PEDRO P. HINOJOS
El Carnaval es una fiesta irreverente, imprevisible y anárquica; la del pueblo desatado en el desparrame total. O eso al menos nos quiere vender la publicidad institucional, usurpándole el papel a la tradición. Por eso, se recuerda con insistencia como en tiempos del franquismo la celebración del desenfreno por excelencia se desarrollaba en la clandestinidad o camuflada en bailes de máscaras repipis. En Alcalá el Salón Cervantes fue durante muchos años escenario de esas francachelas, según cuentan los más mayores. Y no mucha más costumbre carnavalesca se conoce por aquí, más allá de la ocasión para ponerse el disfraz y alternar con las amistades bajo un frío del carajo.
Sin embargo, y sin saberse por qué, el Ayuntamiento de Alcalá, como decenas de ayuntamientos más de nuestra geografía, se ven en la extraña obligación de organizar el Carnaval de punta a rabo, con sus pregones, sus desfiles, sus concursos de disfraces, su carrusel de murgas y su gasto de dinero público. Y el resultado es inevitablemente triste, pues no hay nada más tedioso que tratar de imponer un orden y un hábito que nadie reclama, sobre todo cuando se trata de divertirse. Los que hayan conocido otros lugares con larga andadura en esto del Carnaval lo entenderán mejor aún. La comparación resulta dramática.
Pongamos por caso Cádiz, santuario de la sátira y la picardía indomable, por más que en el último siglo y medio se haya tratado de encajar en el corsé de los reglamentos. La autoridad se pone al ritmo de la calle abarrotada y aguanta con sonrisa forzada todos los pisotones; esos que machacan los juanetes del rey para abajo y que, vaya paradoja, apenas se difunden en los grandes medios de comunicación, que prefieren recrearse en la versión más amable de los colores chillones, las plumas y los pavos reales. También aquí nos podríamos recrear en ello, mientras el que lo desee disfruta en paz de su máscara, sin necesidad de que nuestros munícipes traten de meternos con calzador un Carnaval, hasta que se decidan también a organizar Halloween. |