El suceso de Sol
por Uno de la Redacción

LUNES 23 DE MAYO DE 2011 A LAS 12:06 HORAS
Opinión > Política
 
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ANTONIO CAMPUZANO

 

A la más aparentemente anodina campaña electoral se le ha añadido, a última hora, un ingrediente verdaderamente interesante. La acampada de Sol, extendida a otros espacios, representa a la manifestación de descontento de la llamada generación perdida.

 

Por generación perdida se entiende por extensión a todas aquellas etapas históricas producidas después de algún hecho extraordinario, guerras y crisis económicas por ejemplo, que hacen muy difícil remontar el pulso político y económico de un país. Ese trabajo lleva el transcurso de prácticamente una generación. La actual generación de jóvenes se enfrenta al riesgo de acarrear problemas de realización laboral y profesional muy importantes.

 

Un desahogo de esa frustración, entre otros, es éste de la afluencia a la Puerta del Sol. Ahora, lo interesante es la reacción producida en los partidos políticos metidos de hoz y coz en campaña electoral cuyo vencimiento se produjo ayer. Los principales, PSOE y PP, han experimentado muy distintas sensaciones. El socialista, ya metido de lleno en los usos americanos, está en el primer y último tiempo de saludo del “esperar y ver", expectante ante lo que se llama desarrollo de los acontecimientos: los lamentos fundamentados sobre todo en la desigualdad no parecen afectar tanto a las bases del socialismo real. Por el lado del Partido Popular, los miedos y las perversiones más internas son una realidad. La posición contraria de Esperanza Aguirre no parece absolutamente geográfica, no habla solamente de la contaminación de la cercanía por estar su sede presidencial en Sol.

 

El encontronazo conceptual de los antisistema que percibe el PP no puede entenderse más que de dos maneras: una, porque la campaña iba bien como iba, y cualquier contratiempo extraordinario solo puede afectar al dueño de la situación ya controlada; dos, que las quejas basadas en el quebranto de esa generación tengan a los partidos conservadores en la diana en mayor medida que los llamados de izquierda. El   resto de partidos, más o menos marginales, Izquierda Unida y demás, podrán ser receptores de alguna dádiva, pero lo más sustancial es la quiebra de esa tranquilidad de la que se  beneficiaba el Partido Popular de manera evidente. Si se produjese un vuelco sobre lo previsto en las encuestas, el nombre de Rubalcaba sería proyectado desde la calle Génova directamente a los confines del infierno. Todo ello sin que se enterasen los anti-sistema. Como no se enteraron los muchachos de Al Qaeda.


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