ALONSO GUERRERO
Ahora que ha llegado el momento de mirar hacia atrás con ira, de ajustar la ergonomía del partido y preguntarse por qué, siendo los más progres, han perdido las elecciones, los socialistas van descubriendo que no eran socialistas. Los 130 años del partido sólo han servido para comprar con los impuestos mejores mesas de despacho, para meter en el redil al votante, al militante y al simpatizante usando un joker de tienda de juguete como Zapatero, en lugar de tirar de gente más útil y preparada, como Babe, el cerdito valiente, por ejemplo.
El socialismo español lleva buscando, desde que comenzó la democracia, el mismo horizonte que buscó Pablo Iglesias, otro soñador adicto al orfidal. Lo busca, mientras el bosque de Birnam se acerca a Dunsinane, pero es incapaz de dar carpetazo a unos estatutos que no le dejan hacer revoluciones. El otro día Chacón se acercó a una parte del problema: “Nos equivocamos primando el discurso territorial frente al social", que es como decir que a este socialismo lo que menos le importa es la sociedad. Así que ahora existen dos cabezas parlantes e indignadas que pugnan por ver cuál de ellas pone el primer colchón lleno de pulgas en Sol.
Sin embargo, ninguna de las dos es creíble. Ni Rubalcaba, ni Chacón. No es creíble este socialismo de yuppies adiestrados para la libertad, la igualdad y la fraternidad. No es creíble la vuelta a Casa Labra, donde se fundó un ideal que ahora parece un lastre. No es creíble que ahora Chacón y Rubalcaba vayan a construir nada dialéctico, real, con sus ganas de reconquistar el poder político. No es creíble, porque no hay mileuristas, ni desahuciados, ni nadie que haya perdido uno solo de sus derechos en esa cohorte de autocríticos por obligación. La única forma de que este partido socialista funcione es mandar al geriátrico a todo el mundo, o a la perrera, y pensar en una nueva inocencia. ¿Parece idealista? Quizá sea mejor este idealismo que copiar al dictado, como hace Rajoy, un hombre que ha convertido la taquigrafía en proyecto de estado, un hombre con menos capacidad de decisión que el de Alcatraz.
|