ALONSO GUERRERO

Thomas Bernhard, el escritor austriaco, odiaba a Austria por ser un país de apoltronados. Fritz Zorn, otro escritor iracundo, odiaba a Suiza porque todos los suizos son ricos y, por tanto, quietistas. Las últimas tres generaciones de europeos con inquietudes han muerto, y siguen muriendo, de asco, por incapacidad para cambiar ni uno solo de los clichés y los prejuicios que narcotizan nuestras conciencias. Los europeos hemos perdido lo único que teníamos: aquello que nos separaba del resto del mundo, convulso y globalizado como una granja de pollos.
Los sondeos dan a Barbara Rosenkrantz, la última Eva Braun austriaca, el 26% de los votos en las próximas elecciones, así que Europa se acerca una vez más al reverso tenebroso de la extrema derecha. También España, el país más conformista de Europa, tiene su revés brutal y estereotipado. Hemos aceptado Bolonia, hemos empollado el socialismo más bobalicón de occidente y, de resultas de la política que aquí se hace, todos somos felices sin interrupción. Los europeos hemos alcanzado una banalidad culta y retroactiva que, si segrega gente consecuente, es gente que termina en la cárcel o suicidándose: a Sade lo recluyeron en el manicomio de Charenton por un exceso de clarividencia, La Rochelle colaboró con el partido nazi porque le pareció que era el único partido europeísta, y Céline, otro antisemita, reprochaba a los europeos que “la verdad ya no se lleva".
Optamos, periódicamente, por olvidar lo que nos ha traído hasta aquí. Nuestros políticos han descubierto que la mejor forma de ganar un escaño en Europa es que los europeos dejen de serlo. Ignorancia e incultura, falta de criterio, nacionalismo de destripaterrones y, sobre todo, populismo sin pueblo. Al europeo hay que emborracharlo para que vaya a votar, hay que mostrarle los dos únicos caminos que le quedan: o la felicidad o la verdad. Sólo en uno de ellos puede vivir sin leer, pero podría ser en ambos, así que confío en que don Fernando Galván, el nuevo rector de la Universidad de Alcalá, utilice esos veinte puntos que le ha sacado a su oponente para acercarse a Erasmo.
|