
ANTONIO CAMPUZANO
España es un país agarrado fuertemente al componente de la tradición. Y pasa que cada corriente que se desplaza por el mundo cuando llega a nuestro territorio se detiene o bien despacio, o bien bruscamente. O bien con digestiones históricas pesadas o directamente con exabruptos también históricos en forma de golpes de estado y cosas así. De este modo, la ministra de Defensa dice que habría que cambiar el formato o el protocolo de la fiesta nacional, la del día del Pilar, para evitar los abucheos a los mandatarios de gobierno y otras instituciones, y resulta que hay una fuerte oposición y agravio por el declinar del festejo, con sus detalles y sus coloridos.
El pueblo, al parecer, tiene derecho y fuero para ver de cerca a las autoridades al mismo tiempo que ve al carnero de la Legión; para observar los gestos de Doña Letizia y las piruetas de los aviadores que ensartan los colores rojo y gualda por el cielo limpio de Madrid. Pero, claro, hay miembros de ese mismo pueblo que tienen anotada desde el año pasado y con el reloj en marcha atrás la fecha del 12 de octubre como la efeméride contra el presidente del gobierno, y acuden en familia, algunos con invitación de tribuna, otros sin ella, pero todos guiados con el mismo propósito de infamia e impunidad. Se hacen llamar “sin partido", pero sobre todo españoles, destilan odio, pero sobre todo de la calidad española, quieren la interrupción de la democracia, pero sobre todo a la manera española. Para ellos, el resto es anti-español.
Todo este corifeo tiene la oportunidad del insulto al que llaman abucheo cada 12 de octubre porque el ministerio de Defensa prepara el festejo con la parsimonia y el cuidado del detalle para que se produzca el abucheo, llámese así, con la misma exactitud que en ediciones anteriores. Ha sucedido con todos los presidentes de gobierno, pero especialmente con los de extracción socialista. Aun así, este protocolo no debe ser cambiado, a criterio de algunos partidos, quizá por su significado tradicional, de mezcla de pueblo y ejército. Nada de eso, el abucheo es lo que manda en la situación. Llegada es la hora del cambio de protocolo. También se abolió tirar la cabra del campanario y se sigue repartiendo aguardiente en el pueblo.
Todas las solidaridades para el cambio de protocolo. El pueblo quiere los 45 pasos por minuto de la Legión, y la marcialidad, y el orden de combate, y todas esas cosas tan instructivas, pero con otro protocolo, el justo para que los habituales de su dios, de su patria, y de su rey, se queden en casa dispuestos al abucheo, pero frente al aparato de alta definición, con las zapatillas a los pies y el almax a mano. |