Enzo
por Uno de la Redacción

MIÉRCOLES 22 DE SEPTIEMBRE DE 2010 A LAS 09:14 HORAS
Opinión > Deporte
 
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PEDRO P. HINOJOS

 

Ser el hijo de Zidane no parece cosa fácil. Más todavía si el retoño decide jugar al fútbol, lo ficha la cantera del Real Madrid y lleva por nombre Enzo en homenaje al último gran futbolista uruguayo, Enzo  Francescoli El Príncipe, ídolo del astro de Marsella como se recuerda constantemente en todas y cada una de sus apologías.

 

No, no le va a ser fácil moverse por este mundillo con naturalidad, según se ha podido comprobar este fin de semana en el Velódromo del Val, donde ha participado en el torneo organizado por este periódico. Al chaval le  han seguido las cámaras de varias televisiones, además de todas las miradas, a la caza de algún aire, algún destello, una señal de la genialidad paterna en cualquiera de sus movimientos. O sea, el rizo del rizo: ser estrella antes de demostrar que lo es. Y por lo que dicen los entendidos, al chico aún le falta mucho para ser un fuera de serie.

 

Exactamente lo mismo que a cualquier compañero de su edad. El problema de Enzo es que se le comparará con su padre en todo momento cada vez que se acerque a un balón. Y no habrá piedad para él si se queda a medias en el desafío de ser igual o mejor. Claro que existe una alternativa, una vía de escape ante el juicio sumarísimo al que ya le está sometiendo la atmósfera mediático-futbolera: colocar bien los pies en la tierra y dar la espalda a todo lo que venga para que le resbale jabonosamente.

 

Y eso sí que será una heroicidad, pues no es fácil tener la cabeza en su sitio por esas alturas. Aunque terminó su carrera utilizándola para derribar a Materazzi en la final del Mundial de Alemania, Zidane siempre ha dado muestras de buen juicio. Y parece que será más sencillo legar esa inclinación de ánimo y de carácter, que la habilidad para las roulettes, el pase certero o el remate demoledor. Con todo, esperemos a ver de qué es capaz Enzo. Si soporta lo de ahora, estará más preparado que nadie para que en diez años no le sorprenda nada. Ni siquiera ver su tobillo hecho un boniato ocupando la primera plana de periódicos y teles.


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