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25/02/2010 (12:47)
No sé si a ustedes le pasa lo mismo que a mí. En esta conocida como Sociedad de la Información y el Conocimiento, en estos tiempos en que se han multiplicado los medios por los que accedemos a los datos, a la información, en que nos encontramos bombardeados por palabras y más palabras, cada vez entiendo menos de crisis. Y, sobre todo, cada vez entiendo menos cómo podremos salir de esta (p.) crisis, que ya de económica se está convirtiendo en social. Crisis de valores, crisis de ideales, crisis, en fin, de identidad. Desde la barrera de la información, desde este intentar acercarse a los que en principio saben y podrían explicarnos lo que ha sucedido y las fórmulas para solucionar los problemas heredados y los creados nuevamente, sigo sin entender nada. Y cada vez hay más palabras, más datos, pero menos reflexiones, menos explicaciones.
Comencemos por el principio: desde hace dos años nos han contado que la crisis económica es de ámbito mundial –la primera de estas características parece ser– y que nace en el sistema financiero. Pero no en cualquier sistema financiero, sino en el que parecía marcar el paso de oca de la economía mundial: el sistema financiero de Estados Unidos. Los expertos, con más o menos pericia, han puesto en claro cómo se ha llegado a la situación de bancarrota literal de algunos de los monstruos financieros internacionales, que no han tenido ningún escrúpulo en falsear datos, en convertir en virtual lo que a los pobres mortales nos llega en forma de sueldo, de hipoteca, de comisiones más reales (y más exageradas) día a día. Sistema financiero sin control, donde los directivos –incluso después de hundir sus empresas y de conseguir la pérdida de billones de dólares o de euros– seguían cobrando unos sueldos astronómicos o primas escandalosas. Se nos ha hecho ver, y de manera muy clara y realista, la importancia de mantener inalterable el sistema financiero mundial, de no cambiar las reglas del juego (aunque hubo unos conatos de algunos políticos y economistas que soñaron con una evolución del capitalismo norteamericano a otros modelos más sostenibles). Y así los gobiernos de todo el mundo –los gobiernos con posibles, se entienden– se lanzaron a utilizar el dinero público (es decir la deuda de todos los ciudadanos) para salvar estas entidades financieras en peligro, este sistema que hacía agua por todos lados, porque sólo buscaba el beneficio inmediato y las ganancias multimillonarias, sin mirar más allá del mañana, del pasado mañana. ¿Resultado? En época de crisis económica el Banco de Santander el pasado 4 de febrero anunció que había tenido unos resultados económicos mejor de lo esperados: había ganado durante el 2009 la friolera de 8.943 millones de euros… y así podríamos seguir con otras entidades financieras, que no tuvieron ningún reparo en pedir a las cuentas públicas ayuda cuando veían sus dividendo reducirse… ¿Acaso están ahora pensando ellos en ayudar al erario público, a la economía española facilitando los créditos, evitando las comisiones, invirtiendo en algo más que en el ladrillo rápido y podrido? No entiendo nada.
Se nos repite hasta la saciedad que en estos últimos años se ha dilapidado la buena marcha económica de España de los últimos años. Y es cierto, hemos pasado una época de bonanza, que nos ha hecho sacar pecho y pedir voz en grito que merecíamos estar en los organismos oficiales y encuentros que reúnen a la flor y nata de la economía mundial: los G8, los G20 y demás ‘gilipolleces’. Y es cierto, pero parece que ahora nadie quiere recordar cuáles eran los pilares de esa economía tan floreciente, la que tuvo su mejor expresión en los gobiernos de Aznar, con su decretazo (a quien debe mucho Rajoy) del 2002: por un lado el turismo (nuestra ‘industria’ nacional) y por otro lado, el ‘ladrillo’, con los anuncios de la ‘burbuja inmobiliaria’, que nadie quiso reconocer, pues todos estaban sacando su buen puñado de euros gracias a este mirar hacia otro lado–, hasta que nos estalló a todos entre las manos (y lo hizo un poco antes de la crisis financiera mundial, con lo que España de tocada pasó a ‘agua’). En los años del ladrillo se ganó mucho dinero, se hipotecó una generación, se imposibilitó a los más jóvenes el acceso a la vivienda porque las promotoras ya tenían vendidas sus casas antes de construirlas (el famoso sobre plano) por especuladores. Todos lo hemos sufrido, lo hemos vivido, pero parece que no queremos recordarlo. ¿Qué hicieron nuestros empresarios con ese dinero tan fácilmente ganado, con esos millones de euros que les llegaban día a día a sus cuentas? ¿Aprovecharon para apostar por otros modelos industriales de futuro, por la investigación y la innovación, para convertir a España en una potencia más allá del sol, la playa, el vinito y el Spain is different? Todo lo contrario. Dudo que tengamos los empresarios que se merece España. Unos empresarios que en época de bonanza nunca pensaron en el futuro, y que ahora sólo encuentran soluciones en abaratar el despido y el reducir gastos, como si esta fuera una apuesta con posibilidades de crecimiento. No sé cómo lo ven ustedes, pero a mí un grupo de empresarios que se pone en pie para recibir entre aplausos y vítores al presidente de su asociación, que días antes había vendido por un euro su compañía para no tener que hacer frente a su quiebra, y que deja a miles de pasajeros en el aire y a cientos de empleados sin cobrar en los últimos seis meses, a mí no me da ninguna seguridad. ¿Qué ideas brillantes pueden tener para pensar en el futuro, para salir de la crisis, para ser los motores de un cambio y un empuje económico, ya que son uno de los pilares de la economía? La verdad, sigo sin entender nada (y ahora con una cierta preocupación).
Y por último, oigo en todas las tertulias a personas que en diez minutos son capaces de sacar diez recetas para salir de la crisis como un mago saca conejos de su chistera. ¿Cómo no les contratan en los diferentes gobiernos que tienen competencia en la economía en nuestro país? Y aquí entramos en el último peldaño de mi perplejidad ante el presente: ¿Qué opinión tienen nuestros políticos sobre la crisis? Y no hablo sólo del Gobierno central, que tiene la responsabilidad de gobernar, ¿pero acaso no tienen también esta responsabilidad los gobiernos autonómicos, que controlan gran parte del gasto público, que tienen en sus manos las herramientas reales de la economía? El PP como partido de la oposición tiene sus fórmulas para salir de la crisis diferentes a las expuestas por el Gobierno. ¡Faltaría más que coincidieran! ¿Pero son sus fórmulas las adecuadas? Y si lo son, ¿por qué no las ponen en marcha en las Comunidades Autónomas que gobiernan, que deberían ser ejemplo de cómo poder hacer frente a la crisis? Y me temo que ni Valencia ni Madrid sean ejemplos de nada en este campo… así que mi perplejidad se llena de pesimismo.
¿Con la unión podemos salir de la crisis? Así lo dicen todos los analistas, de esos que les pagan por saber de todo… ¿pero la unión de quién? ¿Empresarios, banqueros, políticos…? Que Dios nos pille confesados. De ser así, lo único que me queda claro es que la crisis irá para largo y que seremos nosotros, en nuestro día a día, los que haremos todo lo posible por salir de ella, sin más ayuda que nuestro sentido común (el menos común de los sentidos entre banqueros, empresarios y políticos).
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4/02/2010 (10:57)
Quién no se ha sentido emocionado al colocarse delante del pórtico de una catedral? ¿Seguir las figuras, intentar descubrir detrás del mármol un programa iconográfico que nos dé pistas de otra época, de otro momento, de cómo veían el mundo nuestros antepasados? Las siluetas en las esculturas marrones, blancas, sus gestos y sus detalles nos llenan de emoción imaginando otra época. Una época que se dibuja en nuestro imaginario como oscura, como falta de color.
El Partenón se alza majestuoso sobre la geografía de Atenas. Sus esculturas, las que fueron modelo para toda una civilización, están en el British Museum, en una de sus salas centrales. Cuando uno se encuentra delante de estas piezas, ahora colocadas a ras de suelo, con la posibilidad de un diálogo de tú a tú, un escalofrío te recorre la espalda. Recuerdo que me emocioné viendo el montaje audiovisual que habían preparado en una sala lateral, un montaje en que las piezas que ha dejado el tiempo, la erosión y los vándalos a nuestra disposición, se iban completando hasta llegar a formar la imagen de un tiempo pasado que ya no es posible ver de manera real, tan sólo virtual. Seguro que aquel audiovisual, uno de los primeros realizados con tecnología informática, se habrá completado hasta límites insospechados. Pero ahí, estaba delante de nuestros ojos curiosos el Partenón tal y como lo habían visto los atenienses de su tiempo. Ese mármol victorioso, inmaculado.
Muchos de los cuadros que hemos conservado del pasado medieval y renacentista nos devuelven la época oscura en sus trazos y en su oscuridad. Ahí está el espejo de una época que nos la ha retratado siempre con los prejuicios de unos estudiosos del siglo XIX que se creían tocados por el dedo indivisible de la verdad científica. Sólo ellos volverían a recuperar la “verdad" más allá de las creencias, de las leyendas, de los saberes recogidos y difundidos durante tanto tiempo. Así sucedía con la Capilla Sextina o así ha sucedido hasta hace bien poco con ‘Las Meninas’ de Velázquez.
Pero el justo proceso de restauración de estas obras, como la de tantas otras, nos han recuperado la luz original, los colores brillantes de otra época, que habían quedado sepultados bajo las capas de la contaminación del aceite de las velas, de los barnices protectores, y de tantos prejuicios artísticos que se habían ido superponiendo año a año, siglo a siglo. Y después de esta labor de limpieza, las obras nos ofrecen una imagen colorista, llena de luz y de armonía, como así fue la época medieval, nada de Edad oscura, nada de ese rosario de falsedades y mitos que se siguen perdurando, se siguen manteniendo.
Ante el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela uno recuerda que estas estatuas, que ahora ofrecen su piedra al descubierto, tuvieron por un tiempo color, que la escultura no se terminaba hasta que el pintor le diera su forma definitiva. Pero, ¿cómo imaginar este pasado luminoso a partir de la ausencia, de esta piedra desnuda que nos emociona en su forma original? Imposible imaginarlo... pero ahora es posible verlo.
El Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares ofrece una oportunidad única para adentrarse en los colores del pasado más clásico e ibérico hasta el 18 de abril, gracias a la exposición ‘El color de los dioses’, comisariada en la parte española por Manuel Bendala Galán. Es impresionante ver cómo las estatuas se visten, como algunos de los torsos desnudos en realidad son corazas doradas, que se hacían ceñidas al cuerpo de quien debían llevarlas.
Una exposición que no sólo recoge estupendos ejemplos de esculturas clásicas, con un interesante epílogo ibérico, sino también el proceso científico que, desde el siglo XIX, ha llevado a una reconstrucción virtual a partir del análisis de los pigmentos, de los restos que se han conservado en las estatuas que nos ha legado el pasado. Y ante estas reconstrucciones, ante esta imagen virtual del pasado uno se da cuenta de lo gris de nuestro tiempo, de la falta de color de nuestra época; de cómo nos hemos equivocado al apreciar el pasado, esa oscuridad que sólo estaba en nuestra mirada.
‘El color de los dioses’ es una exposición que se disfruta en su visita, en sus ejemplos; y es una exposición que te hace reflexionar sobre nuestros medios de conocer el pasado, y, por tanto, de aprender de él... ¿Cuánto nos queda por aprender y cuántos tópicos y mitos es necesario destruir? Con ‘El color de los dioses’ ahora sí que uno tiene la impresión de haber hecho un verdadero viaje en el tiempo. Después de verla uno no puede seguir viendo las esculturas del pasado con los mismos ojos.
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27/01/2010 (20:02)
Habíamos dejado al ‘Quijote’ en 1738, convertido en una “sátira moral", en un libro que tiene como finalidad la de criticar las costumbres de su tiempo (las costumbres tanto de los desmanes de una lectura desaforada de un género literario perjudicial, como de los usos de una nobleza ya caduca, que había sido causa fundamental de la decadencia del imperio español). Y todo ello, gracias a los ejemplares del Museo Casa Natal de Cervantes en la vitrina dedicada a la primera difusión del ‘Quijote’ por tierras inglesas.
Otro foco de éxito y difusión europea del ‘Quijote’ será Francia, la Francia que dominará gracias all Rococó la cultura y el arte europeo del siglo XVIII. El ‘Quijote’ en Francia se difunde a lomos del éxito que aún posee el Amadís de Gaula y el resto de los libros de caballerías en ámbito francés. Éxito que comienza en 1540 cuando se traduce el ‘Amadís’ al francés, y que llevará a finales del siglo XVI a algunos autores a afirmar que este texto caballeresco (y sus continuaciones) es tan perfecto en su prosa que en realidad debió escribirse primero en francés para luego traducirse al castellano. Cosas de nuestros vecinos, que consideran también francés a Picasso, por sólo quedarnos con otro ejemplo paradigmático de apropiación. Y algo similar hicieron con el ‘Quijote’, o, mejor dicho, con el personaje que terminará por triunfar en Francia: Sancho Panza. En 1695 se reedita en París la traducción del ‘Quijote’ firmada por Filleu de Saint-Martin, la más difundida de todo el siglo XVIII; y lo hará con una novedad: una continuación de la obra, en que habrá una cuarta salida, y en ella don Quijote armará caballero a su escudero, multiplicándose las aventuras, a cada cual más disparatada y maravillosa, siguiendo la estela de los libros de caballerías de entretenimiento, que se seguían traduciendo y reeditando en Francia hasta bien entrado el siglo XVIII. El ‘Quijote’ en suelo francés se difundirá siempre en ámbitos cortesanos y aristocráticos. Por esta razón no extraña que, en las primeras décadas del siglo XVIII, la manufactura de los Gibelinos piense en crear una serie de tapices para decorar los palacios más ricos del momento y que el encargo se centre en las aventuras del caballero andante don Quijote de la Mancha. Los cartones fueron realizados por uno de los pintores más afamados del momento: Charles Antoine Coypel, que ideará más de veinte cartones, que a partir de 1724 se convierten en estampas sueltas que se venden, con gran éxito, por toda Europa; y desde muy pronto pasará al mundo de los libros, como en el magnífico ejemplar impreso en La Haya de 1746, con muchas de estas imágenes estampadas por Picart. En el Museo Casa Natal de Cervantes se conserva un ejemplar de la edición en holandés.
El éxito primero en Inglaterra (como texto y modelo narrativo y literario, convertido posteriormente en una sátira moral) y luego en Francia (como un texto cómico aristocrático, impulsado por el éxito de las aventuras y personalidad original de Sancho Panza) será la puerta por la que el ‘Quijote’ triunfe en el resto del mundo conocido: el ‘Quijote’ llegará a los confines del mundo colonial que se va conquistando (y diezmando) por estos años, pero no lo hará en español sino en inglés y en francés. Y será a partir de estas lenguas, de las visiones particulares que se dan en estas traducciones, muy libres en su contenido, el camino por el que el ‘Quijote’ se traduzca a las lenguas orientales, como en Japón (1887 y 1915, la primera completa), Corea (1915) y China (1921), o en la India (1894); a partir del francés y de sus continuaciones contaremos en el siglo XVIII y XIX con traducciones al alemán, por ejemplo. Y la lista sería imposible de abarcar en su totalidad: varias vitrinas del Museo se dedican a las traducciones a diversos lenguas, tanto europeas como africanas o asiáticas, lenguas semíticas y románicas; y el listado no deja de crecer. El año 2005 fue un buen pretexto para llevar a cabo nuevas traducciones, como al quechua (impresa en Lima); y desde entonces se han consumado nuevas traducciones, como al guaraní (2007) y la lista y las lenguas no dejan de crecer y multiplicarse, dando cuenta de la vitalidad de un libro que hace más de cuatrocientos años comenzó su andadura como una novela de entretenimiento, una novela humilde, de bolsillo, una novela que estaba llamada a ser un pasatiempo para sus lectores y una fuente de ingresos (precaria) para su autor. Cervantes tenía cifrado en su Persiles y Segismunda, en su novela bizantina en la que trabaja hasta sus últimos momentos, su esperanza de una segunda vida, la vida de la fama después de la vida terrenal.
No hay texto en nuestra cultura como el ‘Quijote’. No hay libro que haya gozado de una vida tan insólita, tan diversa y rica desde sus humildes comienzos hasta sus conquistas sin límites. Libro que ha trascendido geografías y tiempos. Personajes que han sido capaces de salir de las páginas cuadriculados de los millones de ejemplares dispersos por todo el mundo para llenar los huecos más insospechados de nuestra vida cotidiana... sería posible amueblar completamente una casa con solo objetos relacionados con el ‘Quijote’... y seguro que ya hay más de uno pensando en ello.
Esta es la apuesta de las ‘Visitas temáticas’ en el Museo Casa Natal de Cervantes: ofrecer miradas nuevas y particulares a los valiosos objetos que se conservan en sus salas; ofrecer un viaje en el tiempo para intentar comprender mejor nuestro pasado y así ser conscientes de la riqueza y el valor de nuestro presente. Actividades múltiples que podrán recogerse en un ‘pasaporte’ del Museo, que será sellado en cada una de ellas, con una sorpresa al final del año: ¿quieres participar en este viaje en el tiempo que te propone el Museo Casa Natal de Cervantes?
La insólita vida de un libro (y II)
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27/01/2010 (20:01)
El pasado sábado comenzó en el Museo Casa Natal de Cervantes una nueva actividad que pretende acercar a los alcalaínos y visitantes el contenido de sus salas de un modo divertido y ameno: las ‘Visitas temáticas’. Un sábado al mes, por espacio de media hora, el Museo se convierte en una máquina del tiempo que permitirá a los asistentes acercarse a los cuatro temas elegidos para este año: La insólita vida de un libro (que ya comenzó el año pasado), La vida de un genio, Las mujeres de la familia de Cervantes y Costumbres y gastronomía en los Siglos de Oro. Cuatro temas que harán posible revivir historias, anécdotas, costumbres y conocimientos de la época de Cervantes, de su vida y de su obra. Una nueva forma de dar a conocer nuestra propia historia alcalaína de la mano de uno de los museos más visitados de toda la Comunidad de Madrid.
El ‘Quijote’ nació humilde y popular. La grandeza e importancia adquirida a lo largo de los siglos, esos que le han convertido en la ficción más influyente en nuestra cultura, dentro y fuera de los libros, no ha de hacernos olvidar su origen. El ‘Quijote’ nació para ser devorado por los escuderos en las antesalas de los grandes señores; libro en cuarto, libro de “faltriquera", de bolsillo; libro que debería hacer las delicias de los viajeros a lo largo y ancho de la cada vez más populosa Europa del siglo XVII.
En el Museo Casa Natal de Cervantes se conserva un ejemplar de la edición pirata impresa en Lisboa en 1605 por Jorge Rodríguez (uno de los impresores de libros de caballerías más habituales de su tiempo) para mostrarnos esta primera salida pública al éxito; un éxito que estaba llamado también a ser efímero, es decir, a seguir el guión prefijado de un best-seller: tirada abundante y reediciones continuas en sus primeros años de difusión, y luego, poco a poco, reediciones cada vez más espaciadas hasta llegar a ser sustituido por otra novedad, por otro best-seller que continuaría el mismo itinerario de éxito y de declive.
Pero el ‘Quijote’, los ‘Quijotes’ a partir de la continuación impresa en Madrid en 1615, tendrá su propio guión gracias al éxito que desde muy pronto gozó en Europa, ya que en España, hasta la llegada de los Borbones y los ilustrados alrededor de la Real Academia Española, no se le hace justicia como escritor a Cervantes y a su obra como referente literario, cultural e, incluso, moral.
Estamos hablando de la magna edición que terminó de imprimir Joaquín Ibarra en los últimos meses de 1780 y que comenzó su andadura en 1773: el Quijote de la Academia, con sus imponentes cuatro tomos, con espléndidas estampas, mejor papel y cuidada tipografía (realizada exprofeso para la edición), sin olvidar el estudio introductorio de Vicente de los Ríos y el cuidado filológico de su texto.
Pero este curioso itinerario que va de un “texto de entretenimiento" a una “sátira moral", a un libro digno de ser modelo de conducta al tiempo que fuente inagotable de pasatiempos y diversiones, de contar con una fábula que es digna de ser imitada y que pone las bases de la novela moderna, no se dará en tierras hispánicas. Este insólito salto que cambia por completo la interpretación de la obra cervantina se producirá en Inglaterra, y en una de las vitrinas del Museo Casa Natal de Cervantes está condensada en cuatro magníficos ejemplares de los siglos XVII y XVIII esta historia.
El ‘Quijote’ fue traducido al inglés en 1612; la primera lengua a la que se tradujo el texto cervantino. Dos años después lo haría al francés. La traducción inglesa de Shelton se publicó en el mismo formato popular de la príncipe madrileña y sus reediciones, tanto legales como piratas: un ejemplar en cuarto.
Pero el ‘Quijote’ en inglés no se difundirá en las antesalas de los grandes señores, como sucedía en España, sino que entró desde muy pronto a los salones más aristocráticos y nobiliarios. Y así no extraña que al reeditarse en 1652 una edición conjunta de la traducción de Shelton de las dos partes, esta se hiciera en un formato folio, el formato no para llevar el libro en viajes o prestarlo a los amigos; sino el formato para contar con el libro en la biblioteca, el libro que adquiere ya una dimensión de autoridad. Y así sucederá con tantos novelistas ingleses, que verán en el ‘Quijote’un modelo de escritura. Y Cervantes, frente a lo que sucedía en España, será reconocido como un gran escritor desde el siglo XVII.
Por eso no extraña que la primera edición de lujo del ‘Quijote’ se publique en Londres, en el año 1738, a costa de Lord Carteret. Cuatro tomos en excelente edición con una clara intención: la de ofrecer una nueva intepretación de la obra cervantina como una sátira moral. Y para ofrecer esta nueva lectura no sólo basta incorporar el primer estudio sobre la obra y vida de Cervantes, firmada por el valenciano Mayans i Siscar, sino también un programa iconográfico de más de 60 estampas a partir de los diseños de John Vanderbank, uno de los pintores más importantes del Londres de aquellos años, que resalta aquellas aventuras donde los discursos de don Quijote sobresalen, dejando en un segundo plano las aventuras más escatológicas y cómicas, las que hacían las delicias de los lectores españoles y franceses de aquel momento.
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José Manuel Lucía Megías
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