¿Cómo están ustedes?
por Uno de la Redacción

VIERNES 25 DE JUNIO DE 2010 A LAS 18:24 HORAS
Opinión > Política
 
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ALONSO GUERRERO

 

Entre las muertes del payaso de la alegría, Fofó, y el de la tristeza, Charlie Rivel, entre 1976 y 1983 se dieron en España los pasos más importantes hacia la democracia de posguerra que padecemos. De hecho, las estatuas de cada uno, en el Parque de Atracciones de Madrid y en Montjuic, en Barcelona, no dejan de recordarnos que seguimos en la misma España, un circo con tantas pistas como uno pague por ver. Ninguno de nuestros políticos es tan inimitable como Fofó, o como Rivel, pero en las campañas, como pregunta retórica, todos repiten: ¿Cómo están ustedes?


La respuesta de los ciudadanos es lo que menos importa. Bien o mal, ninguno de los poderes, incluida la oposición,  puede evitar que el mayor espectáculo del mundo siga dando sus funciones en el Congreso, donde la abstención, una vez más, es la que representa al pueblo. O en el Senado, donde nadie habla la misma lengua. O en el Tribunal Constitucional, donde nadie sabe qué es, ni dónde está, la Constitución. O en un Gobierno que obliga a los funcionarios a invertir en los bancos sin recibir acciones a cambio. O en las Comunidades Autónomas, donde hace tiempo que se niegan unas a otras hasta el agua, continuando una especie de carrera de camellos muy parecida a las de las casetas de feria.


Las pistas de este circo son múltiples, y cada una tiene su público. Sólo tienen en común que todas llevan sus payasos a comprar los floripondios a la Moncloa, pues se trata de payasos que dicen una cosa y votan otra, o pactan con un grupo para no apoyar a otro. Hasta Gibraltar se ha convertido en una pista que gana adeptos, en pugna con la de la crisis, la burocracia, el “Estatut", las Cajas de Ahorro o la justicia. Los casi cinco millones de parados, o los cincuenta mil liberados sindicales, garantizan esa mezcla de penas y risas que tanto admirábamos en Charlie Rivel. Caricatos, animales, trapecistas, funambulistas, equilibristas, contorsionistas... Pueden ustedes elegir el espectáculo que más le guste, porque de todas formas tendrán que pagarlo.


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