17/02/2012 (11:17)

Por la ventana de la habitación entra un cielo azul pálido. El tiempo meteorológico está bien en Carcassonne. Hay algo de viento. Cuando la luz del alba empieza a dorar los tejados partimos en la furgoneta hasta Le Somail, donde terminamos ayer. Preparamos el material y hacemos la consabida foto de grupo.

 

Salimos por la orilla derecha, por un camino en aceptable estado y muy arbolado. Casi inmediatamente está el desvío del canal hacia Narbonne, a nuestra derecha. Lo cruzamos y seguimos por el Canal, por la misma orilla derecha, por mal camino, a veces una simple senda casi comida por la vegetación. En este tramo vuelvo a pinchar y tengo que cambiar la cámara.

 

Tras atravesar zonas con muchos barcos amarrados a la orilla, pasamos por el Port de Capestang, abarrotado. Lo rodeamos y seguimos por una zona poco arbolada donde el calor se hace sentir de lleno. El Canal se va hundiendo dejando una boca abierta a lo lejos: es el túnel de Malpas. Úna subida pedregosa nos deja en lo alto. Puede irse también por la izquierda, aunque seguimos por la derecha. Poco después vemos una zona arbolada donde está la furgoneta. Habríamos ido mejor por el lado izquierdo. Así llegamos a Colombiers. Manel, como cada día, trae comida: ensaladas, cus-cus, etc. Muy bien, como siempre. Damos buena cuenta de la comida bajo la espesa sombra de los altos árboles y nos relajamos un poco antes de reemprender la marcha.

 

Por la tarde seguimos por la orilla izquierda. El camino es malo, una senda con mucha vegetación que en un punto incluso llega a formar un pequeño túnel. Mientras tanto el cielo se ha ido encapotando. El camino se va animando, cada vez se ve más gente de todo tipo, incluso familias enteras. El motivo es que llegamos a las Écluses de Fonsérannes, un conjunto maravilloso formado por siete esclusas seguidas. Paramos en lo alto y contemplamos toda la bajada llena de gente haciendo fotos. Hay puestos de comida y bebida móviles, y todo parece una fiesta. En este momento comienzan a caer las primeras gotas, casi impalpables. La vista no es del todo satisfactoria. No hay ningún punto en el que se vean bien las siete esclusas. Lo mejor sería una vista aérea. En el punto más bajo hay posibilidad de confusión puesto que hay un canal de desagüe que sigue bajando. Hay que cruzar al otro lado, subir una pequeña cuesta y continuar a la izquierda. Empieza a llover y debemos ponernos los chubasqueros.

 

Muy cerca está otro de los puntos emblemáticos del Canal: el paso en puente sobre el río Orb. La lluvia no impide que inmortalicemos el momento. El camino es bastante bueno pero mejora porque hay un tramo asfaltado hasta Villeneuve-lès-Beziers. El paso por Béziers es algo complicado debido a que el camino del Canal ha desaparecido en una zona completamente urbanizada, incluso con escaleras.

 

Béziers, que se eleva en terrazas sobre las riberas del río orb, fue la ciudad natal de Pierre Paul Riquet, fundador del Canal del Midi. Debe su prosperidad a la explotación de la vid, siendo hoy conocida por sus vinos de excelente calidad, y al turismo fluvial. Es interesante un paseo fluvial para descubrir las obras de ingeniería más prestigiosas: el puente-canal sobre el Orb, el Puerto Nuevo, la esclusa del Orb y la extraordinaria escalera de agua de Fonsérannes. Visitas de interés son la catedral de Saint Nazaire, de los siglos XII y XV; casas señoriales del siglo XVII; la basílica de Saint Aphrodise, de los siglos XII-XIII; el mercado, del siglo XIX.

 

Nos cruzamos con mucha gente en este último tramo, bajo la lluvia. Volvemos a Béziers, al Hotel Ibis, mucho mejor que el F1. Cena en el mismo hotel. Tarta de celebración porque llevamos 250 kilómetros de un Canal que nos ha separado falsamente del mundo. El reto está conseguido, aunque no era lo más importante. Entonces nos damos cuenta de que hemos perdido la pancarta. Las fotos de grupo ya no serán lo mismo.

9/02/2012 (11:48)

Amanece soleado, con algo de viento. Nos despreocupamos. Vamos al puerto de Carcassonne, bonito de día, y hacemos la foto habitual. Salimos por la orilla derecha, por un camino cuyo suelo varía según los tramos, aunque no está muy mal. Rodamos bastante bien, en un tramo con muchos barcos amarrados en las orillas. Parece que sean viviendas permanentes, porque incluso tienen acceso para vehículos.

 

Un nuevo pinchazo obliga a parar y cambiar la cámara. Va haciendo calor, por lo que nos ponemos en una sombra. El Canal se apoya en una loma y recuerda al Henares rozándose con los farallones rocosos en la zona de El Val. Tras un tramo con menos arbolado, entramos en una zona muy umbría que da una reconfortante sensación de frescor. En las esclusas parece que haya más piedrecillas que antes, lo que aumenta el miedo al pinchazo.

 

Encontramos a unos de Tarragona que vienen de Burgos y van hasta Roma en bici. Notamos el agua del Canal más chocolateada que en los días anteriores y así llegamos a Homps. Nos hemos adelantado, sin darnos cuenta, Albert y yo; los demás habrán parado en algún momento y llegarán más tarde. Mientras tanto, voy a por unas cervezas frías. Después van llegando los demás. Hemos visto la furgoneta aparcada pero no a Manel, que estará comprando. Al poco trae un pollo, patatas fritas, aceitunas, pan, cervezas, etc. Todo muy bien. El servicio que nos presta Manel resulta impagable.

 

Comemos junto al puente, al final del puerto, en una zona ajardinada con una mesa y bancos. Después descansamos un poco, esperando que pase un poco el centro del día porque la tarde se adivina calurosa. Así va a ser, efectivamente, porque, además, hay menos árboles. Atravesamos un trozo de senda muy estrecha, entre maleza y cañas. En otro tramo el suelo está con algo de agua y los que van más bajos, como Jorge, casi se mojan. Es un puente sobre un barranco. El camino desaparece en algún momento y tenemos que ir por la carretera. El suelo está mal, lo que provoca desajustes en alguna de las piezas de las bicis, como el apoyo de los pies en la de Jorge. Todo el campo circundante está poblado de vides.

 

Esta etapa está resultando un poco más larga. Ponemos punto final al cansancio en el Port la Robina, en Le Somail. Hemos recorrido 63 kilómetros. Manel nos espera con bebidas frescas. Descansamos, comemos algo y bebemos mientras una gran bandada de lo que parecen estorninos nos sobrevuela. Sonreimos al crepúsculo, acalorados. El día, apenas dorado, se extingue en la noche que se acerca. En la penumbra del día declinante volvemos a Carcassonne, al mismo hotel. Ducha, colada, arreglo de la bici de Jorge.

 

El ser humano está esclavizado por las exigencias de su cuerpo. Por la noche vamos a cenar a la ciudadela. Tras aparcar cómodamente viene una cansada subida hasta la plaza, llena de gente. Sentados se nota mucho calor porque no corre nada de aire. Después damos un tranquilo paseo. Nos invade la dilatada pereza del esfuerzo físico sin preocupación mental. Todo está iluminado y es muy bonito, aunque alguien dice, acertadamente, que desde dentro no parece tan bonito como por fuera.

 

La ciudadela, construida en el siglo XII por los Trencavel, vizcondes de Carcasona, y modificada sin cesar a lo largo de los siglos siguientes, todavía está habitada. 52 torres y dos murallas concéntricas hacen un total de 3 kilómetros de recinto amurallado. Hay que ver la Basílica de St-Nazaire - del s. XII-, las puertas de Narbona –con dos enormes torres- y de Aude - del s. XIII-, la palestra - espacio entre los dos recintos amurallados amoldado a la pendiente de la colina-, y el teatro -lugar emblemático del Festival de la Cité-.

 

Hemos andado como guiados por el coraje de un alto propósito, con indomable perseverancia. Ahora toca descansar.

2/02/2012 (13:08)

La lluvia de anoche nos preocupó un poco. Salimos más tarde. Hemos hecho la maleta porque cambiamos de hotel. Vamos con la furgoneta al punto de salida donde terminamos ayer. El cielo está muy nublado cuando hacemos la habitual foto de salida con pancarta. El piso es mejor que ayer, pero de tierra. Se va bien en una zona con mucho arbolado, con árboles muy altos, en unos tramos idílicos donde nos cruzamos con algún ciclista.

 

Un tramo asfaltado nos anuncia la llegada a Castelnaudary, situado en el centro del Pays Lauragais, construido alrededor de un castillo en el s. XII. Durante la cruzada contra los cátaros fue sitiado y su castillo demolido en 1229. El Canal se inauguró aquí en 1681 en la Gran Cuenca, el mayor cuerpo de agua (7 has) a lo largo de 240 km. La ciudad alberga la Legión Extranjera y es la capital mundial del plato Cassoulet. Hay que ver el puerto, el molino Cugare y la colegiata de Saint-Michel, del s. XIII.

 

Cerca está Bram, a medio camino hacia Carcassonne. Se organiza en  círculos concéntricos, alrededor de la iglesia de Saint-Julien et Sainte-Basilisse, gótica. El pueblo actual se halla edificado encima del antiguo pueblo galo-romano de Eburomagus. En el s. XIII hubo una fuerte implantación del catarismo  y Simón de Monfort, para causar terror psicológico, tomó por la fuerza a 100 prisioneros, les rompió la nariz, orejas, cortó el labio superior y les sacó los ojos a todos, excepto a uno a quien solo dejó tuerto, con el fin de hacer de guía, encaminándolos hacia el Castillo de Cabaret. En 1939, al final de la Guerra Civil Española, las autoridades francesas confinaron a los republicanos españoles en un campo de concentración muy precario; posteriormente la mayoría de los prisioneros fueron trasladados a otros campos, como el de Le Barcarès o Rivesaltes, o forzados a elegir entre ir a reforzar las defensas de Francia en la Línea Maginot o integrarse en la Legión Francesa.

 

Después de Castelnaudary sigue asfaltado el camino. También sigue nublado y fresco. Pinchazo. Paramos junto a una barca amarrada a la orilla: foto con los dueños y otros ciclistas. Paramos a comer en una esclusa embellecida por plantas con muchas flores, la Écluse de Beteille, a la altura de Alzonne. Manel trae bocadillos. El tramo de la tarde está mal, hay muchas rodadas y pocos puntos de agua. En algunos puentes hay que cruzar las carreteras por arriba y en otros hay pasos estrechos por debajo. Seguimos viendo muchos barcos y, tras 54 kilómetros, llegamos a Carcassonne, a otro hotel F1.

 

Cena en el centro, en la plaza con un museo de artes iluminado en azul. Nos han recomendado un restaurante pero está lleno y vamos a otro. Manel se atreve con una cassoulet. Paseo nocturno hasta el canal y la estación de tren donde saldremos mañana. El tiempo ha mejorado. Esperanza de poder continuar.

 

Volvemos admirando la Ciudadela, ciudad medieval fortificada, alto rocoso  ocupado desde el siglo VI antes de JC por galos, romanos y visigodos. En el 725 fue ocupada por los sarracenos, expulsados por los francos. A la muerte de Carlomagno, con el feudalismo, la ocupó la dinastía Trencavel. El catarismo se desarrolló rápidamente por lo que la ciudadela y las tierras fueron transferidas al jefe militar de la cruzada, Simón de Monfort, y más tarde al rey de Francia. Un nuevo burgo nació en 1262 en la orilla izquierda. Mientras esta nueva ciudad se desbordaba de actividad, la ciudadela se reafirmaba en su papel de fortaleza real. Pero el uso de nuevas técnicas de guerra (pólvora, cañones) y, sobre todo, la retirada de la frontera franco-española en 1659 con la Paz de los Pirineos, le hizo perder importancia estratégica y condujo poco a poco a su abandono. El Canal, que en principio no pasaba por la ciudad, provocó la transformación urbana.

 

La noche es una extensión de negrura sin orillas ni puntos de referencia visuales o sonoros. El silencio como refugio.

26/01/2012 (13:26)

Nos levantamos temprano. Desayuno a las 7. Autoservicio en la entrada con sólo dos mesas y las del exterior. Simplicidad: zumo, tostadas, mantequilla, mermelada, leche, café, infusiones. Pensamos ir al centro de la ciudad para tomar el Canal en la creencia de que será un tramo bonito. No encontramos un lugar donde descargar la furgoneta y perdemos tiempo; además, no nos gusta. Tenemos que ir un tramo por la acera, cruzamos semáforos delante de la estación de ferrocarril y llegamos hasta una especie de puerto donde hacemos una foto colectiva con la pancarta. Que quede constancia de estos espíritus a los que se les quedan pequeñas las fronteras de la vida cotidiana, de este viaje que parece el cumplimiento de un destino literario.

 

Continuamos cultivando la disciplina de la paciencia, escuchando el itinerario de nuestro pedaleo, adquiriendo mientras pedaleamos el sentido del espacio, con las palabras ilustradas por el movimiento, mientras el sol tibio de la mañana acaricia nuestros rostros. Hacia las afueras ya es más bonito. Vamos por la orilla derecha en un camino asfaltado. El cielo se va nublando y hace algo de fresco, tiempo bueno para el pedaleo. Vamos trashumando el Canal, flotando en el espacio, flotando en el tiempo.

 

Hay muchas barcas amarradas a las orillas, algunas con la sensación de ser vivienda permanente. Es una bucólica estampa de ruralismo antañón. Nos cruzamos con mucha gente corriendo o paseando. Muchos barcos, de distintos modelos y tamaños, pasan despacio y la gente nos saluda. Nosotros pasamos como las aguas del Canal. Se va levantando bastante viento. Encontramos en el Canal a una oca que se nos acerca curiosa, vemos a una pareja recién casada que va a Roma en bici, observamos un viejo barco de carga amarrado en un puerto deportivo, donde el paso hace un descenso en espiral sobre sí mismo.

 

Pensábamos comer en Ayguesvives, pero llegamos hasta Gardush, donde compramos bocadillos en una pastisserie. Gardush está a la altura de Villefranche-de-Lauragais, villa fundada por Alfonso de Poitiers, conde de Tolosa, quien mandó construir en 1271 una iglesia gótica con dos campanarios.

 

Por la tarde sale el sol pero sigue haciendo viento. Paramos en las esclusas, algunas de las cuales tienen puntos de agua potable. Seguimos ahora por la orilla izquierda. En cada pueblo hay ensanchamientos de agua, puertos deportivos. En toda esta zona hay mucho arbolado. Fuera de la muralla de árboles que bordea el Canal se abre un paisaje ondulado de vides y campos de cultivo, en un amplio valle arbolado de pinos. Una casa está abierta a la amplitud del paisaje, midiéndose con la escala de los árboles.

 

Nos encontramos con un grupo grande de franceses-as, en bici, con mucha carga. Hacemos una gran foto entre todos. Este es un mundo de amistades instantáneas. Aunque al principio de la etapa el suelo estaba asfaltado, desde L´Ocean es de tierra y los últimos kilómetros está en bastante mal estado. Este último tramo se hace más largo. Terminamos en la Écluse de la Mediterranée, tras haber recorrido 58 kilómetros, tras experimentar emociones pseudoaventureras, con una especie de cansancio romántico, con la necesidad satisfecha de sublimar una existencia hedonista. Hemos conseguido paciencia, autodisciplina y generosidad, y vivir una vida que engrane con la de los otros.

 

Volvemos al siglo. Volvemos al mismo hotel de Toulouse; así no hemos tenido que rehacer la maleta. Cenamos en el hotel Ibis, que está al lado del nuestro. El cielo se ha ido cerrando, las nubes se han vuelto más negras y llueve. Desde donde estamos vemos la cortina de la lluvia y el reflejo en ella de los faros. La colada se moja. La mayoría del grupo sale a la noche y va al centro en el metro. Después, el descanso nocturno, el reparar el cuerpo, en un trabajo de Sísifo para estos personajes barojianos, de acción.

19/01/2012 (12:21)

Por la mañana, temprano, llegan Manel, de cerca de Villafranca del Penedés, y Quim y Manu, de Girona. Albert y Manel van a buscar la furgoneta y cargamos todo el equipo estudiando la colocación de cada elemento para intentar repetirlo después. El viaje hasta Toulouse nos lleva más tiempo del pensado y, además, nos entretenemos en el hotel solucionando un pequeño problema con la reserva. Se hace tarde y no podemos comer en el Ibis. En el kebab tampoco porque ha empezado el Ramadán. Salimos por la autopista en dirección Burdeos y tomamos un bocadillo en el Aire de Frontonnais.

 

Por la tarde preparamos y probamos el material y recorremos una etapa corta: 26 km desde Pompignan hasta el centro de Toulouse. Calor bajo la cruenta luz del sol, bajo el sol vertical de la hora de la siesta de agosto. Poco arbolado. El suelo asfaltado nos permite rodar bien. Pasamos bajo puentes como el de Saint Rustice mientras comprobamos que todo el equipo funciona bien. Vamos por la orilla derecha, ahora muy arbolada. Por la orilla izquierda, más desarbolada, hay otro camino que comparte la maldición inexplicada de las líneas paralelas, condenadas a no encontrarse.

 

El Canal es prácticamente llano, con unas pequeñas subidas hasta las esclusas, con semáforo. Aquí está el edificio del esclusero, las comunicaciones, señales con el nombre de la esclusa, el anterior y el posterior, y las distancias entre ellas. El Canal cruza algún barranco en forma de puente. En un tramo más arbolado nos cruzamos con otros ciclistas. Al lado del Canal discurren una carretera, una vía de ferrocarril y una línea eléctrica. Las esclusas ahora son de ladrillo. Vamos a la sombra al pasar por la estación de ferrocarril de Lacourtensourt. En un puente tenemos que cambiar al lado izquierdo, más despejado y feo. Hay polígonos industriales, almacenes, etc. Se nota que nos acercamos a la ciudad. Entramos en Toulouse bajo un sol más lánguido.

 

Manel nos está esperando y cargamos todo el material mientras la tarde sigue extinguiéndose. Atravesamos bosques enteros de casas, vamos al centro y aparcamos cerca de la plaza. Cenamos en un árabe y damos un paseo nocturno en el calor de la noche de verano. Aunque la falta de luz suprime los detalles, la plaza está muy bonita. De vuelta, vemos al fondo de una calle la Basílica de San Sernín. Llegamos a nuestro hotel, un F1, con pocos servicios adaptados. Nuestra furgoneta ocupa todas las plazas de aparcamiento para discapacitados ante la extrañeza del encargado. Ducha y colada.

Hemos cumplido la primera etapa. Nuestra presencia ha desaparecido sin huella por los lugares que hemos atravesado. La rutina se ha desmoronado por el efecto euforizante de estos viajes. Hay que aprender de los procesos, no de los resultados, y hay que tener al mismo tiempo sentido práctico e imaginación utópica. 

 

Toulouse, la Tolosa del Languedoc, la Ciudad Rosa, es la cuarta commune de Francia. Nació hace más de 2000 años de un pueblo celta. Los romanos la bautizaron Tolosa. Los visigodos la convirtieron en capital de su reino y también lo fue del reino franco de Aquitania y del Condado de Tolosa. En el siglo XIII empezó a desarrollarse el Catarismo, lo que originó una guerra de religión que terminó con la región incorporada al dominio real, el mayor paso en la construcción de Francia. Actualmente, es la capital europea de la aeronáutica y de las industrias espaciales.

 

Monumentos religiosos: destaca la Basílica de San Sernín (una de las mayores de estilo románico y núcleo de peregrinación del Camino de Santiago. Sorprende por la amplitud y belleza de su nave. Pueden admirarse los ladrillos del siglo XI, los capiteles, el tímpano de los siglos XI y XII y la cripta que contiene un tesoro de relicarios, como el de san Saturnino, obispo mártir de la ciudad a quien el edificio está dedicado.

Monumentos civiles. El mayor monumento de la ville rose es sin duda de tipo civil, se trata del Capitolio. La sede del Ayuntamiento que da nombre a una gran plaza monumental centro neurálgico de la villa.

12/01/2012 (14:34)

Àrea Adaptada Associació es un grupo creado por Albert Font que tiene su sede en Les Fonts de Terrassa. Sus fines son fundamentalmente dos: el deporte adaptado para personas con discapacidad y las actividades de cultura y entretenimiento para ninos y niñas. Desarrolla actividades de natación, submarinismo, bicicleta, tenis, buceo, kayak, etc., adaptados. Su página web es info@areadaptada.org.


Estas personas tan animosas están contínuamente buscando nuevos retos, sin que la incapacidad suponga un obstáculo insuperable. Albert pensó que uno de estos retos, que al parecer nadie había realizado, era recorrer el Canal du Midi, un trayecto de 250 km. Para ello contaba con amigos y conocidos con los que se reunía en alguna de sus actividades, por ejemplo, en el recorrido por vías verdes. Además, para crear un grupo integrado, abrió la actividad a otras personas vía Internet. Aquí entró en escena mi amigo Armando, de Valencia, con el que había coincidido el año pasado en el Camino de Santiago Aragonés, que vio el anuncio y me avisó. Con todo esto se formó un grupo de ocho personas, cuatro discapacitados y cuatro “bípedos”, dispuestos a hacer realidad el sueño y, aunque no era lo más importante, a superar el reto.

 

Se había dado la señal de partida para el 1 de Agosto de 2011, así que el 31 de julio emprendimos viaje hasta Les Fonts de Terrassa. Tras algún pequeño incidente llegué el primero y conocí en persona a Albert. Me contó todo lo relativo a su organización, a sus actividades en general y a este viaje en particular y me avisó de que tendríamos que atender a la TV local de Terrassa y Vallés Occidental. Un reportero y un cámara llegaron antes que los demás ciclistas, así que nosotros dos comentamos con ellos los objetivos y desarrollo del viaje, rodaron unas escenas con las bicicletes adaptadas y con un cartel anunciador, y, finalment, Albert grabó una entrevista.

 

Más tarde llegaron Jorge, de Castellón, y mi amigo Armando. Metimos los coches en la casa de Albert y empezamos a sacar el material. También vimos las bicicletas que Albert nos dejaba a Armando y a mi, lo que nos facilitó el viaje. Después Albert pensó que Sonia, de Valladolid, que venía con su bicicleta, tenía que llegar a Barcelona, trasladarse en el metro hasta la Plaza de Cataluña y coger el tren de cercanías hasta Les Fonts, por lo que llegaría bastante tarde, así que decidió ir a buscarla a la estación de Sans. Esperamos un poco y llegó puntual. Volvimos a Les Fonts, cenamos y Armando y yo nos preparamos a dormir en el salón donde improvisamos unas camas.

 

Los demás llegarían a la mañana siguiente. En esa espera nos preparamos para dormir pensando en el Canal du Midi, que une el río Garona en Toulouse con el Mar Mediterráneo. Se abrió a la navegación en 1681. Se trata del canal navegable en funcionamiento más antiguo de Europa. Recorre 241 kilómetros entre Marseillan y Toulouse. Su profundidad media es de 2m y presenta un ancho medio de 20m en la superficie y 11m en el fondo. Los barcos se propulsaban mediante caballos, que tiraban de ellos siguiendo los caminos paralelos al curso del agua. El viaje entre Toulouse y Sète duraba unos cuatro días, tiempo que fue reducido a 32 horas en 1855, cuando se organizó el relevo cada 10 kilómetros de los caballos. El uso de animales para tirar de las gabarras se iría reemplazando durante la década de los 30 por motores. El transporte de mercancías cesó definitivamente en la década de los 70, quedando únicamente destinado al turismo.

 

Actualmente hay alrededor de 60.000 árboles plantados en las orillas del canal. En su conjunto comprende 328 accidentes, a repartir entre 63 esclusas, 126 puentes, 7 puentes sobre canal y 6 presas. Entre las obras de arte construidas a lo largo de su recorrido cabe destacar: la esclusa redonda de Agde; las esclusas de Fonséranes; el puente de canal sobre el Orb; el túnel de Malpas; las esclusas de Castelnaudary. Desde 1996, está incluido en la lista del patrimonio de la humanidad.

22/12/2011 (11:57)

Desayunamos en el bar del albergue. Salimos temprano, como otros, por la carretera, con incomodidad porque pasan coches y camiones. Llano, fresco como ayer noche; se avanza bien. En Atapuerca pasamos junto al museo donde se exponen restos del Homo antecesor extraídos en el yacimiento arqueológico de la Gran Dolina. Iniciamos el ascenso a la Sierra de Atapuerca entre encinas en las que se enreda la intensa niebla.

 

El camino es muy malo, con muchas piedras mientras bordeamos un acotado militar a la izquierda. Vemos a tres chicas ciclistas (Luisa, Diana y Elena), canarias, que avanzan penosamente. Dos son profesoras de Secundaria, una de E. Física, la más fuerte, y la otra trabaja en Hacienda. Algunas se bajan de la bici y suben andando. Nos juntamos en lo alto, en la cruz de madera, y hacemos una foto. Ellas siguen rápidamente hacia abajo y ya no las veremos. Es zona boscosa y de monte bajo. En el descenso la niebla va quedando en lo alto, zona desarbolada, páramo, y empieza a asomar el sol. Abajo ya hay más arbolado y, en los regatos, de hoja caduca.

 

Pasamos por Villalval, Cardeñuela-Riopico, cerca de Quintanilla-Riopico, donde está todo cerrado y, por fin, encontramos un bar abierto en Orbaneja-Riopico. Comemos una empanada de chorizo, muy energética y nos quitamos las chaquetas. Llegan los polacos y los eslovacos con los que hacemos fotos de despedida.  Poco después llegamos al desvío. Dos opciones. A la derecha se entra en Burgos por Villafría y la carretera de Briviesca. Nos han recomendado ir por la izquierda, bordeando el aeropuerto, para salir a la carretera de Belorado en Castañares. Cuando podemos vamos a nuestra izquierda para coger el camino al lado del cauce del Arlanzón, más bonito, pero que se hace muy largo hasta la catedral.

 

Burgos, quinta etapa del Códex Calixtinus, no nació con el Camino. En 884 era necesario defender el territorio conquistado a los musulmanes y Alfonso III ordenó la repoblación. Con el apoyo de Alfonso VI se convirtió en el centro más importante de la ruta, obispado e importante cruce de comunicaciones: el Camino y la ruta que unía el mar con las tierras de dentro. El castillo delata su origen militar; después se extendió hasta el río y fue capital del reino. La gran referencia visual es la Catedral de Santa María, iniciada en 1221, gótica. Arquitectura: impulso ascensional de los pilares, ritmo de los arcos. Arco, peso convertido en ligereza por el juego de fuerzas contrarias. La luz y la sombra se modelan igual que la materia.

 

Detrás está el albergue, todavía cerrado, por lo que no podemos ducharnos. Damos un paseo, compramos morcilla, pasamos por la Puerta de Santa María y, en el Paseo del Espolón, nos gritan “Ultreia” desde una de las casetas de la feria. Es un final adecuado para este viaje de 200 km en ocho días. Después de comer cogemos el autobús hasta Belorado donde tenemos el coche. Aquí vemos a dos conocidos que también hacen el Camino y llevan los pies con varias heridas. Volvemos a Burgos, sin entrar. La A-1 está casi toda en obras hasta cerca de Somosierra.

 

Nostalgia de las botas.  Secuencia continua de lugares, sensaciones, rostros, días y noches relacionados entre sí, aunque individuales. Días nómadas. Hemos llegado a nuestro destino pero en el cuerpo dura la tensión del viaje. El Camino nos ha ofrecido el catálogo completo de sus encantos. Conservamos el recuerdo congelado en las fotografías, punto fijo que se va quedando atrás en el tiempo, cada vez más lejano, más infiel, aunque la memoria, esa frágil bruma donde los recuerdos se esfuman, se mezclan, cambian, pronto comenzará a dar tropezones. El Camino se va borrando, alargándose en el tiempo, pero, desde la distancia del tiempo y la geografía, nuestros recuerdos nos impulsarán el año que viene.

 

· GUÍA ÚTIL DE LA ETAPA:

· Longitud: 24 km.

 

· Altitudes:

-Agés: 970

-Atapuerca: 950

-Alto de Matagrande: 1060

-Orbaneja: 925

-Burgos: 860

 

· Geografía:

-Sierra de Atapuerca a la izquierda.

-Río Arlanzón.

 

· Albergues:

-Atapuerca: El Peregrino: 36

-Olmos de Atapuerca: Municipal: 24

-Burgos: Municipal: 150 / Emaús: 30 / Divina Pastora: 16.

 

· Qué ver:

-Atapuerca: museo.

-Burgos: Catedral de Santa María (s. XIII), Puerta de San Esteban (s. XIII), Puerta de Santa María (s. XVI), Palacio del Condestable (Casa del Cordón).

 

· Comunicaciones:

-Autobuses Grupo Jiménez, Burgos-Logroño.

15/12/2011 (14:07)

La luz débil del amanecer comienza a entrar por la ventana. El día ha madrugado más que nosotros. Nos levantamos más tarde que otros días. Hace fresco, hay una ligera llovizna y Pepe con los estigmas de la etapa de ayer. Cruzamos el río Tirón por un puente peatonal de madera que la tradición atribuye a San Juan de Ortega. Es la belleza de las cosas útiles, la honradez de los materiales.

 

 Monte a la izquierda y cereal a la derecha. También algunos árboles frondosos. Crece la luz del alba. Amanecer de niebla en Tosantos, mientras vemos los cerros y la ermita rupestre de la Virgen de la Peña. Enseguida llega Villambistia, la Villa de Laín el Bestia, su primer poseedor. Después de Espinosa del Camino entramos en el Valle de Oca entre campos de cereales. Pasamos por el ábside de San Felices, resto del monasterio mozárabe dedicado a san Félix, maestro de san Millán y donde se dice que se enterró al conde castellano Diego Porcelos, fundador de Burgos. Aquí conocemos a Serena, italiana de cerca de Rímini, que viene de Tosantos. Nos cuenta que, en el albergue parroquial, el cura inculca a los peregrinos la idea de ir tranquilos, de no levantarse demasiado temprano, de noche, para poder ver el Camino y que ha dormido en el campanile.

 

En Villafranca tardamos en comer un bocadillo. El bar está lleno y el dueño dice que tenemos mucha prisa, pero que él no tiene ninguna. Cerca está el pozo de San Indalecio, cuyos restos fueron trasladados en el s. XI a San Juan de la Peña y, después, a la catedral de Jaca. Río Oca. Aquí comienza Castilla y Tierra de Campos. En el poema de Fernán González se dice: “Entonces era Castiella un pequeño rincón / Era de castellanos Montes de Oca mojón”. La montaña enmarca la imagen.

 

En la fuerte subida a los Montes de Oca, cada vez hay más niebla y el bosque de robles parece fantasmagórico.  En la Fuente de Mojapán los robles se mezclan con repoblaciones de coníferas. El camino es bueno y ancho. En el Alto de la Pedraja nos detenemos en el Monumento a los Caídos. La pista forestal llanea mientras la niebla va levantando. Paramos para comer algo y llega Patricia, de Barcelona, que ha coincidido con Serena en Tosantos.

 

Pasan todos los conocidos. Una chica cuenta que fue a urgencias a curarse una ampolla y tuvo que advertirle al médico que la tenía en el pie, porque le revisaba las piernas. En esta zona, uno de los parajes más temibles, infestado de alimañas y forajidos, hubo varios hospitales como uno cisterciense del que se conserva la Ermita de Valdefuentes. Los peregrinos se unían en grandes grupos para defenderse mejor.

 

Descenso suave hasta San Juan de Ortega donde hay mucha gente. Sol, nubes, no excesivo calor. El santo nació en 1080 y fue colaborador y discípulo de Santo Domingo de la Calzada. Es patrono del Colegio de Aparejadores y Arquitectos técnicos. Era famosa su intercesión contra la esterilidad, y por eso visitó el santuario Isabel la Católica en 1477. En el monasterio, en cada equinoccio, un rayo de luz penetra desde el exterior a través de un pequeño orificio e ilumina la escena de la Anunciación en un capitel, metáfora del alumbramiento del Niño Jesús por el Espíritu Santo. Hacemos una foto, que es ese momento salvado del tiempo.

 

Seguimos hasta Agés, en cuyas cercanías murió don García en 1054, siendo enterrado aquí hasta su traslado a Santa María de Nájera. El albergue está bien, aunque los servicios algo escasos, como siempre. Comemos aquí mismo y Ángel, que está en otro albergue, cura el pie a Pepe. Después de la siesta llegan Maika y Lukas. Por la tarde damos un pequeño paseo, porque hace viento y frío. En la cena nos despedimos de Serena y Patricia, que mañana saldrán más tarde. Se acerca el final. Ahora que esto se acaba, Pepe va cogiéndole el tranquillo y ya duerme mejor.

 

· GUÍA ÚLTIL DE LA ETAPA:

- Longitud: 28 km.

 

-Altitudes:

-Belorado: 770 m.

-Villafranca-Montes de Oca: 948 m.

-Pico Valbuena: 1162 m.

-San Juan de Ortega: 1000 m.

-Agés: 970 m.

 

-Geografía:

-Belorado: río Tirón.

-Villafranca: río Oca / Montes de Oca.

 

-Albergues:

-Tosantos: Parroquial: 30, donativo.

-Villambistia: San Roque: 14.

-Espinosa del Camino: La Campana: 10

-Villafranca-Montes de Oca: San Antonio Abad: 30 / Municipal: 60

-San Juan de Ortega: Monasterio: 60.

-Agés: Municipal: 36. Albergue municipal, 5 €, comida 10 €, B. No hay cocina. / El Pajar: 34, dos edificios de distinto precio. / San Rafael: 16.

 

-Qué ver:

-San Juan de Ortega: iglesia s. XII, sepulcros, claustro.

-Agés: puente románico de un ojo construido por San Juan de Ortega sobre el río Vena.

 

1/12/2011 (10:50)

Nos levantamos a las 6:00. Los amables hospitaleros-as nos despiden. Muchos se han levantado ya. El bar La Piedra no ha abierto todavía, pero no esperamos. Cruzamos el puente sobre el Oja. Desaparecen los viñedos, la tierra roja y las líneas quebradas del horizonte. A 2,5 km una enorme cruz, la de los Valientes, en recuerdo de un juicio de Dios, uno de tantos en la Edad Media, para poner fin a la disputa de unas tierras entre Santo Domingo y Grañón, nacida como plaza fuerte sobre el cerro Mirabel y con estructura urbana cuadriculada. Desayuno viendo el encierro de Pamplona.

 

 Las aldeas se desperdigan, parecen ser convidadas de piedra en el paisaje de cereal y monte, quedan ancladas en el tiempo mientras los peregrinos continúan su viaje. En Redecilla del Camino hay un puesto de información, pero no se puede ver la espléndida pila bautismal porque la iglesia está cerrada. Podría haber más atención a los peregrinos porque durmiendo en Santo Domingo siempre se llega aquí demasiado pronto. El puesto de información podría estar en la iglesia, para que pudiera estar abierta. Hacemos una foto con la chica rubia que conocimos el primer día en Puente la Reina y seguimos la estructura urbana sobre la sirga. Pasamos Castildelgado y llegamos a Viloria, cuna de Santo Domingo. En el albergue nos dan un sello adhesivo y aquí conocemos a Rafaella, de Torino, y a Antonella, de Perugia, que hacen etapas cortas. Quedamos en vernos en Belorado, aunque dudan. El paisaje sigue igual, cereal en el llano y monte a la izquierda. Sol, calor, alguna nube.

 

Belorado. Pasamos el primer albergue y no se ve a nadie. Llegamos al pueblo. En el albergue parroquial pone un letrero de completo. Vamos al Cuatro Cantones, que está bien, aunque con pocas duchas y aseos. Nos alegramos al encontrar de nuevo a Ángel y Adrián. Pepe tiene una ampolla en un pie y Ángel se ofrece a curarla. Vamos a la farmacia para comprar lo que nos falta, cuando vemos el centro de salud. El médico de urgencias “le hace una ventanita a la ampolla” y la cura. Piensa en ver qué tal va mañana. Si va mal, en Villafranca-Montes de Oca cogerá el bus, no por falta de ánimo sino por traición del cuerpo. Toda nuestra vida es un deseo de atravesar nuestros límites. Soren Kierkegaard: “También yo he sentido la inclinación a obligarme, casi de una manera demoníaca, a ser más fuerte de lo que en realidad soy”.

 

Es posible asentamiento romano. Su estructura, al contrario que la mayoría, es N-S, a lo largo de calzada que por el estrecho valle del Tirón venía desde Briviesca, quizá porque la población estaba algo desarrollada cuando Santo Domingo canalizó el Camino. En el farallón calizo, con ruinas de castillo, que cobija al Tirón hay cuevas que sirvieron de eremitorios durante la época visigótica.

 

Comida en restaurante de la plaza donde comimos con Benja y con Valentín. Por la tarde vamos a por el coche a Viana en autobús. Volvemos al mismo sitio para la cena, con el fondo ya ganado por las sombras. Ahora, cuando la tarde sigue extinguiéndose, el sol poniente ilumina la anchura de la plaza con una luz anaranjada. El día, apenas dorado, se extingue en la noche que se acerca. El cielo palidece sobre nosotros. La luz se tiñe de un color entre violeta y rosado.

 

En el jardín del albergue, con un apartado con gallinas y conejos, entre olivos, charlamos con los polacos, con Ángel y Adrián, con los tíos, etc. En la penumbra del día declinante, en la tranquilidad de la última hora de la tarde, momento propicio para sondear nuestros corazones, comentamos el esfuerzo de Adrián y cómo la vida, y el Camino, tienen distintos significados para cada persona.

 

Las estrellas bordan un cielo negro, sin luna, cuando nos vamos a la litera, al dormitorio silente, rodeados por la noche impenetrable, cercados por la negrura, mirando a la noche cara a cara con los ojos invadidos de sueño.

 

· GUÍA ÚTIL DE LA ETAPA:

· Longitud: 22 km.

 

· Altitudes:

-Santo Domingo: 640 m.

-Grañón: 724

-Redecilla del Camino: 740 m.

-Castildelgado: 770 m

-Villamayor del Río: 790 m.

-Belorado: 770 m.

 

· Geografía:

-Santo Domingo: río Oja.

-A la izqda.. de Grañón, al fondo, sierra de la Demanda

-Frontera La Rioja-Burgos, entre Grañón y Redecilla del Camino.

-Belorado: río Tirón.

 

· Albergues:

-Grañón: San Juan Bautista: 40 plazas.

-Redecilla del Camino: Municipal de San Lázaro: 38.

-Viloria de Rioja: Acacio y Orietta: 10.

-Villamayor del Río: San Luis de Francia: 26

-Belorado: A Santiago: 98

            Parroquial: 24

            Caminante: 26

            Cuatro Cantones: 62. 6 € hab 20, 8€ hab 6, 3€ desayuno

 

· Qué ver:

-Grañón: parroquial gótica, s. XIV.

-Redecilla del Camino: pila bautismal, s. XII, representando la Jerusalén celestial.

-Viloria: pila bautismal románica, en la parroquial.

-Belorado: parroquial de Santa María, s. XVI, talla románica.

 

24/11/2011 (12:52)

Nos despertamos a las 5:00, pero otros ya están levantados. Enfado de la hospitalera. Salimos de noche, utilizando las linternas. A poco pasamos por una zona de hitos como antes de Puente la Reina de Huesca: son agrupaciones de piedra en forma de columna que simbolizan el lastre que dejan los peregrinos a su paso por aquí. En el Alto de San Antón había un convento y cuenta la leyenda que los malhechores salían al paso de los peregrinos disfrazados de monjes. Dos kilómetros antes de Nájera hay un otero, el poyo de Roldán, cuya cumbre es llana y en la que se sitúa una hazaña de Roldán. Según la leyenda, acudió a Nájera para liberar a caballeros cristianos encerrados por Ferragut y lo descalabró de una pedrada. Leyendas que vienen del fondo de las edades épicas, historias y leyendas que nadie dice creer y que sin embargo perviven en la memoria de generaciones como la única crónica del pasado.

 

En Nájera vemos un bar abierto. Desayuno. Cruzamos el  río Najerilla y vamos hacia la colegiata. Leyenda que dio origen a la localidad: el rey García Sánchez IV, de caza, penetró en una cueva donde encontró una imagen de la Virgen. Allí se levantó el monasterio de Santa María la Real, para convertirse en panteón de los reyes. Su nombre tiene ascendencia árabe, ya que Naxera significa entre peñas. Sancho III el Mayor de Navarra la convirtió en capital, haciendo pasar por ella el Camino, desviándolo del N. Tiene un entramado urbano medieval, alargado, entre el cerro y el río.

 

Salida en subida, entre pinos, cereal, menos vides y algo de  regadío. En Azofra, de urbanismo jacobeo, vemos la Fuente de los Romeros. Un crucero marca el límite con Alesanco. El Camino es despejado, sin árboles, sin sombra. Todo está lleno de sol. Hay regadío, patatas, y menos vid. La carretera cercana está en obras. Subida a Cirueña. Aquí fue apresado, según su cantar, el conde castellano Fernán González por tropas navarras tras la batalla de Valpierre. Poco después el Alto de Matacón nos pone a la vista de Santo Domingo, que yace en la llanura. Los cuerpos avanzan  por sí mismos, sin intervención de la voluntad. Comemos fruta porque no pueden despreciarse las servidumbres del cuerpo.

El albergue municipal está muy bien. Es amplio y nuevo. Los servicios son muy completos y tiene jardín. Los amabilísimos hospitaleros son Helena de Barcelona y, Celestino y Encarnita de Torrejón. En el segundo piso, las habitaciones con nombres de pueblos cercanos (Nájera, Cirueña, etc.). Nos asignan Azofra, 20 camas. Una chica eslovaca, Maika, me cambia la cama para estar cerca de su novio, Lukas. Paseo corto. Comida en restaurante Piedra. Hablamos con Mamen, la amable dueña que nos dice que es el único sitio donde puede desayunar el peregrino porque abren a las 6:30. Siesta.

 

Tarde y paseo. Población nacida para el Camino debida a Domingo, patrón de Ingenieros de caminos, canales y puertos.  Leyenda sobre el gallinero: a fínales del s. XIII, una familia alemana llegó camino de Santiago. El hijo, Hugonell, de 18 años, rechazó los amores de la hija del mesonero, que, en venganza, introdujo un vaso de plata en su equipaje para acusarle de robo. El joven fue ahorcado, pues tal era la condena según el fuero de Alfonso X el Sabio. Los padres, a la vuelta de Santiago, pasaron a despedirse de su hijo, y éste les contó cómo Santo Domingo le había sostenido salvándole la vida. Fueron a ver al corregidor y éste les contestó que estaba tan vivo como el gallo y la gallina que se comía en ese momento. Las aves de incorporaron y cantaron. Desde entonces el refranero dice: “Santo Domingo de la calzada, que cantó la gallina después de asada”.

 

Reencontramos a la catalana e hijos, a los polacos, masajista, religioso, policía, etc. A un mexicano, que deplora la inseguridad en su país, todo le parece bien. Con esa conformidad entramos en el sueño reparador.

 

· GUÍA ÚTIL DE LA ETAPA:

· Longitud: 35 km.

 

· Altitudes:

-Ventosa: 654 m.

-Alto de San Antón: 670 m.

-Nájera: 500 m.

-Azofra: 550 m.

-Cirueña: 735 m.

-Santo Domingo: 640 m.

 

· Geografía:

-Alto de San Antón

-Nájera: río Najerilla.

-Alto de Matacón, después de Cirueña.

-Santo Domingo: río Oja.

 

· Albergues:

-Nájera: Municipal: 90 plazas. Sancho III La Judería: 10

-Azofra: Municipal. 90

-Cirueña: Virgen de Guadalupe: 14

-Santo Domingo de la Calzada: Casa del Santo-Municipal: 210, la voluntad.Abadía Cisterciensa Ntra Sra de la Anunciación: 33

 

· Qué ver:

-Nájera: Colegiata de Santa María la Real (inicios, s. XI, Panteón Real, sillería y claustro  góticos).

-Santo Domingo de la Calzada: monasterio cisterciense de las Bernardas (s. XVII), Catedral (s. XII, torre s. XVIII, gallinero).

17/11/2011 (13:00)

Nos levantamos a las 5:45, los primeros. El camino es llano. No nos desviamos al embalse de las Cañas, a la izquierda. Vamos por el pinar y después hay una pista ciclable hasta Logroño. A la izquierda dejamos el Cerro Cantabria, con olivos y vides, en el que se asentó la ciudad celto-romana. Pasamos por el puesto de Felisa que nos había comentado Ramón. Tras cruzar el puente de Piedra sobre el Ebro, construido por Alfonso VI a fin s. XI y reparado por Santo Domingo y San Juan, entramos en Logroño, citado en el Liber Peregrinationis como estación y “de aguas sanas y rico en pescado”, importante porque desde Estella los ríos han sido venenosos. Es ciudad hija del Camino, nació para protección de los peregrinos y creció hacia el Oeste con estructura caminera, rectangular, cerrada por murallas de las que sólo se conserva la torre de Revellín. La Rúa Vieja está vacía y el albergue cerrado. En el único bar abierto, frente al Parlamento, nos reunimos con los polacos y otros. Pincho.

 

Salida por el parque de San Miguel. En el Pantano de la Grajera, rodeado de pinar, hay mucha gente y animación, mucho sol. Ascendemos el Alto de la Grajera y bajamos, con suave brisa, hasta las ruinas del hospital de San Juan de Acre, s. XII. Ya se ve Navarrete, en alto. Debió ser en el último tercio del s. XII cuando la ruta pasó por aquí; antes iba un poco al N. No conserva ni castillo ni murallas, pero, en su parte alta, se mantiene la estructura medieval y una puerta dedicada a Santiago.

 

Aquí terminaba nuestra prevista etapa. Aunque caminando se ensanchan las distancias y el camino se despliega ante las botas, nuestros cuerpos elásticos y nuestras caras de salud, con algo de cansancio adherido a la ropa polvorienta, nos animan. El albergue está cerrado todavía. Decidimos seguir a Ventosa porque es pronto, pero ya no veremos a Ramón con el que hemos quedado aquí. A la salida, en el cementerio, vemos el pórtico del hospital de San Juan de Acre, uno de cuyos capiteles cuenta el combate ecuestre entre Roldán y Ferragut, copia, como todas, del que esculpió Martín en Estella. El sol es más fuerte al pasar por la Cooperativa vitivinícola de Sotés, a la izquierda. Paramos un momento en una sombra escasa, rodeados de vides. Hay poco cereal. 

 

Reemprendemos el camino bajo el sol ardiente de la mañana, con el paisaje inmovilizado bajo los rayos ardientes. El camino va al lado de la carretera, pero nos desviamos a la izquierda, en subida, hasta el pueblo. Ha sido etapa más larga. El albergue está muy bien, con buenas instalaciones, suficientes. Tiene jardín, lavadero, etc. Llegan los polacos y otros y se llena. Los peregrinos se alistan en la cola de las duchas, se encadenan en reatas sudorosas. Ajetreo en la cocina, jardín ocupado, tendedero lleno. La mayoría son extranjeros, incluso la hospitalera. Animación. No se encuentra gente lacónica y dada a la melancolía.

 

Comida en restaurante-mesón, casi solos. La dueña, muy atenta, nos cuenta que cierra en octubre, da cursos de cata de vinos, va a Sudamérica a abrir comedores, etc. Quedamos que volveremos a cenar. Siesta. Pensamos qué hacer mañana: ¿Hasta Santo Domingo? Paseo en la tarde: recorremos las calles, vemos el antiguo hospital de peregrinos y subimos a la iglesia, hito visual importante desde el que se divisa una buena panorámica. En el mismo albergue compramos fruta y unos yogures voladores que se comerán otros. Unos alemanes y brasileñas han hecho cena y les sobra, así que van reclutando gente que se lo coma. Ya no volvemos al mesón. Nos invitan a macarrones, tomate, queso, ensalada, que pagamos fregando la vajilla.  

 

Pepe va durmiendo algo mejor, se va acostumbrando algo al horario, pero aún escucha la radio con avidez hasta las tantas, buscando un alivio a las fatigosas meditaciones del insomnio. La luna, oculta entre las nubes, nos niega su hermoso resplandor cuando nos sumergimos en la quietud silenciosa del dormitorio.

 

· GUÍA ÚTIL DE LA ETAPA

· Longitud: 29 km.

 

· Altitudes:

-Viana: 470 m.

-Logroño: 380 m.

-Navarrete: 520 m.

-Ventosa: 654 m.

 

· Geografía:

- Pantano de las Cañas.

- Frontera Navarra-La Rioja

- Cerro Cantabria.

- Logroño: río Ebro.

- Pantano de la Grajera.

- Alto de la Grajera.

 

· Albergues:

- Logroño: Parroquial

                   - Peregrinos: 68

                   - Puerta del Revellín: 40

- Navarrete: El Cántaro: 31

                  - Municipal: 50

- Sotés: Bodega Fernando J. Rodríguez: 18

- Ventosa de la Cuesta: San Saturnino: 42, 8,5 €

 

· Qué ver:

- Pantano de las Cañas: aves.

- Logroño: Santa María del Palacio (inicios s. XII),  Rúa Vieja, fuente de los peregrinos, iglesia de Santiago el Real, puerta del Camino o de Revellín.

- Navarrete: Iglesia de Asunción (s. XVI), palacios, planta urbanística.

- Ventosa de la Cuesta: antiguo hospital de peregrinos, panorama desde la iglesia.

10/11/2011 (11:18)

 

Algunos se levantan a las cuatro y ya no se duerme. Salida con tiempo algo fresco, bueno para andar. En la luz del alba vemos, a la altura de El Busto, un precioso amanecer, con el pálido sol entre nubes en el campo, como ayer en Iratxe. Sansol se ve bien desde antes.

 

Unas flechas del desvío están tapadas por un árbol y avisamos a unos que se han pasado. Desde este alto se ve Torres del Río, al otro lado del río Linares. Como el bar está cerrado, vamos al albergue y a la iglesia del Santo Sepulcro, s. XII, una de las más bellas arquitecturas templarias, de planta octogonal y con influencias mudéjares y bizantinas, realizada al estilo de la de Jerusalén. Templo de carácter funerario al igual que Santa Mª de Eunate que vimos el año pasado.

 

Un fanal en la linterna haría de faro para los peregrinos. El edificio nos contempla desde la distancia de sus ocho siglos de vida. Sólo la prueba del paso del tiempo y de la acción de los elementos revela la belleza de una construcción ennoblecida por la intemperie y gastada por el tránsito de las vidas humanas. Volvemos al bar a por un bocadillo.

 

Seguimos por terreno llano, con cereal y algo de monte en lomas pequeñas. Un pequeño ascenso nos deja en la ermita de Ntra. Sra. Del Poyo, donde unos peregrinos descansan y comen. A la derecha queda Bargota, de la que hemos visto unos carteles anunciando unas jornadas de magia. Johanes de Bargota, cura de la población, desarrolló sus oficios como hechicero. También perdura la leyenda de Endregoto, la cieguecita de Viana, que murió en la hoguera en Logroño, acusada por la Inquisición del homicidio del Conde de Aguilar, que buscaba la eterna juventud y se puso en sus manos: "En menos de una hora le descuartizaron, machacaron sus huesos, hiciéronle tajadillas y echaron el picadillo en la redoma grande."


Bajada por senda estrecha y empinada, el barranco Mataburros; después camino fácil. Vemos a Ramón pero no a Ángel y Adrián. Pasamos el asentamiento de Cornava, una de las ocho aldeas reunidas en 1219 para poblar una plaza fuerte de nueva creación: Viana. Paramos en un pinar con mucha sombra, donde hay otros descansando. Manchas luminosas de verdor, de un verde ascético, en esta colina agreste sombreada de pinos.

 

Llegamos a Viana. La finalidad defensiva de su fundación le confieren características significativas: posición en alto, recinto amurallado. Viana deriva de vía, camino, y su urbanismo es típico cuadrangular. En 1423, por concesión del rey Carlos III, pasó a ser señorío del heredero de la corona navarra, Príncipe de Viana. Durante el s. XV fue escenario de luchas entre la nobleza, en las que participó César Borgia, enterrado en el atrio de la iglesia de Santa María, Colegiata,  tras morir en 1507.

 

El albergue está cerrado todavía. Se nos hace corta la etapa, pensamos en andar más. Esperamos en la plaza, poesía del ángulo recto, empequeñecidos por la escala inmensa de la iglesia pensando que la arquitectura determina el ánimo de la gente. Al lado está el albergue parroquial, a donde va el místico. El albergue tiene buenas instalaciones, escasez de servicios, literas triples. Coincidimos con Pablo y los otros que van con él. No vemos a Ángel y Adrián, que habrán seguido hasta Logroño. Conocemos a Reyes, de Madrid. Por la tarde vamos a por el coche que está en Puente la Reina. Muchos jóvenes van a Pamplona con grandes bidones de vino.

 

A la vuelta viento fuerte, frío. Visita turística mientras el sol se sumerge como un gran globo sangrante tras las nubes, en el color rojo intenso de las últimas luces del día. En la cena coincidimos con Ramón. Quedamos en vernos mañana en Navarrete. Por la noche, con un pedazo de luna asomando encima de nuestras cabezas, volvemos al albergue, al descanso. Nos invade una dilatada pereza.  

 

·GUÍA ÚTIL DE LA ETAPA:

· Longitud: 20 km

 

· Altitudes:

-Los Arcos: 445 m.

-Sansol: 505 m

-Ntra Sra del Poyo: 600 m.

-Viana: 470 m.

 

· Geografía:

-Los Arcos: río Odrón.

-Sansol: río Linares.

-Bajada del Poyo: barranco Mataburros

 

· Albergues:

-Sansol: Arcadi y Nines: 14 plazas.

-Torres del Río: La Pata de Oca: 48; Casa Mari. 26; Casa Mariela: 50

-Viana: Andrés Muñoz. 54, 6€; Parroquial: 15.

 

Qué ver:

-Torres del Río: iglesia del Santo Sepulcro, s. XII.

-Viana: Iglesia de Santa María, ss. XIII-XIV, Ayuntamiento, casonas, estructura urbana.

 

3/11/2011 (18:55)

 

Nos levantamos a las 5:45, pero nadie se mueve. Salimos a las 6:15, con tiempo fresco y en subida. Una zona de chalets enlaza con Ayegui. Todos paramos en un alto para hacer una foto al Monasterio iluminado por el alba. Tras la famosa fuente de vino está el  Monasterio de Nuestra Señora la Real de Iratxe. Sus orígenes se pierden en la época visigótica, pero el monasterio benedictino  se fundó hacia el s. X. En 1050,  se acondicionó un hospital de peregrinos, más antiguo que los de Estella y Roncesvalles. A comienzos del s. XVII fue universidad. A su espalda, el Montejurra.

 

Continuamos por un robledal cuando todavía no hay sol. Vemos Azqueta en lo alto de una colina rodeada de campos de labor y un pequeño pinar. Ya se ve Villamayor. Por el camino aparece el letrero ultreia, del latín ultra -más allá- y eia -interjección para mover,  saludo entre peregrinos tomado del Codex Calixtinus, el libro robado, que viene a  significar "Vamos más allá". Actualmente se ha sustituido por "¡buen Camino!".

 

Un aljibe, la 'Fuente de los moros' precede a Villamayor de Monjardín, Mons Garseani o Monte de García, donde conocemos a Ángel y a su hijo Adrián. En lo alto de esta elegante arquitectura interna de la naturaleza está la ermita sobre las ruinas del antiguo castillo de San Esteban, importante fortaleza que perteneció a los Banu-Qasi. El conquistador fue el rey navarro García Sánchez, aquí enterrado. El paisaje sigue igual: monte a la izquierda, con robles y cipreses, y cereal cosechado a la derecha. Ya no hay más pueblos. Zona de pinar en el río Cardiel.

 

Los Arcos. Se cruza el pueblo hasta la plaza de la iglesia de Santa María. Vemos varios albergues. Salimos por la Puerta de Castilla, cruzamos el puente sobre el río Odrón y llegamos al albergue de los Amigos del Camino. Burocracia y lentitud a la entrada. Uno vomita un torrente de imprecaciones contra el hospitalero porque no le deja elegir el sitio Te asignan número de cama. Coincidimos con el hospitalero de Grañón,  los catalanes, Ángel y Adrián de Madrid, etc. Vemos las instalaciones, sencillas y algo escasas, en la penumbra artificial de persianas cerradas. Los hospitaleros son extranjeros, amables pero algo raros. El dormitorio es un antiguo colegio; en otro edificio enfrente están la cocina y otros dormitorios más pequeños. En medio, mesas y espacio entre árboles.

 

Paseo hasta comer por la otra plaza. En un restaurante coincidimos con Ángel-Adrián y sus tíos. Vuelta al albergue y siesta. Paseo por la tarde. Vemos la iglesia de Santa María, de varios estilos, con decoración muy recargada. Poco antes del solsticio veraniego, se produce un fenómeno lumínico similar al de San Juan de Ortega, cuando la  talla gótica de Santa María de los Arcos que preside el retablo es iluminada por el sol por vez única en todo el año.

 

Los Arcos aparece en el Liber Peregrinationis como estación. Se fundó en la Edad Media sobre población romana, la mansio Curnonion. Fue plaza fronteriza, punto de transacciones financieras, de cobro de portazgo y cambio de moneda y los judíos debieron ser un elemento poblacional importante. Su urbanismo es muy irregular.

Compramos fruta para mañana y, tras la cena, volvemos al albergue. Antes de llegar, frente a la casa de Cultura, hay una zona con césped que tiene una bonita vista sobre la iglesia. Hacemos unas fotos con Adrián, un niño muy valiente y animoso que hace el Camino acompañado por su padre, Ángel. Los dos siguen el camino de su vida, árido y duro, como la sangre recorre el camino de las venas, como un trozo de río por un paisaje.

 

Aquí, tras su botas hollando el polvo del camino, el Camino huye. Perdidos en la llanura seca bajo la luz de un cielo duro y abrasado, en momentos en que la mochila parece contener todo el peso del mundo, los pasos de los demás les siguen. Son un magnífico ejemplo para todos.

 

· GUÍA ÚTIL DE LA ETAPA:


·Longitud: 21 km

 

· Altitudes:

- Estella: 450 m.

- Villamayor- 675 m.

- Los Arcos: 445 m.

 

· Geografía:

- Estella: río Ega.

- Irache: izquda. Montejurra.

- Azqueta: izqda.. Monte Luquín

- Portillo de las Cabras y río Cardiel antes de Los Arcos.

- Los Arcos: río  Odrón.

 

· Albergues:

- Ayegui: San Cipriano: 80 plazas.

- Villamayor de Monjardín: Hogar de Monjardín: 25

- Los Arcos: Isaac Santiago: 70, 5,5€, sábana y cabezal nuevos / Casa Alberdi: 30 / Fuente Casa de Austria: 54 / Casa de la Abuela: 38.

 

· Qué ver:

- Monasterio de Ntra Sra la Real de Iratxe: iglesia fin s. XII, claustro s. XVI.

- Aljibe gótico, s. XIII, antes de Villamayor de Monjardín. Iglesia de San Andrés, torre del siglo XVII.

- Los Arcos: Iglesia de Santa María, ss. XII-XVIII, retablo mayor, torre renacentista, claustro gótico, portada plateresca.

27/10/2011 (12:16)

Hemos dormido mal. Hacía mucho calor y la gente se movía mucho. Los despertadores suenan a las 5:30. Hacinamiento al hacer el equipaje. Arqueología del peregrino: lo que hay en la mochila. En la hora imprecisa en que retrocede la noche desayunamos y salimos a las 6:20. Atravesamos la solitaria población, cogemos agua en la fuente del puente y salimos por el barrio de Zubiurrutia. Viñedos y olivos serán compañeros de viaje. El Camino gira al Oeste, al sol poniente, rumbo 270 de las brújulas.

 

La salida es llana pero después hay una subida muy fuerte en medio de un monte espeso. La hospitalera de Mañeru, pueblo de vino, nos anima. Monte en las lomas y cereal cosechado, en grandes alpacas, en el llano. Vides. Zirauqui, en alto, conserva estructura de ciudadela fortificada, con calles en subida hasta la Plaza del Ayuntamiento. Recordamos a Benjamín que estuvo aquí vendimiando. Se sale por la Puerta del Arco, por calzada y puente romanos.

 

Se cruza el río Salado, tachado de mortífero en el Codex, por un puente medieval de arcos ojivales. Desde aquí hay menos vides. Un viento fresco y poco calor nos acompañan hasta Lorca, en el valle de Yerri. Es un pueblo típico del Camino con la Calle Mayor alineada. Paramos en un albergue, justo enfrente del otro, regentado por una catalana de Barcelona. Pincho reparador. Campos de girasol, contrastes de color. Villatuerta, chalets, huertas, frutales y un puente románico de dos ojos sobre el río Iranzu. Alcanzamos a un  peregrino que cojea y que resulta ser el religioso de ayer.

 

Estella: Lizarra, el fresno, en vasco. Los francos lo cambiaron por el latino stella, estrella. Reconquistado en el 914 por Sancho García I, se formaron varios burgos, cada uno con iglesia y hospital. Hasta 1090 el Camino iba por la ladera de Montejurra sin pasar por la ciudad. Sancho Ramírez lo desvió. Apogeo: ciudad de mercaderes y famosa tabla de cambios. Decadencia en el s. XIV.

 

Pasamos por la Iglesia del Santo Sepulcro, donde nos llevó Benja en el anterior viaje, y nos desviamos. El albergue parroquial, con cena comunitaria, está cerrado hasta las 13 h por lo que vamos a Anfas: muy atentos, muy bien las instalaciones, sensación de amplitud. Nos encontramos con muchos extranjeros, con conocidos de ayer, una chica francesa, otros en bici, italianos y uno que fue hospitalero en Grañón.

 

Paseo por la calle Mayor, puente de la Cárcel –por donde se accedía al centro-, Iglesia de San Miguel y plaza. Comida. Volvemos al albergue, antes casi vacío, que se va llenando. Siesta.

 

Por la tarde, visita al centro antiguo, al albergue municipal. Hablamos con el peregrino religioso que hemos visto un poco antes de llegar esta mañana. Ha avanzado demasiado y tiene una lesión en una pierna. Es profesor de spining y está en forma pero no ha entrenado caminando.

 

Quiere llegar a Santiago el día 24. Una señora con perros, frente a la iglesia del Santo Sepulcro, dice que viene mucha gente. Vemos la iglesia de San Pedro de la Rúa, donde juraban los fueros los reyes navarros, enfrente del palacio. En éste admiramos el capitel con la historia de la lucha entre Roldán y Ferragut, motivo que se repite en Irache, Villamayor de Monjardín, Navarrete y San Juan de Ortega.

 

Seguimos por los restos del castillo, y bajamos para admirar la calle de la Rúa, con palacios medievales y renacentistas, mirando el declive de la luz, al ritmo perezoso de la caída de la noche.

 

Tras la cena volvemos al albergue. Un peregrino muy místico, con un cayado como un profeta del Antiguo Testamento, hace yoga en la litera de arriba. Un hospitalero nos da consejos sobre el Camino antes de Logroño y antes de Burgos. Hoy dormiremos mejor, aunque ha sido una etapa corta.

 

· GUÍA ÚTIL DE LA ETAPA:

 

· Longitud: 20 km.

 

· Altitudes:

-Puente la Reina- 345

-Cirauqui- 495

-Estella- 450

 

· Geografía:

-Puente la Reina- río Arga.

-Valle de Mañeru- Río Salado. Embalse de Alloz a la derecha.

-Lorca: valle de Yerry. A la izquda. Sierra de Monte Esquinza.

-Estella: río Ega.

 

· Albergues:

-Mañeru: Lurgorri: 12 plazas.

-Zirauqui: Maralotx: 32

-Lorca: La bodega del Camino: 36

            Municipal: 12

-Villatuerta: Municipal: 40.

-Estella: Municipal. 114., 8€

            Anfas: 34, 6€, Internet gratis, un puesto.

            Parroquial de San Miguel: 36.

 

· Qué ver:

-Zirauqui: estructura urbana radial, Iglesia de San Román (s. XIII), plaza del Ayuntamiento, casonas ss. XVI-XVIII, calzada y puente romanos.

-Villatuerta: puente románico sobre el río Iranzu.

-Estella: iglesias de San Miguel (inicios, s. XII), de San Pedro de la Rúa (s. XII), del Santo Sepulcro (inicios s. XII); palacio de los reyes de Navarra (s. XII); calle de la Rúa.

20/10/2011 (17:49)

Después de andar el Camino Aragonés el año pasado, se imponía seguir desde Puente la Reina. Pensaba ir solo, porque Laia e Israel no podían venir, pero, a última hora, se sumó Pepe que quería revivir los ideales de juventud dormidos en los rescoldos de la memoria. Acordamos  hacer etapas no grandes para disfrutar, para ver lugares y hablar con personas, etc. Objetivo: Burgos.

 

Viajamos en coche desde Alcalá. Hacemos una parada en Noviercas, donde vivió Pepe. En la plaza vemos el torreón bereber, del siglo X y de 19 m de altura. Después de esta concesión a la nostalgia seguimos hasta Ágreda. Aquí viven los padres y hermano de Mª Jesús, la mujer de Pepe, y también conserva restos árabes. Continuamos hasta Puente la Reina y vamos directamente al albergue de los PP. Reparadores. Nos asignan la habitación nº 3, de doce plazas muy apretadas. Vemos las aceptables instalaciones y el exterior: césped con arbolado, mesas, sillas, tendedero.

 

Vamos hacia el pueblo pasando por la Iglesia del Crucifijo, que perteneció a la Órdenes del Temple y de San Juan de Jerusalén. En la calle hay unas aspilleras que datan de las guerras carlistas. Cruzamos la carretera y entramos en el casco antiguo. Su planta urbanística es rectangular, con la calle Mayor o sirga peregrinal que articula toda la población.

 

A finales del s. XI un grupo de francos constituyó la villa a la que Alfonso I el Batallador, en 1122, dio el fuero de Estella, repartiendo lotes de tierra idénticos; todavía hoy la anchura de las fachadas de la calle Mayor corresponde a una única medida. En ese momento cambió su nombre de Puente del Arga a Puente la Reina. Por la calle Mayor, conjunto monumental, llegamos a la Iglesia de Santiago el Mayor, de origen románico, con una portada que es un exhibicionismo escultórico. En el interior, saliendo de las sombras, los ojos fijos del Apóstol en hábito de peregrino nos miran.

 

Al final de la calle Mayor está el puente, uno de los mejores del Camino, de seis ojos de medio punto entre estribos horadados por pequeños arquillos y puerta de comunicación con el recinto urbano. Fue construido por el rey Sancho el Mayor, en el s. XII, influido por su esposa Munia o Mayor. En el medio existió una capilla con una escultura de la Virgen del Puy o del Txori (pájaro), porque era un pájaro quien se encargaba de lavarla con agua del río, según la leyenda. Puente, forma pura, ligero como un dibujo, delicado en su escala formidable.

 

Tras quedar atrapados unos momentos por la procesión de la patrona de la población, volvemos y comemos frente a la plaza. Después el calor impone la siesta. Al mediodía la vida se detiene por unas horas. La habitación del albergue está totalmente llena y hace mucho calor por lo que salimos al jardín a respirar mejor. Hace viento de tormenta, que impulsa las nubes viajeras en la tarde caliente de verano, pero no llueve.

 

Más tarde volvemos al centro de la población, paseamos bajo el calor. Mientras cenamos, oímos detrás de nosotros a un peregrino que habla con otros y que parece muy religioso. El árbol de sus palabras incluye citas evangélicas, pero su compañero va entrando en un estado psicológico de desdeñoso escepticismo.

 

Para habituarnos al horario peregrino, volvemos hacia el albergue que cierra a las diez. Desciende el sol y se alargan las sombras mientras vamos hasta el albergue Jakue. A la vuelta, preparamos la mochila para mañana y conocemos a una chica joven, rubia, extranjera, a la que veremos en los próximos días.

 

Tomamos las primeras notas, con dedicación de monje medieval, queriendo que sean los propios hechos los que hablen por sí mismos, aunque muchos datos no son escritos sino arrojados al viento. En el exterior, el cielo nocturno sembrado de estrellas, la insondable oscuridad bajo la bóveda de estrellas. La pequeña noche del dormitorio no se presenta propicia al sueño: hace mucho calor y se oyen muchos ruidos.


Albergues:

· Puente la Reina:

· Hotel Jakue: 40 plazas, 9€

· PP. Reparadores: 80, 4€, Internet 1€ = 25´

· Santiago Apóstol: 100

 

Qué ver:

Puente la Reina:

· Iglesia de Santiago el Mayor, origen románico.

· Iglesia del Crucifijo o Stª Mª de los Huertos

· Puente, s. XII, sobre el río Arga.

· Calle Mayor.

 

Comunicaciones:

Autobuses La Estellesa, Logroño-Pamplona.

 

21/06/2011 (19:01)

Es un frío cuatro de enero, con hielo cerca de la carretera que sigue el curso del río Vero y niebla alta. La morfología del valle viene determinada por los distintos tipos de rocas. Antes de Lecina, discurre por materiales fácilmente erosionables permitiendo la formación de un valle amplio.

A partir de Lecina, 761 m de altitud, se transforma en un estrecho cañón de paredes verticales, para volver a ensancharse después de Alquézar.

El nombre Lecina, primera parada en nuestro viaje, puede venir del latín ilicina, encina. Su caserío se estructura a partir de la plaza, con la iglesia de San Juan Bautista (restos románicos) y Casa Sampietro (fachada del s. XVI). Además hay otras casonas importantes y es ejemplo de arquitectura y urbanismo de montaña. Magníficos edificios rematan sus chimeneas, según ancestral tradición, con espantabrujas de caprichosas formas y en pico, para que no puedan aterrizar.

Paseo de cinco minutos, por camino peatonal llano hasta la encina milenaria, árbol protegido de 16,5 m de altura, y 28 m de diámetro en la copa, bajo la que se celebraban bodas y se sellaban tratos y pactos. Impresiona en medio de la niebla. Leyenda: Lecina estaba rodeada de bosques, refugio de animales y brujas. Las carrascas estaban contentas porque los lugareños no se atrevían a coger leña, aunque una joven estaba disgustada y protestaba.

Las brujas quisieron premiar a las otras encinas y les concedieron sus deseos: ser de oro, desprender deliciosos perfumes, y ser de cristal. La encina joven quiso seguir como siempre. Una tormenta de viento y nieve rompió los árboles de cristal, unas ovejas se comieron las hojas aromáticas, y las de oro fueron desmenuzadas y robadas. Sólo sobrevivió la más joven, llamada la Castañera, que fue respetada.

Lo abrupto del terreno propició una tradición agropastoril marcada por la necesidad de ganar terreno al monte; es la “Cultura de la piedra": piedra que se quita de un campo es tierra que se gana, pero “piedra que se quita" es “piedra que se pone": caminos empedrados, paredes que delimitan campos, casetas de pastores (planta redonda o cuadrada), etc. Piedra utilizada, piedra dominada.

Volvemos en el coche y paramos en un mirador, desde el que se ve el barranco Basender, que baja desde Lecina, una estación de aforo y un antiguo molino. La soledad se condensa y se deposita en la rocosa orilla del río, pero el aire trae hasta nosotros las voces alegres de un pequeño grupo de montañeros.

Después, seguimos hasta el desvío al abrigo de Arpán. Se deja el coche al lado de la carretera y se sigue por camino indicado, cruzando un bosquecillo de carrascas, enebros, sabinas y pinos, con la fortaleza de Alquézar al fondo. El barranco está formado por conglomerados y al N y O aflora la caliza. Hace unos 24.000 años, durante el Paleolítico, una comunidad prehistórica vivió en esta zona, en la cueva de la Fuente del Trucho, dedicada, sobre todo, a la caza del caballo.

Durante miles de años pintaron y grabaron sus paredes: caballos, manos, signos … Tras ellos, los últimos cazadores y recolectores, en contacto ya con las sociedades productoras, pintaron ciervos y escenas humanas en Arpán, en el estilo levantino nacido en torno al 8.000 a. C. Y también en Arpán, agricultores y pastores del Neolítico y la Edad del Bronce, entre el 5.000 y el 1.500 a. C., plasmaron sus representaciones esquemáticas. Subimos a la plataforma y, a través de las rejas que protegen la cueva, vemos el ciervo en la pared. No podemos fotografiar al hombre, sino sólo su rastro.

La niebla ha ido levantando y, mientras, de vuelta, ascendemos el desnivel hasta el aparcamiento, vemos la situación de la cueva en la caliza de la ladera del monte.
La última parada es para ver la silueta firme y grácil del magnífico puente de la Albarda, de 8,5 m de altura y 19 m de luz, cuyas piedras ha pulido el tiempo. Alquézar va a ser, como en otras ocasiones, un punto final maravilloso.

15/06/2011 (17:42)

En esta salida vamos a ver los alrededores de Sigüenza. Se inicia en dirección a Guijosa, se sobrepasa y en una curva pronunciada a la izquierda se deja el coche, sin llegar a Cubillas. Al SE bosque de carrascas y, en los regatos, árboles de hoja caduca que ahora, en otoño, embellecen el paisaje, tan severo y adusto. Subimos el pronunciado desnivel hasta lo alto del cerro de calizas donde está el castro celtibérico. El interior es una zona arrasada de unos 3.000 m2, a una altitud de 1.090 a 1150 m. 

 El castro presentaba un triple sistema defensivo. Muralla de bloques irregulares que forma una línea que cruza todo el cerro, unos 90 m, en dirección N-S, con 6 m. de altura y 4 de espesor. El lado S terminaba en una torre. Debajo, el foso. Finalmente, un friso de piedras hincadas, ‘chevaux' de frise o campo frisio, que evitaba el ataque por sorpresa de la caballería. Después, el terreno desciende lentamente en dirección a Guijosa. Sus defensas se construyeron en la Primera Edad del Hierro, tuvo una ocupación residual en época celtibérica, y, en el periodo hispanomusulmán, fue punto de observación y control de la calzada –paso para cruzar el Sistema Central en su entronque con el Ibérico–, de las zonas agrícolas y de pastos. 

 Volvemos a Guijosa, a 1067 m. En su Plaza Mayor vemos el castillo, de mediados s. XIV, propiedad de los López Orozco, que perteneció en 1.424 a los condes de  Medinaceli. Tiene una gran torre del homenaje central rodeada de un recinto cuadrado con cubos semicirculares en las esquinas, todo almenado. La entrada está en lado S, bajo arco apuntado con escudo de los López Orozco. También hay una iglesia con bonita portada bajo porche. 

Pasamos de nuevo por Sigüenza para ir a Palazuelos y Carabias.

Carabias está situada en una zona de gran valor ecológico. Su Iglesia del Salvador, románica del s. XIII, nos recibe en la parte baja de la plaza a la entrada del pueblo. De su atrio abierto a los cuatro puntos cardinales conserva los tramos meridional y de poniente. El tramo sur tiene dos espacios continuos de siete arcos semicirculares sobre columnas pareadas con los fustes separados. Todos los capiteles tienen forma campaniforme decorados con sencillos motivos vegetales, al gusto cisterciense, siguiendo el modelo de la catedral seguntina.

Es un buen ejemplo de románico rural, construcciones humildes que encuentran la belleza en la simplicidad de las formas y en la sencillez de su fábrica. En la misma plaza hay una fuente neoclásica.

 Volvemos a Palazuelos. Entramos por paso en ángulo bajo la torre para llegar a la plaza. Fue asentamiento celtibérico, propiedad de los obispos de Sigüenza y de la casa de Mendoza. En el s. XV, Iñigo López  de Mendoza, marqués de Santillana, el gran poeta, construyó la muralla, un círculo completo de casi dos km, cubos defensivos, puertas en zigzag y el castillo, con dos recintos concéntricos. Su singularidad es que defienden una población pequeña y no particularmente estratégica.

La picota de la plaza demuestra su carácter de villa. Es un museo, con casas campesinas tradicionales, con esgrafiados representando símbolos solares que entroncan con ancestros celtibéricos, y con traza urbanística medieval. Hay abundantes manantiales de agua como el de la fuente de los siete caños. También pueden verse la Iglesia parroquial de San Juan Bautista, s. XVI, con artesonado de madera y restos románicos (portada) y la Ermita-Humilladero de la Virgen de la Soledad, s. XVI.

 Para terminar, comida en Sigüenza, cuya descripción queda para otra ocasión.

8/06/2011 (12:54)

En el pueblo nos recomiendan bajar hasta el fondo del barranco, donde se puede aparcar. Estamos a 1.026 metros de altitud, en un páramo cuyo relieve está formado por calizas del Mioceno a una altura media de 1.000 metros. El monte cuenta con bosques de encinas, mezcladas con sabinas y enebros, y sotobosque de romero, tomillo, etc., que acogen a jabalíes, corzos, ciervos, etc. El Sotillo formó parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Atienza en la Edad Media y del Ducado del Infantado en el siglo XVI. 

 Seguimos el camino en una mañana soleada de abril. Cruzamos el regato por unas piedras y nos adentramos en un paisaje con muchos riscos y lleno de vegetación, tanto arbolado como arbustos. Grandes roquedos vigilan nuestro paso desde lo alto. El camino tiene poco desnivel por lo que el regato casi no se oye, a pesar de que lleva mucha agua, clara y transparente. Como todo el fondo está encharcado tenemos que ir por la derecha, ganando un poco de altura.

Grandes rocas, tormos de muchas formas y tamaños, con encinas al lado. La erosión ha esculpido caprichos en la caliza. Contrasta el fondo suave del valle con los agrestes y afilados roquedos de las alturas. Cada vez hay más agua en el fondo, lo que obliga a subir por la ladera. Los meandros del barranco dejan islas de árboles y rocas donde se ve bien el nivel que ha tenido el agua en algún momento. Es un paseo delicioso.

Al fondo se ve una serie de tormos seguidos, unos torreones calizos como pináculos catedralicios, los Frailes, apoyados en grandes paredones rocosos que impiden el paso. Es la cola del embalse de la Tajera en el río Tajuña, cerca de Cifuentes.

 No se puede pasar. Tenemos que volver. Desandamos el camino mirando para localizar el puente, escondido entre unos árboles. Lo cruzamos y seguimos una ascendente senda que nos saca del  valle al páramo, a una zona agrícola, desarbolada, de tierras rojas entre hierba verde, de sequedad de encinas y arbustos, a un camino ancho y cómodo. Paramos en este bucólico paraje y comemos un bocadillo. Después de un descanso, seguimos y frente a Las Inviernas, en contacto con los materiales del secundario, se observan gruesas capas de marga rojiza y capas delgadas de caliza y de conglomerado.

 En Las Inviernas, 982 m., vemos la  Iglesia de la Concepción, románica del s. XIII (puerta de entrada de arco semicircular con sencillas arquivoltas lisas, apoyando en capitales de simple decoración geométrica y vegetal; en el muro meridional modillones finamente tallados; en el muro de poniente primitiva espadaña; amplio atrio sostenido por cuatro columnas clásicas; pila bautismal de tracería geométrica a base de arcos), reedificada en el s. XVI.

Hay poca gente. Unos jóvenes están jugando a las cartas en un lateral de la iglesia y dos hombres, a los que preguntamos por el camino, están sentados en un banco en la plaza. La senda asciende por el monte entre arbustos, encinas, tierra rojiza y rocas. El arbolado se va espesando, pero la senda se ve bien.

Atravesamos tramos de bosque, como un selvático encinar y zonas con musgo. El arbolado se abre algo en unos paredones rocosos impresionantes, entre tormos aislados, muy altos, colonizados por plantas trepadoras, que cobijan un fondo impresionante, agreste, laberíntico, pero tranquilo, con una vegetación enmarañada. Es el Escalón, tajo violento entre acantilados tapizados de hiedra y peñascos fantasmales, donde el murmullo del agua entre los enormes paredones calizos compite con el profundo silencio.

Aquí debe estar la cueva de la Mora, abovedada, con tragaluz, algo grande, según hemos leído, pero no la vemos. La senda asciende para salir de este fondo y volver al cercano El Sotillo, donde vemos una fuente de 1931, con seis caños que salen de cabezas de cordero y que servía de abrevadero. Aquí acabamos.

A pie de ruta

·Datos técnicos:
 ·Ruta circular, 12 km, 4 h.

 · Desnivel: 200 m.

 · Dificultad: Baja

 · Época recomendada: Cualquiera


·Qué ver:
 ·Iglesia parroquial, s. XVII.
 ·Ermita de Ntra. Sra. De Aranz, s. XIII.
 ·Parajes naturales: ermita, meandros del arroyo    Reato, los Frailes, cuevas del Moro y de la Mora.


·Otras excursiones:
 ·Brihuega.
 ·Cifuentes

1/06/2011 (18:35)

Huesca se despierta en la bruma. Llueve y hay una niebla espesa y húmeda. Dudamos en salir pero el guía decide que vamos igualmente. No nos perdona ni una. En Aniés no hay nadie en las calles. Lo cruzamos y giramos, en el primer cruce, a la derecha, por un camino en buen estado. Hay algunos regatos, para que el agua se salga del camino, que hay que pasar con cuidado.

El camino va ascendiendo mientras sigue lloviendo y la niebla se enreda en los pinos del bosque, espeso y cerrado, manto verde que asciende presuroso por las faldas de la montaña. Un regato es más ancho y no podemos pasar, por lo que seguimos andando. Llegamos a un cruce donde avisa que los caminantes van por la derecha. En una curva el bosque se abre y, por encima de los árboles, podemos ver la ermita en lo alto. Poco después el camino toma esa dirección y la vemos mejor, entre la niebla. Un poste indica el punto donde abandonar el camino.

El ascenso por una senda es abrupto. Hay tramos de tierra, entre vegetación, con el agua corriendo en algún punto, pero otros son de roca, escalonada en algunos lugares. La pendiente es dura y, cuando paramos para tomar aire, la niebla impide ver el paisaje. En lo alto, la puerta que da acceso a la ermita está cerrada, pero unas escaleras nos llevan a una cima desde la que podemos verla.

El emplazamiento de la ermita de la Virgen de la Peña de Aniés es espectacular, colgada sobre el vacío y con increíbles vistas panorámicas sobre la comarca. Encaramada entre los riscos, desafiando las leyes de la gravedad como un nido de águilas, adaptada a un abrigo pequeño, es quizá el conjunto eremítico rupestre más interesante del Alto Aragón. Cuenta la leyenda que habiendo salido de caza un caballero cristiano, en persecución de una perdiz soltó el halcón que llevaba.

Al percatarse de que el animal no regresaba, decidió penetrar en la cueva donde se había metido para rescatarlo, encontrándose una imagen de la Virgen. Los vecinos trasladaron la imagen al pueblo, pero volvió milagrosamente al primitivo lugar, por lo que tallaron el camino y construyeron la ermita. Esto es como un invernadero del espíritu, una armonía con el infinito, sin relación con la tierra, con la vida.

Es un edificio de traza barroca, de una nave, aunque hay restos románicos: un tímpano primitivo y un capitel historiado. Está en obras y tiene el tejado desmantelado, y los andamios por delante. A su izquierda se encuentra la casa del santero y dependencias de los romeros, un edificio de tres alturas cuya planta se adapta al limitado espacio que le ofrece la roca. De ella, sólo vemos una pequeña espadaña de ladrillo con una campana.
Los jirones de niebla pasan delante de nosotros. Por momentos se abren dejando ver algo del fondo, como el pueblo, pero enseguida se vuelven a cerrar formando un mar blanco, del que sobresalen picos fantasmagóricos, que produce una sensación de despreocupación melancólica. En un momento en que la niebla se abre se vislumbra a lo lejos el castillo de Loarre, que aparece en la película El Reino de los cielos. El blanco vaporoso de la niebla contrasta con el verde intenso del pinar, que ahora tiene una apariencia fantasmal.
Toda la zona, tanto el pinar como la pared rocosa, es una ruta ornitológica, pudiéndose ver rapaces (halcón peregrino, alimoche, buitre leonado, milano real, quebrantahuesos, etc.), aves más pequeñas (chova piquirroja, avión roquero, treparriscos, pico picapinos, etc.) y mariposas.

Volvemos. Vemos la iglesia del pueblo con su torre apuntando al cielo y desapareciendo en la niebla. No ha parado de llover y sigue la niebla, lo que da una sensación de frío y humedad. Como el bar está cerrado, seguimos hasta Esquedas y, para terminar, entramos a tomar un café en la famosa Venta del Sotón.


A pie de ruta

Datos técnicos: 
· Desnivel:
100-150 m.

· Duración:
1,5 - 2 h.

· Dificultad:
Baja

· Época recomendada:
Cualquiera.

Descripción:
Se deja el coche en el camino y se sigue andando por él hasta el letrero que indica la subida a la ermita. Desde aquí son unos 25´. Puede bajarse por donde se ha subido o dar una vuelta circular desde la cima con una duración de 1,5 h.


Qué ver:
·Ermita. Paisaje.
·Aniés: Iglesia parroquial de San Esteban: portada románica y espléndida torre del siglo XVIII. Casas infanzonas.
·Castillo de Loarre.
·Colegiata y Museo Etnológico en Bolea.


Otras excursiones
·GR1. Sendero histórico. Camino al castillo de Loarre.

·PR-HU 109. Aniés-La Paúl de Aniés- Rasal.

1/06/2011 (18:30)

Laia, Isra, Judith, Andrés, Miriam, Alberto, Jorge, Chumi, Paquito, Carlos, Inés, Mari y Pepe, salimos de Aldeacentenera, a las 18 horas de un cálido 25 de septiembre, por la carretera en dirección a Valderuela. Después seguimos por un camino y atravesamos el río Almonte mientras nos dejamos acariciar por la luz anaranjada de la tarde. Bajo la luz debilitada del crepúsculo pasamos por el molino en que vivió Inés, la madre de Judith.

Compartimos cacahuetes y chuches, la gente se quiere quitar peso de la mochila. El sol se esconde tiñendo de escarlata el final de la jornada, aunque no es así para nosotros. Anocheciendo llegamos al puente y tomamos la pista ascendente que lleva a Retamosa. Son las 21:30 y toca cenar: bocadillos, bebida, frutos secos.   

Como seguimos por carretera, nos ponemos los chalecos reflectantes. Van en cabeza las mamis y el primo Paquito, corredor profesional. Pepe se queja del ritmo lento que llevamos. Tras alguna breve parada, continuamos hasta Roturas (de piernas, pensamos que el nombre está bien puesto). Son las 23:30 y el podómetro marca 20 km. Arrasamos el bar del pueblo, que aún está abierto, y pedimos 200 colacaos y cocacolas. Necesitamos azúcar. Nos cambiamos las camisetas sudadas y renovamos las tiritas gastadas. Viene un coche escoba por si estamos cansados pero nadie abandona. 

Continuamos. Pepe, cansado de protestar por nuestro ritmo, recoge melocotones, y Chumi, apurado, comenta que a esa velocidad se le estrellan los mosquitos en la cara. Así llegamos a Navezuelas. Son las 2:30, recenamos, cogemos agua y volvemos a cambiarnos las camisetas. Estamos bastante cansados, aunque a lo largo de la noche conseguiremos estarlo bastante más.  

Una hora después abandonamos la carretera de Cañamero y nos desviamos a la izquierda por una pista de cemento que atraviesa la sierra de las Villuercas. Tomamos azúcar con los caramelos de Inés y ascendemos en zigzag, en once giros, hasta la cima de la pista. El Pico Villuercas, 1589 m, está más arriba con sus antenas de telefonía cuyas luces llevamos viendo desde la distancia toda la noche. Son las 4:30. Danza de la victoria porque le hemos robado unos minutos a nuestro tiempo del año pasado. Hace mucho frío, corre mucho viento, estamos muy cansados y tenemos mucho sueño. 

La bajada es sencilla  pero el suelo de la pista, lleno de baches, nos hace daño en los pies. Hace frío y en esta cara de la montaña no nos alumbra la luna. Andamos por inercia, entregados al presente. Las espesas sombras aún son dueñas del espacio apenas iluminado. El camino se pierde en la oscuridad. En una curva vemos Guadalupe pero el camino vuelve a girar en otra dirección y nos alejamos (este año no nos deprimimos, ya lo sabemos).

En este último tramo, de unos 13 km, las palabras forman un discurso débil que surge desde el cansancio, ya nadie habla. Sólo se oye el arrullo de la brisa. Sentimos que nos dormimos de pie. Unos quieren parar, tumbarse y no levantarse, otros preferimos seguir y no enfriarnos. Todos protestamos. La senda militar se hace eterna. 

 Pasadas varias horas, hallamos la señal que indica que hay un ceda el paso a 250 m; eso significa que la civilización está cerca. Falta poco para que las estrellas finalicen su turno: el cielo se torna violeta. Alcanzamos la carretera principal que anuncia que Guadalupe está a 4 km. Ya no andamos, nos arrastramos.

Llegamos a Guadalupe a las 8.00 de la mañana, en el silencio apacible de la hora temprana, tras haber recorrido exactamente 50 km, absolutamente satisfechos, con emoción contenida.Tomamos chocolate con churros y entramos en calor, o en vida. Después unos visitamos el monasterio y otros descansan y se duermen en las escaleras con una serena sonrisa dibujada en su cara. Van llegando los coches a recogernos. Hemos salido de la monótona grisura de los días sin emoción. Tenemos los sentidos saturados. Estamos al otro lado del tiempo.


A pie de ruta

Datos técnicos: 
  · Duración:
13-15 horas.

· Dificultad:
Alta (por la distancia).

· Época recomendada:
Primavera, verano y otoño.


Qué ver:
·Paisajes.
·Guadalupe.

1/06/2011 (18:24)

Viaje hasta Valverde de los Arroyos. Es un 13 de marzo soleado, magnífico, con un cielo de azul intenso, con frío por la mañana temprano. En el pueblo hay poca nieve, pero presenta una estampa invernal. Vamos al aparcamiento para visitantes. 

 Salimos hacia lo alto desde la plaza, pasamos el campo de fútbol y seguimos el camino. A unos 450 m, nos desviamos a la derecha. Recto se va a la cascada. La senda, bien marcada, va ganando altura, bordeando la loma de las Piquerinas, mientras el bosque de castaños deja paso al matorral de jaras, retamas, brezos, etc. La Chorrera de Despañalagua, de unos 80 m de altitud, se ve imponente, helada. El verde oscuro de los pinos de repoblación se destaca del blanco de la nieve o del gris de la roca.

Tras cruzar el vado del arroyo de la Chorrera dejamos las zonas de brezo para subir, rodeando el pinar, por laderas tapizadas de gayuba y suelo de pizarra. Seguimos ascendiendo la cuesta de la Penitencia, hacia el Collado de García Perdices. La nieve acumulada hace más cansada la marcha al hundirnos en ella. Hacia atrás se ve la senda marcada en la nieve y la fila de personas, como hilera de hormigas, destacando por los colores llamativos de sus ropas.

Todos seguimos la misma senda, pisando donde han pisado otros para ahorrar esfuerzo, en doliente camaradería. La subida es cada vez más empinada. Esfuerzo. Cansancio. En lo alto de la cresta, a la derecha, aparecen algunas personas que vienen de Majaelrayo. Llegamos al Collado, al pie del Ocejoncillo.

Desde aquí al Ocejón quedan unos 500 ó 700 m. de subida más fuerte, por canchal entre lajas de pizarra, aunque hoy no se ven las piedras. Una vez en lo alto la panorámica es impresionante: Majaelrayo, los Montes de Ayllón y la Reserva de Sonsaz, Valverde de los Arroyos, Pantano del Vado, la Campiña, el Alto Rey, la zona de Cantalojas, etc. Alrededor del vértice geodésico nos apiñamos en poco espacio gran cantidad de personas comiendo el bocadillo.

Este pico, lugar mineral donde la vida parece haberse extinguido, está situado en el Sistema Central, en la parte meridional de la Sierra de Ayllón, y es la máxima elevación de la Sierra del Robledal. Es un anticlinal asimétrico constituido por pizarra. Según la leyenda representa, junto con el Moncayo y el Alto Rey, a los tres hijos del señor de una tribu prerromana, que, cansado de su envidia y codicia por la herencia, los maldijo de forma que pudieran verse pero no hablarse, convirtiéndolos en tres picos. En la ermita de la cima del Alto Rey, hay un grabado en piedra con tres cabezas colocadas en la forma en que se sitúan geográficamente los tres picos.

La bajada es divertida: no importa caer en blando. Los riachuelos bajan crecidos, hay que cruzar con cuidado por las piedras. Ya en la zona con poca nieve, desde un gran roquedo, vemos una senda que, entre los arbustos, baja hacia el río. Descendemos con dificultad para ver de cerca la cascada. Está helada. Grandes placas de hielo cubren los paredones rocosos. En el riachuelo hay placas de hielo esculpidas por el agua en formas caprichosas.

El río está helado en parte, aunque el agua corre. La ausencia de sol hace de esta hondonada un lugar impresionante. El blanco del hielo destaca sobre la escasa luz. Los árboles de las cercanías están helados. La espuma del agua que suelta la cascada, al posarse sobre los árboles y quedar helada, cuelga en formas raras. La tristeza de la tarde cae sobre nosotros.

Volvemos hacia el pueblo y hacia el sol. La senda es cómoda, llana y agradable. En el pueblo, auténtica representación de los pueblos de la Sierra Norte, ejemplo de la Arquitectura Negra, callejeamos, viendo las casas de pizarra, la bonita plaza, las calles, los recónditos rincones, los graciosos balcones de madera, las chimeneas, los tejados, etc. Estos pueblos, a pesar de su restauración, o quizá por eso, parecen un decorado y representan el recuerdo del último hombre en abandonarlo.


A pie de ruta
Datos técnicos

·Punto de partida y llegada: Valverde de los Arroyos. 

·Distancia: 11 km de senda.
·Desnivel: 794 m.
·Tiempo. 5 h. (ida y vuelta)
·Grado de dificultad: medio (quizá alto en invierno según la nieve que haya)

Qué ver
·Valverde de los Arroyos. Danzas del Santísimo (domingo siguiente al Corpus).
·Chorreras de Despeñalagua

Otras excursiones:
·Ascenso desde Majaelrayo

1/06/2011 (18:14)

El maravilloso pueblo de Alquézar, provincia de Huesca, es origen de varias rutas senderistas. La que hoy nos ocupa es la que va a las Balsas de Basacol. 

 Es un buen día de abril, soleado pero no caluroso en exceso. A la salida encontramos una recreación de una caseta de pastores, como muchas que hay por el monte de matorral y algo de arbolado. El camino es bueno como el día, ascendiendo bastante marcado entre paredes de piedras. Un monte cónico enfrente nos desvía a la derecha, hacia el Barranco de la Payuala. El paso se estrecha entre dos paredones calizos, cortados a pico, y la senda, cementada y con barandilla de cable, se clava en la roca sobresaliendo a bastante altura. Éste es el único punto comprometido. Después la senda vuelve a ensanchar, aunque el valle es estrecho, entre el verde amarillento del boj y el gris blanquecino de la caliza, en una geología atormentada de agujeros, tormos, picachos. El valle se cierra más, nos encajonamos siguiendo nuestro lado izquierdo hasta cruzar un puente para pasar al derecho. La senda asciende hasta las Balsas.

 Estas balsas de Basacol abastecieron a la población, para beber personas y animales y para regar los campos. El sistema de canalización era sencillo y eficaz: un canal de ‘tejones’ (tubos de barro encajados unos con otros) llevaba el agua hasta la ‘baseta’, donde hemos iniciado el camino. El regador la soltaba dos veces al día para que bajase al pueblo y se depositaba en el abrevador, del que las mujeres tomaban el agua para lavar y cocinar y donde bebían las caballerías. El agua procede de una fuente de la cercana población de San Pelegrín. Pese a que en 1243 el rey Jaime I concedió a los vecinos de Alquézar el aprovechamiento de este manantial, ambos pueblos siguieron disputándose su uso durante siglos.

 Todo está reconstruído. Hay paseos y mesas con bancos. Es un lugar idílico y mágico. Junto a las balsas hay una construcción inspirada en los tradicionales esconjuraderos, que son sencillas edificaciones de piedra cuyos arcos se orientan a los cuatro puntos cardinales. En estos espacios mágicos se ‘esconjuraban’ las tormentas de granizo, a las que se tenía un terror atávico, mediante liturgias que incluían oraciones, fórmulas rituales y tañidos de campanas. Se creían que eran provocadas por las brujas (había quienes las habían visto volar sobre grandes nubarrones, dirigiendo tormentas de pedrisco). Es un buen refugio de anfibios, importantes para el control de las plagas de insectos.

 Comemos algo y seguimos. En nuestra plácida marcha vemos más casetas de pastores. El camino, que ahora es ancho, apto para vehículos, atraviesa un monte adehesado y sigue por la ruta de Chimiachas. Nosotros giramos en sentido contrario hasta San Pelegrín, a 873 m de altitud, que fue barrio de Alquézar y quedó despoblado en los años sesenta. Es terreno de secano, con encinas y carrascas, en la falda meridional de la sierra de Sevil, donde abundan las canteras de piedra y cal. Vemos puertas doveladas, de arcos de medio punto, con alguna inscripción y paramos en la plaza, en el crucero frente a la iglesia parroquial de la Natividad de Nuestra Señora. Se ve algún coche y alguna casa abierta.

Continuamos por buen camino, ruta BTT, ya de vuelta, rodeados de algunos árboles y muchos arbustos, entre los que destacan el amarillo de la florida retama y el verde del boj, mientras a la izquierda vemos el barranco por el que hemos ido. Llegamos a la ermita de San Gregorio, en un alto desde el que se ve perfectamente Alquézar, con su apretado caserío. Vamos descendiendo entre pequeñas parcelas escalonadas en la ladera.
 No puede terminarse sin dar un paseo por la población, donde por cualquier rincón  asoma la Edad Media con su telaraña de callejas, y donde hay tanto que ver que tendremos que volver en otra ocasión. 

A tener en cuenta

Datos técnicos
·Desnivel: 230 metros.
·Recorrido: 11 kilómetros.
·Horario aproximado: 2 h 30´ / 3 h.
·Época recomendada: Todas
·Descripción: La senda empieza en el aparcamiento de Alquezar (660m) y sigue paralela a la antigua conducción de agua hasta las Balsas (775m). Desde aquí por una pista se llega a la aldea de San Pelegrin (883 m), dejando a la derecha el desvío a Chimiachas. Se pasa por la ermita de  San Gregorio y, por una senda, se baja hasta Alquézar.

Qué ver:
·Alquézar: Fue fortaleza musulmana fundada a comienzos del siglo IX, incorporada por el rey Sancho Ramírez al territorio aragonés.
·Colegiata de Santa María, gótica del siglo XIV, aunque románica en origen.
·Conjunto urbano. Arquitectura popular, sinuoso trazado de origen medieval.
·Museo Etnológico en Casa Fabián.

Otras excursiones:
· Sendero de Gran Recorrido G.R.-1, que va de Ampurias a Finisterre, y que, en Huesca, ha intentado rescatar la antigua línea de fortificaciones musulmanas y cristianas de la Alta Edad Media . Éste es el desvío 1.1.
· Pasarelas del río Vero: senderista, S4/PR-HU 163, itinerario circular, 1 h 45´ (ida y vuelta), 1900 m, 165 m. de desnivel, grado de dificultad bajo.
· Alquézar-Asque: senderista, itinerario circular, media jornada, grado medio de dificultad. Elementos de interés: Centro artístico del Guadamacil en Asque, Puentes de Villacantal y Fuentedebaños, y paisaje del Cañón del Vero.
· Ruta de Chimiachas: senderista, unas seis horas, buenas vistas sobre el río Vero, grado medio de dificultad. Pinturas rupestres: abrigos de Quizans (con representaciones de estilo esquemático, el más abundante en el Vero, 5000-1500 a.C.), abrigo de Chimiachas (espléndido ciervo).

23/05/2011 (19:58)

Algunos amables lectores de nuestra anterior serie de artículos sobre el Camino de Santiago Aragonés nos han comentado que, para poder hacer una caminata así, se necesita tener bastantes días libres y buena forma física y que muchas personas no disponen de ninguna de las dos condiciones. Es por eso que esta nueva serie va a ser de excursiones más sencillas, de un día, al alcance de cualquiera, lo que no les resta valor. Y es que llevamos la geografía en la sangre.

En esta primera, vamos al Pirineo de Huesca, lugar de procedencia de quien esto les cuenta. Pasamos el maravilloso pueblo de Hecho, el de Siresa –con su impresionante monasterio de San Pedro–, la espectacular Boca del Infierno y la tupida Selva de Oza, entre recuerdos de estancias juveniles en colonias y campamentos escolares. Seguimos hasta La Mina –recuerdos de subidas al ibón de Lacherito– y aparcamos poco después, aunque todavía puede seguirse más por una pista en buen estado. 

Hace un día caluroso –es finales de julio–, pero en estas alturas sopla un ligero viento que refresca. El cielo limpio, dilatado, sereno, sin nubes. El paisaje, excepcional. Se ve bien el valle en los dos sentidos. Los colores, bajo esta luz, son intensos: dominan la gama de verdes de la vegetación y el azul del cielo, pero también hay rojizo en algunas rocas y en la tierra, gris de la caliza y blanco en la espuma del agua del río –el Aragón Subordán–, que, lleva poca agua, pero se oye rumoroso en el fondo del valle mientras pequeños arroyuelos bajan por las laderas moteadas de árboles. 

Llegamos a un aparcamiento más grande: parece que no se puede pasar, aunque la pista sigue. El valle se va cerrando. Cerca del río, un grupo de caballos sueltos y, poco después, otro de vacas. El paisaje se vuelve más agreste, hay más barrancos, el río se encañona y su sonido llega más nítido. Se ven algunas cascadas con las que el agua salva el desnivel: estamos en El Salto. El camino hace dos grandes curvas para ganar la altura del siguiente nivel, pero nosotros subimos por la senda, en línea recta.

Desde lo alto se tiene una maravillosa visión de los dos valles. Nuestra mirada está colmada de silencio, escuchamos el sonido del paisaje. Tras unos momentos, se rompe el hechizo en el que habíamos quedado atrapados. Un pequeño descenso nos deja en Aguas Tuertas, llanura verde de hierba, con rocas a los lados, inundada por los grandes meandros del río que se precipita hasta el anterior valle a nuestra izquierda en medio de un sonido bronco. Al fondo se ven los riscos que dan acceso al ibón de Estanés, donde estuvimos en otra ocasión. De los lados del valle bajan regatos saltarines que iluminan las laderas antes de alimentar al río.  

Vemos el Dolmen simple de Achar, del III milenio a.C., de finales del Neolítico-Eneolítico, protagonista de múltiples leyendas que hablan de él como posible morada de los duendes que habitan la zona. Cerca están los dólmenes del Cardal y del Puerto de Escalé, escasos restos del poblamiento en épocas muy antiguas. 

Tras extasiarnos en la contemplación de este sublime paisaje, cuya belleza se cuenta a los cuatro vientos, hacemos muchas fotos, somos depredadores gráficos, aunque la mayoría quedan despobladas. Después ascendemos la pequeña cuesta y, desde lo alto, vemos el valle por el que hemos venido en toda su longitud. Dejamos el camino para ver de cerca las cascadas y, al oír una especie de silbido, alcanzamos a ver un roedor de la pradera que ha avisado del peligro -nosotros, a nuestro pesar- y se mete por unas hendiduras en la roca. La vida surge en cualquier punto del camino.

Regresamos por el cómodo camino contemplando las calizas grises al fondo, los grandes picachos. De nuevo en La Mina, paramos para observar el puerto del Palo, por donde antiguamente cruzaba el Camino de Santiago antes de hacerlo por Somport, más bajo, y evocamos el viaje del verano pasado que allí empezamos. Nos despedimos, como hemos empezado, entre recuerdos.

LA FICHA

· Datos técnicos: 
Duración: 2 horas y 30 minutos  o 3 horas (ida y vuelta) / Dificultad: baja.
Época recomendada: primavera, verano y otoño.

· Descripción:
Desde la Selva de Oza (1140m), donde están los picos de Castillo de Acher (2375m) y Peña Forca (2387m), se sigue la carretera hasta llegar al refugio de la Mina (1225m). Poco más adelante se puede dejar el coche y se sigue a pie por la pista que va paralela al río Aragón Subordán. Se llega a un collado donde hay un refugio de pastores (1642m) y desde allí se baja hasta el valle de Aguas Tuertas (1608m).


· Qué ver:
Construcciones megalíticas: conjunto de Mallo Blanco cerca de La Mina, túmulo de El Salto, dolmen de Achar, dolmen del Puerto de Escalé. En Oza, dolmen del Camping y dolmen del Campamento Ramiro II el Monje, Corona de los Muertos.
· Boca del Infierno.
· Pueblo de Siresa: Monasterio de San Pedro: iglesia muy grande, de construcción carolingia, de principios del siglo IX,  Conde Aznar Galíndez. Antes hubo un monasterio visigótico. Situado al lado de la calzada romana que cruzaba el Puerto del Palo.
· Pueblo de Hecho.

otras excursiones:
· Ibón de Lacherito desde La Mina.
· Ibón de Estanés, atravesando Aguas Tuertas.
· Ascensión al castillo de Acher.

 
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José Luis Salas


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