La mujer escarpada
por Fernando Couto

VIERNES 2 DE JULIO DE 2010 A LAS 14:30 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Ann (Isabelle Huppert) es una concertista de piano que ha cumplido los cincuenta y que en una misma noche, por un lado, confirma que Thomas, el hombre con el que ha vivido durante quince años, la engaña con otra y, por otro, reencuentra casualmente a Georges (Jean-Hughes Anglade), un amigo de su infancia, después de décadas sin saber de él. A pesar de los fallidos y algo bochornosos intentos de Thomas por evitar la ruptura, Ann desde el primer momento tiene claro que la infidelidad supone el fin de su convivencia. Pero pronto vemos que Ann parece haber hecho balance provisional de su vida y estar dispuesta a romper con todo lo que ha sido ésta hasta entonces. En medio de un recital abandona el escenario sin disculparse y fuerza a su agente a cancelar todos sus compromisos. Pone a la venta su coche, su casa parisina con sus muebles y sus tres pianos y comienza a quemar documentos, fotos e incluso sus discos. Como no tiene seres vivos (hijos, animales o plantas) que dependan de ella y su relación con su madre en Bretaña se reduce a visitas esporádicas con escasa conversación, una vez que liquida sus pertenencias y se deshace de lo que deja rastro electrónico (móvil, tarjetas, cuentas) comienza a viajar sin rumbo aparente por Europa y termina en Villa Amalia, una casa vacía y pintada de rojo sobre un acantilado de Isquia, junto a la bahía de Nápoles, el mismo escenario de Avanti! (1972) de Billy Wilder, que en España recibió el concluyente título ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? Allí Ann parece encontrar su sitio, su ilusión perdida por componer directamente en papel sin necesidad de instrumento y, por un breve tiempo, su amistad con Georges.  

 

Basada en una novela de Pascal Quignard, escritor ganador del Premio Goncourt y guionista de Todas las mañanas del mundo, Villa Amalia está dirigida con elipsis y sin subrayados por Benoît Jacquot y resulta una película algo fría y seca, como su protagonista, que quiere evitar que la encuentren aunque parece que nadie está interesado en buscarla. Sí resulta interesante ver a alguien que sucumbe a la tentación de la catarsis y renuncia y se libera de lo que parecen necesidades y sólo son objetos acumulados en un afán ilusorio de control de nuestro destino. Anglade aporta calidez y está francamente bien como hombre acompañado por sus propios fantasmas y que detesta comer solo (¿qué sería de las películas francesas sin su excelente gastronomía?). Más fascinante todavía es el padre de Ann, un músico profesional judío de origen búlgaro que abandonó a su hija por huir de su severa, bretona y católica esposa. Daría bien para protagonizar una película sobre un apátrida incapaz de tener otro hogar que la música, o bien para integrarse sin desentonar en el reparto de la coral El concierto (2009) de Radu Mihaileanu. Curiosamente Villa Amalia coincide con El concierto en un breve plano de gran emoción: la mirada de un músico anciano desde dentro de un ascensor hacia una instrumentista más joven que reaparece desde su pasado.    

 

Grados de separación. Aunque, con perdón de Heródoto (Historia, I 30-32), no se puede saber si un Mundial ha sido bueno hasta que ha acabado, ya se puede hacer al menos un balance provisional de Sudáfrica 2010. Por su armonioso juego de conjunto, en mi opinión, Alemania ha sido quien mejor ha jugado hasta ahora, lo que la descarta casi definitivamente para ganar el título (como Hungría en 1954, Alemania en 1966, Holanda en 1974, Italia en 1978, Brasil o Francia en 1982, Inglaterra en 1990). El segundo equipo de casi todos, Brasil, en realidad no lucha contra las otras 31 selecciones, sino contra el recuerdo de Brasil-1970 por lo que, en el mejor de los casos, sólo puede ganar en el campo y en el palmarés, nunca en nuestra imaginación. Ya lo dice Dunga: "Tenemos que ganar siempre. Y si ganamos, no estamos satisfechos porque deberíamos haber dado espectáculo. Y si damos espectáculo, tampoco estamos contentos porque deberíamos haber hecho siete u ocho goles. Y si hacemos eso, entonces se dice que el rival era débil." Contra el valiente combinado chileno Brasil demostró una clara superioridad por su rigor táctico, su cantidad inigualada de recursos, su calidad técnica y su velocidad y precisión de circulación en la zona peligrosa. A su favor también que nadie más ha ganado un Mundial fuera de su continente. Argentina, el tercer campeón en liza, cuenta la mejor delantera del sistema solar (Messi, Tévez, Higuaín, Milito, Agüero), el oficio del resto de líneas y la incuestionable habilidad de Maradona para manejar las emociones del entorno propio y rival (esas declaraciones antes de la semifinal en Nápoles contra Italia en el Mundial de 1990). Apenas he visto al cuarto campeón (Uruguay) así como a Holanda y a Paraguay por lo que no opino de sus posibilidades. La actual Campeona del Mundo Sub-20, Ghana, a pesar de no poder contar con su estrella Michael Essien, una fuerza de la naturaleza desatada, ha demostrado, junto al esperado poderío físico, mucho orden y entereza, además de saber aprovechar sus ocasiones de gol contra Estados Unidos. Su victoria sería la más peliculera (imaginen una nueva versión de Invictus). Si sobrevive a un partido previsiblemente tan duro y disputado como los anteriores, España, sexto equipo en número total de participaciones en fases finales, empatado con Inglaterra y Francia;  séptimo (creo), en número de goles marcados en Mundiales y el único de los 5 países que han disputado todos los torneos desde 1978 sin haber sido antes campeón, igualará su mejor clasificación sesenta años después. No creo que gane el torneo, pero eso mismo pensaba hace dos años y ya saben lo que pasó.

 

Por último una mención especial a la policía y a los delincuentes sudafricanos (recordemos M, el vampiro de Düsseldorf) por su contribución hasta el momento al éxito de organización y seguridad del evento.


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