Infinito Everest
por Uno de la Redacción

LUNES 18 DE ENERO DE 2010 A LAS 18:58 HORAS
Opinión > Política
 
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JOSÉ L. ENRÍQUEZ

 

Tengo un buen amigo que se ha fijado una meta para 2012. Ese año culminará la expedición al Everest de la lleva años hablando mucho tiempo. La cima del mundo, ni más ni menos. Uno de los ochomiles que cualquier escalador sueña con alcanzar, al menos una vez en la vida y que mi amigo también se ha propuesto.

 

Desde que me comentó su intención de emular la gesta Edmund Hillary y su sherpa, Tenzing Norgay, en 1953, el Everest ha entrado de lleno en nuestras vidas. Recordamos las palabras del malogrado Mallory, uno de los pioneros en esta aventura de ascender la cima más grande del mundo y que se dejó la vida en la expedición que comenzó en el Tíbet. La hemeroteca del alpinismo cuenta que cuando a Mallory le preguntaban que por qué había que subir al Everest siempre contestaba lo mismo: "Porque está ahí".

 

Recuerdo que fueron las mismas palabras que me dijo mi amigo cuando me reveló su reto. Teniendo en cuenta que su relación con la montaña se ciñe a ver los Picos de Europa desde el coche, al principio me sorprendió su intención. Tarde días en entenderlo. Pero ya no sólo hablamos de alpinistas famosos, comentamos los retos del equipo de Al filo de lo imposible y últimamente de Jesús Calleja, incluso nos imaginamos como podría ser la vida a más de ocho kilómetros de altura, si se podría ir a la compra, llevar el coche al taller o ir a buscar a los niños al colegio.

 

Desde que mi amigo comenzó a preparar su aventura me he familiarizado con la ropa térmica y las últimas tecnologías aplicadas a los piolets que se precisan para ascender los 8.850 metros que mide el Everest. Suelo ver hasta las ofertas de Decathlon para ver si encuentro algo que le sirva en la expedición.

 

En realidad, mi amigo no va a subir al Everest, no es alpinista. Pero le sigo el juego, hablamos de esa montaña y nos divertimos. Jamás le diría que no puede ascender hasta la cima más alta de la Tierra. Los dos lo sabemos. Pero su padre le enseñó que los sueños son infinitos. Sé que él es tozudo y que consigue lo que busca.

 

Por eso ya está planteándose un nuevo reto, tal vez para 2016. Le voy a plantear que se presente al campeonato del mundo de buceo libre y emule a Jacques Mayol, el hombre-pez francés que descendió más de 100 metros sin ayuda de oxígeno. Para Mayol, Hillary, mi amigo y tantos otros los sueños son infinitos.


Comentarios
José L. Enríquez
martes 19 de enero de 2010 a las 13:13 horas
Gracias por sus recomendaciones. Le aseguro que las tendré en cuenta y es probable que me compre alguno de los libros de relatos que sugiere.
pater
martes 19 de enero de 2010 a las 12:20 horas
No debe ir uno de rompedoretos por la vida, efectivamente, menos de las estimadas y escasas amistades. Tratándose se enormidades, como es el caso de su amigo, el buen ejercicio de la amistad ha de ir encaminado, no a la desilusión del amigo desbaratándole su deseo o querencia, sino a intentar encauzar convenientemente el reto planteado, metiendo algo de razón en él, si se puede. Haciendo que el reto propuesto por el amigo aún siendo infinito pudiera ser alcanzable de alguna manera o grado. Como supongo que también habrá leído o escuchado en alguna ocasión Sr Enriquez, el reto del Everest como el de tantas montañas no ésta tanto en subirlas sino en bajarlas, regándose posteriormente de lo que haga falta. Si su amigo porfía en el empeño esto último ha de comentárselo usted para que lo tenga bien presente. De las montañas, aparte de disfrutar de ellas yendo de paquete a través de las ventanillas de algún coche, existen muchas y variadas formas de vivirlas y disfrutarlas. No siendo tampoco obligatorio ni necesario comenzar por el Everest, dígaselo también.
Para que su amigo vaya entrando en ambiente sobre todo espiritual, imbuyéndose de toda la belleza y dificultades que tiene la actividad alpinística, le recomiendo las lecturas entre otras de “Annapurna primer 8000” de Maurice Herzog que narra la primera ascensión de una montaña de 8000 metros en el Himalaya en 1953 por parte de la mejor generación de alpinista francesa de todos los tiempos con Gaston Rebufat, Louis Lachenal y Lionel Terray entre otros, y las dos primeras novelas de Roger Frison-Roche, “ Primero de Cuerda” y “ Grieta en el Glaciar” ambientadas entre las cumbres y glaciares del valle de Chamonix en los primeros decenios del siglo XX. Más tarde si se ha enganchado puede dar cuenta de “ Entre cero y ocho mil metros” de Kurt Diemberger o la “ Conquista del Nanga Parbat” de Karl Herrligkoffer primera ascención en solitario producida también en el año 53 por el excelente alpinista austriaco Hermann Buhl , entre tantos otros libros de relatos y ascensiones que en estas noches de invierno le irán dando una idea de lo que va a conseguir y sobre todo a lo que se va a enfrentar.
Si por fin decide encaminarse al reto no se le olvide decirle a su amigo que se habrá convertido en “ Un conquistador de lo inútil” como bien nombraba a alpinistas y montañeros uno de los más grandes, el enorme Lionel Terray, titulando incluso de esa forma los dos pequeño volúmenes de su biografía.
PD. Si quisiera regalarle alguno de ellos, y por estar descatalogado alguno no puede encontrarlos, no dude en ponerse en contacto con servidor, puedo indicarle donde buscarlos. Un saludo.
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