XAVIER COLÁS
Le han negado el saludo a Letizia Ortiz, no se sabe bien si por lo de su cuñado, por divorciada o porque un mal día lo tiene cualquiera. El caso es que el encargado de Negocios de la República Democrática del Congo, Oscar Matondo, se hizo el orejas y la dejó colgada de la brocha, con la mano extendida en una recepción. Después el hombre se ha disculpado, porque está mal eso de pasar de la monarquía en su cara.
En la calle hay un montón de gente que pasa de uno, y eso casi nos hace importantes. En Alcalá es casi una muestra de relevancia social el número de gente que mira para otro lado o que incluso se cambia de acera para rehuir tu presencia. Como si portases la guadaña o alguna enfermedad tropical. Si eres rumano o albaceteño, entonces nada. Pero, ay, si eres de los de aquí de toda la vida. Podrás presumir de emboscadas, condueñidades y demás afrentas: homenajes abortados, libros en los que a uno no le citan, adhesiones peatonalizadoras y demás ira y fuego complutense. Es un mundo cruel, sí, en el que hombres recios pugnan con dimes y diretes endiablados, chismes de polvorín y traiciones en la penumbra de las imprentas mientras los contrarios hacen girar la cucharilla en alguno de los cafetines que quedan vivos.
Hay borregos que queman más calorías esquivándome que si me hicieran una reverencia. Le dan a uno ganas de enarbolar la vara y decir: “¡Arranca de aquí!”
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