Ya sabemos todos que el sector bancario es el único, junto al energético, que coge lo mejor del amparo público y de la independencia privada para ganar mucho, perder poco y arriesgar lo mínimo: tal vez usted pueda perder su casa por impagos y morosidad, pero no se preocupe por quien le embarga, que a él no le faltará recursos si llegado el caso necesita tapar algún agujerillo. Todo lo más, como en Castilla-La Mancha o Cajasur, recibirán un tirón de orejas del Banco de España, pero sin alharacas: un cachete por aquí, una fusión por allá, y todo queda en casa.
Como esto del poder real consiste en ganar siempre, gobierne quien gobierne y esté el planeta como esté, no es de extrañar que la barra libre campe a sus anchas y la realidad legal, financiera y política se vaya adaptando a sus necesidades: ora hay que dejar que las Comunidades Autónomas las controlen; ora hay que traspasar ese control al Estado Central; ora hay que evitar que las dirijan ciertos políticos; ora hay que intentar que lo hagan a toda costa.
La cosa está ahora en que Zapatero y Rajoy firmen un acuerdo para que todas se controlen desde el Gobierno, en la idea de que así lo harán alternativamente uno de los dos grandes partidos, con el Banco de España como poli malo o, más pérfidamente, como blanqueador de la imagen y las decisiones que se adopten. Si no querían política en las finanzas, ahí van dos tazas: porque una vez que se culmine la nueva Ley de Cajas, no será nada descartable que terminen por fusionarse con los bancos de toda la vida, privados para todo lo bueno, y públicos cuando vienen mal dadas.
Ese proceso está a punto de culminarse, según le cuentan a este camarero cotilla, para solaz de personajes tan inteligentes y de vuelo tan largo como Emilio Botín, que ya tiene echado el ojo, por si acaso, a entidades tan suculentas como nuestra Cajamadrid: allí están dos hombres con los que tiene algo más que confianza, el presidente Rato y el vicepresidente Virgilio Zapatero (por cierto, ¿cómo quedó lo de ese centro financiero que pagó el Santander a su Universidad de Alcalá y que hace sólo unos meses fue objeto de una polémica brutal por sus agujeros contables?), de quienes se dice que incluso hablaron con el patrón cántabro antes de aceptar sus nombramientos en la firma del oso verde. ¿Se imaginan, a medio plazo, un reparto de las cajas más potentes entre, digamos, el BSCH y el BBVA? Pues no lo descarten, ni lo den por hecho, pero anótenselo en la memoria.

Y mientras eso llega, si llega, cabe hacerse dos preguntas con más miga que un mollete de pan gallego. ¿Habrá que elegir de nuevo presidente y consejos en todas las cajas cuando se aprueba la nueva Ley? ¿O aunque tarde el reglamento se tendrá que hacer al menos en aquellas que se fusionen? Y si esto último es así, ¿tendrán los presidentes autonómicos de turno una última oportunidad, si les va la marcha, de imponer su criterio? Dicho de otro modo, ¿hay posibilidad, por remota que sea, de que en Cajamadrid pueda 'intervenir' Esperanza Aguirre y de que muchos de los que firmaron el pacto para lograr su sillón se queden sin él ahora? Difícil y polémico es, sin duda... pero si técnicamente no es posible, nunca debería descartarse sin más.
Y al respecto de cómo serían las nuevas cajas, nos llega la onda de la eliminación en serie del andamiaje social que mantenían en toda España: bibliotecas, centros asistenciales y residencias de ancianos empiezan a sufrir, con amenazas de cierre, ese nuevo tiempo en el que la obra social, excusa del sector para operar en el mercado, puede quedar en un tercerísimo plano.
Y para terminar este informe semanal, dejemos unas preguntas en el aire para que intenten ser respondidas por el lector atento, ése que tanto ayuda dejando pistas a este humilde hostelero camuflado que siempre lleva erguido el radar.
Primera. ¿Sobre qué poderoso medio de comunicación se hacen más conjeturas al respecto de un ERE brutal a la vuelta de septiembre? Segunda. ¿Sobre qué ex político hay más comentarios en la red sobre la buena suerte laboral de familiares y amigos, que nunca tienen problemas de desempleo en el país del paro para el ciudadano corriente? Tercera. ¿Será verdad que Diego López Garrido mira más que nunca a Madrid como horizonte de su vida política? Cuarta. ¿Se concretará tras el verano el cierre de algunos organismos y empresas públicas de la Comunidad de Madrid para ajustar al máximo el gasto?. Y quinta. ¿Es cierto que, muy cerquita de Madrid, alguna poderosa eléctrica intenta a toda costa sacar partido nuclear de una central en periodo de desmontaje?
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