Pobre Zorrilla
por Uno de la Redacción

JUEVES 28 DE OCTUBRE DE 2010 A LAS 19:01 HORAS
Opinión > Cultura
 
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XAVIER COLÁS
"Oh, puta plebeya: tú por ser la más bella te la meteré toda ella”. En EGB no respetábamos el Don Juan, aquel que según la tradición oral de Primaria “a 100 putas encontrose, y a 99 se follose, mas una se dejose”. Creo que si Zorrilla hubiese resucitado para escuchar los irreverentes ripios que con su trágico héroe se hilaban en las últimas filas de la clase... hubiese vuelto a su tumba rezongando, aunque él tampoco fue un santo.

Su padre trató de hacerlo estudiar pero él sólo tenía ojos para el dibujo, las mujeres y las grandes plumas como Walter Scott o Victor Hugo. Cuando se enamoró por quinta vez de la misma prima de siempre el padre se rindió y lo mandó a cavar viñas. Y estando a medio camino el hijo robó una mula y huyó a Madrid.  Lo único que le esperaba a Zorrilla en los ambientes bohemios capitalinos era pasar mucha hambre. No les cuento el resto de su vida pero digamos que hubo altos, bajos y muy bajos hasta el final.

Nosotros éramos unos botarates todavía peores. Nos tomábamos el teatro a chufla, no digamos la poesía. Nos ponían unos libros coñazo de María Pascual en la biblioteca para leer por parejas, pero no había manera de seguir las andanzas de la niña ésa. Los autores clásicos pasaban por nuestras manos como por una trituradora: bigotes pintados con rotulador en los retratos, falos dibujados sobre las ilustraciones... Me pregunto cómo de tanta inmundicia infantil pudo salir algo decente. La literatura parecía veneno, la poesía aceite hirviendo... y sólo el teatro era aceptable si nos dejaban meter nuestras morcillas herejes.

Luego, con el paso del tiempo, uno conoce un poco más de los autores, aquellos que vilipendió en vez de estudiar su vida de infortunios. Y piensa que hay formas crueles de pasar a la inmortalidad, aunque inevitables. Si te ponen una calle seguro que te pondrán en el programa de estudios: serás escupido por los cachorros y te profanarán el retrato.

¿Y total esa calle para qué? Seguro que Zorrilla hablaría como ese viejo autor, al que le dijeron que le iban a poner una avenida en su nombre. 
–¿Una calle para mi? ¡Pero si lo que necesito es un piso!


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