La embajada complutense que defendió ayer el proyecto de Alcalá 2016 quedó muy satisfecha con la presentación y la acogida del comité de selección. El vínculo con el patrimonio económico y cultural de la lengua española, la integración del río como eje de de naturaleza y cultura, la reivindicación de las ciudades sostenibles y mestizas y el compromiso con los jóvenes creadores fueron los pilares de una propuesta sencilla, sugerente y única para ser la Capital Europea dentro de seis años. Y también lo fue la demostración de confianza en la validez de este proyecto para la ciudad, ya sea para la presente carrera continental o para guiar de manera inevitable el desarrollo social y urbano en el transcurso de los próximos años. Ese espíritu de superación, representado en la inquietud por perseguir un destino propio, podría ser la mejor baza para las posibilidades de Alcalá. Siempre y cuando el comité de selección y el Ministerio de Cultura sean receptivos y, sobre todo, audaces en sus valoraciones y en su decisión final.
Es evidente que Alcalá no puede competir en fama e internacionalidad con muchas de sus competidoras. La distancia es demasiado grande en cuanto a tradición, infraestructuras y reconocimiento interior y exterior; solo el tiempo y la atención continuada de las instituciones permiten alcanzar ese estatus de popularidad y de prestigio. Decantarse por cualquiera de esas ciudades sería, por consiguiente, una apuesta segura pero no ampliaría el horizonte cultural español ni su proyección externa. La Capitalidad Europea de la Cultura es, en ese sentido, una buena oportunidad para descubrir y hacer descubrir nuevas ciudades al Continente y al mundo. Y ahí es donde Alcalá podría tener su chance.
No es necesario ser la mejor ciudad para ser la elegida si el Ministerio de Cultura, y todo el Gobierno detrás, deciden dar el espaldarazo a una de las candidatas con menos cartel de favorita pero tan competente como cualquiera en la función de representar a nuestro país. Alcalá podría ajustarse a ese perfil y cumplir a la perfección con la responsabilidad que el Estado le asigne. Porque, en el fondo, se trata de difundir la cultura española a través de una ciudad con sus propias señas de identidad. Alcalá, por consenso político e institucional, tiene el firme propósito de consagrarse a ello en el futuro. Si además lo hace con el título de Capital Europea de la Cultura, lo llevaría a cabo doblemente orgullosa e ilusionada.
Alcalá, una buena apuesta para Cultura |