La televisión de nuestros días se ve inundada con demasiada frecuencia de personajes que antaño apenas se asomarían al viejo tubo catódico. Uno de ellos es Noni Gil, concursante un tanto especial a quien concede credibilidad una impresionante Carmen Ruiz, artífice de la excelencia de La rubia de Pinos Puente, último trabajo de Vicente Villanueva.
El director, como hiciera con anterioridad en El futuro está en el porno con Marta Belenguer y en Heterosexuales y casados con la propia Carmen Ruiz, utiliza el talento de esta actriz para satirizar el mundo de la telebasura.
Así, Ruiz despliega sus recursos interpretativos de una forma brillante, obteniendo en cada gesto o mirada una respuesta inmediata del espectador. He tenido la oportunidad de disfrutar la pieza en varios festivales y les aseguro que la identificación de ese personaje tan esperpéntico con el público ha sido total.
La cinta es ingeniosa, cargada de socarronería y, sobre todo, de una humanidad abrumadora. Villanueva bucea en los sentimientos de un personaje fascinado por las luces de la popularidad que descubre la verdad que se esconde detrás de los focos de esos reality.
La protagonista es una amalgama de sensaciones contradictorias. Es una friki que anhela la notoriedad y que también lucha por el amor. En esa batalla perdida de antemano, sufre en sus carnes la manipulación de su propia vida: su enemigo es poderoso y sin escrúpulos, la televisión basura. La rubia de Pinos Puente concede momentos ciertamente surrealistas, como la secuencia en la que adquiere cierto protagonismo una bandera republicana, o el comentario de Noni a su pareja –un eficaz Font García– “eres el María Moliner de la Playstation”.
La composición de la obra, su ritmo dinámico y la acidez de su escritura, la acercan sin ningún atisbo de duda a esa ironía penetrante que desplegaba en su cine el maestro Berlanga. No es mal modelo desde luego, aunque Vicente Villanueva ha trazado hasta la fecha una filmografía propia que mantiene una premisa principal: lograr la sonrisa con perspicacia, lanzando una mirada penetrante a las relaciones humanas. Su obra le identifica como alguien que sabe contar historias con un humor muy inteligente.