ANTONIO CAMPUZANO

Curro Lope Huerta, léase también Arsenio, ha tenido que abandonar la dirección de la Fundación de la Universidad de Alcalá porque la política es un arma cargada de presente. Ciertamente, como se dice en términos financieros, estaba descontado que sus pasos profesionales tenían que tomar otra dirección una vez consumada la elección del nuevo rector. Nuevo rector, nueva vida, nueva relación con el gobierno de la ciudad.
Las relaciones de la Fundación con el gobierno de la ciudad, es decir, Alcalá, nunca fueran pasadas por el tamiz de la suavización, de la concordia, de la búsqueda del equilibrio y de la felicidad entre las instituciones. Se hizo presente el remoquete de la contraprogramación salido desde el Convento de Agonizantes, con reminiscencias de Antena 3 y Tele Cinco. Y el asunto tiró hacia el deterioro más acusado.
Y en los últimos tiempos el teniente de alcalde Gustavo Severien ayudó a la prolongación del desencuentro, con tribunas que no sólo pretendían la anulación del capitán civil de la Fundación, sino que tendían a la exoneración de Curro de todo cuanto bueno hubo en Alcalá en los últimos tiempos. Y eso, francamente, es un despropósito, pero siempre por debajo de una injusticia. Pues bien, ya ha sucedido.
Lo mismo que ha ocurrido en muchos otros parámetros, que sus gentes desprecian a quienes más tenían que enaltecer, con sucesos paralelos en los que se dan circunstancias inversamente proporcionales: a menor mérito, más aplauso. Aquí no hay montañas de granito como en el monte Rushmore, en Dakota del Sur, donde están esculpidas a tamaño gigante las caras de los presidentes que simbolizan la nación americana, Washington, Jefferson, Lincoln y Roosevelt. De haberlas, evidentemente, Curro Lope Huerta tendría unas cuantas toneladas a su nombre. También otros, naturalmente, pero la exclusión por la exclusión no siempre es buena.
Curro tiene 66 años, una edad prácticamente senatorial, una edad que es una bendición de Dios para quienes tienen que cuadrar las cuentas de la Seguridad Social y su inmortalización en forma de pensiones. Pues no se tiene en cuenta. Hace unos años, cuando detrás del PSOE local no se veía nada, los animadores y/o detractores pedían, con lengua voluntariamente trabada, “arsénico por compasión”.
No encaja mal lo que decía Cary Grant, en la famosa película Arsénico por compasión, de Frank Capra, en su papel de Mortimer Brewster: “La locura corre por toda mi familia. Galopa casi”. |