ALONSO GUERRERO
Vivimos los albores de una época en la que sólo se van a repartir migajas. Nuestro crack económico ha sido, sobre todo, el de la nuez de los derechos laborales, un crack que consiste en alienar principios inalienables, perseguidos desde la revolución industrial a base de luchar más que la ardilla de Ice Age. Ahora que todo el mundo vende su alma por que lo exploten en el trabajo, de lo primero que se prescinde es de los derechos laborales, después vendrán los derechos humanos. En Europa aún trabajamos para vivir, pero ello nos hace poco competitivos frente a las masas que viven para trabajar, y que ahora nos sirven de referentes.
El esfuerzo que se nos exige a los europeos no debería tener el propósito de que compitamos en los mercados, sino de sacarnos de ellos. Sería una forma de recobrar nuestro Walden de gente dueña de su propia conciencia. De esa forma, podríamos renunciar a la ambición en favor de la divina frugalidad, pero el FMI, el Banco Mundial, los países emergentes y hasta la propia Comunidad de Madrid, que es un consulado de la CEOE, nos hacen desfilar por una pasarela en la que no vestimos trajes de alta costura, sino los taparrabos de los esclavos que los tratantes han capturado en la oficina de empleo.
De aquí en adelante, no se sabe durante cuántas noches, seremos niños cenando con las velas de sebo de un hospicio dickensiano. Antes de irnos a la cama, en habitaciones frías como albergues de peregrinos, rogaremos al Papa que nos perdone nuestro laicismo agresivo, y comprenderemos a los derrochadores que ahora congelan las pensiones “por responsabilidad". Nos criará la matrona de la deuda estatal, y Esperanza Aguirre nos contará tenebrosos cuentos de cuando la escuela era pública. Pero no acaba ahí la cosa, porque hasta la RAE nos va a quitar las tildes. La y griega ya no será una vocal, sino un anglicismo. Quizá haya tenido algo que ver en ello don Xavier Gisbert. Su victimario bilingüe, que sólo habla en los aeropuertos, ahora podrá sentar a Benny Hill en el sillón ye mayúscula de la Academia.
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