19/01/2011 (17:42)

Todo aquel que se haya enfrentado a ese tipo de trastornos desintegradores sabrá lo realmente duro que es luchar día a día contra las personas que más quiere uno. Una batalla sin igual en la que el enemigo se pertrecha hasta los dientes eligiendo de entre el arsenal de la extrema confianza todo tipo de armamento, pesado o ligero, cargado siempre con la munición infinita del odio y el resentimiento. A cambio, uno sólo puede elegir permanecer estoico en la arena sin más arma que el cariño auténtico, porque cualquier respuesta belicosa por la que se opte siempre volverá a doler más en la propia carne.

 

Una enfermedad o una forma de vida. Uno ya no distingue bien de que se trata. Quizá sea ambas. En los dominios de la mente afectada o desincronizada de las otras (esas que tienen lo que se dice consenso), los contornos se vuelven borrosos cuando no se desdibujan del todo. La realidad, si es que alguna vez hubo una, comienza a subordinarse a la percepción intoxicada del esquizofrénico. Esta intoxicación cognitiva perdura y se hace casi tangible ya que se basa en premisas tan repetidas en su cabeza que su memoria acerca de estos acontecimientos distorsionados es mucho más precisa que la nuestra de los auténticos.

 

Otros casos hay en los que pareciese que esas personas a las que tanto amamos escaparan a otro lugar (¿mejor?) dejándonos únicamente sus desgastadas carcasas habitadas por un ajeno. Ajenos también nosotros para este nuevo inquilino, rehusa nuestro contacto, como nosotros mismos lo haríamos si un extraño entrara en nuestras casas a salvarnos. El que lidia con el Alzheimer se convierte en un erudito de la paciencia casi tanto como de la pena. ¿Se puede concebir una tortura mayor para el que ama? Tener delante el vivo recuerdo de la persona amada que por obra de un terrible truco de prestidigitador se desvanece ante nuestra atónita mirada. Si volvemos a mirar más despacio descubrimos apesadumbrados que no hay truco más allá del oscuro desván del olvido.

 

No me cabe duda de que nuestra alma nunca se acostumbrará a estas pesadillas de la mente en las que nos enfrentamos a algo más terrible, si cabe, que la pérdida. La metamorfosis de la persona amada en nuestro enemigo más íntimo y personal. Por ello me gustaría romper una lanza por todos aquellos que conviven a diario con este tipo de trastornos, poner en relieve su labor de héroes en una batalla perdida de antemano, ya que la mayoría de las veces el trastorno es irreversible. Ahora bien, la conducta de los más allegados puede significar una gran diferencia en la calidad de vida de los afectados, pagada, inevitablemente, con la suya propia. Un acto de puro altruismo. Te doy parte de mi vida para que tu tengas algo parecido a una.

 

En los momentos en los que te sientas vencer o en los que pienses que ya no puedes soportar más, echa mano del incombustible amor y enciende de nuevo la llama dentro de ti. Sé que es duro, pero si has llegado hasta tan lejos siempre podrás con esos pocos metros más. Y así pasito a pasito se va tejiendo una red emocional de confianza sobre la que irán a parar nuestros seres queridos una y otra vez en los resbalones de su trastorno. No olvidéis nunca que en el fondo por muy dura y hasta violenta que sea la lucha, ellos saben, o al menos intuyen, de una manera u otra que sin vosotros estarían solos.

 

 

5/01/2011 (14:03)

El doctor James Xavier se encontraba exhausto, sus ojos, negros totalmente, le dolían y quemaban como brasas ardientes. Captando un mundo extraño, un mundo para el que su cerebro no estaba preparado, los finos hilos de la cordura se desprendían de su ser. En un intento desesperado por librarse de toda esa luz omnisciente que percibe, hunde sus dedos en las cuencas de los ojos y se los arranca.

 

Muchos de vosotros ya habréis reconocido la mítica escena final del film de Roger Corman ‘X’ (El hombre con rayos X en los ojos, 1963). Pero tranquilos, hoy no voy a hablar de como auto practicarse la cirugía, eso será en el noveno capítulo. Ahora en serio ¿Recordáis cómo acabamos la última entrega? Dijimos algo así como que en la manera en la que percibimos el mundo, se encuentra implícita también nuestra esencia.

 

La percepción es la herramienta primera por la cual entramos en contacto con el entorno y la puerta a su conocimiento. Lo que quizá a veces olvidamos es que también es el sistema por el que conocemos nuestro estado interno y nos reconocemos a nosotros mismos. Existen tres tipos de percepción: Exteroceptiva, introceptiva y propioceptiva. La primera, la exteroceptiva, es la más familiar. Es en la que pensamos cuando se menciona la palabra percepción: Nuestros cinco sentidos. La segunda, la introceptiva, se refiere al sentido de nuestros movimientos viscerales y órganos internos (como cuando nos duele el estómago o tenemos hambre). La tercera, la propioceptiva es la menos popular de las tres y se refiere al sentido de nuestro propio cuerpo (propiocepción). Un flujo continuo pero inconsciente de las partes móviles del cuerpo, por el que se controla y se ajusta su posición, tono y movimiento, pero de un modo que para nosotros queda oculto. Si sentimos el cuerpo como propio es gracias a la propiocepción. Sin ella, como demuestran muchos casos de pacientes con déficit propioceptivo, perdemos nuestra idea de propiedad de nosotros mismos e incluso podemos llegar a dudar de quienes somos. A partir de la noción del propio cuerpo, que identificamos como yo, es posible el conocimiento del mundo exterior. Un único mundo exterior común para todos los seres humanos que tiene su reflejo e interpretación en millones de mundos interiores, creados, no sólo por la percepción sino por la interacción de ésta con las emociones y la memoria.

 

 

El mundo que captaba el doctor James Xavier, después de haberse sometido a la aplicación de su colirio X, era radicalmente distinto al de cualquier otra persona. Había alterado las propiedades de sus ojos, una de las partes más importantes de su sistema de percepción. ¿Por qué creéis que su cerebro no pudo soportar aquel cambio? Nuestros órganos sensoriales y sobre todo el ojo, son una parte de nuestro cerebro, una extensión de éste. Su desarrollo y consecuente refinamiento han sido paralelos a los del cerebro. Nuestros sentidos se crearon para darnos información acerca del mundo. Se adaptaron al mundo en el que se crearon. De hecho se podría decir que fueron moldeados por el entorno, atendiendo a aquello esencial para la supervivencia. David Marr escribió acerca de la visión: "Es un proceso que, a partir de imágenes del mundo externo, produce una descripción útil para quien ve sin estar abarrotada de información irrelevante". La visión no nos serviría de mucho si no discriminara e interpretara automáticamente la información recibida. El mero hecho de ver implica que nuestro cerebro apuesta por una serie de interpretaciones físicas básicas de cómo es nuestro entorno (formas, texturas, profundidad, color, etcétera). Unos supuestos sobre el modo en que el mundo donde nuestros antepasados evolucionaron, estaba montado por término medio. Cuando el mundo actual se asemeja al entorno ancestral, lo vemos tal y como es; pero si nos encontramos un mundo en el que aquellos supuestos son infringidos, ya sea por casualidad o por manipulación intencionada, somos víctimas de las ilusiones. Las ilusiones visuales desenmascaran aquellos supuestos que la selección natural instaló para permitirnos conocer, casi siempre, el mundo que nos rodea. Para entender mejor estos supuestos o reglas me gustaría que os fijarais en la figura número uno. En ella se observa un dibujo de varios círculos convexos. Al lado, en la figura número dos vemos el dibujo de varios círculos cóncavos. Si girásemos la pantalla 180 grados, la percepción de la profundidad de los círculos se invertiría. Veríamos los de la ilustración uno cóncavos y los de la dos convexos. Por mucho que tratásemos de cambiar voluntariamente esa percepción de la profundidad sería inútil. Es una inferencia(supuesto) automática acerca de la iluminación de los objetos. En el entorno en que evolucionaron nuestros antepasados, la fuente de luz siempre provenía de arriba; el Sol. Por eso interpretamos que cuando un círculo tiene su parte superior en sombra y su parte inferior iluminada, es cóncavo y viceversa.

 

 

 

 

 

¿Es increíble, verdad? Somos humanos y nuestros sentidos lo son también. Desechamos mucha información acerca del mundo, quedándonos con lo importante para poder reaccionar rápido y funcionar bien, pero ¿Podría ser que en la información no relevante, que venimos desechando desde hace miles de años, se encuentren dimensiones que sólo podríamos entender después de haber trascendido a nuestra supervivencia? Quiero decir, si existen, como hemos visto, inferencias automáticas sobre el entorno que nos hacen incapaces de poder ver los círculos dibujados como se nos antoje, ¿No existirán otras inferencias automáticas que nos hagan ciegos a propiedades de la materia y el espacio -no necesarias para la supervivencia- pero con un significado esencial propio para el cual, ahora, sí estamos preparados?

 

 

Quizá fuera esto sobre lo que escribiera William Blake en el verso de su poema Las puertas de la percepción: “Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito”. En 1977, Aldous Huxley, embrujado por las palabras de Blake, publica su libro homónimo. En éste describe, de forma brillante, sus experiencias perceptivas bajo los efectos de un potente alucinógeno, la mescalina. Huxley describe nuestra percepción como “un insignificante hilillo de esta clase de conciencia que nos ayudará a seguir con vida en la superficie de este planeta determinado”. Los experimentos acerca de los estados alterados de conciencia, fueron impulsados por el importante descubrimiento de la estrecha semejanza, entre la composición química de la mescalina y la adrenalina. Posteriores investigaciones revelaron que el ácido lisérgico (LSD) tenía una relación, con ambas, bioquímica estructural. En otras palabras, cada uno de nosotros es capaz de producir una sustancia que, aún administrada en dosis mínimas, causa profundos cambios en la conciencia. La extensa literatura surgida por la psiconáutica, coincide en varios puntos esenciales, donde convergen las experiencias individuales de duchos y profanos. Lo que más me llama la atención es la repetición constante de la idea de filtro o válvula reductora del conocimiento, refiriéndose a nuestros sentidos (percepción consciente), en contraposición a la idea del abismo de conocimiento absoluto, la iluminación o Inteligencia Libre de Huxley. El paralelísmo existente entre esta línea metafísica, la filosofía platónica, el corazón del budismo e, incluso, la iluminación de Santa Teresa de Jesús, le hacen a uno cuestionarse: ¿Existe la posibilidad de asomarnos a un conocimiento mayor por medio de un estado alterado de conciencia? Yo diría que sí.

 

 

En los comentarios que dejasteis en el post anterior hablabais de los savant. Personas con un déficit físico, mental o motriz (con reflejo a nivel neuronal) que espontáneamente desarrollan unas increíbles capacidades mentales: matemáticas, espaciales, mnémicas... Este tipo de trastornos, que suelen afectar al hemisferio derecho de nuestro cerebro, causan cambios profundos en la conciencia de quienes los padecen. Es increíble, por ejemplo, en el caso de pacientes con afasia global grave (con incapacidad total de entender las palabras), cómo surge un nuevo sentido, una nueva conciencia del tono y sentimiento del interlocutor, hasta tal punto que son capaces, no sólo de entender a la perfección, sino de detectar anomalías, mentiras, falsedad, o mala intención, de forma inequívoca e imposible para una persona normal. Todos estos ejemplos parecen enseñarnos el alto precio a pagar por echar un fugaz vistazo por encima del muro de la caverna. Intoxicado de curiosidad, como Ícaro en el mito, nuestro querido doctor James Xavier quiso llegar más lejos de lo que nadie había llegado nunca. Con sus alas de cera ya derretidas, antes de precipitarse al vacío, pudo volverse y mirar directamente a la luz. Quizá, en una concepción mucho más mesiánica y aterradora, en su delirio final, nos esté hablando precisamente de ello:

 

Veo una tiniebla fría más allá del mismo tiempo, más allá de lo humano, una luz que alumbra y abrasa, y en el centro del universo el ojo que nos ve a todos”.

 

Tira del hilo:

Cómo funciona la mente’ Steven Pinker. Destino 2007

Las puertas de la percepción/Cielo e infierno’ Aldoux Huxley. 1977/Edhasa 1997

Decisiones instintivas’ Gerd Gigerenzer. Circulo 2008

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’ Oliver Sacks. Anagrama 2002

Siddartha’ Herman Hesse. 1950/ Debolsillo 2004

La persistencia de la visión’ John Varley. Orbis 1976

 

Videoteca selecta:

"El hombre con rayos X en los ojos" Roger Corman. 1963

"The Doors" Oliver Stone. 1991

22/12/2010 (13:36)

En pleno siglo XXI la historia del conocimiento humano se encuentra en una encrucijada cuántica. Estos misterios del mundo cuántico se revelan ante nosotros haciendo cada vez más grandes los saltos inexplicables responsables de las preguntas fundamentales. Quizá la más importante de todas sea qué es la conciencia. Su importancia radica en una de sus posibles respuestas: La conciencia es Todo, porque todo lo que ocurre, ocurre dentro de ella. Otro cantar es intentar definir la naturaleza de la conciencia, acercarse a su estructura y en última instancia comprobar si somos capaces de recrearla artificialmente.

 

A propósito de esto acuden a mí lecturas inspiradoras y nutritivas como un libro de relatos de ciencia-ficción que me marcó; ‘La persistencia de la visión’(John Varley, 1976). Este libro me mantuvo pegado a sus páginas, subyugado, no ya por su impecable estilo o lo fantástico de sus relatos, sino por ser una preciosa aproximación al decálogo perfecto de la naturaleza de la conciencia humana.

 

Muchos de los intentos más brillantes de explicar lo desconocido dentro y fuera de nosotros, han provenido de las más insólitas fabulaciones de escritores de este género, siempre tan prolífero como subestimado.

 

El hombre imagina, llena páginas y lienzos con el material del que están hechos sus sueños; temores e intuiciones, esperanzas y terrores. En este despliegue de imágenes y cuentos se encuentra enraizada la esencia de nuestra concepción del mundo y de nosotros mismos. Por eso si la tragedia en la literatura, el drama en el cine o el teatro no hacen sino dar pistas de la condición del corazón humano, la ciencia-ficción nos fuerza a hacer un ejercicio de proyección y análisis de nuestra naturaleza mental. Esto ocurre de manera especialmente evidente cuando entra en escena la Inteligencia Artificial.

 

La IA pone en evidencia todas nuestras carencias y nos enfrenta a nosotros mismos desde un punto de vista relativamente nuevo e incierto. Las referencias literarias y del celuloide son tan vastas que tratar de hacer aquí una selección de las más representativas sería llenar el post con ellas, así que más abajo haré una lista vital para aquellos lectores ávidos de explorar más allá.

 

Uno de los relatos incluidos en ‘La persistencia de la visión’ nos sitúa en un futuro no demasiado lejano en el que las personas hacen uso de los bancos no solo para almacenar sus riquezas sino también para guardar a buen recaudo una copia de su propia conciencia en unos receptáculos llamados holocubos. En estos holocubos se grababa un back-up o copia de seguridad perfecta de nuestra mente en una determinada fecha. Las personas que contrataban este servicio debían acudir regularmente a hacer copias de su conciencia, para en caso de accidente volver a la ‘copia’ más reciente, la cual era volcada en un cuerpo clónico, como si de un sistema operativo se tratara. Los psicólogos cognitívos como Steven Pinker llevan años trabajando en esa dirección convencidos de la cualidad primigenia computacional de nuestra mente. Un algoritmo evolucionado. Una biblioteca de Babel capaz, gracias a su extrema complejidad, de todas las artes, las ciencias, lenguajes y demás estructuras mentales responsables de nuestros infinitos mundos. Por otro lado la visión cartesiana del hombre, el dualismo, sigue vigente en la voz de científicos como Roger Penrose, quienes a través de la matemática y la física nos dicen que la conciencia se basa en principios irreductibles incapaces de ser explicados bajo un sistema formal comprensible y que por tanto es irreproducible. Es decir, aducen a un ‘algo más’ no explicable con las herramientas que nos da nuestra ciencia. Si existen este tipo de principios incomprobables solo el tiempo lo dirá. Mientras tanto nos acercamos poco a poco a un abismo cuyo fondo se aleja exponencialmente. Inmersos en este viaje, a lomos del paradigma aceptado, son pocos los que se cuestionan si estamos o no mirando en la dirección adecuada. La teoría computacional de la mente, es en mi opinión, un buen acercamiento lógico y coherente a su funcionamiento. Esta visión persiste en el tiempo debido a los múltiples estudios que prueban la condición evolutiva y adaptativa de la mente, pero creo que si eso fuera todo ya hace tiempo que habríamos encontrado a HAL. Ya sea  por ese fantasma en la máquina o esos principios irreductibles que nos son vetados, lo cierto es que el viaje hacia nosotros mismos se revela más oscuro e inquietante que el viaje a las estrellas de nuestra querida ciencia-ficción.

 

Tira del Hilo:

 

Bibliografía

Cómo funciona la mente (S.Pinker)

La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina (S.Pinker)

La nueva mente del emperador (R.Penrose)

Evolución creativa (Amit Gostwami)

La biblioteca de Babel (Jorge Luís Borges)

 

Lecturas complementarias

2001: Una odisea espacial. (Arthur C.Clark)

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K.Dick)

La persistencia de la visión (John Varley)

Visiones de robot (Isaac Asimov)

 

Películas y series

(Muchos de vosotros ya las habréis visto, pero son mi recomendación de obligado visionado para todo aquel que se quiera iniciar en la ciencia ficción. Además cada una ilustra de alguna manera un aspecto del post. Que las disfrutéis)

 

Bladerunner (Riddley Scott)

2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrik)

Inteligencia artificial (Steven Spielberg)

Matrix (The Wachowsky Brothers)

Terminator 2(James Cameron)

Saturno 3 (Stanley Donen)

Battlestar Galactica

12/04/2010 (14:18)

Nuestras metas, nuestras esperanzas y nuestros miedos residen en el futuro. Psicológicamente el futuro es una fábula, no existe a no ser como una proyección de la mente. En este sentido, el futuro que imaginamos hasta nuestra propia muerte no difiere mucho del futuro trascendental. El futuro trascendental es el que ocurre después de la muerte, ese futuro del alma del que hablan las distintas religiones en el que esperan recibir salvación los creyentes y retribución los terroristas suicidas. No importa el hecho de si es real o no. Importa como influye su creencia en los actos que realizamos en el presente.

Cada uno de nosotros tenemos una orientación temporal característica. Esto es hacia donde miramos en nuestro día a día. Podemos ser personas muy orientadas al futuro: Planificadoras, estudiosas, normalmente de relativo éxito profesional. Suelen ser personas muy valoradas en su trabajo. Por el contrario este tipo de orientación al futuro suele ir acompañada de estrés, adicción al trabajo y una imposibilidad de flujo en el presente; son incapaces de disfrutar plenamente de lo que les brinda el presente porque no pueden dejar de pensar en el futuro.
En el otro extremo de la balanza estarían las personas con una orientación presente hedonista extrema. Personas a las que les gusta el riesgo, la sorpresa, nunca planifican nada y son incapaces de ahorrar un céntimo. Son muy buenos amantes, muy pasionales. Suelen ser el centro de atención de fiestas y reuniones, gusta tenerlos cerca ya que derrochan alegría, inmersos en un eterno presente lejos de preocupaciones que les distraigan del aquí y ahora.
 
La orientación temporal no sólo se manifiesta desde una edad muy temprana, si no que predice asombrosamente el desarrollo de rasgos fundamentales de la futura personalidad adulta. Un experimento muy conocido llevado a cabo por Walter Mischel en Stanford, llamado el experimento de los Marshmallows (nombre americano de la golosina que nosotros conocemos como nubes),  demostró que los niños capaces de diferir la gratificación, a edad temprana, se convirtieron años después en jóvenes con gran capacidad de autocontrol, dominio de sus emociones, socialmente más activos y con mejor rendimiento académico. En palabras de Daniel Goleman, éste es un componente vital de la inteligencia emocional. Aprender a diferir la gratificación puede significar la diferencia entre el equilibrio psicológico y el sufrimiento innecesario en nuestra vida.

Otro tipo de orientación temporal es la perspectiva pasada. Ésta es radicalmente diferente de las dos anteriores ya que las personas orientadas al pasado pueden variar en función de la historia e interpretación de los sucesos de su vida. Según esta distinción podemos tender a pasado positivo o a pasado negativo. Pasado positivo significa dar valor a los acontecimientos pasados, a la tradición, a la familia. El pasado negativo, en cambio, enturbia nuestra percepción de los acontecimientos y normalmente está asociado a una perspectiva presente fatalista. Como rezaba el eslogan del Ministerio de la Verdad en '1984': "Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado". Esta afirmación llevada al terreno personal es perfectamente efectiva y útil, ya que sólo desde el presente podemos darle un significado a los acontecimientos pasados. De manera que está en nuestra mano elegir como nos afecta el pasado y de qué forma nos predispone para afrontar el presente. Las personas que sufren depresión experimentan el férreo control del pasado sobre sus vidas. Creen que debido a los hechos negativos que han vivido nada pueden hacer para cambiar el destino. Navegan a la deriva como barcas a merced del temporal sin saber que, después de la tormenta siempre llega la calma, para aquellos que aguantan el empuje de las olas sujetos al timón.

Pero queridos amigos, para poder sujetar el timón o por lo menos agarrarse uno exhausto a él para, al primer signo de amaine enderezar la nave, primero hay que saber que existe. El control del tiempo solamente es posible desde la conciencia presente. Vencer esa batalla sobre el control de nuestro tiempo psicológico significa ser feliz.
Boyd y Zimbardo han creado un test para medir la orientación temporal de cada persona. Todos tenemos algo de cada perspectiva temporal y la conclusión a la que llegan estos dos psicólogos del tiempo es que, saber cómo enfocar nuestra perspectiva temporal en cada momento nos hará seres más felices. Creo que la media del ZTPI de cada persona es en gran medida una cifra que mide el nivel de optimismo o pesimismo. ¿Debemos ser optimistas o pesimistas? Cuando un ser nace, una nueva vida, aún en el nivel más simple de forma de conciencia, tiende a la vida por el mero hecho de que ya es vida. Alguien podría pensar lo contrario: por el mero hecho de ser vida se tiende automáticamente a la muerte ¿verdad? Pues bien, ese razonamiento sólo se puede deducir desde una perspectiva temporal futura, o sea, es un espejismo, interpretando la vida en el momento en que el ser está vivo. Por eso, desde un punto de vista meramente biológico podemos explicar el optimismo porque es, ni más ni menos, elegir la vida ahora que es cuando vivimos.

Así, el pesimismo se revela como la raíz de todos los trastornos de la anticipación o recuerdo, como la ansiedad o la depresión. Pero el problema es complejo ya que no detectamos a tiempo como se instalaba en nosotros esta tendencia negativa, nutriéndose de algo que sólo el ser humano posee por encima del resto de animales: La noción de su propia muerte. En el momento en que somos conscientes de que tenemos un destino final todo se transforma. Evolutivamente se fue creando esa corriente de pensamientos automáticos negativos que nos asalta en cuanto nos despistamos: A la par que el miedo a la muerte nos guiaba a través de las generaciones hacia la supervivencia, nuestra mente evolucionó con el germen de esa semilla enraizado en lo más profundo de nuestro cerebro. Aún así, podemos elegir. Elegir entre nuestra naturaleza, la cual es antes de nada vida o elegir la proyección, el miedo a la muerte como motor de nuestra conducta, lo que es de hecho un espejismo, porque ¡No estamos muertos, estamos vivos!

¿Cuál es la diferencia principal entre estos dos tipos de conciencia? El sufrimiento y ¿Cuál podría ser un buen comienzo para la felicidad? Exacto, la ausencia de sufrimiento. Cuando un amigo nuestro esta mal, triste por algún revés del destino ¿Qué hacemos nosotros? Intentamos alegrarle, intentamos con todas nuestras fuerzas que, por un momento, pueda ver las cosas como nosotros la vemos. Transmitirle optimismo frente a una realidad que esta viviendo porque nosotros somos la prueba de que se puede existir en ese momento sin sufrir. Esto entronca directamente con el fluir de Mihály Csíkszentmihályi ya que, para mí, el estado de flujo que describe es la ausencia total de miedo por medio de la metamorfosis de la conciencia en pura acción presente, pura vida, realización en sí misma o, por qué no, el optimismo máximo: Sí.



Tira del hilo:
La Paradoja del Tiempo (Philip Zimbardo y John Boyd). Paidos 2009
Inteligencia Emocional (Daniel Goleman). Kairos 2002
Fluir (Mihály Csíkszentmihályi). Kairos 1997

18/03/2010 (17:20)

Otro de los artículos preferidos de la primera temporada de BrainStorm. Esta vez dedicado al mundo de los sueños. Espero que lo disfrutéis.

 

El sueño de la razón produce monstruos. Por lo menos eso es lo que debió pensar Wes Craven cuando en 1984 decidió crear una de las sagas más prolíficas y taquilleras de la historia del cine de terror; Pesadilla En Elm Street (A Nightmare on Elm Street. 1984). Con ella nació también un icono del terror de los 80 y emblema de una generación de teenagers aterrorizados; Freddy Krueger.

El invento de un enemigo inmortal que encarna y se nutre de todos nuestros temores no era nuevo, pero desde luego el hecho de que nos atacara precisamente durante el sueño,  fue una idea que refrescó definitivamente el género, en aquellos días. Wes Craven supo donde asestarnos el golpe. Los sueños. ¿Qué sabemos de los sueños?

 

Siempre hemos oído hablar o teorizar acerca del significado y origen de los sueños. Por un lado Freud y sus acólitos argumentan que son el reflejo de traumas. Otros sostienen que se nutren de los acontecimientos recientes o en un sentido más místico, han desarrollado toda una simbología en torno al significado formal de los sueños.

Creo que nuestra mirada se debe centrar no en el origen, ni en la naturaleza de los sueños, si no en cómo nos afectan, cual es su efecto sobre la conducta y el equilibrio homeostático.

Durante el sueño REM experimentamos unas vivencias que, de no ser por la desconexión que se crea con el aparato sensomotor, no se diferenciarían de la realidad. En esta desconexión se inhibe por completo la liberación de ciertos neurotransmisores (norepinefrina, serotonina e histamina). Por esta razón, las neuronas motoras no resultan estimuladas por la actividad cerebral y los músculos del cuerpo no se mueven. Existen trastornos del sueño en los que no se da esta desconexión y el afectado comete los actos que esta soñando.

Si nos fijamos en los datos registrados por la poli-somnografía; la actividad cerebral, hormonal y las constantes se disparan durante el sueño. La sustancia encargada de proporcionar energía al cerebro, la glucosa, es consumida en mayor medida durante el sueño. Los neuro-transmisores y las secreciones hormonales, que tan profundos cambios causan en nuestra conciencia y estado de ánimo, también alcanzan su pico durante el sueño (hormona del crecimiento, hormonas sexuales, corticoides, etc.).

Todos estos datos indican que cuando una persona sueña, realmente: fisiológica y psicológicamente, esta viviendo esos sueños. Esto es lo realmente importante;

¿Cómo afectan los estados psico-fisiológicos resultantes de las experiencias oníricas en la conducta y toma de decisiones de la vigilia?

Desde un punto de vista farmacológico, sabemos que el estrés, la ira, el miedo y en general las emociones desbordadas, crean una respuesta fisiológica concreta, normalmente tóxica (entiendo tóxica como cantidad anormalmente alta de alguna sustancia capaz de causar cambios profundos en el sistema). En el estudio de las relaciones de pareja se ha demostrado que después de una discusión fuerte, una vez aparentemente calmados ambos cónyuges, su alteración química debida a su respuesta natural al estrés, permanecía alterada tras pasar horas. De esa manera resultaba relativamente fácil que estímulos inocuos, en condiciones normales, volvieran a desencadenar la contienda. Este efecto de percepción alterada o distorsión cognitiva transitoria es muy normal. Por esto no sería de extrañar que la respuesta químico-fisiológica desencadenada por los sueños durara hasta mucho después, incluso hasta la siguiente fase REM o hasta después de despertar. Por otro lado la respuesta psico-emocional a situaciones oníricas, también crea un clima emocional inconsciente que influye en la toma de decisiones y conducta.

 

Cuando nuestro hijo se despierta a media noche llorando desconsoladamente, aquejado por un mal sueño o una pesadilla, la angustia y el estado alterado que presenta son reales. Que la amenaza no lo sea es indiferente, da igual si es el coco o el mismísimo Freddy. De lo que nos ocupamos es de calmarle, de restablecer el orden en su conciencia. Los padres consumados sabréis que ésta no es siempre una labor fácil porque el miedo y la ansiedad producida durante ese mal sueño perduran. A este efecto del sueño sobre la vigilia lo he llamado residuo emocional post-somne. Este se compone de una parte fisiológica y otra psicológica y cada una de éstas en otras dos; consciente e inconsciente.

La parte psicológica consciente es la que se refiere al sueño relatado o al recuerdo que tenemos de lo soñado. La parte psicológica inconsciente hace referencia al clima emocional que permanece en nosotros después del sueño, pero del que no somos conscientes. La parte fisiológica consciente son todos los procesos físicos que tienen lugar durante y después del sueño: sudoración, respiración, llanto,...

La parte fisiológica inconsciente son todas las secreciones hormonales y procesos físicos internos de los que no podemos ser conscientes. Esta parte está íntimamente ligada al establecimiento del clima emocional.

Cuando crecemos, puede que al despertarnos de un mal sueño tengamos claro que solo es una pesadilla y creamos tener controlada la parte psicológica del residuo, aún así, no podremos controlar el flujo de hormonas segregado.

Incluso en el punto de ser plenamente conscientes de que los sueños sueños son. ¿Que pasa el día que soñamos con algún ser querido fallecido, por ejemplo? Nos sentimos tristes. Este hecho influirá decisivamente en nuestra conducta y pensamientos durante el día.

Aunque todavía no se ha investigado específicamente esta cuestión, la vox populi a dado cuenta de este residuo emocional, desde mucho antes de que se estableciese una ciencia del sueño, con frases como: Levantarse con el pie izquierdo. Expresiones que dan nombre a un clima emocional que preside subrepticiamente nuestro día, nuestras acciones y sentimientos.

Bajo mi punto de vista, la importancia de los sueños no reside en el significado formal per se, sino en la vivencia a todos los niveles de éste, por parte del individuo. El cómo afecta este sueño concreto a este individuo concreto. La simbología se derrumba una vez traspasadas las barreras culturales o incluso individuales. En mi opinión la investigación psicoanalítica puede intentar explicar porque uno sueña lo que sueña, pero el hecho es que soñamos y saber el porqué no va a cambiar los efectos que el sueño tenga sobre nuestro sistema. Sin embargo, estudiar los efectos de los sueños en el comportamiento y la conducta puede ayudarnos a comprender el porqué de muchas decisiones aparentemente inconscientes. Buenas noches.

 

 

Tira del hilo:

 

‘Biopsicología’ John P.J. Pinel

‘Redes 425 - Las pesadillas no son sueños’

‘Pesadilla En Elm Street’ Wes Craven. 1984

 

 

 

 

 

 

 

 

 

25/02/2010 (14:54)

Uno no puede quedarse impasible ante casos como el de Miwa. Es de ley. Un imperativo categórico del ser humano. De nuevo la realidad nos golpea, a unos más que a otros, con el rancio y familiar sabor de la maldad per se. La maldad humana, la violencia y sus múltiples expresiones son algo que cautiva mi atención especialmente. Son sólo unas pocas 'manzanas podridas' o es que realmente todos llevamos dentro un Jekill y un Hyde, un Yin y un Yang. Echemos un vistazo al cesto.

Solemos pensar que la línea que separa las buenas personas de las malas es algo fijo e impermeable. Esta creencia tiene que ver con  la tendencia a lo estático de nuestra percepción de la realidad, para hacerla más manejable y predecible. Phil Zimbardo, profesor emérito de la facultad de psicología de Standford, lleva toda su vida investigando las causas que pueden llevar a una persona normal a cometer actos terribles. Él es de la opinión de que esa línea divisoria entre el bien y el mal, es móvil y lo que es más importante, permeable: nadie está a salvo del poder seductor del mal. La maldad, sostiene, no es otra cosa que la expresión del poder. El profesor Zimbardo ha llamado a este proceso 'Efecto Lucifer' (ya hablamos de él anteriormente en Los Bárbaros). Lo realmente interesante de este proceso es su carácter bidireccional; niños con tendencia a la maldad pueden volver a llevar una vida sana en sus hábitos de conducta y pensamiento, si se les coloca bajo las circunstancias adecuadas, se les ayuda y rehabilita. Claro que esta perspectiva dista mucho de las condiciones en las que se les mantiene en muchas residencias para niños problemáticos o reformatorios.

Pasamos por la vida insensibles, ciegos a lo que nos rodea sumergidos en nuestros pensamientos, en nuestros asuntos, sin prestar atención a lo que pasa a nuestro alrededor. Como mucho agachamos la cabeza ante los abusos e injusticias esperando que la colleja se la lleve otro. Ya nos lo decían de pequeños; 'no te metas donde no te llaman', y expresiones por el estilo ¿verdad? Debemos alejarnos de este viejo e insatisfactorio modelo de actitud individualista extrema y reconocer que existen fallos en nuestro sistema que propician el 'Efecto Lucifer'. Los prejuicios, la intimidación, la violencia sólo se podrán erradicar cuando adoptemos un nuevo paradigma de sentir como seres humanos. Este nuevo paradigma nace de un cambio profundo en la conciencia que, frente a una misma situación, elige el valor para distinguirse y revelarse ante el disfavor del otro. Desde aquí se empiezan a trazar nuevas rutas de convivencia y un nuevo personaje entra en escena: el héroe. El profesor Zimbardo ha puesto en marcha una plataforma en la que promueve el heroísmo en todas sus formas, frente al Mal en el mundo.

Este héroe no tiene nada que ver con el superhombre de poderes extraordinarios e inclinación innata por la defensa del débil, que la cultura del cómic a extendido. Nosotros, meros mortales, sentimos miedo, mucho miedo ante la idea de la muerte o de una amenaza cualquiera. No tenemos ningún instinto de defensa más allá de nosotros mismos ni poseemos superpoder alguno, pero lo que sí tenemos es magia. Una magia llamada conciencia. La conciencia nos da el poder de elegir. Elegir quien queremos ser, por encima de las circunstancias.
El valor de actuar cuando nadie más actúa, es una decisión personal y trascendente más allá de nuestra importancia como individuos. Si la disolución de la responsabilidad por medio de la obediencia puede arrastrarnos al lado oscuro, el actuar en defensa del débil, del que necesita ayuda, aún a riesgo de nuestra propia integridad, puede lanzarnos a otro plano. En él, la acción valerosa perpetra la metamorfosis del hombre-héroe. Éste es un héroe de carne y hueso, que teme y sangra. No viene de Krypton, si no de una ciudad como la nuestra y no tiene un nombre raro; bien podría llamarse Jesús Neira, por ejemplo.

Cada nuevo amanecer nos da la posibilidad infinita del cambio. Deshacerse de todas nuestras adicciones emocionales, pensamientos automáticos y demás trazas negativas de la propia personalidad, no es un camino fácil ni corto, pero el premio es lo bastante grande como para arriesgarse. ¿O no?

9/02/2010 (16:30)

No, no es un deja vu. He decidido publicar de nuevo los artículos de la primera etapa de BrainStorm, alojados en un servidor perdido de la red. Espero que los que ya los han leido tengan paciencia y los traten con el mismo cariño de la primera vez. A todos los demás, os deseo que los disfrutéis. Este episodio fue el que inauguró el blog y uno de mis favoritos. Bienvenidos.

 

La imaginería humana ha sido siempre muy rica en la creación de monstruos. Desde el Diablo hasta el Drácula de Stoker siempre hemos buscado una cara para el mal, aunque muy a nuestro pesar,  desprovisto de largos colmillos o cuernos hemos encontrado un rostro demasiado humano. Muchos de los personajes de ficción que nos han aterrorizado durante décadas han tenido su origen en una persona de carne y hueso. Un criminal, un enfermo mental (psicótico) o un psicópata que pasó a los anales de la historia por lo cruento y horrible de sus crímenes que, más allá de conmocionar al mundo, nos enseñó que no hay mayor maldad que la que se oculta en el corazón del hombre.
 
De todos los tipos de trastornos de la personalidad hay uno que llama la atención de los especialistas además, de cautivar y repugnar a partes iguales a todo tipo de personas. De esto se dieron cuenta rápidamente los estudios de cine de Hollywood, haciendo del psicópata el protagonista de un filón que, desde Jack El Destripador hasta Annibal Lecter, sigue cosechando éxitos taquilleros multimillonarios. Pero, ¿Sabemos realmente que es un psicópata? El rasgo más característico del psicópata es su ausencia total de empatía por las personas y su consiguiente falta de sentimiento de culpa o remordimiento. Cuando en un bar abarrotado a las tres de la tarde cae la noticia de un nuevo crimen a manos de un psicópata se hace un silencio cáustico. '¿Cómo pudo hacer algo así?' Es la expresión normal ante un acto que como seres humanos no podemos concebir. La clave para comprender como una persona puede llegar a hacer algo así nos la da principalmente la genética y no, como la mayoría de la gente piensa, una infancia traumática. El psicópata nace con un rasgo diferencial clave en el desarrollo de la personalidad: Es incapaz de sentir como el resto de las personas. Un ambiente social y físico negativo podrá ser el caldo de cultivo perfecto para hacer de una persona con perfil psicopático un asesino.
 
El psicópata sabe lo que son las emociones de una manera teórica, ya que observa continuamente los modelos emocionales de conducta. Por esto podrá imitarlos a la perfección y camuflarse en la sociedad como un lobo con piel de cordero que al ser descubierto deja una lluvia de perplejidad sobre vecinos y conocidos. Pero en realidad no conoce el miedo como esa sensación que nos paraliza, nos hace temblar, sentirnos mal físicamente hasta atenazarnos. Nunca ha sentido algo así porque no puede sentirlo. El miedo es en particular una emoción vital en el desarrollo de los conceptos del bien y el mal en el niño. Antes de desarrollar una conciencia moral el niño basa su conducta en la imposición por parte de sus padres de lo que se puede o no se puede hacer. Gracias a las emociones estos patrones de conducta quedan grabados a fuego como parte de la personalidad dando lugar posteriormente a una conciencia moral real.

En diversos estudios ha quedado de manifiesto que el niño psicópata da signos de trastornos en la conducta desde antes incluso de ir al colegio. Teniendo en cuenta que no existe tratamiento efectivo para este tipo de trastornos no considerados enfermedad,
¿Qué posición debe tomar la sociedad ante los niños con un perfil psicopático?, ¿Marcarlos de por vida con el estigma de "malditos"?
 Si como hemos visto la psicopatía no responde a ninguna enfermedad mental ni a ninguna lesión cerebral, sino que más bien es una condición particular de la psicología de un individuo, ¿Cómo se juzga la responsabilidad moral de una persona que no puede sentir la moralidad humana por causas inherentes a su ser y ajenas a su propia voluntad? ¿Sería como juzgar a un león por matar a una gacela?

Creo que el tema deja abiertas muchas incógnitas, pero si me permitís llegar un poco más allá dejad que os platee lo siguiente:
¿Qué pasaría si dejásemos de pensar en la mutación causante de la psicopatía como en una patología y empezasemos a pensar en ella como una mutación de carácter adaptativo, evolutivamente hablando?

El mero hecho de cuestionarse este tipo de incógnitas hace que un escalofrío le recorra a uno la espina dorsal, ¿verdad?. Los mayores logros de la humanidad en todas las disciplinas posibles, la genialidad o el amor maternal son cosas maravillosas del género humano y debemos apreciarlas como merecen. Pero si no miramos directamente a los ojos del Mr. Hyde que hay en nosotros nunca nos daremos cuenta de que asumirnos tal como somos es el primer paso para comprendernos como individuos y especie.


Mi agradecimiento especial al profesor Vicente Garrido por haber revisado personalmente este artículo.


Tira del hilo(Bibliografía):

"Sin Conciencia, El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean" Robert D. Hare. Paidos 2003
"La Mente Criminal" Vicente Garrido. Temas De Hoy 2007
"Anatomía Del Miedo, Un tratado sobre la valentía" José Antonio Marina . Anagrama 2006

1/02/2010 (11:35)

Pascual Royo Gracia, Catedrático de Química Inorgánica en la Universidad de Alcalá desde el año 1978 y hoy Profesor Emérito, nos habla acerca de la naturaleza de los descubrimientos científicos y su relación con el azar, en su última conferencia, el pasado mes de enero.


Con toda una vida a sus espaldas consagrada al estudio y a la investigación, ha publicado multitud de artículos y ha dirigido más de setenta tesis doctorales. La experiencia, dicen, es un grado, o varios más diría yo, cuando va acompañada de la misma ilusión del primer día. El profesor Royo lleva en su rostro  la inconfundible expresión mezcla de humildad y placidez propia de las personas poseedoras de un profundo conocimiento.


En tono sutil, pero riguroso y siempre divulgativo, el profesor expuso un tema tan actual como controvertido. Después del impacto del cisne negro de Taleb, hemos sido tentados a atribuir un valor quizá desmesurado a la influencia del azar en los acontecimientos históricos, vitales y como no, en los avances de la ciencia. A través de varios ejemplos de lo que a primera vista se podrían considerar descubrimientos científicos accidentales, el profesor Royo desenmascara la auténtica realidad que subyace a tales descubrimientos. Una realidad que responde a un modelo perfectamente diseñado de investigación y una base sólida de conocimientos.

 

 

En la conferencia, Royo hizo especial hincapié en la importancia de la química en nuestras vidas. Según él, la química nunca ha tenido buena aceptación y en parte esta estimación se debe a que los químicos no han tenido el acierto de presentarla adecuadamente al gran público. Por esta razón ha considerado de interés presentar como ejemplos productos químicos que han contribuido a lograr un alto nivel de bienestar. Como revela el profesor, son más de cinco millones los productos químicos que se utilizan para casi cualquier actividad que podamos imaginar.


El descubrimiento del oxígeno, antecesor de los posteriores descubrimientos de la combustión, la respiración animal y la fotosíntesis, muestra claramente cómo opera el método científico, explica el profesor. Partiendo de un hecho azaroso o diseñado, comienza una experimentación, una observación y finalmente la elaboración de una hipótesis. Posteriores investigaciones corroborarán o refutarán esta hipótesis.


Para el profesor Royo el curso de la ciencia no da saltos y mucho menos relaciona las no linealidades con el azar. Considera que los cambios socio-culturales que hemos ido experimentando son los que fundamentalmente han motivado que el interés científico cambiara de orientación. ‘El azar simplemente obliga a no olvidar cuál es el comportamiento que la naturaleza impone.’


En la observación e interpretación de los fenómenos naturales, como antesala de la ciencia, el azar desempeñó un papel determinante. Aún así, fueron las aplicaciones y transformaciones que originaban estos fenómenos, las que llegaron a ser el objetivo de importantes descubrimientos. El método científico es el camino para descubrir nuevos conocimientos, que sometidos a experimentación y comprobación, podrán ser consolidados o rechazados.


El profesor Royo sostiene que un excelente científico necesita imperativamente una base sólida de conocimientos, no sólo para llegar al eureka, sino también para sacar el máximo provecho de los comportamientos que parecen más insignificantes. Como afirmó Albert Szent-Gyorgyi: “Un buen científico es el que ve lo que todos han visto, pero piensa lo que nadie antes había pensado” y para ello, sentencia el profesor, hay que tener una formación científica muy sólida.

18/01/2010 (11:45)

Cuando somos pequeños y nos enseñan lo que está bien y lo que esta mal, desarrollamos deseos y temores que nos acompañarán toda nuestra vida. Lo que nos causa miedo, lo que nos asusta se alimenta de nuestras debilidades o de nuestras posibilidades de debilidad. En nuestro mundo, el nivel de horror tiene una escala en la que se mueven nuestros miedos. En Haití, el nivel de horror ha cobrado una nueva dimensión que, aún haciendo un gran esfuerzo por comprender, nos es vetada al entendimiento. Es el nivel del infierno.

La forja de las emociones está muy ligada al inter-vínculo con la madre y el padre en la fase embrional y primeros años de vida. Dependiendo de la naturaleza de este vínculo desarrollamos cierto tipo de habilidades emocionales con las que nos enfrentaremos a los acontecimientos negativos de la vida. Esta capacidad para absorber y reponerse al trauma es conocida como resiliencia. El concepto fue introducido por Michael Rutter, más tarde, desarrollado y popularizado por el etólogo Boris Cyrulnik en su libro Los patitos feos.

La exposición constante a situaciones de estrés o ansiedad, como la extrema pobreza, pueden hacer que el nivel de resiliencia de la población se resienta. De modo que estas personas no poseen recursos emocionales suficientes para enfrentar la adversidad, y mucho menos, el desastre. Podemos pensar que una población como Haití,  ya acostumbrada a la tragedia, puede soportar mejor este tipo de acontecimientos precisamente por eso. La realidad es otra muy distinta; estas personas no sólo lo han perdido todo materialmente hablando, también han sido devastadas a nivel psicológico. Tristemente paradójico resulta que Haití, patria de las leyendas sobre zombis y el vudú, ha acabado con sus maltrechas calles atestadas de auténticos muertos vivientes.

Tan importante como los víveres y  la ayuda médica es una labor de reconstrucción de personas, mucho más difícil e incierta que la de infraestructuras y edificios. Esta labor va más allá de la inicial ayuda psicológica ante la ansiedad generada por la catástrofe. Como dice Cyrulnik, el trauma golpea dos veces: El primer impacto es el suceso en sí mismo, pero el verdadero trauma lo causa el segundo; el recuerdo del suceso y su significado en la historia personal del individuo. Sólo mucho tiempo después de la tragedia, nos damos cuenta de que el terror de la catástrofe lo llevaremos siempre en nuestra memoria, aferrado a nuestros huesos como la carcoma se instala en las viejas vigas de madera. Enfocar el traumatismo como un desafío que encarar y aceptar, esbozará las guías de resiliencia necesarias para la recuperación. Serán imprescindibles muchos años de apoyo y ayuda a la población haitiana para que recupere su resiliencia, si es que alguna vez la tuvo, o pueda crear de cero una red de recursos emocionales.
 
Si algo puede contarse como positivo de toda esta vorágine de terror es, sin duda, la cantidad de ayuda que va a llegar a un país hasta ahora ignorado por los gobiernos de todo el mundo. Si esta ayuda será una base sólida sobre la que se cimentará una nueva sociedad de hombres y mujeres más libres y felices, sólo el tiempo lo dirá. Por ahora, nos cabe esa esperanza.

4/12/2009 (15:19)

Una vez más sacamos pecho ante la injusticia y la depravación. De nuevo alzamos nuestras hoces y antorchas para proceder juntos contra El Monstruo. En la cálida seguridad que nos ofrece la muchedumbre, uno se encuentra a gusto, muy a gusto. Es la ancestral necesidad de confirmación de pertenencia al grupo, a la manada. Ceños fruncidos y miradas indignadas que se devuelven recíprocamente con exagerada complicidad.

Esta semana hemos podido presenciar, vía medios de comunicación, el linchamiento popular al que se ha sometido a una persona presuntamente culpable de un homicidio. La noticia se ha distribuido como mercancía de primera y el pueblo se ha volcado en tratar a ese criminal como se merece.
Podemos imaginar perfectamente lo que sentiría un caballero de la Santa Inquisición, actuando con aplomo y crueldad para una justicia más alta que la humana. La mano que castiga actúa sin vacilar con una decisión y rectitud imposibles para alguien que se juzgue a sí mismo como responsable último.

A principios de los 60 se llevó a cabo un experimento en la Universidad de Yale llamado el experimento Milgram. En él se puso a prueba la capacidad de infligir dolor a nuestros semejantes bajo la orden de una autoridad superior. Resultó que dos de cada tres participantes no tenían mayor problema en aplicar descargas eléctricas a discreción del psicólogo a cargo de la investigación.
Este revelador experimento puso de manifiesto la capacidad para obrar mal de la mayoría de nosotros cuando la responsabilidad de la acción parece diluirse en la multitud o cuando se nos ordena hacer algo. Automáticamente el valor moral de nuestras acciones queda anulado, o suspendido momentáneamente exculpándonos a nosotros mismos de toda consecuencia derivada de nuestros propios actos.
Este mecanismo psicológico es el que explica cosas como  la industria de la muerte del Tercer Reich, donde toda una nación se implicó en el exterminio sistemático y metódico de una parte de su comunidad.
Ya sea por la obediencia a una autoridad, o por el anonimato, la ausencia de sentimiento de culpa saca lo más oscuro que hay en nosotros. La máxima no desees para otros lo que no deseas para ti se revela aquí como un principio reactivo al instinto primitivo de: No le hagas a otros lo que luego te podrían hacer a ti.

Es cierto queridos amigos. Lo que más nos gusta es asomarnos, si no embadurnarnos de la desgracia ajena, porque en la obscuridad de su culpa, nuestras insignificantes vidas brillan inusitadamente con una luz, aunque débil, suficiente para ser espejismo de bien. 
Necesitamos culpables. Esta en nuestra naturaleza (como vimos en el episodio anterior) buscar causas para todo lo que sucede, porque no podemos soportar la certeza de la incertidumbre. Es muy fácil dejarse arrastrar por esos cantos de sirenas de alarma o, ahora, voces de pánico mediático. Antes de lapidar a más Diegos y crear un trastorno irreversible a una persona, deberíamos pensar que tal vez lo que más venda sea un culpable con nombre y cara. A los medios nunca les importó errar en su precipitado juicio, pues más aún que un culpable vende un mártir. Por favor, seamos críticos.

Una vez probado que el linchado era inocente ¿Ahora qué? Agachamos la cabeza y retornamos cada cual a su guarida con el sabor todavía fresco de la tibia sangre en las fauces. La vergüenza es un trago amargo, pero dura menos que el eco del trauma.
El pueblo recobra la normalidad sin llegar nunca a aprender que aunque como buenos pastores, nos vestimos de oveja, homo homini lupus. La más cruel de las intuiciones deja al trasluz lo que ya insinuara Alessandro Baricco en su ensayo homónimo de este post; Los bárbaros... somos nosotros.

23/11/2009 (18:41)

Hace dos semanas asistí en primera persona al perturbador espectáculo de lo insólito. Bajé de mi casa con intención de ir al centro cuando me di cuenta de que mi coche había desaparecido. En efecto, lo habían robado (sí, es cierto).

Mi primera sensación fue de aturdimiento. Después poco a poco empecé a reaccionar.
Lejos de ponerme a patalear, este acontecimiento me sumió en una profunda introspección acerca de los sucesos altamente improbables, de su impacto y concepción dentro de nuestra mente.
Es extraño como nuestro cerebro deshecha sistemáticamente lo altamente improbable cuando justamente este tipo de acontecimientos suelen tener un impacto enorme en nuestras vidas. A raíz de esto razoné la siguiente proposición: Que nadie lo pueda predecir no significa que no vaya a suceder.

Aún a riesgo de parecer obvio creo que no llegamos a ser conscientes de como nuestro cerebro padece una ceguera crónica para incluir las variables impredecibles en sus cálculos. Investigando un poco descubrí que este tipo de sucesos altamente improbables tienen nombre propio: Cisnes Negros. Su descubridor el profesor Nassim Nicholas Taleb no solo ha descrito estos fenómenos a la perfección, si no que ha creado una obra asombrosa de alcance universal en la que se pone en entredicho la forma en la que procesamos la información y concebimos el mundo.
El Cisne Negro se caracteriza por tres rasgos generales: Uno, Es una rareza, pues habita al otro lado de la barrera de la expectativa. Dos, produce un impacto tremendo. Tres, pese a ser una rareza después de que ocurra necesitamos crear una explicación que lo haga predecible.
Por ejemplo, volvamos al turbio asunto de mi coche. La noche de antes del robo ninguna de las personas que sabía que había aparcado mi coche enfrente de mi casa dijo algo como: uy, Karim deberías ponerle una alarma al coche o por lo menos un cepo al volante, quizá te lo roben. (Observemos que si alguien me hubiera dicho algo parecido me habría reído sin remisión). Pues bien, después de enterarse han sido muy pocas las personas que no me han dado las causas del suceso: la creciente escalada de crimen en el barrio, la crisis que golpea a la clase media, que no tenía anti-robo, vamos que estaba bastante claro que antes o después iba a pasar. Esto es una falacia.

Otro ejemplo de como nuestra mente desecha la improbabilidad es lo que yo llamo el efecto del gafe.
Supongamos que tenemos un amigo al que le ha pasado algo negativo y altamente improbable varias veces consecutivas hasta el punto de dar la impresión de ser una constate. En estos casos he visto a los más escépticos sucumbir a las leyes de lo esotérico aduciendo al fenómeno gafe. Es extraño como personas totalmente racionales se muestran vulnerables en extremo a este tipo de juicios.

En el otro lado de la balanza tendríamos al empresario de éxito, que desde su sillón de cuero mira al pasado y narra sus triunfos excluyendo de la historia cualquier factor aleatorio, como si desde un principio hubiera estado determinado su éxito. Esto es otra falacia, puesto que los hechos importantes de nuestras vidas están determinados en gran medida por la suerte (buena o mala). No excluyo aquí las destrezas personales para alcanzar las metas que uno se proponga, pero si pongo de manifiesto que muchos de los momentos clave en nuestras vidas y en la historia son y serán impredecibles y el escenario en el que nos colocan inimaginable. El pasado tiene la virtud de parecer predecible y explicable siempre. Si esto fuera algo más que una mera ilusión, ¿No sería lógico que pudiéramos predecir y explicar también el futuro? Naturalmente no podemos.

La verdad es que nuestro universo esta gobernado por la aleatoriedad. Sucesos impredecibles, improbables y de impactos imprevisibles ocurren siempre (El 11-S, las crisis económicas, el ascenso de Hitler, las guerras, el descubrimiento de la penicilina...). Por mucho que no queramos afrontarlo no podemos predecir. Más vale que nos esforcemos en asumir esta condición en lugar de malgastar energías desarrollando, por ejemplo, modelos de crecimiento económico que acaban en la papelera todas las semanas. ¡Suerte!

5/11/2009 (15:11)

Soñamos con la perfección. Es cierto que desde que el hombre es hombre aspiramos a esa idea, ese espejismo.
Quizá Dios… O simplemente la errática aspiración de que el universo sea perfecto nos brinda la posibilidad de sobrevivir en el caos del cosmos. Perdurar.
¿Es Dios el hiperbólico reflejo del super-humano, o mejor, del hombre máximo que se auto crea, a su imagen y semejanza para poder así alcanzar o por lo menos soñar con ese total infinito?
Buscando respuestas a si existe la perfección tal y como la concebimos, voy a acercarme a los albores de la vida en este planeta. ¿Que nos enseña la naturaleza?
Decimos que la naturaleza es sabia, verdad, pero no decimos que la naturaleza es perfecta. De hecho, no lo es. Sería más correcto pensar en el término perfectamente imperfecta. Un sistema perfecto es un sistema blindado, un sistema infalible. Un sistema cerrado en el que no hubiera sitio para el error no permitiría el menor cambio y por tanto la mejora. Por otro lado la perfección siempre es un término relativo a la utilidad o finalidad de algo. En este caso no podemos hablar en términos de utilidad más allá de la auto-conservación y esta implica directamente adaptación. Adaptación a un macro-sistema en constante cambio o macro-adaptación a otro macro-sistema en macro-adaptación y así sucesivamente como en un diseño fractal, a cuya forma indefectiblemente somos ciegos.
Así como la perfección de un sistema biológico tan imperfecto como es la reproducción celular deja la puerta abierta a través de la mutación casual a una mejora, la idea de perfección surge en nuestra mente como el horizonte inalcanzable al que dirigir nuestra mirada cuando la tempestad de pasiones nos obnubile. El estrecho puente que nos encamina a ese horizonte abrasador es La Virtud.

 
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Karim Shaker


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