24/06/2010 (13:06)

Siempre me fascinó "Laura" de Otto Preminger y, sobre todo, la escena en la  que Dana Andrews sucumbe ante la deslumbrante belleza que despide el famoso cuadro  en el que se representa a una fascinante Gene Tierney: ese instante explicará el comportamiento del protagonista masculino a lo largo del filme.


Por tanto, este recurso del retrato como elemento primordial de una obra no es nuevo en el cine aunque, ahora, el madrileño Andrés Sanz ofrece una nueva vuelta de tuerca al tema en "Flat love", diseccionando con brillantez la interacción cine/pintura y profundizando en la estructura dramática de una pieza que exhibe una simbiosis perfecta entre estas manifestaciones artísticas y que alcanza, finalmente, un ejercicio fílmico que se asemeja a un manual sobre arte.


El corto cuenta una delirante historia de amor en varias dimensiones. Sanz, dominador absoluto de la imagen, como pudimos apreciar en su pieza anterior, la espléndida "Bedford", escruta las sensaciones que experimentamos al colisionar visualmente con una obra que nos impacta.


Así, un hombre que visita el MOMA (Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York)  es atrapado por la exuberancia y sensualidad de una chica plana. Es Girl with ball, cuadro de Roy Lichtenstein. Aparece otra mujer, enamorada del protagonista que procede tal vez de una infancia recuperada y que se incorpora a este espacio tridimensional, configurando una nueva realidad en la que se funden las representaciones oníricas.


Este precioso cuento está narrado por Isabella Rosellini, cuya sugerente voz reta al espectador a que se integre en una dramaturgia que estéticamente recibe el choque luminoso que enseña el pop art.


El receptor acoge imágenes icónicas que exploran mundos que convergen en la emoción y que provocan sentimientos de deseo o admiración secreta, en suma, que destapan en su desnudez el amor platónico.


Andrés Sanz une con rigor lienzo y celuloide, dando forma a un metraje que habla y mucho de realidad y ficción pero, sobre todo, de sueños, como explica en su blog: "Anytime I watched such a scene in a movie, I found myself dreamily fascinated".
"Flat Love" es una pieza rica y estimulante, cuya caligrafía artística alienta una reflexión muy valiosa que se sustenta en el control absoluto de la imagen como engendradora de sentimientos. Con ella, Sanz escala un nuevo peldaño en su rigurosa filmografía.

17/06/2010 (18:37)

En clara armonía con la celebración del centenario de la Gran Vía madrileña, la Galería Tiempos Modernos presenta Los viajes de Catalá Roca: el fotógrafo de la Gran Vía recala en Madrid, en la que rescata algunas instantáneas que forman parte de la historia más destacada de la fotografía de nuestro país. Imágenes que ahora recordamos y que proceden del conocimiento de un artista que aterriza en Madrid en 1952 y que desnuda como nadie el alma de esta calle  principal de la capital española.


Su objetivo deja una huella perenne en nuestra memoria colectiva. La composición arquitectónica de muchas de sus fotografías revela su pasión por esta faceta, a la que dedica numerosos estudios sobre las construcciones representadas.


Poseedor de un legado impresionante –unas 180.000 imágenes– que descansa en el Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña, Francesc Catalá-Roca (1922-1998) acumula una obra que atesora un proceso de elaboración documental muy importante, permitiéndole desarrollar una considerable labor didáctica e investigadora.


El reportero gráfico catalán queda fascinado por la composición estética que alcanza la Gran Vía y  ello se nota en su creación: en nuestras retinas han quedado fijadas algunas escenas que definen cómo era España en la segunda mitad del siglo XX. Por ejemplo, esos soldados que cortejan a unas codiciadas turistas que compiten en altura con los edificios retratados. O ese grupo de modistas en alegre paseo, cuyo desfile apunta mucho sobre la situación de la mujer en esos años.


En esta muestra podemos saborear un pedazo de una historia impregnada en blanco y negro. Estos documentos gráficos reproducen escenas cotidianas sabiamente compuestas, son luces y sombras que conforman una estampa bastante cercana del entorno arquitectónico de la urbe y de los habitantes que la pueblan.


Catalá-Roca supo trasladar esa ilusión por un mundo que se otea en el horizonte  –asimilación a Nueva York– a esta calle centenaria. Bajo su atenta lupa desfilan personajes que intentan escapar de esa España negra que anticipara en sus pinturas Gutiérrez Solana.
Esta selección sirve también para conocer la amplitud temática de un autor que se acerca muy a menudo al mundo rural, eje en la vida del momento histórico que retrata. De este estremecedor choque entre campo y ciudad, el fotógrafo quiere dejar un mensaje de optimismo que permita abandonar el lastre de oscuridad imperante.

 

· LA FICHA
Los viajes de Catalá-Roca
Dónde: Galería Tiempor Modernos  C/ Arrieta, 17.
Cuándo: Hasta julio

10/06/2010 (17:18)

En una terminal de aeropuerto, dos viajeros esperan inquietos la llegada de sus respectivas maletas. Con esta aparente normalidad, se inicia Equipajes de Toni Bestard  en la que se suceden unos diálogos chispeantes, fruto de la imaginación de Arturo Ruiz Serrano, director de la memorable Paseo, que borda aquí unos personajes reveladores.
Sobre un espacio por el que desfilan a diario miles de desconocidos, el director se concentra en un diálogo ocasional entre un ejecutivo algo esquivo (Xisco Segura) y una mujer retadora y fascinante (Natalia Mateo).


El equipaje, elemento objeto de deseo, tarda en aparecer y se inicia entre estos individuos un curioso juego. La seducción adquiere relevancia y camina junto al azar cuando ambos lanzan una apuesta: “¿Qué maleta saldrá primero?".


Los protagonistas representan un desafío enigmático, en el que sus miradas desafiantes desprenden cierto dramatismo ante un hecho aparentemente trivial.Presenciamos un juego muy sugerente en el que cada uno de ellos utiliza su poder de encantamiento. Natalia Mateo, camaleónica, aporta una luz intrigante y cautivadora que intenta atraer al desconfiado Xisco Segura.


La pieza, con un ritmo ágil y consistente, recrea un jugoso paralelismo entre la representación de la seducción, con sus mentiras y estereotipos y el azar, como pasatiempo en el que triunfa el engaño: ese mezquino –aunque entrañable en ocasiones–  punto de encuentro donde habita el hechizo.


Hay que destacar sin ningún género de duda la estupenda labor  de los actores, que confiere un aire diferente a esta tópica historia de chico conoce a chica, creando una película que describe con sabiduría esa simbiosis adictiva que se forma entre dos personas que unen sus destinos por un reto personal, un duelo realizado al más puro estilo western –el desafío en la lejanía, separados por la cinta transportadora– con esas miradas penetrantes retratadas por Nicolás Pinzón.


Equipajes muestra la valía de Toni Bestard, anteriormente demostrada en El viaje y Niño Vudú y de quien también recordamos El anónimo Caronte, ese reencuentro emocionado con uno de los actores aficionados que participaron en el rodaje de la mítica El verdugo de Luis García Berlanga. Que dice mucho de las cualidades de un cineasta que otorga marchamo de calidad a un episodio circunstancial.

 

· LA FICHA: Equipajes

Dirección: Toni Bestard
 
Guión: Arturo Ruiz

intérpretes: Natalia Mateo y Xisco Segura

Género: Comedia

3/06/2010 (11:56)

En Marcos de reclusión, el Museo Reina Sofía se adentra en la leyenda del arte psicótico del mexicano Martín Ramírez (1895-1963), lanzando una mirada introspectiva hacia una obra misteriosa que brota de la mente un tanto desquiciada de un jornalero sin estudios.
Esta muestra, en la que se exhiben 60 piezas, permite vislumbrar el entorno, un tanto enigmático, en el que fueron concebidas, así como desclasificar un imaginario que ha sido identificado como arte marginal, art brut o pintura de enfermos mentales.


Con unos recursos bastante pobres y con materiales que casi no lo son, este sorprendente pintor compone durante sus quince años de internamiento en el Hospital Estatal de Witt, en Auburn (California), un conjunto de dibujos que se distinguen por una calidad que impresiona. 


Martín Ramírez sabe dominar a la perfección los elementos que tiene a su alcance. Diagnosticado de trastorno maníaco depresivo, sordomudez y esquizofrenia catatónica, realiza a lo largo de toda su vida unas 450 ilustraciones, siempre encerrado en su propio mundo, recreando vivencias de sus compañeros de reclusión hospitalaria.
Sus intrigantes y poderosos dibujos reciben la influencia de la cultura mexicana y, sobre todo, del conocimiento popular americano, donde tuvo que labrarse su porvenir, trabajando en destinos en los que se precisaba la fuerza física, como las minas o el ferrocarril: todo ello, dejará una profunda huella en su carácter y, claro está, en su creación.


En los años 20, Ramírez tiene la fortuna de que algunos artistas vanguardistas como Max Ernst y Paul Klee comienzan a valorar el arte de los locos. Admiran la desinhibición y pureza creativa de unas obras absolutamente transgresoras, producto de una imaginación muy especial que alcanza su definición en un proceso que se ha mitificado muy a menudo.


El artista mexicano no tuvo ocasión de explicar su trabajo, de ahí la dificultad para evaluar coherentemente su trayectoria. No obstante, la audacia de su compromiso artístico, así como la fuerza expresiva de sus pinturas avalan la calidad de este outsider americano, según le define Brooke Anderson, comisaria de la exposición y directora del Centro Contemporáneo del Folk Art Museum de Nueva York. Un hombre que absorbe las posibilidades técnicas de su entorno, fabricando sus propios materiales y vomitando al mundo un conglomerado pictórico de una radicalidad absoluta.

26/05/2010 (18:55)

El cine impregnado por la imagen como valor supremo que destaca sobre la narrativa, tiene un buen ejemplo en El espantapájaros de Gonzalo Zona.


Es de sobra conocida la dicotomía histórica que se establece entre la mirada y la palabra como elemento comunicativo básico de una obra fílmica. En esta pieza domina la elegancia y cadencia visual de una cámara que vigila su mensaje.

Un plano general nos muestra el escenario estepario que controla un espantapájaros. En medio del silencio abrumador de esos campos,  las autoridades eclesiásticas del lugar acomodan un nuevo vecino. La figura del ahuyentador de los  pájaros, creada por la siempre solvente factoría de Colin Arthur, siente la presencia de ese intruso e intenta un acercamiento para romper el tedio que le abruma. Pero la estampa religiosa no reacciona y el guardián se enoja, murmurando: “no necesito la conversación hueca de un principiante, a fin de cuentas es competencia".

La impecable fotografía de Pablo Rosso se apodera de una película que traslada el soporífero aburrimiento de este gobernador de una tórrida llanura sobre la que se cierne el peligro constante de unos cuervos asesinos. La fuerza de la imagen cautiva al espectador, que asiste intrigado a un enigmático intento de diálogo entre estos surrealistas representantes de la tierra y el cielo. El campo abrasador es el simbólico entorno sobre el que se encuentran atrapados ambos iconos.

Gonzalo Zona crea una obra casi impresionista, plena de magnetismo, en la que una luminosidad suntuosa capturada plen air se apodera del silencio. El director madrileño –también autor teatral– se aleja aquí de lo trillado y propone un ejercicio fílmico cargado de misterio.

El espantapájaros desvela un metafórico encuentro entre simbologías enfrentadas; estamentos empujados a sobrevivir en un territorio de soledad configurado por la geométrica de un triángulo equilátero cuyos vértices representan un estrato de la sociedad. Es un mirada límpida que se impone sobre el resto de los elementos cinematográficos, generando una pieza que desprende buen cine.

La Ficha: El espantapájaros
Dirección: Gonzalo Zona
Intérpretes: Julián Villagrán, Luis G. Gamez, Claudio Rodríguez

20/05/2010 (12:04)

El Vorticismo fue tal vez el único movimiento británico de vanguardia que se produjo a comienzos del siglo pasado y tuvo, además, una duración muy corta, apenas tres años.

A su creador, Wyndham Lewis (1882-1957), ofrece la Fundación Juan March la primera retrospectiva que se le dedica a nivel mundial, salvo un tímido intento de la galería Tate de Londres en 1959.

Figura crucial del modernismo, este artista multidisciplinar reparte esfuerzos creativos entre la escritura y la pintura. De esta importante labor, la Fundación exhibe 150 obras y más de 60 publicaciones en las que se descubre el discurso unívoco de su mensaje compositivo.

Controvertido y provocador, Lewis es amigo de célebres escritores como Ezra Pound, James Joyce, T.S. Elliot o Rebecca West,  a los que realiza excelentes retratos. Escritor consumado, alterna esta labor con su energética pictórica, en la que conviven sus comienzos cercanos a la abstracción con creaciones cubo-futuristas y, sobre todo, el nuevo vorticismo.

Su vida marca su trayecto artístico. De formación clásica, derivada de sus visitas al Museo del Prado –donde realiza copias de obras de Goya– y de su conocimiento de la bohemia parisina, pasa a un estadio más agresivo, construyendo piezas de formas un tanto estridentes.

Publica, coincidiendo con el inicio de la primera guerra mundial  la revista ‘Blast’ que es el germen de la efímera aparición del Vorticismo. Este conflicto bélico marca su vida y su obra. La participación directa en la contienda como oficial de artillería le permite tomar conciencia sobre la crueldad de todas las guerras, ya que según él: “todas son malas".

Pero el fragor de la batalla le brinda la oportunidad de concebir la pintura como elemento artístico, llegando a ser considerado como el “pintor de la guerra". Un ejemplo de esa concepción militarista la apreciamos en Batería bombardeada (1919).

Aunque lo peor está por llegar. Su vergonzosa defensa de Hitler, traerá consecuencias. Intenta rectificar su terrible error e incluso cede una pintura para ayudar a la causa republicana española, pero su actitud anterior le marcará de por vida.

No obstante, y al margen de cualquier otra disquisición, este extraordinario resumen revela a un dibujante enérgico, que en trazos muy variados es capaz de engrandecer la figura humana. Son piezas que se adentran en la emoción de la abstracción y que finalizan en otras que penetran en el interior del ser humano, provocando un rechazo de lo convencional, que es la esencia del vorticismo, como lugar donde nacen las emociones.

13/05/2010 (14:19)

La trayectoria del director Esteban Crespo dibuja una línea ascendente que alcanza su cénit en esta pieza, Lala, con la que bucea en el sentimiento de pérdida que sufre Jesús (Gustavo Salmerón) al conocer el fallecimiento de su abuela.
El madrileño atesora una filmografía que se caracteriza por el riesgo continuo. Así, tras Siempre quise trabajar en una fábrica, Amar y Fin, alcanza ahora su obra más completa.

La cinta, que se inicia con la susurrante voz de esa Lala que ya no está: “Érase una vez una niña pequeña llamada Berta", profundiza en la vida de un desconcertado personaje que pierde al referente de su infancia y ello le empuja hacia un vacío infinito.

El protagonista de esta aventura comienza una búsqueda obsesiva por recuperar la conexión con su niñez, por retener la memoria, en definitiva, por regresar a las raíces.

Lala compone imágenes que desprenden emoción en un viaje hacia un pasado que no siempre fue mejor, aunque la nebulosa del paso del tiempo concede un atisbo de felicidad, por lo que tiene de reencuentro con  una infancia irrecuperable.

El director madrileño construye una película coral, en la que cuida con esmero a sus actores. Destaca, sin duda, la sobria interpretación de Gustavo Salmerón, muy bien acompañado por un icono de los cortometrajistas, Marta Belenguer, y también por la valía de Esther Ortega. Complementan el recital interpretativo figuras de talento como Ramón Barea, Mariví Bilbao, Alberto Ferreiro –habitual colaborador de Esteban– y la sorpresa de un estupendo Chani Martín.

Lala es una comedia ácida, en la que su humor negro enlaza con lo mejor de nuestro cine: la huella de Berlanga es evidente y ejemplo claro es la delirante escena de Antonio Medina, el cura del pueblo, en la tapia del cementerio; es, sin duda, uno de los momentos más desternillantes del metraje.


El filme conecta muy bien con el espectador, a quien hace partícipe de este regreso hacia un espacio rural, provocando la complicidad de un público que asiste emocionado a escenas como la del desván: un desfile de objetos que generan la  añoranza, que detienen la retina de los que se aferran a la memoria.

La fotografía de Ángel Amorós consolida ese entorno geográfico donde se desarrolla la trama -los campos de San Martín de Valdeiglesias- con una tonalidad un tanto acromática; sobre esos  caminos, una serie de personas detienen sus vidas por un instante.

Todavía tiene tiempo Crespo para atizar la polémica sobre el papel de la familia, tan denostada, aunque deja un poso de esperanza: en los momentos cruciales, siempre permanece unida.

Por tanto, Lala es una estupenda película que dimensiona el inmenso talento de un cineasta que deja como final impagable una maravillosa canción de Carlos Varela, Una palabra, que cierra el círculo de una pieza que consigue trasladar al espectador esa inquietante pérdida que se produce cuando alguien de nuestro entorno más cercano desaparece.

5/05/2010 (11:59)

Alberto Sánchez fundó junto a Benjamín Palencia la Escuela de Vallecas, anticipo de modernidad y vanguardia en la capital del Estado. Artista comprometido, vio sacudida su vida y obra por el exilio, ese camino común hacia el destierro que emprendieron todos aquéllos que anhelaban libertad y mayor dignidad humana.

En su exilio moscovita, donde muere en 1962, pierde el horizonte creativo y la referencia del paisaje castellano al que tanto contribuye a representar.


Ahora, la Comunidad de Madrid exhibe en el Complejo El Águila la exposición Monumento a los pájaros. Hito y mito que gira en torno a la restauración a partir de la recuperación de algunos materiales de la pieza Monumentos a los pájaros realizada en la Fundición Capa y que será cedida a la colección del Centro Dos de Mayo de esta Comunidad.

Esta escultura de doce metros de altura es ideada por su autor en 1931, con el deseo de instalarla en el Cerro Almodóvar de Vallecas, como protección para las aves. Con el paso de los años,  se convertiría en una obra cargada de simbolismo y con un claro mensaje político, ya que desapareció durante la guerra civil.

La aportación artística de Alberto Sánchez refleja su vida miserable. Hijo de un panadero de Toledo y formado en el conocimiento a través de sus visitas al Museo Antropológico y al Museo de El Prado, su trayecto vital va acompañado de un instinto de superación muy importante.


Participa con la obra El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella –existe una copia que se encuentra a la entrada del Museo Reina Sofía– en el pabellón de la República Española en la Exposición de París en 1937, y en esta misión cultural coincide con Picasso y Miró, logrando su mayor reconocimiento.

Al finalizar la guerra, el Gobierno de la República le envía  a la antigua URSS como profesor de dibujo de los niños españoles en el exilio. Allí verá cercenada de nuevo su creatividad por otro dictador: Stalin. Pero, afortunadamente, en este duro periplo aún tiene la oportunidad de realizar otros proyectos que animan su inventiva, construyendo los decorados de la película Don Quijote (1957) de Grigori Kózintsev.


Esta muestra, en la que también podemos apreciar bocetos, dibujos, un estupendo autorretrato y otras esculturas de bronce, es una ocasión excelente para valorar el talento de un artista que luchó durante toda su vida por alcanzar su sueño: volar en libertad.

 

La cita
Hasta el 9 de Mayo. Sala de Exposiciones Águila, C/ Ramírez de Prado, 3 – Madrid.

29/04/2010 (09:54)

Al inicio de Hiyab,  de Xavi Sala, observamos el trasiego de personas en una ciudad: gente diversa  y de variada procedencia cruza sus caminos cada día.


La pieza  cuenta la historia de Fátima, una niña española de origen musulmán -excelente composición del personaje a cargo de Lorena Rosado- que mantiene un enfrentamiento con la directora del instituto –una solvente, como  siempre, Ana Wagener– porque no quiere quitarse el velo islámico.


Así, centrando el relato en este hecho concreto, que acaba de repetirse en nuestro país hace unos días, el director alicantino quiere abrir un debate con el espectador sobre el respeto y la tolerancia hacia la identidad cultural y religiosa de los demás.


Sala se plantea la necesidad urgente de revisar planteamientos discriminatorios hacia los musulmanes, incidiendo en el papel negativo de algunos medios de comunicación y de ciertos políticos que abanderan los prejuicios hacia los que consideran “diferentes".
El metraje combina a la perfección múltiples elementos de su creación. Nino Martínez Sosa realiza un montaje que permite un ritmo trepidante al que otorga consistencia la música vibrante de Coke Riobóo, director de la estupenda El viaje de Said.


Hiyab es cine directo, que se apoya en una buena fotografía de Ignacio Giménez-Rico y en un sonido muy efectivo a cargo de un maestro en crear ambientes de fondo adecuados, como es Alex F. Capilla.


La obra crece hacia el final cuando somos testigos del instante en que la directora, apelando a la libertad de culto y laicismo del centro de enseñanza, anima a Fátima a ser igual que los demás, espetándola: “¿No querrás ser la rara de la clase?". Un primer plano de la niña revela su desconcierto: “no me imagino no llevarle, a mí me gusta mi Hiyab".

 

Pero el momento cumbre se produce cuando Fátima, que accede a la petición de la maestra, entra en clase y observa perpleja e impávida el desfile de opciones personales de sus compañeros de clase. En la desnudez más absoluta comprueba cómo estos alumnos se cubren la cabeza con gorros, pañuelos o cintas de felpa, llevando alguno de ellos “piercing", tatuajes o cortes de pelo llamativos.


En esta cinta, Xavi Sala logra transmitir la hipocresía de un comportamiento que lastima la libertad individual. Hiyab se configura como una película primordial en un cine absolutamente imprescindible y necesario que traslada a la sociedad el inquietante comportamiento de algunos estamentos, abogando con honestidad por un ejercicio responsable de tolerancia y respeto hacia otras culturas o religiones.

· La Ficha: Hyjab
Dirección: Xavier Sala
Fotografía: Ignacio Giménez-Rico
Intérpretes: Lorena Rosado, Ana Wagener

21/04/2010 (11:02)

El Museo Colecciones ICO (MUICO) presenta la exposición Iluminación de contrastes. Obras escogidas de las colecciones ICO que dibuja un excelente trayecto de una parte muy importante del arte español del siglo XX y que está comisariada por Óscar Alonso de Molina, quien busca fundamentalmente un diálogo estético entre las obras propuestas, basándose en la iluminación de las mismas.

Así, utilizando la incidencia del efecto lumínico, el comisario brinda al espectador una nueva visión de estas piezas y le hace partícipe y protagonista estelar de una nueva forma de entender el arte: es un reto fascinante al público que entra así a formar parte del análisis creativo.

Conforman la muestra 72 obras que pertenecen a 22 artistas, entre pintura, fotografía, escultura, dibujo y obra gráfica: universos personales que ahora comparten un espacio común.

Creadores de la talla de Eduardo Arroyo, Miquel Barceló, Carlos Alcolea, José Manuel Broto, Carlos Franco, Ferrán García Sevilla, Rogelio López Cuenca, Luis Gordillo, Juan Muñoz, Jorge Oteiza o Esteban Vicente, entre otros, son objeto de una intervención artística que propone una relectura de su inventiva.

Las colecciones ICO cuentan entre sus fondos con más de 600 composiciones y desde hace años el Museo ha invitado a comisarios de prestigio a que realicen nuevas acotaciones que propicien una óptica diferente. En 2004 William Jeffet realizó El efecto bola de nieve y en 2006 Chus Martínez colaboró con Silent rain. La mirada que ahora añade Alonso de Molina culmina un proceso enriquecedor que contribuye a crear un imaginario distinto que otorga al receptor un papel destacado, de ahí la impagable validez de esta antológica.

La muestra sirve al mismo tiempo como reconocimiento hacia el arte producido en nuestro país en la segunda mitad del siglo XX, principalmente en las décadas de los 80 y 90. Por tanto, estas iluminaciones de contraste se convierten en modelo expositivo formulado desde una institución que airea con frecuencia su pinacoteca, provocando en los visitantes nuevas interpretaciones que enriquecen este conjunto creativo y que logran una perspectiva nueva y vivificante.

· La Ficha: Iluminación  de contrastes
Dirección: C/ Zorrilla, 3
Horarios: Martes a sábado: 11- 20 h.
Domingo y festivos: 10 - 14 h.

14/04/2010 (13:26)

El cielo, como caligrafía visual que identifica el cine de Félix Viscarret, introduce Canciones de invierno, un cruce de historias de diversos personajes que se encuentran sumidos en el desamor.

Comienza la época invernal, tiempo de insomnio y cinco seres humanos vagan solitarios invadidos por la frialdad que produce la falta de amor: todos ellos evocan los momentos vividos. Son personas que buscan con afán vías de escape a su desgarro vital y que están marcadas a fuego por la desesperanza.

En la pieza se acumulan momentos realmente intensos. En uno de ellos, Chete Lera traza una hermosa metáfora sobre el final de su relación, describiendo su intervención en un desastre aéreo: “desde entonces no he vuelto a soñar, y ya es demasiado tarde".

Cada protagonista busca un asidero que le permita escapar del oscuro sendero de la soledad. Así, Roberto Enríquez se refugia en el cinematógrafo como generador de ilusiones, que se convierte en esta historia en un tierno homenaje al séptimo arte.

La película está muy elaborada y elegantemente filmada. Su director modela un mosaico de figuras atravesadas por un punto de locura provocado por el desencuentro amoroso. Jordi Vilches lo explica a su manera: “somos fugitivos en esta especie de viaje nocturno".

El azul celeste impregna la excelsa fotografía de Álvaro Gutiérrez que explora y destaca la agonía de este grupo de taciturnos en permanente estado de desorientación. Todos ellos intentan regresar a un pasado tal vez mejor, que les otorgue una nueva oportunidad, como apunta Enríquez en otra escena: “ojalá que en la vida pudiéramos volver atrás y volver a vivir cada día las cosas bien".

La cálida banda sonora de Huma bucea en el interior de unos seres que ansían compartir su desazón.

Félix Viscarret armoniza un relato habitado por individuos que parecen sombras que anhelan escapar de su estado emocional: habitantes que deambulan sin rumbo, pero que necesitan seguir soñando.

La calidad interpretativa de Chete Lera, Silvia Abascal, Jordi Vilches, Roberto Enríquez, Jorge Bosch y Juana Acosta potencia una cinta que otea un horizonte en el que la aparición de imágenes aéreas y de algunas grúas denota una idea de progreso y avance que contrasta con la vida de este grupo que aún continúa sin despegar.

Canciones de invierno es un filme en el que los sueños deseados se diluyen con estados de ánimo que perfilan figuras de alma sombría.

· La Ficha: Canciones de invierno
Dirección: Félix Viscarret.
Intérpretes: Silvia Abascal, Chete Lera, Juana Acosta, Jorge Bosch, Jimmy Barnatán

8/04/2010 (16:51)

El impresionismo tal vez sea el movimiento pictórico que más aceptación y reconocimiento tiene entre el público. Se le asemeja a un nuevo Renacimiento, que convulsiona el panorama artístico parisino y que provoca la transformación del arte tradicional de la época, aunque nunca su ruptura.

El Museo d' Orsay de París ha prestado a la Fundación Mapfre 90 piezas, auténticas obras maestras que avanzan hacia la modernidad y que se articulan bajo el epígrafe Impresionismo. Un nuevo Renacimiento.

Esta es la primera ocasión en que un conjunto de piezas impresionistas tan brillantes y de tan magno calado asoma por nuestro país. La magnífica antológica recoge de una forma minuciosa y con afán didáctico el recorrido histórico de un movimiento que afirma sus dudas en la Escuela de Batignolles –retratada por Fantin-Latour, de quien hemos hablado en éstas páginas– hasta su consolidación definitiva en el Gran Salón de París. Colectivo reconocido finalmente por los historiadores como el más importante de la historia del arte aparecido en el último tercio del siglo XIX.


Se ha repetido en numerosas oportunidades el destacado papel del fotógrafo Nadar, quien alberga en su estudio la primera exposición como grupo de este semillero de maestros de la pintura. Unos artistas que atraen con su inventiva: paisajes y retratos cotidianos con una excelsa envoltura en una paleta en la que realza un maravilloso cromatismo. La técnica está basada en pinceladas que prenden con abrumadora solvencia los cambiantes efectos producidos en un espacio natural.

Apreciamos por tanto lienzos de artistas como Manet, Renoir, Monet, Pisarro, Sisley, Cezánne o Degas, cuya genialidad transmite una estética dominada por la belleza y el espíritu contemplativo.

Manet es el referente de este colectivo junto a Cezánne y quien mejor escenifica esa aparente contradicción entre modernidad y tradición, como pone de manifiesto su cuadro El pífano (1866) que viene impregnado de la huella de Goya y Velázquez.

Ahora contemplamos, una vez más –nunca nos cansaremos– joyas del arte que arrancan lo mejor de nosotros. Lienzos que acompañan nuestro aprendizaje y que reafirman esa inmensa calidad que les permite figurar con letras de oro en la memoria común del mejor arte posible.


Ante nuestros sorprendidos ojos desfilan, entre otros, La lección de danza (1873) de Edgar Degas; Bajo la nieve: era de una granja en Mauly (1876) de Alfred Sisley; Puente de Maincy (1879) de Paul Cezánne; La estación de Saint-Lazare (1877) de Claude Monet o La balançoire (1876) de Auguste Renoir. Todos, puro deleite y ensoñación.

24/03/2010 (18:51)

El legado" de Jesús Monllaó se asoma a la vida de Inés, una joven tetrapléjica que lucha contra su fatal destino en la cama de un hospital. Toda la ira acumulada como consecuencia de su deplorable estado físico, la proyecta sobre su compañera de habitación, que está situada junto a la ventana, ya que considera ese lugar como un privilegio que otorga más calidad de vida.

Monllaó utiliza planos cenitales con los que  la dinámica fotografía de Jordi Bransuela consigue penetrar en las reacciones desquiciadas de dos enfermas enclaustradas en un espacio hostil.

Las protagonistas de esta historia, Carlota Olcina, Mercé Rovira y Aida Folch, están condenadas a un esfuerzo mental que aporte algún aliento a sus vidas, como advierten muy gráficamente cuando señalan que “hay que agarrarse a un clavo ardiendo".

La ventana es el único objeto de deseo para Inés y lo deja muy claro cuando espeta a su compañera: “necesito mirar por esa ventana, ver el mundo real y no tener tu cara en el espejo". Es, por tanto, el único punto de contacto que la permite sentirse persona y que, tal vez, la ayude a asumir la enfermedad que padece y olvidar, definitivamente, ese sentimiento de agobio que expresa en otra escena: “¿cómo voy a sentirme mejor si ni siquiera me siento?".

El director configura un relato que se convierte en un duelo  por la observación, una lucha psicológica sin tregua por alcanzar una libertad mínima, pero que en este contexto  se transforma en algo sustancial: vislumbrar el cielo con los ojos.

En este entorno casi carcelario, el espejo sirve de elemento expansivo y comunicador. La brillante música de Ethan Lewis Maltby traslada sensaciones desgarradoras que dan vuelo a una película honesta y directa, que mantiene un equilibrio narrativo constante y un tono que recuerda a Avatar de Lluis Quilez.

Así pues, El legado cuenta la dificultad de una paciente para aceptar su paralización vital, pero también es una mirada de optimismo que apunta algunos detalles que, aunque puedan parecer nimios, ayudan a mantener la esperanza: “cada día hay alguien en una situación peor".
En suma, una defensa de aquellas pequeñas cosas que cantara el maestro Serrat, a las que debemos aferrarnos para conseguir sentirnos vivos y dar gracias por ello.

18/03/2010 (10:53)

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando presenta en estos días Maruja Mallo y el surrealismo, gran antológica que reúne 140 obras, entre pinturas, dibujos, fotografías y bocetos, que revelan la vertiente creativa de esta artista, adelantada a su tiempo y muy vinculada al surrealismo.

 

Es la primera vez que dicha Academia acoge en exclusividad un montaje dedicado a una mujer, en este caso a esta gallega rebelde, que frecuentó en la Residencia de Estudiantes la compañía de Dalí, Buñuel, García Lorca y Alberti –con quien vivió un apasionado romance–. Asociada por tanto a la Generación del 27 conoce a Ortega y Gasset, comenzando a ilustrar la ‘Revista de Occidente’.

 

La muestra se completa con el documental de Antón Reixa Maruja Mallo- Mitad ángel, mitad marisco, cuyo título recupera la definición que de ella hiciera Dalí.

 

Organizada por Caixa Galicia y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, casi todas las piezas pertenecen a coleccionistas privados de Francia, Argentina, Estados Unidos y España.

 

Maruja Mallo (1902-1995) es una de las artistas plásticas más importantes del siglo XX y a pesar de su valiosa contribución a las vanguardias de esa centuria, su obra ha sido silenciada debido, sin duda, a su compromiso político  y a su identificación con la causa feminista, que la empujan al exilio.

 

Este recorrido por su arte es una buena ocasión para reivindicar la figura de una mujer de carácter, muy integrada en la modernidad y fiel a la República, a la que dedica sus esfuerzos en las Misiones Pedagógicas.

 

En su etapa del exilio bonaerense recibe una gran acogida aunque de nuevo debe emigrar: Nueva York es su destino, ya que decide escapar del peronismo imperante en Argentina.

 

Su paleta representa el vértigo de su descubrimiento. Así, se sucede en su inventiva la representación de animales con ciertos toques mitológicos con retratos de mujeres. Destaca, igualmente, su aproximación a la naturaleza del continente americano en la serie casi cósmica Marinas.

 

En los años sesenta regresa del exilio y vuelve a colaborar en la revista fundada por Ortega. Comienza una etapa muy interesante bajo la influencia de Torres García, indagando en la formación de componentes geométricos  del mundo vegetal.

 

En nuestro país se convierte en referente de lo moderno y su galerista Guillermo de Osma, en el anfitrión perfecto para difundir una obra plena de originalidad.

 

Esta gallega universal, creadora de esa belleza que supone El canto de la espiga,  es interrogada por su adorado Alberti en este fragmento de su poema <Ascensión de Maruja Mallo al subsuelo>: “Tú dime por qué las lluvias pudren las hojas y las maderas. Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes. Despiértame".

 

Estupefactos nos deja esta retrospectiva gloriosa a los que observamos con admiración un fragmento tan amplio en la vida y obra de esta auténtica vanguardista.

 

LA CITA

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. C/ Alcalá, 13.

Madrid. Hasta el 4 de abril. Entrada Gratuita.

11/03/2010 (17:56)

Julia es pintora, acaba de perder a su marido, está embarazada y vive con su hija en un pueblo de la costa gallega. En este entorno tan particular, Madres de Mario Iglesias se adentra en el sufrimiento por la pérdida y, al mismo tiempo, en la esperanza en una resurrección inesperada.


El director teje una historia en la que  sus protagonistas expresan lo que sienten a través de las miradas. Narrada desde la sencillez, con una interpretación muy contenida de Isabel Rey y Paula Cortizo, la pieza aborda sin disonancias sentimientos universales.


Un pequeño milagro llega al hogar de la apenada artista. Una mujer la encarga el retrato de su hijo fallecido hace años, de quien no guarda ninguna fotografía.


La pintora afronta un nuevo reto vital y elabora una imagen impulsada por su memoria. Este trabajo la obliga a realizar un gran esfuerzo imaginativo que acrecienta su dolor, aunque le permite ilusionarse cada día.


Pero Madres es ante todo un canto a la vida, al reencuentro de alguna manera con los seres perdidos, es un acto de amor que conmueve por su tono espontáneo, pleno de frescura y sin excesivos adornos.


Durante el proceso creativo contemplamos cómo una persona  debe conciliar su realidad familiar con otra que brota de su mente: Julia lucha contra sus propios recuerdos y le cuesta afrontarlos.


La cámara se mueve ágil y veloz al ritmo fluido de los pinceles, con una estética cercana al documental. Mario Iglesias firma guión, música y fotografía, manteniendo un tempo narrativo reposado en el que observamos cómo la protagonista pinta la existencia que no tuvo el desaparecido.


Esta cinta explica la gestación de una obra de arte pero también, y eso es lo más importante, la entrega verdadera de alguien que ha volcado su pasión para concebir una vida nueva.


El ritmo comedido de la historia avanza sin pausa: al final las emociones escapan a todo tipo de control. El corto rezuma verdad en su desnudez,  sin trucos ni efectismos. Todo queda resumido a la perfección en la frase de la artista protagonista: “Vemos lo que queremos ver".

· LA FICHA: Madres
Director: Mario Iglesias
Intérpretes: Isabel Rey, Paula Cortizo,  Pilar Pereira, Sebas Anxo
Guión y fotografía: Mario Iglesias

3/03/2010 (13:19)

El Museo de Arte Contemporáneo estrena su calendario de exposiciones de este año con la muestra Dau al Set, un homenaje a este grupo de vanguardia creado en Cataluña por artistas, editores, críticos y galeristas y que convive en el tiempo con otros como El Paso, Equipo 57 y Grupo Pórtico.

Este brillante recorrido antológico organizado por Ibercaja está construido en dos unidades formales. La artística, compuesta por cuatro decenas de cuadros  realizados, entre otros, por Tápies, Tharrats, Cuixart y Ponç, y la documental, que contiene diverso material gráfico y números originales de la revista, cuya edición finaliza en 1952.

La publicación en 1948 en Barcelona del primer número de Dau al Set es el germen de este colectivo que recupera aquella vanguardia artística española cortada de raíz tras el desenlace de nuestra guerra civil.

Durante cinco años esta revista, fundada por el poeta Joan Brossa, el filósofo Arnau Puig, los pintores Joan Ponç, Antoni Tápies, Modest Cuixart y el editor-impresor Joan-Josep Tharrats, contribuye al renacer del arte contemporáneo.

Las aportaciones de un grupo tan heterogéneo, que bascula entre el dadaísmo de sus inicios hacia la conexión con un surrealismo que fenece y la llegada de un cierto existencialismo que confluye en una estética propia, va a propiciar una nueva luz que alivia el panorama creativo de este período.

Sus componentes realizan una labor muy intensa a  la búsqueda de un nuevo lenguaje formal. Un hecho relevante es su acercamiento al universo pictórico de Paul Klee, a quien la publicación dedica un número especial que conmemora el décimo aniversario de su muerte. Tan sólo exponen como conjunto en dos ocasiones, en 1949 y 1951, de ahí el indudable interés de este trayecto divulgativo que recibimos en la capital.

El grupo es permeable al exterior y con la ayuda de Joan Prats, Joaquín Gomis y, sobre todo, del poeta J.V. Foix dan cabida a las tendencias internacionales que llegan, principalmente, de París.

Además, cuenta con la colaboración de la crítica –una vez más– representada por Alexander Cirici y Cesáreo Rodríguez Aguilar.

Este contacto externo permite que este colectivo interdisciplinar entregue un nuevo contenido artístico que, liberado de las ataduras del entorno, se va a convertir en una referencia muy destacable en una época en que aún mantiene su vigencia una amplia oscuridad.


· LA FICHA

'Dau al Set'. En el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Artistas: Cuatro decenas de cuadros realizados por Tápies, Tharrats, Cuixart y Ponç. Cuándo: Hasta el 28 de marzo.

25/02/2010 (12:49)

Un primer plano nos acerca a un niño (Guillermo Robledo) que se encuentra en el campo pintando el retrato de su desaparecido padre. En  este entorno rural, que dibuja una estampa al natural que recuerda a aquella que captaran los maestros impresionistas,  desarrolla su acción Carta de Francia de Diego López Cotillo. Ambientado en la España sacudida por la guerra civil, el corto destapa la ausencia de la figura paterna.

Una cuidada y muy elaborada fotografía de Pedro F. Fernández acompaña una historia que explora la ruptura de una familia cercenada por la demencia de unos perversos que violentaron la decencia democrática.

La carta, una bella herramienta de comunicación utilizada por varias generaciones y que con la expansión de los correos electrónicos parece vivir sus últimos días,  se transforma aquí en otra imagen que construye una ficción paralela que intenta aliviar la dura carga emocional con la que caminan los protagonistas.

Madre e hijo afrontan el mensaje recibido con diferente actitud. Un ejemplo que ilustra ese sentimiento opuesto es el hermoso plano en que, aposentados sobre un muro de piedras, ambos miran en dirección contraria.

La cámara compone un vigoroso encuadre que permite retornar al cine íntimo de Víctor Erice, a ese celuloide introspectivo en el que los silencios y las miradas se apoderan de la pantalla.

La excelente música de José Luis Morán armoniza escenas que recrean la contradictoria calma de un espacio geográfico en el que el sonido diligente de Manuel Molina y Moisés Garrido aflora el cristalino ruido del cercano río.

Es una pieza que traslada el vacío y la espera de unos personajes cuyas vidas se encuentran detenidas, presas de un recuerdo atormentado. Ese sentimiento del alma humana que tan magistralmente expresara en sus lienzos Edward Hopper es transportado visualmente por López Cotillo con una sutilidad tan especial que consigue emocionar. Ayuda la complicidad de sus protagonistas, una estupenda Montse Germán y el siempre eficaz Javier Batanero, auténtico álter ego del creador y quien intenta alentar la esperanza del niño.

Así, estas cartas construyen un lenguaje evocador, pleno de misterio. Sólo quien aún hace uso de ellas –quien firma este artículo lo es- puede entender toda la magia que envuelven.

Carta desde Francia desnuda el final de la inocencia de un niño que ha aprendido que la cruda realidad vence a la impostura de la ficción, como queda ilustrado en el excelente plano final. Es cine digno que transita por un camino aún necesario para el séptimo arte.

· La Ficha: Carta  de Francia

Director: Diego López Cotillo

Intérpretes: Guillermo Robledo, Montse German y Batanero

Música original: José Luis Morán

Año: 2009

17/02/2010 (14:20)

El cartel de Ernesto Giménez Caballero, 'Universo de la literatura española contemporánea (1927)', que fue publicado en La Gaceta Literaria –fundada por él mismo junto a Guillermo de Torre– da la bienvenida a la exposición 'Generación del 27. ¿Aquel momento ya es una leyenda?' que supone un regreso emocionado a la Residencia de Estudiantes, espacio que acoge la muestra.

El objetivo primordial de los organizadores -Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Junta de Andalucía y Residencia de Estudiantes– es dar a conocer, una vez más, la amplia, rica y variada aportación cultural que siempre se ha asociado a la generación del 27.

El recorrido se centra en 1927 y 1928, años que, sin duda,  resultaron sustanciales para el conocimiento, en los cuales conviven multitud de creadores que dan esplendor intelectual a nuestro país.

Este recuerdo expositivo se sustenta en dos grandes pilares. El primero recibe la información de ‘La Gaceta Literaria’, que acoge en sus páginas números monográficos dedicados a importantes pintores, entre los que destacan Maruja Mallo, Picasso, Benjamín Palencia, Dalí y Miró, quienes acuñan los ‘ismos’ que se incorporan a la estética del arte: cubismo, surrealismo o nuevo realismo.

El segundo se soporta en el esfuerzo de diversas publicaciones, como ‘Litoral’, ‘Mediodía’, ‘Parábola’, ‘La Rosa de los Vientos’, ‘Síntesis’ y, sobre todo, ‘Revista de Occidente’ que abren sus páginas a dos grupos que confluyen armónicamente. Así, a los autores del 98: Azorín, Valle-Inclán, Unamuno, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu o Jacinto Benavente, se unen los del 14: Pérez de Ayala, Juan Ramón Jiménez, Ortega, e incluso los hermanos Machado y el mismo Azaña.

El Grupo del 27 formaliza su creación con motivo de los actos conmemorativos del tercer centenario de la muerte de Góngora. Estos jóvenes poetas y prosistas, como Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Rafael Alberti o Luis Cernuda representan la vanguardia de un colectivo principal de nuestra cultura, a los que  se unen dos genios  de otras disciplinas: Manuel de Falla y Buñuel.

Emociona por tanto regresar a este hermoso pasado y entristece constatar cómo la llegada de la ‘incivil’ guerra cercenó de raíz una primavera cultural tan radiante. Ahora, podemos disfrutar visualizando medio centenar de obras de arte y cerca de dos centenas de documentos escritos que dan fe de la trascendencia creativa de una etapa, la de la Residencia de Estudiantes de este período, que tardará mucho en repetirse.

DÓNDE:
Residencia de Estudiantes. C/ Pinar 21-23. Madrid. De lunes a sábado de 11 a 15 h. y de 17 a 20 h. Domingos y festivos de 11 a 15 h.

11/02/2010 (12:05)

La gran ciudad es el espacio sobre el que sobrevuelan las historias  de varios jóvenes, cuyo desarrollo presenta 'Los que sueñan despiertos' de Félix Viscarret. Imágenes poderosas acercan unas ilusiones compartidas por individuos inquietos que presienten que sus vidas escapan a su control.

Viscarret es un director que atesora una impronta visual cuya poética dibuja su propia identidad como creador. En esta pieza recupera su interés por los anhelos juveniles, apuntado ya en 'Sueños líquidos'. El corto capta la influencia de la gran urbe como lugar agobiante que genera sentimientos contrapuestos, en este caso Madrid, entre el cielo y el suelo.

La pieza fue reconocida con dos galardones en el Festival de Alcalá (Alcine) de 2005: premio especial del jurado al corto y premio al montaje de Samuel Martínez.
La hermosa fotografía de Álvaro Gutiérrez atraviesa el esplendor de los cielos de la capital y consigue transmitir su inmensa belleza: pocos directores filman los cielos como Félix Viscarret.

Ésta es una historia de quimeras personales: desde la ensoñadora infancia, a las realidades del presente y, sobre todo, la incertidumbre del futuro. Es una introspección cercana a estos jóvenes, enmarcada en una cuidada imagen que clarifica la  nebulosa de su entorno.
Jimmy Barnatán interpreta a un motorista que enlaza variadas y extrañas aventuras que protagonizan estos inmaduros personajes. Uno de ellos es Barbara Lennie, tan bella como siempre,  que compone con eficacia su personaje de mujer misteriosa. Desde las alturas prende con emoción el momento en que se narra el deseo de uno de los protagonistas: “ella sueña que vuela por encima de todos los tejados de la ciudad".

'Los que sueñan despiertos' avanza un ideal que el director volcará en su primer largometraje 'Bajo las estrellas'. Un hilo argumental en el que destaca la ironía y el desencanto.

Es una cinta formalmente muy cuidada, en la que encajan de manera eficaz todos sus elementos. Con algunos toques gamberros y un poco surrealistas –conversación Víctor García León / Jimmy Barnatán– la película asienta la trayectoria de un autor que ya camina entre las promesas de nuestro cine.

Vea el corto en la web del direector: www.felixviscarret.com

8/02/2010 (14:34)

El fotógrafo francés Pierre Gonnord muestra sus últimos trabajos en la Sala de Exposiciones Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid. Bajo el título de Terre de personne y a través de 37 imágenes (19 retratos y 18 paisajes), el artista se aproxima a los desgastados rostros de la gente del campo.

Gonnord reside en la capital de España desde hace dos décadas, habiendo recibido el Premio de Cultura de esta Comunidad Autónoma en la modalidad de Fotografía. Para este creador de instantáneas, el retrato es un objetivo primordial en su obra, busca con denuedo una cara para extraer toda su belleza y alcanzar así casi el alma del retratado.

Este grupo de fotografías recoge seis meses de trabajo en los que ha recorrido el entorno rural, desvelando a las personas que se desenvuelven en un espacio paisajístico concreto. Es un homenaje, en este caso centrado en los habitantes del Norte de España y de Portugal, a aquellos seres anónimos, principalmente de la cuenca minera cuyos rostros, curtidos por su lucha diaria con la naturaleza, son moldeados por la extrema dureza del entorno. El montaje lumínico de la muestra permite el contraste extraordinario de los retratos de esos individuos con el paisaje que les rodea. Gonnord exhibe figuras en primeros planos sobre un fondo negro que llama la atención del espectador sobre esos rostros desgastados de los que emana magia pura. Así, piezas como Bernardo II, Antonio, Armando y Michel, entre otras, son objeto de un profundo estudio psicológico.

El fotógrafo consigue de una manera absolutamente brillante un acercamiento exhaustivo a la personalidad de sus protagonistas, logrando que la fotografía acentúe su discurso social: la utilidad de una composición estética que se convierte en una búsqueda y en una mirada profunda hacia el interior de cada sujeto, en suma, hacia cada uno de nosotros mismos.

El propio Gonnord señala que también retrata el paisaje porque “los rostros de la gente llevan impresos estos entornos y existe entre ambos un gran mimetismo y una gran interacción".

Este conjunto de fotografías reivindican, sin duda, unos valores ya casi descatalogados de esa supuesta modernidad, de ahí la indudable riqueza de su contribución artística.    

Pierre Gonnord mantiene su compromiso hacia unos ciudadanos que viven en un espacio geográfico hostil pero muy necesario para el hombre. Y anuncia un nuevo proyecto de investigación que ilumine de nuevo las vidas desconocidas de amplias capas de la sociedad. Es, por tanto, un ejemplo de cómo un autor abraza con su cámara otro lugar, duro y oscuro en la vida de otros protagonistas de nuestra historia.

· LA FICHA
Terre de personne
Autor: Pierre Gonnord.
Cuándo: Hasta el 28 de feb. De martes a sábado, de 11 a 20:30 horas.
Dónde: En la sala de exposiciones Alcalá 31.

Personas
21/01/2010 (11:50)

Se cumplen 50 años del nacimiento de Carlos Berlanga (1959-2002), uno de los autores más destacados del pop-rock español. Con este motivo la sala de exposiciones El Águila presenta Viaje alrededor de Carlos Berlanga, una amplia retrospectiva que recoge, además,  la faceta artística de este destacado e influyente componente de la denominada ‘Movida madrileña’.

El hijo del maestro Luis García Berlanga compuso alguno de los temas más recordados de este trepidante período como Bailando, Ni tú ni nadie, A quién le importa o Perlas ensangrentadas.

Esta antológica acoge también pinturas, ilustraciones, obra gráfica y carteles, destacando, sin duda, el cartel promocional de Átame de Pedro Almodóvar.

Carlos Berlanga fue un creador dotado de una inmensa versatilidad, muy ágil y con componentes de auténtica genialidad. De su mente brillante brota un un soplo de frescura y originalidad que se distancia del plúmbeo panorama musical y artístico que se vive hasta su llegada.

En este espacio museístico comprobamos su impacto en el panorama musical: forma parte de Alaska y Dinarama o de Kaka de Luxe. Al mismo tiempo, podemos descubrir el contenido pictórico que traslada al momento histórico de nuestro país.

Muy interesante es el audiovisual en el que se pueden seguir algunas de sus actuaciones, así como entrevistas que ofrecen una idea de su personal obra.

Berlanga es curiosamente una persona bastante tímida pero fue fotografiado por importantes artistas que presentan ahora una selección. Pablo Pérez-Mínguez, Jesús Ugalde, Andrea Santolaya, Alberto García-Alix, Sergi Margalef y Alejandro Cabrera, entre otros, han plasmado la huella de este singular personaje icónico. Este viaje supone un retorno hacia aquel Madrid de los años 80, que despegaba y que se desprendía del tono oscuro imperante para abrazar un cromatismo desmesurado. Una ciudad alegre, que baila en Rockola y que  se aleja a velocidad de relámpago de los usos y costumbres de un pasado ya muy lejano.

Gentes como el músico Bernardo Bonezzi, el pintor Sigfrido Martín Begué –diseñador de la muestra–, Nacho Canut, el comisario de este resumen artístico Pablo Sycet  y Alaska, son cómplices en esta aventura de la modernidad. La muestra es una visión cercana y emotiva de una etapa explosiva de nuestra música y de nuestra vida, en las que Carlos Berlanga ha sido uno de sus abanderados principales.

· La Ficha
Viaje alrededor de Carlos Berlanga

Qué: Exposición sobre la vida y obra de este autor del pop-rock español.
Dónde: Sala de Esposiciones El Águila. Hasta el 7 de marzo. C/ Ramírez de Prado, nº 3

15/12/2009 (13:34)

A finales del siglo XIX Guillermo Rivas -eficaz, como casi siempre, José Ángel Egido- se hace cargo de un extraño caso médico al que ningún otro galeno ha dado respuesta: el joven de la alta nobleza Don Diego de Robledo  -enigmático Dritan Biba- es capaz de dormir tres días seguidos, lo que le provoca, según sus interesados familiares, trastornos mentales.

El soñador de Oskar Santos pertenece al grupo de cinco cortos  que, financiados por Nescafé para celebrar su cincuenta aniversario, están inspirados en la obra de directores consagrados.

Esta pieza, apadrinada por Alejandro Amenábar, con quien Santos ya había colaborado anteriormente realizando el making off de Mar adentro, afronta el mundo onírico del creador de Los otros.

La cinta es un encuentro entre la vida y la muerte, una pugna entre realidad e ilusión: un deseo de fe inquebrantable en alcanzar lo que tantas veces anhela nuestra mente.

El soñador está basado en un cuento de Javier Sánchez Donate, guionista habitual del director bilbaíno y habla de la felicidad que proporcionan los sueños, en los que nunca hay sufrimiento. De ahí que los períodos de sueño de Diego de Robledo aumenten constantemente: el joven, se conecta a ese mundo quimérico que le proporciona la paz que la realidad le escamotea y que le permite el reencuentro en otra vida con su fallecida esposa.



El doctor cambia el diagnóstico prematuro, se encuentra fascinado por el presunto paciente y reflexiona: “ese mundo de sueños no es obra de una mente trastornada. Aquí no queda nada para él, allí lo tiene todo”.

En otra secuencia el doctor Rivas, al que acompaña la foto de su fallecida hija, sentencia apesadumbrado: “El día que murió mi hija los sueños huyeron de mí y a diferencia de Diego, cuando cierro los ojos sólo veo oscuridad”.

Precioso filme en el que los sueños vencen a la realidad. Aunque siempre existe alguien que quiere aniquilar los deseos, la cinta deja un mensaje muy claro, si se quiere como acto de desobediencia en pro de la esperanza de lo imaginado frente al desconsuelo de lo conocido.

Los elementos de este bello “collage” fílmico ayudan a la elaboración de una pieza en la que, como siempre, destaca la excelencia musical de Fernando Velázquez. La esmerada fotografía de Josu Inchaustegui retrata la magnífica ambientación a cargo de Vicent Díaz, que consigue una estética que nos traslada a la literatura de fantasía, a los grandes autores como Bram Stoker o Julio Verne y que deja huella de Metrópolis de Fritz Lang, en los dibujos finales.

En este cruce de caminos, el médico permite que fluyan los sueños del “supuesto enfermo” para alimentar los suyos propios: esa es la idea, soñar para vencer la cruda realidad.

10/12/2009 (11:09)

Vaslav Nijinsky (1889-1950) es el protagonista estelar de la muestra La danza de los colores. En torno a Nijinsky y la abstracción que presenta la Fundación Mapfre en colaboración con la Kunsthalle de Hamburgo.

La exposición se sitúa en el contexto de las celebraciones del centenario del debut de los Ballets Rusos en París que se llevan a cabo en todo el mundo, centrándose en los 21 dibujos que el afamado bailarín creó finalizada su carrera.

Acompañan al genio de la danza otras 43 piezas más de artistas que, como él, fueron a París, ciudad representativa de la vanguardia europea. Compañeros de inquietudes como Sonia Delauny, Alexandra Exter, Vladimir Baranov o Fratisek Kupka, quienes bucean en la representación del movimiento del ser humano en el espacio: para este fin, va a ser esencial la dinámica que transmite el mundo de la danza.

Nijinsky, hijo de bailarines, se traslada a San Petersburgo donde es admitido en la Academia Imperial de Ballet. Allí es tutelado por Sergéi Diaghilev que hará de él una figura respetada mundialmente.

Ente 1918 y 1919 compone una serie de dibujos en los que el círculo se torna como eje principal. A cuadros figurativos le suceden otros más abstractos, en los que predomina el color. Representa la inter-acción de los círculos en piezas como Arcos y segmentos: líneas y ahonda en la mirada en su serie Máscara y ojo en la que prosigue la presencia de la línea, siempre presente en su inventiva. Para Nijinsky el concepto es clave, y lo confirma de forma rotunda: “El círculo es el movimiento completo, perfecto. Todo se basa en él: la vida y con toda certeza, nuestro arte”.

Como hemos apuntado, esta bella muestra permite apreciar algunas obras de otros de sus cómplices artísticos. Por ejemplo, Forma de amarillo  (1911) de Kupka, en la que comprobamos la cercana coreografía de ambos creadores. Otra invitada es Sonia Delauny, que aporta unidad a la exposición. El lienzo Cantaores de flamenco (1916) destaca por la fluidez de su inventiva en la que predomina el hombre junto al espacio. También le acompañan el ucraniano Baranov y Alexandra Exter, cercana al cubismo.  

Así pues en este entorno fastuoso, en el  que dominan las líneas y colores, queda resumido un trayecto creativo breve e intenso de un genio de la danza al que rodean maestros de la pintura que conmueven en cada acento artístico.

· La Ficha
La danza de los colores. Entorno a Nijinsky y la abstracción

Fecha: Hasta el 20 de diciembre
Lugar: F. MAPFRE. (Paseo de Recoletos, 23)
Comisarios: H. Gaßner y D. Koep

3/12/2009 (17:03)

Desde este rincón cinematográfico, venimos presentando al lector diferentes cortometrajes que han hecho camino en la dura y difícil carrera de la historia de nuestro cine. Desde el año 2007 en que comenzamos esta fascinante aventura, han pasado por esta sección numerosas historias que han prendido a fuego el imaginario del cine español.

Permítanme ahora que haga un pequeño alto en este recorrido para hablar de la Agencia del Cortometraje Español (ACE). Creada en 2003 con el objetivo primordial de ofrecer asesoramiento a todos los integrantes de este género con identidad propia, la ACE está comandada por el cineasta Miguel Ángel Escudero, autor de piezas tan interesantes como: I love you (2001), Binomio. Los siameses españoles (2002), Mala sombra (2005) o Torero (2009).

La Agencia, pieza angular del cortometraje español, promociona a nuestros cineastas tanto a nivel nacional como internacional. Para ello es fundamental la creación de su ficha artística, que permite agilizar los trámites para la participación en los distintos festivales: es uno de los mayores empeños de esta institución que hace factible la difusión y defensa de los cortos ante los organismos oficiales.

La ACE es ya un referente para este deslumbrante mundillo y ha logrado en su corta historia un merecido reconocimiento. Otro elemento fundamental de su labor es la función  didáctica. Su sede madrileña realiza una intensa tarea de formación para futuras promociones de cineastas. Así, son muy relevantes los cursos semanales que efectúa sobre los diferentes elementos que conforman una obra cinematográfica: la producción, el guión, la realización, la fotografía o la función del script son algunos temas que se enseñan con cierta asiduidad en sus aulas.

La Agencia practica una actividad de campo de alto rango y en sus locales, reputados cineastas comparten su experiencia profesional con jóvenes promesas de nuestra industria. Esta actividad promocional y docente ayuda a que el hermano menor de nuestro cine despegue con dignidad. El último éxito logrado por esta Agencia ha sido reunir el pasado 17 de octubre en la Plaza Mayor de Madrid a más de 120 cineastas, quienes a través de La foto del corto  han pretendido mostrar al público la unidad del cortometraje español y reivindicar la existencia de un género que pide paso y que muestra en numerosas ocasiones una calidad incluso superior a la del largometraje.

El corto precisa mucho apoyo, por eso es de alabar la vigorosa entrega de esta Agencia del Cortometraje Español, sin cuyos esfuerzos los cineastas que aspiran a ejecutar un nuevo universo fílmico estarían un poco más huérfanos. Larga vida.

27/11/2009 (19:44)

La Fundación Mapfre retoma la actividad en sus salas de Recoletos con la exposición Mirar y Ser Visto. De Tiziano a Picasso. El retrato en la colección del MASP.

Esta brillante selección de 33 retratos que procede del Museo de Arte de Sâo Paulo enseña piezas  desde el siglo XVI hasta el XX y ofrece al espectador la oportunidad de conocer la evolución de uno de los géneros más destacados de la pintura.

La representación del individuo se manifiesta como esencial en la huella del ser humano. De la forma en que los artistas se acercan a la personalidad del retratado colegimos la ascendencia de éste.

El espacio expositivo está articulado sobre dos discursos: los retratos de solemnidad (piezas desde el siglo XVI al XIX) y los retratos modernos (segunda mitad del XIX y primera del XX).

El primer eje de la muestra  está integrado por lienzos como Retrato del Conde-Duque de Olivares (1624) de Velázquez, María Pietersdochter Olycan (en la imagen) (1638) de Franz Hals así como otros de Goya, Van Dyck o Tiziano.

En todos ellos los personajes aparecen de cuerpo entero o de medio, figuran con gestos de soberbia, son, sin duda, representaciones de dominio. Prevalece su personalidad  sobre la del artista que en estos casos se limita a utilizar su técnica al servicio del poder.

El segundo eje presenta obras que penetran en la mirada del protagonista del retrato. Se alejan pues del sometimiento de épocas anteriores. Contemplamos Busto del hombre (El atleta) (1909) de Picasso y advertimos, una vez más, la extrema calidad de su pincel.

También  hay piezas de Modigliani, Retrato de Leopold Zborowski (1916-1919), de Corot, Cezanne o Toulouse Lautrec, El Señor Fourcade (1889). En todos ellos se manifiesta la personalidad del artista. Frente a los primeros, estos cuadros muestran mayor libertad creativa, el autor propone una visión más cercana a sí mismo, ejecuta un método más personal del sujeto a quien retrata.

La muestra descubre pues el contraste en el tratamiento de las imágenes. A una primera etapa de férreo control, en la que el autor claudica a la omnipresencia de su antagonista, sucede otra, de mayor libertad, en la que pinta rostros que actúan como espejos que le devuelven su propia mirada.

• Dónde:
Sala Recoletos
Dirección: Paseo de Recoletos, 23.
Teléfono: 91 581 61 00
Horarios: Lunes:14 a 20 h Martes a sábados: de 10 a 20 h. Domingos y festivos: de 12 a 20 horas.

 
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Juan Antonio Moreno


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