Si alguien esperaba un cambio de discurso en esa antorcha de la libertad de expresión con gafas y raya en medio que es Hermann Tertsch, que se desengañe. Lean lean:
“Como el Gran Timonel [Rodríguez Zapatero] vea las imágenes televisivas de los aplausos tibios de su secretario de Estado nos manda a López Garrido de vuelta a Izquierda Unida para disputarse el peluquín del FBI con Llamazares, que ya es casi un hombre al verse perseguido por las fuerzas del mal”. (Inanidad o Veuve Cliquot. Hermann Tertsch. ABC, 21-1-2010)
Pues no, amigos, ni el aire fresco de la noche ni el reposo absoluto entre goteros le han cambiado un pelo de la media melena a nuestro querido Hermann. Y eso que este párrafo es lo más simpático de la columna en cuestión: nuestro apocalíptico de la medianoche se pasa una comarca entera con el presidente Zapatero, con el Gobierno y con la izquierda española. O sea, más de lo de siempre.
Y no me preocupa el monotematismo feroz, la obsesión por la dirección única, la agresividad verbal, el taconazo de tinta y papel… Hay muchos ejemplos de eso y uno ya está acostumbrado a todo a base de tanta guardia en urgencias.
Lo que me preocupa, o más bien fascina, es la capacidad de generar bilis que tiene nuestro indignado Hermann. Si no me equivoco, y yo jamás lo hago, es un caso único en la ciencia médica: él no tiene una vesícula, tiene un motor de cinco tiempos produciendo hiel a litros. En principio no es ningún problema. Aunque debe controlarse: puede acabar ahogado en ella.
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