36 minutos de Zapatero
por Uno de la Redacción

LUNES 18 DE ABRIL DE 2011 A LAS 16:35 HORAS
Opinión > Política
 
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ANTONIO CAMPUZANO

 

Probablemente los 36 minutos de intervención que acaparó el presidente Zapatero el domingo pasado en el pabellón de El Val sean los últimos 36 minutos que consuma el primer mandatario en nuestro suelo. La tranquilidad que proporciona a los políticos el saberse amortizado se traduce en esa misma paz interior y exterior. Zapatero en El Val generó esa sucesión de imágenes que, pasado un tiempo, se pasearán por el imaginario de la historia de la ciudad, como cuando El Campesino paseaba con su indumentaria militar por la calle Mayor, en plena guerra civil. O el general Franco se dejaba focalizar con motivo de la celebración del Día de la Provincia. O el Rey Juan Carlos, cuando se mete cada día 23 de abril entre los bullicios de la tuna ejerciente. O Santiago Carrillo cuando dijo lo que dijo en el platillo de la vieja plaza de toros de la Avenida de Guadalajara. O José María Aznar, cuando en 1993, en el mismo coso taurino recordó a Manuel Azaña con palabras que sonaron más o menos claro tras su entonces negro y espeso bigote, diez años antes del fresquito de las islas Azores.

 

Entre el cuidado peinado y los mocasines de piel vuelta de color negro, emergía un Zapatero cauteloso que habló cariñosamente de Tomás Gómez, que pasó su brazo derecho muy por encima del hombro izquierdo de Javier Rodríguez como unciéndolo en un sortilegio de baraka. Y habló en Alcalá de los asfaltados de Alcalá. Y habló en Alcalá mucho más de Alcalá que nadie de Alcalá. Y lanzó un capotazo por alto, como los expertos subalternos, cuando arreciaba la masa contra una cámara de Intereconomía. 36 minutos de presencia del presidente del gobierno español en Alcalá siempre serán noticia, siempre serán historia. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos y viceversa, como anticipaba Rafael Sánchez Ferlosio, en 1993. Luego le dieron el Cervantes. O sea, otra jornada legendaria. Como la del domingo en El Val, con toda la techumbre interior prácticamente demolida para que Javier Rodríguez vuelva sobre ella, insistentemente.


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