El pasado 10 de marzo, al finalizar unas jornadas sobre feminismo, un grupo de setenta estudiantes entraron en la capilla situada en la Facultad de Psicología, abierta porque en ese momento había dos personas rezando, para protestar contra el machismo y la homofobia de la Iglesia Católica, al tiempo que ponían de manifiesto el anacronismo y la falta de sentido de que en una institución como la Universidad la jerarquía eclesiástica católica ocupe espacios públicos.
Los estudiantes llevaban pancartas de protestas, en que sobresalía la sonrisa del actual Papa en alguna de sus múltiples actos de propaganda al que nos tiene acostumbrados, y, durante la protesta pacífica, varios de las estudiantes se desnudaron de cintura para arriba convirtiendo sus propios cuerpos en espacio para escribir protestas y consignas contra la Iglesia. La protesta sorprendió al sacristán y a las dos personas que estaban rezando en la capilla. Pero, como declararon en los días posteriores, más allá de la sorpresa inicial, más allá del disgusto, todo se desarrolló sin agresiones físicas.
Pero a partir de este momento, se ha desencadenado una tormenta mediática, de la que no es ajena la circunstancia de que la Universidad Complutense de Madrid está inmersa en estos momentos en un proceso electoral para elegir al nuevo rector. Nada es casualidad. Y mucho menos cuando uno de los candidatos ha sido apoyado públicamente por el aparato político y mediático de Esperanza Aguirre.
No se olvide lo que siempre se comentó, que de una caja B de la Universidad Complutense, hace ya más de ocho años, se pagaron los gastos de hotel, seguridad y transporte del Tamayazo, del gran escándalo político de nuestra comunidad que llevó a Esperanza Aguirre a ocupar el puesto de presidenta de la Comunidad por la deserción de dos diputados del PSOE… demasiados hilos tejidos en las costuras de las cloacas de la política madrileña.
Me imagino que los estudiantes –a los que desde las aulas estamos siempre animando a ser reivindicativos, a que quieran cambiar el mundo, a que potencien su espíritu vanguardista, a que no se dejen aplastar por los lugares comunes ni por los falsos principios de autoridad- pensaron en la repercusión de su acto, pero no creo que nunca hasta donde se ha llegado: al linchamiento mediático, al insulto sin reparos y al ataque a la autonomía universitaria, tan del gusto de los dirigentes de la Comunidad de Madrid, que han encontrado en el actual rector de la UCM, en Carlos Berzosa, uno de sus piezas a cobrarse en la carrera frenética hacia ningún lado que han emprendido en los últimos años.
Me imagino que los setenta estudiantes, al organizar su protesta –no se olvide pacífica e imaginativa-, pensaron en el cabreo de la Conferencia Episcopal Española, pensaron en las quejas al rectorado del obispo de Madrid, de los ataques y desplantes en medios y en algunas instituciones, pero nunca que el sindicato de extrema derecha “Manos limpias” (un nombre que es ya en sí mismo una ofensa por lo que tiene de insulto a todos los demócratas) presentara contra ellos una querella criminal, que cuatro de los estudiantes participantes fueran detenidos en sus casas enfrentándose a un juicio y penas que pueden ascender a los seis años de cárcel y, mucho menos, el arrogante, superficial, fascista e impune ataque que han sufrido en las últimas semanas, y que hablan de profanación, de insulto a la libertad de culto, criminalizado e insultando a las personas participantes.
Y mucho más. Este ambiente llevó a un grupo de ultraderechistas a entrar en la Facultad de Geografía e Historia para quitar los carteles allí colgados en apoyo a los estudiantes procesados y a agredir a todo aquel que encontraban a su paso y les recriminaba los modos propios de la dictadura. Y mucho más. En la capilla de la Facultad de Psicología, en el Campus de Somosaguas, se realizó una misa en “desagravio”; se cerró el parking público de la facultad para que los autobuses fletados por el Obispado pudieran aparcar con tranquilidad y todo aquel estudiante que pasaba por allí, con ropas o peinados que no suelen verse en la Iglesia de los Jerónimos (donde algunos van a jurar la bandera preconstitucional los veinte de noviembre), fueron increpados e, incluso, agredidos… “en defensa de la libertad de culto”.
El pasado viernes 25 de marzo se celebró en la Universidad Complutense de Madrid un acto en apoyo de los estudiantes que han sido procesados por expresar sus opiniones de manera pacífica en una capilla situada en la Universidad de la que forman parte como alumnos; acto al que acudimos más de 200 personas.
Decenas de personalidades tomaron la palabra para expresar su apoyo: profesores, alumnos, asociaciones, políticos, actores… apoyo a la libertad de expresión (por más que no guste a los poderosos, y está visto que la Iglesia sigue siendo el gran poder de nuestro siglo XXI, a pesar de los pesares, a pesar de encontrarse cada vez con menos fieles); apoyo para hacer de las Universidades espacios laicos, donde se venga a enseñar y a aprender, a aprender también en valores universales que nada tienen que ver con ningún credo ni religión (las distintas confesiones religiosas tienen ya sus espacios específicos, donde los universitarios no demandamos espacios propios para defender nuestras ideas y, mucho menos, nuestros conocimientos y reflexiones); apoyo a la denuncia de una prensa que se está acostumbrando a confundir información con opinión, a tergiversar la realidad según sus necesidades e idearios, una prensa que ha demostrado en este campo (como también la mayoría de los políticos) de no estar a la altura del país en que vivimos… pero, sobre todo, las más de doscientas personas que nos reunimos el pasado 25 de marzo en la Universidad Complutense (que cuenta con ocho capillas en sus diferentes campus) lo que queríamos era agradecer a ese grupo de valientes estudiantes que el pasado día 10 de marzo protestaron pacíficamente en la capilla en la Facultad de Psicología de la UCM, es que hayan puesto el dedo en la llaga en una de las asignaturas pendientes (y más que suspensa) de nuestra democracia adolescente: la necesidad de completar la transición religiosa… no es posible que un concordato de 1979 (¿Aquellos tiempos pueden llamarse constitucionales aunque el año anterior se hubiera aprobado por referéndum la Carta Magna?) sigue siendo el marco legal que rija en el siglo XXI las relaciones de un estado democrático (¿es así realmente a la vista de lo que dice impunemente la caterva mediática?) como lo es España con una confesión religiosa, que no lo olvidemos, cuenta con su propio Estado, con su propio banco, con sus propias estructuras de poder… ¡Qué hermosa aquella frase de dejar al César lo que es del César! Ha llegado el momento, sin duda, de avanzar hacia la transición religiosa en España. Y gestos valientes como los de los setenta estudiantes de la Complutense deben ser un ejemplo a seguir. |