ANTONIO CAMPUZANO
De todos los resplandores protagonizados en los últimos tiempos por la alineación titular de Julian Assange, hágase una reducción y cójanse los relacionados con España. Pues bien, entre todos ellos, sobresale una persona espectacularmente estelar. Se llama Eduardo Aguirre y fue el embajador de Estados Unidos y de George Bush al mismo tiempo en España. Desde 2005 hasta el final del mandato del presidente que le designó. Aguirre ocupa muchas páginas en los cables interceptados por los hombres “wiki" por dos razones, entre otras: porque no paraba quieto en sus destrezas diplomáticas y porque las llevaba inmediatamente a su conversión en literatura más o menos objetiva, más o menos customizada, como corresponde a un personaje de tronío en un país como España, de no menos alcurnia en las coordenadas occidentales. De gobierno a oposición, este americano no tan impasible, se pasó a toda la atmósfera política española por la piedra diplomática, mientras los empleados de Assange se deslomaban a horas extraordinarias en un convenio algo inferior al de César Cabo, el celador de los cielos ibéricos. Cuánto trabajo y cuánta guerra dio Aguirre durante aquellos años de incesante actividad de aproximación de las realidades españolas y de Andorra (de la que también era embajador) a la administración americana. Ya en sus postrimerías de su dedicación profesional en España, cuando el aliento de Obama se metía en plena recta final, se dejó entrevistar en una contra no menos espectacular en El País periódico, de esas que se celebran en un restaurante. Con la satisfacción del deber cumplido, a lo que se ve, ya casi terminada su estancia, este ciudadano americano nacido en Cuba, en 1946, y que abandonó su país natal como “menor no acompañado", con 15 años, según la ficha de su gobierno, ya con Fidel Castro en plenitud de tareas, Aguirre dice en esa entrevista que, en efecto, es “un fontanero de Bush". Ya probablemente en la incertidumbre de verse en las garras de Assange, no dudó en elegir Zalacaín como templo para aquel desahogo en forma de despedida. Dijo ante el entrevistador Joseba Elola que durante su tiempo en España había visitado cuarenta bodegas junto a su mujer, que había simultaneado esa actividad con la de descongelar la relaciones Bush-Zapatero. Pidió una ración de angulas a la bilbaína con un coste de 125 euros, amén de otras especialidades, y, cuando ya se diría que estaba en la seguridad de estar en el punto de mira de Wikileaks, dijo lo siguiente: “La religión y la familia son los dos elementos más importantes en mi vida". Y cuando todo parecía imposible de superar, añadió que “tú tienes el derecho de ser tan pobre como rico". Assange sabe elegir. |