Todo el mundo sabe que el escorpión pica a la rana como la zorra no puede cuidar el gallinero. Es como pedirle a un político que no quiera ganar, casi a cualquier precio; o a un futbolista que falle un gol adrede. O a un emperador, romano, español o americano, que no invada un país miserable para reforzar su Arcadia.
Pero es lo que tenemos, las ranas y las gallinas. La liquidación presupuestaria, que es donde se ve la diferencia entre las intenciones declaradas y las consecuencias económicas reales, ofrece datos sonrojantes: una subida del gasto en los ministerios de hasta el 10%, una deuda extra de 48.000 millones de euros acumulada en las empresas, organismos y demás chiringuitos de la Administración y un incremento de los costes laborales en el Estado, las comunidades y los ayuntamientos cercano al 5%.
Esto es, aunque el ciudadano tipo sólo tiene tres caminos -aguantar en su trabajo, hacer amigos en la cola del Inem o malvivir con su pyme en coma-, el sistema que debería ofrecerle alguna esperanza le quita su último aliento para sostenerse a sí misma. Con un añadido que refleja el apoteosis de la habilidad y, a la vez, de la falta de escrúpulos: Baco y Dionisio, dioses de la Adminitración, hacen un brindis extraído de Carlos Marx cada vez que les preguntan por la crisis, aunque en realidad sólo aspiren a seguir bebiendo de la frasca del vino. A morro, limpiándose en las delicadas puñetas de seda, eructando luego sin recato.

No es verdad, en fin, que el déficit y la deuda estén sirviendo para sostener, al menos, el sistema de subsidios. Ni tampoco para cambiar el modelo productivo con leyes sostenibles de autohomenaje que han de juzgarse mirando su efecto y no su métrica o rima. No, en realidad, todas y cada una de las pesetas hipotecadas del futuro y todos y cada uno de los recursos de mañana consumidos ya hoy están sirviendo, en exclusiva, para sostener lo intolerable a costa de amenazar lo imprescindible.
Antes de morir, Benedetti explicó mejor que nadie lo que nos está sucediendo. "Cuando creíamos tener todas las respuestas; cambiaron todas las preguntas". En la pomposidad zalamera de los discursos y la tozudez antagónica de sus efectos reales hay algo, sin embargo, que contradice al escritor uruguayo: tal vez la certeza de que esta aristocracia moderna no necesita ni las unas ni las otras para saber que el trofeo es suyo.
Posdata. Los Matas mallorquines, que suenan como Los Serrano, se comportan como el Dioni y se creen de los Alba; dan la puntilla al lumpen social: ahora va a resultar que los únicos que pueden vivir con 400 euros en el bolsillo son ellos. La parábola de la meretriz y el catre, restregada en el morro. Madre mía. |