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Como el mejor héroe es el anónimo, es bueno que éste lo siga siendo. Nuestro joven jardinero estaba rastrillando un castigado parque de la ciudad. Apareció un vecino de los que no se cagan al verte porque ya lo hace su perro por él. La mascota hizo sus necesidades sobre el césped bajo la atenta mirada de nuestro héroe, al que llamaremos Mo.
Mientras el can acababa, ambos humanos intercambiaron una mirada. Mo escrutaba al contrario, esperando un gesto de civismo o tal vez todo lo contrario... en plan “alégrame el día”. El vecino tenía un aire chulito, y sin apartar la mirada de nuestro héroe tiró de la correa de su mascota para emprender el camino sin recoger la plasta. Mientras veía la figura alejarse, Mo sintió en su cabeza sonar la música de un western. Al ponerse en jarras notó el vacío en su cintura, le faltaba una buena smith&wesson con la que rematar de dos tiros al villano. Pero quién necesita un arma cuando abunda la munición.
Avanzó diez pasos hasta la escena del crimen y tomó el cagarro con sus guantes de jardinero. Tal vez incluso lo hizo hasta con mimo; sabiendo que, aunque el material era inmundo, el fin que le aguardaba era noble. A pesar de que no había filisteos observando su hazaña, arqueó la espalda como David en el Valle de Elah y arrojó el mierdolo con esa fuerza interior que nos asiste en los actos de justicia. Buen disparo, Mo.
Impactó el residuo canino justo en la espalda del sujeto incívico. Lamenta este periodista no poder ofrecer datos sobre la marca de la chaqueta o no haber presenciado la escena posterior en la tintorería, en la que tras huir al trote cochinero del lugar del crimen un ciudadano explica cómo un chucho –el suyo– le cagó a la altura del omóplato.
Pero nos alegramos, por fin, de que entre tanto incivismo vecinal y torpeza sancionadora alguien se levante en armas contra lo que al resto nos hace bajar la cabeza por precaución de no pisar. Otros deberían bajarla avergonzados, pero lo que la ética no consigue lo logra la metralla ajena. Y la gran puntería del bueno de Mo. |