PEDRO P. HINOJOS
Cuando en octubre de 1843 comenzaron a circular por Londres las páginas de News of the World (NoW), Alcalá acababa de regresar a la edad de piedra cultural con el cierre de la Universidad y de la imprenta que le prestaba servicio y que, de paso, también daba para producir hojas volanderas de vez en cuando. El domingo salió a la calle el último número del “mejor periódico del mundo 1843-2011”, según rezaba una leyenda en una esquina de la portada con una retranca digna de mejores latitudes, ahogado por los escándalos y por la pérdida de lectores y de anunciantes. Hay quien piensa que es esto último lo que de verdad ha pesado en la desaparición del célebre periódico.
Al fin y al cabo, las canalladas de las escuchas ilegales que la Justicia británica está investigando no son mucho peores que cualquiera de la ristra infinita de tropelías que ha cometido el rotativo a lo largo de sus 168 años de historia, en los que ha pasado de ser uno de los grandes iconos del amarillismo a emblema del periodismo basura. Y, aunque duela en la cofradía del papel, así debería ser: la misma masa que alfombró las ciudades con las páginas de este periódico es la que tiene todo el derecho a mandarlo a la tumba, antes que los jueces, los policías o los políticos, pues todos ellos, además de indignarse, también habrán sacado alguna tajada de influencia o poder con los excesos sensacionalistas de NoW en algún momento.
La pus se destila ahora (y parece que por mucho tiempo) entre la multitud a través de las telarañas de internet o en los zoos que han ocupado los platós de la la televisión en horario de máxima audiencia. Para los nostálgicos de las peores noticias solo les queda asquearse entre carcajadas revisionando una y otra vez las miserias del cronista de sucesos y del director del Chicago Examiner y sus ruines colegas en la memorable Primera Plana de Billy Wilder. O, en el caso de los amantes de la arqueología cinematográfica, con la antediluviano y deliciosa Luna nueva. DEP, aunque sea en el infierno. |