Los tres pasamontañas
por Uno de la Redacción

MARTES 4 DE ENERO DE 2011 A LAS 15:23 HORAS
Opinión > Política
 
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JOSÉ L. ENRÍQUEZ

 

El año 2010 ha sido de grietas. La década se cierra con una abismo entre los bordes del precipicio que invita a quemar las naves. Estas grietas se han forjado a golpes de martillo pilón, con mazazos que machacan el buenismo dogmático, el liberalismo neocon, a los subvencionados de toda la vida, a los curritos... Vamos, a toda la peña. Es triste reconocerlo, pero las grietas están en las cuentas de resultados y han puesto en solfa a las ideologías. En 2010 el cuento se ha acabado. Las causas perdidas se quedaron tras las pancartas de generaciones que incluso se echaban un pitillo tras liarla parda. Ahora ni el eso, ni parda ni el pitillo. El activismo sindical se ha anclado en antiguos clichés que no sirven en los tiempos modernos, en los que mandan los números.

 

Al Estado ya no le interesa el tabaco, se apunta a las cápsulas de café que George Clooney y John Malkovich promocionan con mensaje verde. Otra grieta son los mercados internacionales, una entelequia sólo comparable a esos internautas que se reúnen con la ministra de Cultura para jalear la piratería en Internet e invocar derechos universales y sagrados en forma de gigas por la cara. Y todo porque la ficción se ha hecho realidad. Ahí tienen el  IPad, el mismo chisme que en los noventa salía en Star Trek. Ojalá que las cápsulas de café simbolicen la nueva política que necesitamos.

 

Pero la década se cierra con síntomas de caducidad del sistema. Las estructuras que sujetaban nuestra comodidad ya no son las mismas. Basta con otras dos grietas diferentes: el recibo de la luz, que sube porque no se produce la suficiente energía, y los palmeros de las mamachicho y la Milá, que lloran como plañideras el cierre de CNN+ cuando ni siquiera la veían. Así estamos. El reciente robo de piezas de arte contemporáneo en Getafe, donde los cacos se llevaron un camión de obras de Chillida, Tàpies y Picasso, define la primera década del siglo XXI.

 

Hasta los chorizos están con el agua tan al cuello que son capaces de vender un Chillida a un chatarrero por 30 euros. Con este panorama no me extrañaría que los Reyes Magos cambien las coronas por pasamontañas y cizallas. Nadie asegura que vengan con oro, incenso y mirra. De carbón, ni hablar. Al menos jamás harían una huelga sin previo aviso, como los controladores. Así que vendrán. Lo que no tengo tan claro es que repartan bondad y regalos. ¿Y quién me dice que no planean vaciar el frigorífico o birlarme del salón el cuadro con escenas de caza del Todo a 1 Euro?


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