A nadie le ha sorprendido la suspensión de militancia de Manuel Cobo en el PP, cuya letra pequeña promete resaca no obstante. Y es que, en contra de lo que probabilísimamente pensaban el afectado y el propio Gallardón, la celeridad en anunciar el castigo resulta sintomática del estado de ánimo de Génova: el Comité de Garantías podía haber optado por demorar el anuncio, nombrando un instructor y abriendo el expediente sin necesidad de sanción 'preventiva', pero optó por reconocer el delito y dejar para más adelante la concreción de la condena.
Esto ha descolocado un poco al alcalde, que hasta el martes pensaba que la rajada de su mano derecha iba a suscitar un respaldo de Génova disimulado pero a la vez indisimulable: la falta de aplausos a su intervención, dura con Aguirre, aduladora con Rajoy y protectora con Cobo; debió darle ya una pista clara de que esa estrategia podía hacer aguas. Y la ha hecho: la dirección nacional del PP ha aprovechado la coyuntura para marcar diferencias con los dos gallos del PP madrileño, pero sólo al del alcalde ha podido expedientar.
Esta decisión coloca al alcalde en la tesitura de cumplir con los ideales que él mismo expuso en el Comité, cuando dijo aquello de que "el camino más corto entre dos corazones es la lealtad", o dejar que su vicealcalde conozca el foso de los leones sin otra compañía que su compasión privada. Este dilema se resume en la decisión que Gallardón tome en cuanto se confirme la 'condena', si no antes: ¿Le relevará como vicealcalde? Parece improbable, pero no imposible. ¿Y le sustituirá como portavoz? Esto parece más factible.
Y es que en Correos se vislumbra un futuro difícil si el 40% de los concejales del Gobierno le piden medidas internas contra Cobo toda vez ha fallado en su contra el Comité de Garantías. A Gallardón no le inquieta demasiado lo que hagan los ediles 'díscolos', pero sí le preocupa y mucho cómo podría eso afectar a la paciencia de Génova: Rajoy dijo que no quería ni un espectáculo más o adoptaría medidas, y no parece que una crisis interna en el Ayuntamiento sea la mejor manera de esquivar las advertencias.
En la Puerta del Sol, mientras, Aguirre ha optado por evitar nuevas batallas y, en privado, se asume el error de no haber ido al Comité: no fue por desafiar a Rajoy, como algunos interpretaron, sino por esquivar una encerroana que, en forma de rapapaolvos de otros presidentes regionales, se temía pudiera llegar. ¿Quizá porque algunos no le devolvieron la llamada a la presidenta del PP cuando ésta les llamó en las vísperas para aclarar malentendidos y apostar por el 'buen rollito'?
Sea como fuere, Aguirre no tiene ardor guerrero y, para quien la quiere oír, asegura que no lo ha tenido nunca. "Aceptó la solución a lo de Cajamadrid sin pedir ni pactar nada a cambio, quiso que el Comité saliera sin tensiones y sólo aspiraba a que lo de Cobo no quedara impune... y la reprendieron a ella. Fue injusto, pero hay que pasar página", se dice. ¿Fin de la guerra pues? |