ÓSCAR SÁEZ
Justo dentro de una semana seré el hombre más saludable del mundo. Pese a que tengo el colesterol más atascado que la rotonda de la Fiat, que las resacas duran más bebiendo menos a mis treinta y pocos tacos, y a que los michelines son como la esperanza, lo último que se pierde por mucho ejercicio que hagas, seré el hombre más saludable de la faz de la tierra. Más incluso que la Organización Mundial de la Salud.
No me habrá tocado la Lotería, aunque me habré dejado un potosí en décimos. Pero siempre nos quedará la salud. Cuenten las veces que les dirán la dichosa frasecita a lo largo del 22 de diciembre, mientras se repiten hasta la náusea en la televisión las imágenes de apertura de champán, y no me refiero a las de Joan Laporta en Luz de Gas.
En el fondo, no es egoísmo por el dinero, porque yo soy muy generoso, sobre todo si me sobrara. Sólo es envidia, un pecado capital como otro cualquiera. Porque igual que la gente vota a Rajoy por no votar a Zapatero y viceversa, la gente compra la Lotería en Navidad no para que le toque, sino por si acaso toca al vecino. Porque la envidia es muy mala señores, y sobre todo muy cara.
Yo soy de los que digo que el año que viene, juego a un número y fuera, que no voy a comprar a nadie. Y al final juego hasta al décimo del vecino del primo de mi amigo porque el yerno del cuñado del suegro del jefe ha tenido el presentimiento de que va a tocar un número, digamos el 22619, que por cierto le llevo. Anda que si toca...
Pero es que la Navidad, esa época de hermandad y fraternidad, salvo para Berlusconi y Hermann Tertsch, es la única ocasión en la que nos encantaría ser Gordo y Calvo, aunque sólo sea para que nos toque una pedrea para que la cuesta de enero y los Reyes no conviertan el 2010 en un Tourmalet.
P.D. ¿Desde cuándo preocupa tanto al PP la situación del Sáhara?, ¿y al PSOE?
P.D.2, ¿Si el vídeo de Wyoming genera crispación, qué generan las palabras del editorial desde el hospital de Hermann Tertsch?
Y ahora el chiste semanal para olvidarnos de la crisis y del Gordo de la Lotería.
- Un hijo le dice a su padre: “Papá, papá, ¿dónde está Rusia?".
- Y el padre le contesta: "No sé, pregúntale a tu madre que es la que ordena todo". |