Sin Camps
por Uno de la Redacción

LUNES 25 DE JULIO DE 2011 A LAS 11:33 HORAS
Opinión > Política
 
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ANTONIO CAMPUZANO

 

No somos nada. Efectivamente, sin Camps los periodistas no son nada. Al menos por un tiempo. Una vez más está servida la ofuscación del dúo Amaral, porque cuando desaparece un referente inmediatamente entra en escena Amaral, precisamente por la gloriosa letra de su gloriosa canción que arrasó los escalafones y tops. Ya se lo dijo el candidato Rubalcaba al parlamentario ése que cobra por hacer todas las semanas la misma pregunta casi con la misma dedicación recaudadora que una sociedad de autores. Le pasa a Camps, le sucede a Contador. Sin ellos se duplica la ausencia, en engrandece la orfandad. Tanto tiempo para esto.

 

Desde Finisterre a Cabo de Gata, todo el mundo sabe que Camps es honrado, según su propia manifestación, lo que equivale a restar mérito a ese pronunciamiento. Los deudos de mítico cantante de entretenimiento Pepe da Rosa, muy al contrario que Amaral, estarían contentísimos de la parodia léxica del president Camps. El otro día compareció el dimitido con una imperdonable arruga en el cuello del traje azul noche. No hacía pliegue con camisa y dermis, y lamentablemente a cualquiera se le podía representar que Camps, con ese desaliño en hombre imprecado por asuntos de naturaleza textil, estaba definitivamente en la trayectoria que marca la cuesta abajo. Y luego resulta, como casi siempre, que acontecimientos extraordinarios como éste, inauguran situaciones pasmosas por contradictorias y equívocas.

 

Dice Camps que hace con la dimisión una “sacrificio personal” cuando lo hace agobiado por el auto de un juez que no está ni mucho menos en la transversal mítica y acreditada de Finisterre a Cabo de Gata. “Soy completamente inocente” proclama el dimisionario cuando conoce perfectamente que esta manifestación carece de valor alguno comparado con lo que diga el tribunal. “Valencia es el mejor lugar para nacer, crecer, vivir y hacer una familia”, en una irradiación de  nacionalismo mediterráneo fuertemente inoportuno cuando lo que se ventilaba era la necesidad de su caída por su imputación en presuntos delitos. Otra y última inclinación a  la falsedad en el mercado de la especie: esto es bueno para Mariano Rajoy, esto es bueno para el Partido Popular.

 

El recuerdo de esta desgracia, de esta irregularidad, suceda lo que suceda en campaña electoral, planeará constantemente. Y ello es razonable que así sea por cuanto un presidente de una comunidad señera, bastión del partido conservador que desea y aspira al gobierno español, tiene que abandonar la gobernación de Valencia porque presuntamente, pero después de una larga instrucción, es un delincuente. Todo lo cual dicho con el permiso de González Pons, para quien diccionarios, enciclopedias, manuales de derecho, etc., conservan un arcano que sólo él puede hacer de ello una interpretación.


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