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XAVIER COLÁS
Están entre nosotros, para salvarnos de los malvados. Se prodigan en tertulias de tele o de bar: son la gente cojonuda. Están en contra de que suba el metro, rechazan cualquier recorte en sanidad o educación. Creen que se deben dar más becas y que no sobra nadie en lo público. Consideran que las pensiones han de subirse y que no se puede echar a nadie de su casa. Critican el rescate bancario pero no aceptarían jamás un corralito. Los niños, los viejos y los pobres han de tener baratas las cosas básicas. El IVA, bajo porque no es progresivo. El IRPF, también porque los ricos son los demás. Hay que manifestarse contra las alzas del IBI, porque si los municipios están mal, nosotros estamos peor. Y los sueldos, para arriba.
Los cojonudos están contra el paro y contra la muerte. Y asisten con cara de reproche al penoso espectáculo que estamos dando los demás con la crisis: no les cobres la bolsa de plástico ni les atiendas con retraso, están en contra de todo eso y ya te lo han dicho. ¿Cómo puedes estar a favor?
El caso es que todo lo anterior no necesita tanta palabrería, basta con financiarlo. Pero paradójicamente los sedicentes defensores de lo público muchas veces son los menos interesados en calcular cuánto hace falta y de dónde sale. ¡Pues que no hagan carreteras! ¡Que lo paguen los ricos! ¡Que acaben con el fraude! Y probablemente lo que acabará con lo público no son sus enmascarados enemigos sino sus impostados defensores. La gente cojonuda.
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