Jorge Luis Borges (Buenos Aires 1899 – Ginebra 1986) “Arte Poética … … … Ver en el día o en el año un símbolo de los días del hombre y de sus años, convertir el ultraje de los años en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso un triste oro, tal es la poesía que es inmortal y pobre. La poesía vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara nos mira desde el fondo de un espejo; el arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara. … … …” La poesía percibida, los reflejos emocionales que emergen de las expresiones en los medios de comunicación suenan a canto trágico, un río de lamentaciones, un temor profundo a la oscuridad del pozo, del gran lodazal en el que nos movemos, con trajes antimanchas y zapatos de charol. Los ecos de la caverna trasforman los sollozos en gritos monstruosos. Por obra de los tiempos, los personajes cambian los papeles en los diálogos platónicos. El desconcierto acongoja, la oscuridad crece desde los fondos. Llueve. Llueven torrencialmente los ácidos corrosivos, dispersados por el entorno, para justificar las acumulaciones de riquezas.
Los alumnos temen a los profesores. Los profesores temen a los alumnos. En un juego de temores se intentan impartir materias para construir seres valientes, creativos, prudentes, doctos, preparados para superar el cúmulo de contradicciones que nuestra sociedad les inyecta.
El arte, por un lado, es expresión de emociones; por otro, es una apertura para posibilitar la salida de los círculos viciosos que tanto nos perjudican.
El arte está íntimamente vinculado al amor, a la empatía, a la realidad y al sueño que una imaginación desarrollada puede transmitir a todo un colectivo.
El arte transforma el llanto en sonrisa sosegada; el dolor, en aprendizaje; la frustración, en el desarrollo de las habilidades, para concretar los sueños en obras.
El arte es la constatación de la humanidad acumulada en las sociedades a lo largo de los tiempos.
El arte nos confirma humanos y nos ayuda en el avance de las conquistas tecnológicas. Por todo ello, ni comprendo ni comparto las academias y académicos del arte que, incapaces de percibir las cualidades de sus alumnos, bloqueados por su propia arrogancia en su aspiración de ser artistas, despreciados por sus maestros como materia prima a desarrollar por la cantidad de ignorancias que les quedan por reventar y la resistencia que ofrecen al aprendizaje.
El eterno juego de seducción y descubrimientos se transforma en batallas de poder y sometimiento. Atasc-arte y todos atascados.
Uno de la muga
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