Cuando los cómics alegraban los ratos en los que los niños ojeaban sus páginas soñando que aquellos personajes estarían al alcance de su mano algún día, la sociedad contaba con algo fundamental para la convivencia, la ilusión. Pequeños y mayores todavía tenían el motor de arranque que todo ser humano necesita, confianza y alegría.
A casi todos los niños de hace años, de lo que llamamos sociedad civilizada, les hubiese gustado encarnar la figura de algún superhéroe y surcar el cielo con la mirada de los transeúntes puesta en ellos.
"¡Mirad, por allí va Supermán al rescate de las víctimas!", o "¡El Hombre Araña trepa por aquél edificio en llamas y salva a la mujer asomada a la ventana pidiendo auxilio!". La facultad de soñar no estaba enterrada bajo una losa de noticias nefastas, inseguridad económica, amenaza de partido político encabezado por Belén Esteban, de jóvenes cuyo modelo lo constituyen personajillos que sin pudor cuentan sus miserias y cotilleos durante largas horas de televisión día tras día, demostrando que se puede vivir sin pegar palo al agua con la única condición de no tener vergüenza ni cultura.
Ahora las televisiones suben su audiencia, reclutando como presentadores a los licenciados en el arte de ser asnos, con perdón de este animal en peligro de extinción. Puede que a causa de ver tantos sustitutos entre los llamados animales racionales. La época de los Superhéroes pasó, como lo hicieron La Casa de la Pradera o La familia Telerín, que avisaba a los más pequeños de que la hora de irse a soñar había llegado.
Con o sin traje, estos chicos son unos héroes de verdad
Puede que una tarde cualquiera, un grupo de amigos recordase alguna de estas historias, es posible que todos empezasen a contar las suyas y es muy probable que añorasen los buenos momentos que les hicieron pasar. Lo que es seguro es que de aquella conversación nació una idea que se hizo realidad retándose mutuamente, con el argumento del valor, para ponerla en práctica. Aquella tarde resucitaron los personajes de los cómics y con ellos la sonrisa de quienes les vieron pasear enfundados en sus trajes, por la Gran Vía de Madrid.
Se pusieron a la tarea, compraron sus trajes por Internet y viendo el éxito de su empresa estuvieron dispuestos a seguir repartiendo sonrisas. Colaboraron en el evento que Diario de Alcalá organizó en favor de Lucía Gil, la niña aquejada de Amaurosis de Leber, para recaudar fondos.
La inocencia y los sueños infantiles no se pierden. Han cambiado los tiempos, pero siempre habrá hueco para felices ingenuidades como este mítico ¡Vamos a la cama! si existen personas tan fantásticas como las protagonistas de este artículo
Llega la Navidad y con ella estos jóvenes de apariencia normal, que pasan desapercibidos, quieren enfundarse en sus trajes para seguir regalando sonrisas, de la mejor forma que se puede hacer un regalo: sin esperar nada a cambio.
Les han hecho entrevistas, han salido en varios medios de comunicación, colaboran con asociaciones sin afán de lucro, visitan hospitales como el del Niño Jesús y de todo ello han sacado una idea, seguir en lo que un día en el que rescataron sus sueños de infancia se propusieron, que los demás y sobre todo los niños tuviesen los suyos.
Los héroes son ellos, con o sin trajes, su intención disfrazada de broma se viste de Superhéroe para disimular que lo que realmente quieren es devolver a esta sociedad tan crispada algo que nunca debemos perder, la capacidad para creer que podemos llegar a ser el sueño de un niño. Buena suerte Héroes de Alcalá.
Su página, en la que quieren recaudar firmas para dar impulso al grupo por si se quiere añadir algún héroe a su aventura, está en Facebook al alcance de todos vosotros.
Una bonita historia y un bonito artículo. Estos chicos son maravillosos. Ojalá no pierdan esa gracia y la mantengas muchos años, y ojalá no vengan patanes de algún programa de televisión para llevarlos al plató de animadores o cosas así, se perdería la gracia.