El alcalde de Alcalá y presidente de la Federación Madrileña de Municipios, Bartolomé González, protestó ayer con razón por la alteración de la parrilla de Telemadrid, adaptada a un día festivo que sólo lo era en la capital: en 178 municipios de la Comunidad era un día laborable más, y si cuentan a efectos de financiación del ente público; han de contar a efectos de servicio.
La queja es razonable, e incluso se queda corta: ha habido mil ocasiones en las que Telemadrid -que a más inri está instalada en Pozuelo de Alarcón- se ha comportado como si fuera sólo la televisión de la capital, y es más fácil ver en ella una información de las elecciones norteamericanas que un reportaje sobre la candidatura de Alcalá a la Capitalidad Cultural Europea en 2016.
No estamos, en fin, ante una excepción, sino ante la confirmación de la norma, sostenida durante años y a buen seguro reflejo de una manera, equivocada e injusta, de entender las relaciones políticas, económicas y sociales desde Madrid hacia el resto: una cosa es tener más peso y, en consecuencia, más presencia en todos los ámbitos; y otra bien distinta ocuparla por completo o repartirla fuera de nuestras fronteras.
Telemadrid retransmite partidos que ya gestionan otras cadenas de televisión privada sin coste alguno para el ciudadano; mantiene corresponsalías en el extranjero para cubrir noticias de las que ya se ocupan otras emisoras, periódicos, radios o portales de internet; o se encarga de la actualidad nacional que ya es objeto del seguimiento de una miríada de soportes en toda España. Pero no tiene ni una delegación en el Valle del Henares, el Sur, la Sierra o el Norte.
Con una plantilla de casi 1.200 personas y una aportación anual mínima desde el erario público de 81,5 millones de euros, es simplemente intolerable que informe más del Liverpool que del Don Juan; del Estatut de Cataluña que del Metrosur o, por poner un ejemplo entre cien, del escrutinio en Vermont que del Parque del Guadarrama.
Telemadrid, en fin, necesita una revisión estructural para justificar su existencia. Es difícil de sostener que en España hacen falta tantas y tan costosas televisiones públicas mientras se congelan pensiones o se estudia ampliar la edad de jubilación. Pero mucho más si encima, en lugar de centrarse en su entorno, repiten lo que ya hacen otros mientras olvidan que su única razón de ser es el servicio público madrileño. Que empieza y termina en la capital por razones de tamaño elementales; pero deja entre medias un inmenso espacio que ahora se malversa.
|