
ALONSO GUERRERO
Desde que a principios de los 90 se puso en marcha la LOGSE, ha quedado claro que si uno quiere formarse en este país, adquirir cultura y desarrollar las capacidades que posee lo mejor es no tener el Título de Secundaria. Los políticos llevan casi 20 años parcheando la LOGSE, como si las urnas no les dotaran de la capacidad suficiente para tirarla a la papelera. El PSOE llegó a la conclusión, cuando la impuso, de que la única forma de educar igualitariamente era no educar a nadie, así que el sistema educativo se ha convertido en el mayor vertedero de prejuicios políticos de la democracia. La única forma de conseguir una preparación consiste en salirse de él.
Sentadas estas evidencias, la Comunidad de Madrid ha sido pionera en la creación de puertas falsas. Los intentos han sido loables, pero equivocados: la privatización de la Secundaria, hasta convertirla en algo parecido a una madrasa católica; la obsesión por que el alumno sea un ignorante que habla inglés, y ahora la propuesta de un módulo VIP de Bachillerato, sólo uno, excavado en las montañas, como El Valle de los Caídos. Lo que hubiese tenido fácil solución con el establecimiento de unos itinerarios educativos en 30 de ESO, se ha convertido en la construcción de un arca de Noé para salvar a unos cuantos. ¿Cuáles serán los criterios para elegir a los elegidos? ¿Y para seleccionar al profesorado que imparta esas clases basadas en la excelencia? ¿Serán aquellos profesores que más cursos aporten sobre el tabaco en las aulas, o la pizarra digital?
El Bachillerato VIP es absurdo, y no porque no sea lícito formar una élite, sino porque no se hace con ese sentido, sino para limitar a unos cuantos las reformas que todo el sistema necesita. Hagamos reformas que separen a los alumnos que quieren aprender de los que no, que separen a los buenos alumnos de las propias leyes educativas y, finalmente, separemos a los políticos de la pedagogía. Entonces los guettos estarán bien hechos. Los enseñantes podrán enseñar, no pastorear. De lo contrario, los profesores tendrán que reciclarse en los conciertos de Justin Bieber, ese niño destetado por un asesor de imagen.
|