PEDRO P. HINOJOS
Muy pocas horas después de que el bucle de noticias y tertulias de CNN+ se fundiera en negro y arrancara la emisión ininterrumpida a lo Show de Truman de Gran Hermano; cerraba sus puertas el Museo Chillida-Leku, el caserío guipuzcoano donde el famoso escultor vasco quiso dejar plantadas para la posteridad sus gigantescas figuras de acero. Las dos clausuras han tenido en común una reacción de protesta e indignación entre espectadores y aficionados como solo se da en aquellas ocasiones en que se aprecian de verdad las cosas que se quieren justo en la víspera de perderlas.
Pero también les une el hecho invencible de su escasa rentabilidad económica por falta, qué capricho cruel, de una respuesta social acorde a sus necesidades materiales de mantenimiento. O sea, que la indignación con la que se han acogido los cierres del canal de noticias y del bosque de esculturas está protagonizada por una minoría ruidosa. De haber existido una multitud frente a las pantallas reventando los shares y ante la taquilla del museo en mitad del bosque, no existirían en este momento ni el lamento ni la sensación de fracaso.
También podría haberse dado el caso de que surgiera un magnate con ínfulas filantrópicas para invertir a fondo perdido en estas empresas y evitar unos cierres tan dolorosos. Pero el negocio boyante, que solo es tal y merece la pena si hay masa consumidora, florece y revienta por otros jardines menos refinados.
Al menos aquí y ahora. Los brindis a la cultura sin condiciones solo quedan al alcance de unos pocos emprendedores heroicos y, sobre todo, del interés y de la sensibilidad de la iniciativa pública. Aunque tampoco hay garantías de que esto sea así por mucho tiempo. Cada cual, en fin, tendrá que ir buscándose la vida en su ocio y en sus gustos en una comunidad donde, eso sí, habrá para todos, siempre que haya curiosidad y, llegado el caso, gastar. Y quien sabe, lo que hoy naufraga, pasado mañana puede ser el colmo del triunfo. Y de este tiempo de chillidos se llegará a otro donde el silencio de Chillida tenga clientela de sobra. |