JOSÉ LUIS ENRÍQUEZ
Las rosas A todas las mujeres, o al menos a la inmensa mayoría le gustan las rosas. Esperanza Aguirre, con ese aire tan british y de té a las cinco que se gasta es de esas mujeres a las que uno puede imaginar en un jardín de rosas. Es cierto que puede ser tan firme como Margaret Thatcher, pero también tan sensible como cualquier dama ante las rosas. Así lo demostró el lunes durante su fugaz visita a Alcalá para participar en un mitin. Pese al frenesí electoral de la campaña tuvo tiempo de fijarse en las rosas que decoran la Plaza de Cervantes y que “los vecinos no cortan para llevarse a sus casas”. Y eso que son de verdad...
¿Era buen alumno? A falta de mayor énfasis electoral en una campaña sin ambiente, lo que anima el patio electoral es conocer el colegio en el que estudiaron los candidatos. Unos, al parecer, tratan de ocultarlo, y otros, como Bartolo, por ejemplo, revelan sin problemas que estudió en el colegio público Daoiz y Velarde y hijos los hacen en un concertado. Tomás Gómez, que presume de ser un producto de la escuela pública, mira por donde estudió en el colegio privado San Miguel, de Parla. Almenos, así los revela en facebook el actual alcalde de Parla, José María Fraile, aunque queda por saber si era un buen alumno o un tormento para sus profesores. Al menos, por la foto del cartel electoral Tomás Gómez tiene pinta de ser de los chicos buenos de la clase, que pasaron a la Universidad sin hacer novillos un solo día.
Una de querellas Mientras los candidatos a la Alcaldía de Madrid apuestan por el savoir faire a la hora de tirarse los trastos, entre Aguirre y Tomás Gómez la cosa puede acabar en los juzgados. Todo a cuenta de eso de decir que Aguirre “vende el Canal de isabel II a sus amigos”. De momento, esta acusación ha sido respondida por parte de los populares con una querella querella criminal por un presunto delito de calumnias contra Tomás Gómez que rompe la armonía de campaña electoral.
El Twitter de los... Cuando el Messenger entró en nuestras vidas algo cambió ya para los periodistas. Pero no intuíamos lo que se nos venía encima. El Twitter nos acerca a la locura ya que nos faltan ojos para ver y procesar todo lo que ahí se puede leer. Esta campaña es de 146 caracteres... Y pensar que hace poco se decía que sin un blog no eras nadie... |