José Ángel Valente (Orense 1929 –Ginebra 2000)
“Cae la noche ("Poemas a Lázaro" 1960)
Cae la noche. El corazón desciende infinitos peldaños, enormes galerías, hasta encontrar la pena. Allí descansa, yace, allí, vencido, yace su propio ser. El hombre puede cargarlo a sus espaldas para ascender de nuevo hacia la luz penosamente: puede caminar para siempre, caminar... ¡Tú que puedes, danos nuestra resurrección de cada día!”

Materia caduca, flores pasajeras, carne de olvido, arrogancia sonora, que exige lo que no está dispuesta a dar.
Inconsciencias, empujadas por inercias, ancestrales nos mantienen en la fría noche de invierno social, sumergidos en el pesimismo. Así, somos pasto de la decadencia. Es inevitable. Esta es la situación creada tras el despertar de los sueños, sostenidos con todas nuestras contradicciones, parafraseando a Antonio Machado.
Podemos seguir llorando, pataleando, escupiendo chivos expiatorios, radicalizando nuestras xenofobias, echando balones fuera…
La fría noche nos helará los argumentos, las razones, las tecnologías, las culturas, los dioses…
¿Este es el futuro que deseamos para nuestros descendientes?
¿Qué nos impide armarnos de valentía para salir del pozo de nuestros egoísmos personales, de la caverna de nuestros derechos por estirpe, de la sima de la codicia insatisfecha, del espejismo del poder?
Salir. Sentarse en el borde del abismo para valorar su profundidad y observar el horizonte diluido.
Toparse con valientes dispuestos a recibir lo que ignoran y a dar lo que saben.
Participar en el juego de sociedades sensatas que saben crecer en calidades de vida para beneficio de todos sus habitantes.
Asumir la responsabilidad de fabricar, con nuestros actos cotidianos, un mundo más limpio, más armónico; y, una sociedad más respetuosa, más creativa, más empática, más justa.
En España hay muchísimos edificios muy bellos dignos de ser nombrados sólo por sus fachadas; si tuviéramos que escribir la historia de lo ocurrido en el interior de las paredes, nos harían falta tomos. En este caso, me voy a referir a dos de ellos. En concreto, a las leyendas que sus dueños, contratadotes de los creadores, dejaron inmortalizadas en sus fachadas. Son dos edificios construidos en el siglo XVI. Uno es la universidad Cisneriana de Alcalá de Henares; el otro, el Palacio de Escoriaza-Esquivel, en Vitoria-Gasteiz.
Cuanto más se indaga, más matices adquieren las interpretaciones de los mensajes esculpidos en piedra, vinculados a la mitología griega y los hechos de los grandes hombres de la iglesia, trasmisores de conocimientos, para hacer brotar las sabidurías.
Hasta las piedras nos gritan los procesos a seguir:
¡¡¡¡¡¡ RENACIMIENTOS!!!!!
Uno de la muga. |