Cada día que pasa está más claro que la economía española tiene en el filón de la lengua un brillante clavo al que agarrarse para tomar impulso. Y la economía y la sociedad alcalaínas, también. Ofrecemos hoy una detallada panorámica de lo que representa actualmente esta industria, que en realidad es poco más que un apunte de lo que puede llegar a representar. Sólo en materia de formación, cerca de 14 millones de personas aprenden español en todo el mundo y unos 237.000 estudiantes visitan nuestro país cada año con el objetivo de practicarlo, según datos del Instituto Cervantes. Este turismo idiomático genera 462 millones de euros y 5.500 empleos. Pero la previsión es que, con otras acciones y en conjunto, el español puede llegar a representar el 15% del PIB. Y el objetivo es que Alcalá, por historia, por tradición cultural y por ubicación geoestratégica, pinte mucho en ello.
La presencia del vicepresidente regional y consejero de Cultura, Ignacio González, en el Foro Cisneros de este Diario hace ahora un mes fue tremendamente clarificadora al respecto. En aquel insólito encuentro al más alto nivel político, empresarial, sindical y periodístico, González anunció el espaldarazo regional a la constitución de una gran plataforma empresarial del español en Alcalá, con la colaboración del Ayuntamiento, la Universidad y los empresarios. Y la cosa no quedó en declaración de intenciones. González prometió apoyo autonómico, recordó sus obligaciones a la Administración central con Alcalá y presentó orientaciones precisas para el desarrollo de un polo económico, que necesitará aún más concreciones y, para evitar dispersiones y sectarismos, la tutela oficial. Porque no es fácil coordinar los esfuerzos para poner en marcha una plataforma en la que convivan los productos audiovisuales, las editoriales y las artes gráficas, las rutas turísticas, la traducción o la enseñanza, para un mercado de 450 millones de personas y subiendo.
Sí son más que notorios los beneficios que puede sacar la ciudad con ello. Y no sólo en términos de creación de empleo y de generación de riqueza. También hay que hablar de dotación de infraestructuras de comunicación y de transporte, además de equipamientos sociales básicos, que irían inevitablemente detrás de esta locomotora. Por no hablar del prestigio e influencia cultural que se puede extraer de la participación en este noble negocio. Demasiado en juego, en definitiva, como para conducirlo con la máxima diligencia y sentido común.
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