"Hay cosas más importantes que tu película"
por Fernando Couto

VIERNES 14 DE ENERO DE 2011 A LAS 18:46 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Para gran comodidad de crítica y público el calendario anual del cine es bastante previsible. El primer trimestre del año se articula en torno a los estrenos derivados de la carrera de los Oscar. Abundan los melodramas tendentes a la ampulosidad puestos al servicio de las estrellas más taquilleras, todo con acabados formales perfectos. Por el retorno económico y publicitario, no por conectar con la historia del cine estadounidense, las corporaciones propietarias de los grandes estudios apuestan fuerte por conseguir estos premios, aunque probablemente los estrenos de primavera-verano (superhéroes, piratas, magos, vampiros, zombis, animación) les supongan una rentabilidad mucho mayor y de más duración gracias a productos derivados como videojuegos, muñecos, camisetas y secuelas. Como parte del juego bastantes países no angloparlantes presentan una obra a la preselección de finalistas en la categoría de Mejor película de habla no inglesa. Este año la candidata a candidata de la Academia de las artes y las ciencias cinematográficas de España es También la lluvia, que fue estrenada la semana pasada.

 

Dirigida por Icíar Bollaín con guión del británico Paul Laverty (colaborador habitual de Ken Loach) y música de Alberto Iglesias, También la lluvia cuenta tres historias perfectamente engarzadas. En 2000 un equipo internacional comienza en Bolivia el rodaje de una película sobre los inicios de la dominación española de América, desde la llegada de Colón al Caribe en 1492 hasta la muerte en la hoguera del cacique taíno Hatuey en 1511. Por un lado vemos escenas de la película de época en la que se retrata la codicia y la crueldad de la colonización; por otro, vemos el día a día del rodaje con sus conflictos, sus tensiones, sus compromisos y sus subidones de adrenalina; y también vemos un problema local que interferirá de forma radical en el trabajo de los cineastas: la lucha de los nativos contra la privatización y encarecimiento del servicio de agua en Cochabamba, donde se rueda. El nexo clave es el personaje de Daniel (Juan Carlos Aduviri), uno de los líderes de la insurrección popular que además interpreta a Hatuey. El productor español Costa (Luis Tosar) y el director mexicano Sebastián (Gael García Bernal) se verán envueltos en constantes problemas para intentar que no se detenga la producción, nacida de la epifanía experimentada por Sebastián siete años atrás al leer el incendiario Sermón del Adviento (1511) del dominico Fray Antonio Montesinos. Sus actitudes irán cambiando con el desarrollo de los acontecimientos. Sebastián, al igual que Juan (Raúl Arévalo) y Alberto (Carlos Santos), actores que interpretan con empatía intemporal a los dominicos Montesinos y Fray Bartolomé de las Casas, descubrirá que es mucho más fácil amar a la humanidad que jugársela sin red por personas reales. Costa, como Antón (Karra Elejalde), que interpreta a Colón, verá que su cinismo se agrieta porque el trato cotidiano de igual a igual crea vínculos que no se pueden quebrantar sin perderse el respeto a uno mismo. Son especialmente destacables las interpretaciones de Aduviri, carismático, con rostro anguloso y mirada taladradora; de Elejalde (Acción mutante, Los cronocrímenes), malicioso y discordante; y de Tosar, que trasmite emociones hasta cuando da la espalda a la cámara.  

 

Además de las creíbles pero espectaculares escenas de la película dentro de la película También la lluvia está llena de secuencias, tan bien escritas y dirigidas como interpretadas, que crecen al recordarlas después: la cena del equipo en el hotel; los ensayos de Elejalde y Tosar en la habitación y de García Bernal y Arévalo en el decorado de la iglesia; la improvisación de Elejalde en el jardín; la recepción con el prócer local mientras afuera aumentan los disturbios; la despedida en el hangar con la carabela; y la escena en el río que las mujeres se niegan a rodar (de donde sale el título de hoy). 

 

Grados de separación. Se puede disfrutar de una alternativa humorística a los Oscar con los Razzies. 

 

Fundido a negro. El 2 de enero murió el actor inglés Peter Postlethwaite a los sesenta y cuatro años. Con un apellido difícil de recordar para los no entusiastas del cine, su rostro es automáticamente reconocible para cualquiera que le haya visto en una pantalla. Saltó a la fama internacional gracias a la plataforma que le proporcionó su candidatura al Oscar por Mejor actor en un papel secundario por En el nombre del padre (1993). Aportó su calidad interpretativa a superproducciones como El mundo perdido: Jurassic Park (1997) y El jardinero fiel (2005) y a obras de culto como Sospechosos habituales (1995). El año pasado le pudimos ver en pequeños papeles en Origen y en The Town. Ciudad de ladrones. Su mejor momento cinematográfico fue como el minero director de la banda musical en Tocando el viento (1996) de Mark Herman.   


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