respondió: “Yo soy bibliotecaria por vocación paterna".

Y nunca ha abandonado esta profesión, en la que ha sido pionera en muchos campos. Comenzó en la biblioteca de la Universidad Complutense, en la que llegó a ser vicedirectora. Y allí dejó su impronta y su memoria: fundó la Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Información. Tuvo también cargos en el Ministerio de Cultura, en la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, llegando a ser la responsable de la política de derecho de autor, labor a la que no ha dejado de dedicar su esfuerzo, inteligencia y sentido común desde entonces.

Después de una etapa como secretaria general en varias asociaciones de editores, sus pasos la llevaron a París, a la sede de la Unesco, de la que llegaría a ocupar varios cargos: directora de la División del Libro y el Derecho de Autor, directora de la División de Identidades Culturales, llegando a ser subdirectora general adjunta para la Cultura. Libros, libros y más libros… pero libros vistos desde el ángulo diferente de la gestión.

Pero también libros que están viendo cambiar sus caras, sus formas, sus modos de lectura y de difusión. Libros que hay que preservar, archivar y difundir, pero también libros que tienen a las puertas una revolución que aún no podemos ni imaginar al estar inmersos en la época del ‘incunable digital’.

Y Milagros del Corral que ha crecido entre libros, que a los cuatro años ya sabía leer perfectamente, que ha sido bibliotecaria, “por vocación paterna", que, desde sus cargos de gestión en instituciones españolas e internacionales, se ha enfrentado a mil problemas y retos, como el de los derechos de autor, del que es una autoridad mundial, no tiene miedo a los nuevos tiempos que nos está tocando vivir, sino que los encara con el entusiasmo y la ilusión de un momento único, de una revolución que pondrá las bases para el diseño del libro en el futuro. De ahí, que los proyectos de digitalización, el uso de las tecnologías informáticas para dar servicios a los usuarios, la difusión de las redes sociales… se hayan convertido en el pan nuestro de cada día de su vida.

En sus escasos dos años y medio de gestión al frente de la Biblioteca Nacional de España, ha conseguido que nuestra Biblioteca esté presente en todos los foros mundiales sobre el tema, llegando incluso a presidir la Biblioteca Digital Europea. Y ahí está la Biblioteca Digital Hispánica y el patrocinio de Telefónica para dejar constancia de todo lo mucho y bueno que se ha hecho durante su gestión al frente de la BNE sobre este tema innovador.

Y es que Milagros del Corral, y no digo nada que no sepan todos aquellos que la conocen, siempre le gusta mirar al futuro, adelantarse a los acontecimientos del presente y ver más allá del día a día de la gestión. Y de nuevo, vuelve la bibliotecaria y la gestora. Milagros del Corral sabe que las bibliotecas tienen que reiventarse en el siglo XXI, que los usos y modos de las bibliotecas actuales son herederos de un pasado que va cambiando día a día; los espacios dentro de la biblioteca se tendrán que volver a distribuir y abrirse a nuevos servicios, y lo dice alguien que ha vivido y vive entre libros. Y lo seguirá haciendo.

El próximo año la BNE cumple trescientos años. Y Milagros del Corral y su equipo habían planificado (con todos los recortes presupuestarios de los últimos tiempos) un ambicioso plan de actividades que, al tiempo que diera cuenta del legado del pasado, al ser una de las instituciones culturales más antiguas de nuestro país, mostrara su modernidad y su capacidad de liderazgo en el futuro, en este futuro de nuevas normas y modos de difusión y de conservación de la cultura y de la información.

Trescientos años de historia de una institución que nació “pública" en su nombre y su espíritu de la mano de Felipe V; trescientos años de una institución que en los próximos siglos esperemos que siga siendo pública e independiente, que pueda gozar, como ha soñado Milagros del Corral, con las herramientas necesarias para dar respuesta a los retos del presente y del futuro, las herramientas necesarias y autónomas, al margen de cualquier poder y partido político.
No me cabe ninguna duda que cuando, dentro de unos años, se siga escribiendo la historia de la Biblioteca Nacional de España, los dos años y medio de Milagros del Corral al frente de la misma marcarán un antes y un después, a pesar de no haber podido dar fin a todos sus proyectos con el tiempo y el sosiego que necesitaba.

Dos años y medio al frente de la BNE que le han dado la vuelta a una institución tricentenaria y que le ha colocado en el siglo XXI, a corta distancia de las más importantes bibliotecas nacionales del mundo, que duplican (si no triplican) su presupuesto, y gozan de una total y efectiva independencia de gestión.

Dos años y medio al frente de la BNE que te agradecemos, porque has sabido darle a la institución, y a todos los que, por una razón u otra, nos acercamos a sus instalaciones y salas, un futuro, un programa de actividades y unas metas. Gracias a ti la Biblioteca Nacional de España no es sólo una vetusta institución con tres siglos de pesada historia a sus espaldas, sino también una institución joven y dinámica, que posee proyectos y que tiene mucho que decir de cómo “preservar y custodiar su rico legado patrimonial y cultural, al tiempo que asegura su más amplia difusión pública".

28/06/2010 (17:35)

Alejandro Magno, el gran Alejandro Magno, en su campaña militar por Asia tenía siempre presente el texto de la Ilíada de Homero, el primer gran texto literario occidental que narra la historia de la guerra de Troya. Era su modelo y su maestro militar. Pero no cualquier texto: Alejandro Magno no dormía si antes no ponía debajo de su cabecera una espada (para defenderse de los peligros reales) y una caja en la que conservaba una copia, en rollos en papiro, de la Ilíada con los comentarios y las correcciones que su maestro, el gran filósofo Aristóteles, había escrito en sus márgenes.

Nos hemos situado en el siglo IV a. C. Pero la historia del texto de las grandes obras de Homero, de la Ilíada y de la Odisea, comenzó unos siglos antes (en los que los críticos aún no han dado la última palabra en el campo fructífero de sus hipótesis): el siglo VIII a. C. Un texto, con sus más 15.000 versos, que se compuso para ser difundido de manera oral, en ese espacio que se mueve entre la voz y la memoria, y que nada tiene que ver como ese “fármaco de la memoria" que es la escritura; estas letras que se han convertido en la base de nuestra forma de comunicarnos y de recordarnos en nuestra cultura occidental actual. Pero no siempre fue así. Casi nunca fue así, y solo hace falta recordar a nuestros abuelos, su portentosa memoria y el rico patrimonio cultural y literario oral que han sabido transmitir de padres a hijos sin que la letra, sin que la escritura tenga nada que ver.

Pero volvamos al texto de la Iliada. Se piensa que la primera vez que los versos homéricos fueron codificados, convertido el ‘verbo’ (oral) en ‘palabra’ (escrito), fue en las fiestas atenienses Panateneas que Pisístrato instauró el 566 a. C. dedicadas a Atenea, a imagen y semejanza de los Juegos Olímpicos, pero con certámenes de poesía y de música. Pero ninguna de las copias privadas y públicas que se hicieron a partir de esta primera codificación escrita se han conservado. Los rollos en papiro que permitieron conservar el texto homérico más allá de la memoria y de la voz, su primera difusión en los siglos de mayor esplendor de Grecia no han dejado más que algunas noticias indirectas, algunos datos que los filólogos examinan con la precisión de un resto arqueológico.

Estas copias que multiplicaban el texto homérico –con cambios que también se podían producir en la memoria y en la recitación oral– hacían que, a medida que pasaba el tiempo, el texto que transmitían se alejara cada vez más de aquel que en su momento compusiera Homero. Todo cambió en la famosa Biblioteca de Alejandría, fundada por el rey Ptolomeo I y engrandecida por su hijo en el siglo III a. C., y en la labor que llevó a cabo uno de sus primeros bibliotecarios: Zenódoto de Efeso. Y así, frente a los diferentes textos que transmitían los diversos rollos de papiro que archivaban y conservaban la memoria de los versos de Homero, Zenódoto creó un sistema de signos que, después de cotejar diversos papiros que se hicieron copiar para conservarse en la famosa biblioteca, indicó los versos que se consideraban ajenos a la creatividad del autor y que correspondían a añadidos de la transmisión, así como los versos que podían haber sido modificados, mal copiados, mal entendidos.

Este nuevo texto de la Ilíada, este texto editado, con sus errores y con sus aciertos, será el que se difunda a partir del momento, primero copiado en rollos de papiro (y también de pergamino) en Roma y, posteriormente, en Bizancio hasta el siglo XV, y luego en el nuevo medio de transmisión que se inventa en el imperio romano en el siglo II y que terminará por triunfar en el siglo IV, de la mano del triunfo del cristianismo como religión oficial de Roma: el códice. Frente al rollo de papiro, la forma habitual de difusión de los textos en la antigua Grecia, en Asia y en el Imperio Romano, ahora nos encontramos con un nuevo sistema de difusión gracias a que el pergamino permite hacer dobleces y se hacen cuadernos que pueden ser cosidos entre ellos formando una unidad, que el rollo en papiro no permitía. Recuérdese que Alejandro Magno llevaba una caja con los rollos de la Ilíada con las anotaciones y comentarios de Aristóteles.

El códice, este nuevo medio de transmisión frente al rollo, presenta grandes ventajas: la durabilidad del soporte y la mayor densidad de la información, que propiciará nuevos modelos textuales hasta entonces impensables: las compilaciones que reúnen en un mismo volumen diferentes textos de una misma materia o argumento o textos de gran extensión. Del siglo XIII se datan los primeros códices que difunden por Europa el texto griego de la Iliada, ya que las aventuras de la guerra de Troya se habían difundido por el occidente europeo en traducciones latinas. Y con el códice en pergamino (y a partir del siglo XII en papel) se añade con más facilidad otro elemento ya existente en el rollo: la ilustración, la relación entre texto e imagen, otra de las grandes ventajas de este nuevo medio de transmisión.

El siglo XV trae consigo un gran avance tecnológico en la difusión del códice como medio de transmisión: la imprenta. Gutenberg con sus prensas consigue hacer el milagro comercial de la ‘multiplicación’ de los códices a un precio menor que la copia única que era propia de los copistas. En el siglo XV, en la conocida como época incunable, poco parece cambiar en la forma externa de los códices, ya fueran manuscritos, ya  fueran impresos: se copian los formatos, la disposición de la letra y de las columnas, las ilustraciones –que en época incunable luego se iluminarán como si de un manuscrito se tratara…–.

Y ya a finales y, sobre todo, en el siglo XVI, el cambio será monumental, y no tanto por la nueva tecnología inventada por Gutenberg para ‘multiplicar’ las copias, como por la industria nueva que se crea alrededor del libro, de ese objeto que deja de ser solo un medio de archivo de la memoria, de los textos, de la cultura para ser también un objeto comercial –y por otro lado un magnífico mecanismo de control ideológico por parte del poder, tanto sea civil como eclesiástico. En este nuevo espacio de difusión de los textos, encontramos magníficas ediciones incunables y de los siglos XVI y XVII del texto de la Ilíada de Homero; texto heredero del fijado por la Biblioteca de Alejandría que ahora es revisado con el triunfo del Humanismo.

Y textos de la Ilíada, en ediciones en griego o en traducciones a otras lenguas, con mayores o menores aparatos de comentarios y de observaciones, encontramos desde el siglo XVII hasta nuestros días, de la mano de los diferentes cambios tecnológicos que se han ido desarrollando en el universo de la imprenta: la linotipia, el off-set, la imprenta digital…

Y lo mismo puede decirse de la presencia del texto de la Ilíada en ese nuevo medio de difusión y de comunicación que es el mundo digital, con los libros electrónicos a la cabeza.

En el contexto de la difusión de los textos que conforman nuestro bagaje cultural occidental –en que la Ilíada es un ejemplo paradigmático por ser el primero no sólo de los compuestos sino también de los codificados en la escritura–, en el paso de la oralidad a la escritura, y dentro de esta en los diferentes soportes que de un modo habitual han servido de codificación del ‘fármaco de la memoria’, como son el rollo, el códice y el libro impreso, podemos comprender mejor la situación actual, en la que nos encontramos con dos ámbitos bien diversos de posibilidades y de retos: por un lado, el del ‘texto digital’, que permitirá seguir difundiendo los textos antiguos (como la Ilíada) en un nuevo soporte, con sus grandes ventajas y algunos inconvenientes; y por otro lado, el de la ‘industria editorial’, creada a partir del siglo XVI, que entiende el libro digital y las nuevas modalidades textuales ajenas a su naturaleza, como sucede con el hipertexto, como dos enemigos que acabarán con el monopolio de su negocio de cuatro siglos de antigüedad.

Por eso, es necesario reivindicar el ‘texto digital’, que irá tomando cuerpo y característica propias más allá de la época ‘incunable’ en la que ahora nos encontramos; dejando a un lado los debates sobre el futuro del libro tradicional, que en realidad esconde la imposibilidad de los grandes negocios editoriales para adecuarse a los nuevos tiempos y a los nuevos públicos y lectores.

La industria discográfica ya lo está haciendo y la cinematográfica ha comenzado a dar sus pasos. La industria editorial ha optado por sacar de la chistera su colección de miedos colectivos, que nada tienen que ver con la realidad. Tienen la batalla perdida. Ellos y nosotros lo sabemos. Es solo cuestión de tiempo. Sólo los innovadores, lo que presenten nuevas estrategias comerciales pensando en los nuevos tiempos tienen garantizada su supervivencia en los próximos años. Y si no, tiempo al tiempo. Y mientras tanto, el texto de la Ilíada se seguirá difundiendo en este nuevo medio, como lo fue en la oralidad, y en los rollos, códices, incunables y libros impresos desde el siglo VIII a. C. hasta nuestros días.

21/06/2010 (12:01)

Hay historias, hay iniciativas que se pierden en el remanso tranquilo del tiempo. Historias que se viven con pasión y entusiasmo durante semanas para luego convertirse en una nota a pie de página de cualquier estudio erudito o de alguna nota de sociedad. Historias, iniciativas que con el tiempo se van llenando de los tintes de las vaguedades y de las contradicciones. Así nos pasa en nuestra vida cotidiana. Y así debemos, en más de una ocasión, preguntar a nuestros abuelos por una fecha, por un detalle, por una anécdota.


El pasado 18 de mayo, un grupo de profesores, investigadores y bibliotecarios lanzamos un “Manifiesto a favor de una mayor autonomía e independencia de la Biblioteca Nacional de España”, que en tan solo tres semanas consiguió congregar alrededor de su texto a más de 1700 firmas, entre las que se contaban escritores de la talla de Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina o José Luis Sampedro, académicos de la Real Academia de la Lengua y de la de Bellas Artes de San Fernando representantes de diversas instituciones, presidentes de asociaciones científicas y de hispanistas así como decenas de profesores de Universidades e Institutos de España, Argentina, México, Colombia, Perú, Venezuela,  Chile, Portugal, Francia, Bélgica, Italia, Gran Bretaña Suiza, Grecia, Polonia, Estados Unidos, Canadá y Japón, sin olvidar a centenares de hispanistas de todo el mundo y personas que aman el libro y la cultura.

El día 10 de junio, a las 10’30 horas se hizo entrega oficial a la Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, del conjunto de las firmas, de las que nunca se ha recibido ninguna respuesta, aunque el documento (con su carpeta gris) estuvo presente en la comida que la Ministra mantuvo con la Presidenta del Patronato de la BNE (Margarita Salas) y el Presidente de la Fundación Amigos de la BNE (Pere Vicens) el día 14 de junio, horas antes de la reunión solemne del Patronato.


Este es el final de una historia, de un movimiento ciudadano que ha tomado partido en la defensa de una de las instituciones que debieran ser pilares de nuestra política cultural, pero es un final que merece una parada para poder comprender su principio, su origen y su desarrollo. El tiempo, ese “gran escultor”, a veces nos equivoca las fechas y los recuerdos. Y así, al redactar estas líneas, en más de una ocasión he de recurrir a Internet en busca de un dato concreto. ¡Ay, qué efímera que es nuestra memoria postmoderna!

           
El 30 de abril, se aprueba en el Consejo de Ministros una serie de medidas para controlar el gasto público del Estado; unas medidas que conllevan la supresión de 32 direcciones generales en todos los Ministerios. Frente a la propuesta del Ministerio de Hacienda (basada en principios de racionalidad) y, seguramente, por las luchas internas en los sillones del Consejo de Ministros, se prescinde de este primer plan y se le pide a cada Ministerio que indique cuál debe ser la Dirección General (o Direcciones Generales) que deberán desaparecer en cada uno de ellos. El Ministerio de Cultura ofrece dos posibilidades: la Dirección General de Política e Industrias Culturales y la Dirección General de la Biblioteca Nacional de España.

Desde Moncloa, se decanta por la segunda y así aparece en el documento aprobado por el Consejo de Ministros que tiene que ir al BOE a la semana siguiente. En esa semana, se le comunica a la Directora de la BNE, Milagros del Corral, la nueva situación, con las medidas que el Ministerio de Cultura piensa adoptar para que la cuantía de su contrato no se vea afectado (¿No era todo con la idea de una reducción de gastos?). Milagros del Corral anuncia que no puede aceptar el trato que se le da a la BNE (por más que se le presenten soluciones personalizadas) y que, de no cambiar su decisión el gobierno, no tendrá otro remedio que dimitir.

En esos mismos días, Margarita Salas, Presidenta del Patronato del Organismo Autónomo de la BNE, envía una carta al Presidente del Gobierno y a la Casa Real, manifestando su desacuerdo por la medida aceptada. Pero, a pesar de las buenas palabras y de que desde el Ministerio y la Presidencia se siga hablando de seguir apoyando a la BNE para que continue siendo una de las bibliotecas más importantes del mundo, el jueves 6 de mayo se sella en el BOE la supresión de la Dirección General de la BNE dentro del organigrama del Ministerio de Cultura.

Ese mismo día, como lo había anunciado, dimite Milagros del Corral como Directora de la BNE, aunque se compromete a mantenerse en el cargo hasta la llegada de su sucesor, para así no crear una situación de vacío en una de las instituciones culturales más importantes de nuestro país. El viernes 7 de mayo se le anuncia a Milagros que su dimisión ha sido aceptada y que debe abandonar el cargo el lunes 10. Y así, hasta ahora, la BNE, una institución que el próximo año cumple 300 años de existencia, se encuentra sin director.

           
Y junto a esta historia oficial, la de los despachos, la de los documentos y el BOE, de la que dieron testimonio la prensa y las televisiones, se fue creando otra historia. Una intra-historia que daría lugar al Manifiesto del 18 de mayo. El miércoles 5 de mayo, varios días después de la decisión adoptada por el Consejo de Ministros, recibo un correo de una amiga colombiana que me pregunta sobre las noticias de la posible dimisión de Milagros del Corral al frente de la BNE. Esa misma mañana, me entero de la noticia leyendo todo lo que aparece en Internet, e, indignado por lo leído y por lo que suponía de ruptura de un gran trabajo de modernización que se había llevado a cabo en los últimos años, entré en facebook, y ante mi sopresa, nadie había dado cuenta de lo que pasaba en nuestra institución. En ese momento, creé el grupo “En apoyo a l