No cabe ninguna duda de que tenemos un Presidente optimista por naturaleza, es de esas personas que suelen siempre ver la botella medio llena. No es mala una actitud ante la vida de ese tenor porque lo que están a tu alrededor, si se fían, pueden acabar confiando en que las cosas no están tan mal. El problema está precisamente en qué grado de confianza generas.
A mi particularmente no me resulta fácil encontrar razones para ver todavía la luz al final del túnel, aunque estoy convencido de que el túnel tiene final. Es decir, cada vez estamos más cerca de salir de la crisis porque el fondo, seguro que lo hemos tocado, pero queda aún mucho camino por recorrer y en esta andadura simplemente con optimismo no se arreglan las cosas.
La prueba de que hacen falta “obras más que amores” la tenemos en la valoración crediticia negativa que la conocida agencia de “rating” (calificación) Standard & Poor´s (S&P) acaba de hacer sobre España, a la que ya bajó de la máxima calificación de AAA a la de AA+, un escalón por debajo, a comienzos del presente año y que pese a que el gobierno por boca de su inveterado optimista, Rodríguez Zapatero, o por alguno de sus colaboradores, Octavio Granados, Secretario de Estado de Seguridad Social, dicen que no es motivo de preocupación, creo que es merecedora de mayor atención y preocupación. Sin embargo, pasar a AA- no es algo banal ni obedece al capricho de S&P, sino que tiene un fundamento económico como voy a tratar de demostrar de una forma sintética y no exhaustiva.
Primero, el irrebatible deterioro de las finanzas públicas españolas. Hemos batido un record de velocidad en pasar en el corto plazo de dos años de un superávit público equivalente a un 2,2 % del PIB a un déficit que ya seguro cierra el presente ejercicio por arriba del 10 %. Ello supone, teniendo en cuenta además las cuentas que se van a aprobar para 2010, un imposible ejercicio de ajuste porque la política de consolidación fiscal (entiéndase acabar el ejercicio presupuestario de 2010 ingresando más que lo que se gasta sin tener en cuenta los intereses de la deuda pública) no está prevista, aparte de que el contexto no la haga fácil de aplicar. Es decir, S&P no ve ni siquiera voluntad de corregir esta deriva financiera de las Administraciones Públicas Españolas que ve el peligro de que la deuda pública española en circulación (a fines del pasado mes de noviembre superior a los 450.000 millones de euros) pueda entrar en proceso de reducción; al contrario, puede acabar acercándose al 70 % del PIB en 2010.
Segundo, unido estrechamente a lo anterior, el elevado endeudamiento del sector privado español (en el entorno del 180 % del PIB en 2009) que conduce a una posición deudora frente al resto del mundo equivalente al 224% de sus pagos por cuenta corriente (cifra no muy lejana de la que tiene por ejemplo Grecia que si es verdad tiene una calificación mucho peor, A-, que España).
Si a esto unimos un mercado de trabajo en una situación de alarma roja; ni el optimista antropológico de nuestro Presidente de Gobierno, ve posibilidades de reducir desempleo el año que viene. Quedarse en un 20 % de tasa de paro no sería mal visto por el Gobierno, dibuja un escenario de desconfianza en una economía que no endereza su rumbo (hasta enero no podremos comprobar si el crecimiento intertrimestral del PIB es positivo) que es el yo entiendo contempla S&P y el mercado ratificó ayer, 10 de diciembre: los bonos a 10 años del Reino de España han registrado la colocación más baja de los últimos meses (2087 millones de euros frente a un máximo de 3000) y una subida del tipo de interés hasta el 3,896 %, un coste superior al de la anterior colocación del mes de octubre (3,88 %); aparte de que en el mercado de deuda pública la cotización de los bonos españoles ha aumentado también hasta un 3,91 %; registrando el mayor diferencial (74 puntos básicos) respecto a los títulos equivalentes alemanes desde el pasado mes de julio.
¿Puede mejorar la situación de la economía española? Sin duda alguna que es viable, pero desde luego como señalaba mi compañero de la UAH Juan Ramón Cuadrado, en un artículo publicado el pasado 4 de diciembre en Expansión, pasa por realizar un importante ejercicio de austeridad del conjunto de las Administraciones Públicas (Ayuntamientos y Comunidades Autónomas especialmente) porque los ingresos van a caer, pero además es necesario el recorte de gastos, como él dice el funcionamiento de unas “tijeras grandes de podar”. Todavía estamos a tiempo de aplicarlas.
Este gesto sin duda nos colocaría en mejor posición ante las agencias de calificación, pero sobre todo ante todos los españoles que empezarían a comprobar que esto de la crisis es algo más complejo que contagiarse de unas malas prácticas de banqueros norteamericanos, sino un proceso negativo de extremada dureza (recesión, desempleo,…), que además va para largo y que desgraciadamente no se arregla sólo con buenas palabras, sino con una estrategia de corto y medio plazo que contenga actuaciones económicas acordes con la coyuntura. El anuncio de S&P es un primer aviso de que algunas cosas, por ejemplo el deterioro de las finanzas públicas, debe empezar a encauzarse hacia el sendero de la estabilidad. |